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Trayectoria

UNA PEQUEÑA HISTORIA


Esta es la revista especializada más antigua del mercado local. Y lo es porque es la única que, sin interrupciones y a lo largo de sus más de 30 años de vida, perteneció a la misma sociedad, la editorial Melipal SRL integrada mayoritariamente por Luís Leibas e Irene Naselli.

Informe Industrial” nació en 1977, es decir en los inicios del gobierno de facto más sangriento que conoció la Argentina moderna. “Defendemos la necesidad de un país industrializado desde la época de José A. Martínez de Hoz”, dijimos muchas veces y es cierto, nos embanderamos con una causa difícil en una lucha desigual.

El primer número de”Informe Industrial”, que entonces se pretendía “la tribuna de la industria nacional”, tenía varios avisos de empresas que, en general, no sobrevivieron a los sucesivos “descremes arancelarios” y las cada vez mas obtusas aperturas de la economía que se sucedieron en el tiempo. De aquel listado de avisadores solo perduran la compañía de tractores Massey Ferguson, la entonces Argencard transformada en la hoy empinada Mastercard y la eterna D.G.I.

En el transcurso de los años tuvimos colaboradores y columnistas de la talla de Fermín Luque; Ricardo Lesser; Pablo Kandel; Javier Vernengo; Alberto Guilis; Daniel Raffo o, entre muchos otros, Luis Sznaiberg.

Recorrer los varios tomos que conforman la primera época nos permite encontrar tapas de una revista en la que se enfatizaba la importancia de la industria ferroviaria, la naval, la automotriz o el sector siderúrgico. Puede también comprobarse que el 5° número fue dedicado a la “defensa de las exportaciones industriales” y que, desde entonces, subrayamos la necesidad de competir en los mercados del mundo. Años más tarde aparecieron varios ejemplares de un “Informe de Comercio Exterior” que fue discontinuado por factores entre los que las correcciones cambiarias y los continuos cambios en la normativa no fueron los de menor peso.


Abrirse a la producción del exterior, en cambio, fue una acción que consideramos conflictiva si era practicada – como se hizo- en forma unilateral y sin gradualismo. El riesgo, dijimos y escribimos, no sería sólo económico, sino social y hasta político.

Los procesos de integración regional siempre nos entusiasmaron y hasta editamos aquellos “Ecos de ALADI” a los que nos condujo la mano amiga de Osvaldo Castaño.

De repaso por lo escrito durante tantos años descubrimos que algunos títulos de tapa fueron marcadamente volitivos o del tipo “a todo o nada” (“Debemos defender las exportaciones industriales”, “Tener o no tener industria”). Pero también nos preguntábamos – y seguimos haciéndolo- “¿Qué industria necesita el país? y ¿Qué país necesita la industria?”, cuestionamiento que dio lugar al primer debate y posterior mesa redonda de la que participaron Adolfo Navajas Artaza (alimentación); Manuel Cywin (textil); Israel Mahler( metalúrgico); Enrique Eskenazi (alimentación); Marcelo Diamand (electrónico); Emilio Llorens (siderúrgico) y Pedro Girardi (metalúrgico).

En nuestras páginas pueden encontrarse las firmas de un extendido arco del pensamiento. Allí están los testimonios de Alvaro Alsogaray, Rogelio Frigerio, notas de Salvador Treber o el último artículo que escribió el eminente científico Juan José Giambiaggi. Tuvimos el privilegio de publicar trabajos de Salvador San Martín; Eduardo de la Fuente; Raúl Cuello; Juan Carlos Pugliese o Fernando Fajnzylberg. Consultamos a Raúl Alfonsín, Antonio Cafiero, Italo Luder o Carlos Menem. Los innumerables reportajes realizados nos permitieron conocer a personajes disímiles como Leopoldo Torre Nilsson; José Alfredo Martínez de Hoz; Alicia Moreau de Justo; Manuel Sadosky; Rebeca Guber; Arturo Sábato; Jorge Sábato; Jorge y Elva Roulet; Roberto y Juan Alemann; Federico Clérici; Marcelo Diamand; Carlos Auyero; Aldo Ferrer; Leopoldo Portnoy; Jorge Schvarzer; Ricardo López Murphy e incluso, aconsejados por Alieto Guadagni, viajamos a Córdoba y entrevistamos al entonces naciente Domingo Cavallo.

En nuestro “Informe Industrial” pueden rastrearse entrevistas a casi todos los ministros, secretarios y subsecretarios del área, desde Roberto Lavagna hasta Jorge Pereyra de Olazábal, para hacer dos nombres de una concepción económica y política, sin dudas, diferentes.

En sus páginas puede encontrarse el pensamiento de Raúl Prebisch, Bernardo Kosacoff, Jorge Katz o Francisco Gatto y con ello reconocemos una cierta raíz cepalina. También nos han señalado como desarrollistas, defensores de las PyMES y de las industrias radicadas en el interior del país. Hay un poco de todo eso.

A lo largo de los años se produjeron muchos cambios: abandonamos el camino de la soberbia de sentirnos “la tribuna de la industria nacional” y pasamos a reconocernos como una publicación especializada en política industrial y economía. La mejor calidad del papel, color e impresión obedecieron, en cada ocasión, a las exigencias de un mercado cada vez mas pequeño y competitivo.

Casi todas las empresas importantes radicadas en el país y algunas del exterior publicitan o han publicitado en “Informe Industrial” y fueron ellas, mas que el extendido número de suscriptores locales y extranjeros, las que sustentaron la publicación durante todos estos años.

Somos sinceros cuando reconocemos que salvo alguna aislada y olvidable excepción, no hubo condicionamientos para lo que libremente pensamos o escribimos durante todos estos años. No desde el sector privado.

La evolución de la industria, durante este largo tiempo, no fue fácil y la de nuestra revista tampoco. Pero ambas, la industria y nosotros mismo, aún estamos aquí.

Desde siempre creímos que “industria argentina” es el mejor de los términos; que el crecimiento económico es imprescindible y que la equidad debe ser inducida porque no es su socia. Pero por encima de aquellos valores defendimos la democracia como la única forma de gobierno que, aunque imperfecta, no ha sido superada.

Durante nuestra vida, no solo profesional, no hemos reconocido más liderazgos que los relacionados con la dignidad del hombre y con la libertad de pensamiento. Esos han sido nuestros valores mas altos y por ellos hicimos -y seguiremos haciendo- el trabajo de cada día.

Irene Naselli