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Reportajes

"Financiar el crecimiento"

El presidente de la Unión Industrial Argentina, el doctor Juan Carlos Lascurain, este año juega de ganador. Se alzó con las elecciones que lo ungieron presidente de ADIMRA y acto seguido sumó la jefatura de la UIA. Cuando le comenté que algunos de sus colegas muestran signos de sufrimiento porque les va bien en un esquema económico contrario a las ideas que siempre defendieron dijo sonriente:”Conozco a varios”. Y es que, como sostenía Einstein, “es más fácil perforar un átomo que un prejuicio”.Los tramos salientes de charla que mantuvimos son los siguientes:

ImagenJuan Carlos Lascurain
– Creo que industriales e industrialistas, los que no siempre coinciden, están de acuerdo con el marco en que se desenvuelve la actividad económica: tipo de cambio competitivo, superávit comercial y fiscal. Sin embargo, parece que una buena macro es necesaria pero insuficiente. ¿Hay signos de debilitamiento?
– La visión es que no alcanza. Si hacemos un “racconto” y marcamos como punto de partida el 2001, es fácil mostrar que, tras los cimbronazos de la devaluación, la industria comenzó a transitar una etapa de progreso. El crecimiento fue impulsado, en primer lugar, por la utilización de la capacidad instalada que permanecía ociosa por las condiciones en que se desenvolvía nuestra economía en el largo período anterior al estallido de la crisis, Ese crecimiento después se solventó con inversiones, en especial de las PyMES. Y ahora, consumidos los capitales propios, es evidente que falta algo más. ¿Qué es lo que falta?, financiación, la industria necesita financiación y este es un tema que ya planteamos en el discurso que pronuncié en el acto de asunción en la UIA.

- Desde los despachos oficiales, también se habló de la necesidad de financiación para seguir creciendo.¿Se dice pero no se hace?
– Todos estamos de acuerdo en que ningún país capitalista del mundo se mueve sin financiación, de manera que la verdadera discusión no gira alrededor del tema en sí, sino en la forma en que debería hacerse. El objetivo es claro y compartido por autoridades y privados, la cuestión es cómo instrumentarlo.

– ¿Qué proponen?
– Coincidimos en que al crecimiento hay que financiarlo. Los números con los que nos movemos y que son los que ofrece el sector financiero a la industria , específicamente a nuestro sector, oscilan entre el 2 y el 2 y medio por ciento del PBI. Con estas cifras no hay país de desarrollo intermedio que pueda completar el ciclo de su industrialización o reindustrialización.

– ¿Impulsan la creación de un banco de desarrollo?
– No necesariamente. Crear un banco de esas características insume mucho tiempo. Lo ideal es utilizar estructuras que ya existen.

– ¿Por ejemplo?
– Cualquiera de los bancos oficiales, como el Banco de Inversion y Comercio Exterior (BICE), el Nación o el Provincia de Buenos Aires y también estamos pensando en los bancos privados que se muestren interesados.

– En otras partes del mundo ¿se probó un esquema como éste?
– En algunos lugares sí pero en otros no. Entre estos últimos figura Brasil, a quien siempre ponemos como ejemplo y su Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social –BNDES– que tiene una estructura que se dedica a analizar riesgo. Este banco el año pasado prestó alrededor de 25.000 millones de dólares, suma muy significativa. En otros países la participación de la banca privada demuestra que ese es un camino que puede explorarse..

– Los investigadores y los centros de estudio más sólidos coinciden en que es difícil conseguir financiamiento externo y que hay que solventar el crecimiento con ahorro interno ¿ustedes están de acuerdo?
- Si hay que hacerlo con ahorro interno, así habrá que operar. La conducción económica comprende y comparte la idea de financiar la nueva etapa y también se refirió al tema el Presidente de la Nación cuando fuimos a visitarlo. El fue muy pragmático, nos habló de un banco de desarrollo y puntualizó que si alguna vez se cometieron errores, no hay porqué repetir la parte amarga de la experiencia. Hay que reconocer, para ser justos con el funcionamiento de aquel Banco Nacional de Desarrollo, que cientos de industrias se fundaron y crecieron a su amparo y cientos de industriales pagaron puntualmente los créditos que tomaron.

Podríamos hacer una comparación entre lo que se dijo de ese banco y lo que se decía, por ejemplo, sobre YPF. Recuerdo que el latiguillo utilizado se relacionaba con que era la única empresa petrolera del mundo que arrojaba pérdidas. Lo que nunca se aclaraba era que ese quebranto no se debía a su funcionamiento sino al manejo que el Estado hacía de las utilidades.

– El ataque al BANADE se hizo en el mismo marco en que se emitió el veredicto de la absoluta ineficiencia de nuestra industria y, en consecuencia ,que importar era mejor que producir.
– Totalmente de acuerdo. Es por eso que hoy y en el futuro cercano, la discusión de fondo se centra en dirimir la cuestión entre los dos modelos: el que se siguió durante la década pasada y éste que es un modelo de desarrollo e inclusión. A la sociedad debiera quedarle claro que el renacer de la actividad industrial trajo aparejado un significativo descenso de los índices de desocupación y un mejoramiento del nivel salarial. La sociedad argentina siempre le otorgó un alto valor al sector agropecuario y, después al financiero, creo que recién ahora comienza a visualizar la importancia de la industria. Los argentinos podemos pensar diferente, pero por encima de todos nosotros está el país al que nos debemos y que tenemos que conformar mirando los próximos diez o quince años.

– Ese pensamiento de mediano y largo plazo ¿existe?
– En algunos sectores la preocupación está vigente, en otros en estado latente, pero está. Ocurre que en los últimos 40 años todo fue inmediato y el tener que actuar siempre en y para el corto plazo terminó condicionando también el pensamiento.

– En ese pensar a futuro ¿ se debate el tema de la especialización productiva del país?
– Nuestra economía va a seguir creciendo, pero necesitamos financiamiento para entregar cada vez más bienes y de mejor calidad y para posicionarnos en forma más conveniente en los mercados del mundo. Nadie duda que tenemos materias primas de muy buen valor, ahora debemos posicionar la inteligencia y la creatividad de los argentinos. Hay sectores con alto agregado de valor a las producciones que no pueden seguir siendo islas. Hay que potenciar estas ramas de actividad y hay que trabajar para conseguir y consolidar una masa critica que nos permita jugar en áreas de avanzada. El financiamiento, básicamente, debe servir para innovación.

– La industria demanda cuidar el mercado interno de las producciones de Brasil, en parte, y definitivamente de China. ¿Qué es lo que piden?
– Se ha venido haciendo una labor muy importante. En el caso de Brasil, por ejemplo, la Política Automotriz Común (PAC) da una cierta tranquilidad, sobre todo a algunos sectores de la industria metalúrgica. Este es un gobierno que comprende que con el vecino país tenemos problemas de escala y de financiamiento y entonces, nos acompañan para que podamos lograr un mejor posicionamiento. Hay sectores de manufacturas muy elaboradas que no compiten con la producción brasileña sino, lisa y llanamente, con la financiación.

Respecto de los países asiáticos, porque aunque todo el mundo habla de China hay otros ejemplos, el tema es muy complejo. Y lo es por dos costados, porque nos compran producciones con bajo o nulo valor agregado y porque, muchas veces, producen en condiciones de dumping social. Es muy difícil comparar el valor de los productos cuando los factores de costos son tan diferentes. En estos casos, muchas veces, hay que poner en la balanza conceptos de racionalidad diferentes y eso es muy complejo.

– Te escuché decir que la inflación empezaba a horadar el tipo de cambio ¿es así?
– Si, es así.

– ¿Como se piensa atacar este problema cuando, por ejemplo, el premio Nobel Stiglitz y no es el único, habla de que el dólar, a nivel mundial, seguirá cayendo?
– Este es un tema de la mayor preocupación, porque ¿cómo hacemos nosotros para mantener el tipo de cambio cuando el dólar, en el mundo, se deprecia respecto a otras monedas y aquí, internamente, los factores de costos han ido desgastando su valor?. Es innegable que los márgenes de ganancia se han achicado y que es cada vez más difícil poder reinvertir algún tipo de utilidad. Casi todos los sectores representados, en la Unión Industrial Argentina, han negociado salarios que, medidos en dólares, han tenido recuperaciones significativas, del 30 y el 40 por ciento.

– ¿En que cambia la UIA con Lascurain como presidente?
– La Unión Industrial atravesó todo un proceso que no pudo ser muy diferente a lo ocurrido en el resto del país. El mandato de Héctor Méndez, recién concluido, revalorizó la unidad de la institución, ya que fue el primer presidente elegido, después del 2001, a través de una lista única. El enfocó una parte de su gestión en producir algunas modificaciones en la estructura interna de la casa. Creo que nosotros tenemos que profundizar esa modernización de nuestros cuadros técnicos, en segundo lugar debemos fortalecer institucionalmente a las regiones y como tercer punto señalaría que hay por delante un fuerte trabajo, en conjunto con otros sectores, para avanzar en la solución de algunos aspectos que hoy afectan fuertemente el accionar de la industria. Estamos hablando del financiamiento, de la ley de riesgo de trabajo, de una mejor administración del comercio y de una vinculación más fuerte con el sector científico–tecnológico. Creo que este es el camino para desarrollar este año.

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