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Domingo 23 de Septiembre, 2018
Temas en debate

¿Así?, sobra gente

La coalición política que gobierna nuestro país lleva adelante un modelo económico asentado, básicamente, en cuatro patas: finanzas, agro (con un poco de agroindustria), energía y minería. Se jaquean los sectores vinculados a la educación, al desarrollo y la investigación científica, se bastardea la salud de la población y, entre muchos otros, se precariza la producción y el trabajo. La Argentina que hemos conocido, aun cuando se mantenía todavía lejos de los equilibrios deseados, rebasa los límites de la que hoy se pretende constituir. El modelo en el que se quiere comprimir al país es chico, muy chico, aprieta por todos lados.

ImagenFuerte caída de todos los indicadores económicos
¿Qué tienen los pobres en la cabeza?, se pregunta una mujer que se reconoce del estrato más bajo de la sociedad y que vive (o vivió) más allá del borde que los separa de los que aún están del otro lado. Acto seguido, en una charla que se viralizó en las redes, enhebra respuestas que recorren todo tipo de anhelos y de exclusiones, de orgullos y frustraciones.

¿Por qué en éstas páginas dedicadas a defender la importancia del entramado industrial nos detenemos sobre una pregunta que nos interpela como personas y como sociedad? Porque un ajuste siempre se hace con una tajada de pobres, sumando pobreza a los que llamamos, en un eufemismo, “los que tienen menos”, los que comienzan a ser los más.

Tome una sociedad cualquiera, agregue medidas restrictivas de carácter económico que más temprano que tarde se trasladan al campo social y voilá el resultado: un aumento de la pobreza estructural. Es decir, una sociedad más injusta y conflictiva que permite imaginar un cambio de figuras en el apretado fajo de billetes que grafica el ajuste en la portada de esta edición.

Es que, en realidad, no se trata de costosos o de devaluados papeles, sino de un enorme grupo de ciudadanos de a pie o, si se quiere, de miles de pequeñas y medianas empresas que tratan de sobrevivir a la asfixia de costos que suben a golpes de intentos de cumplir con un Excel que puede funcionar en una empresa pero que difícilmente contenga el funcionamiento de un país.

Por otra parte y como consecuencia de la sumatoria de repetidos ajustes parciales y de la falta de un objetivo superador al operativo bicicleta financiera- fuga de divisas-endeudamiento, ese mercado al que se rinde pleitesía es un mercado que se angosta hasta extinguirse. Y que ¡albricias!, de puro descarnado entonces servirá para contener un proceso inflacionario con tendencia a retroalimentarse hasta la exageración, en especial por el pago de los servicios de la deuda contraída con ¿inexplicable imprevisión? en estos años.

Algo anda mal en la Argentina. A una sociedad que ya muestra claros signos de fatiga económica y social (los números están en la mayor parte de los análisis de cualquier signo que se consulte) se le pegará un nuevo puñetazo con el objetivo de alcanzar un déficit cero tan imposible de ser logrado como aquella pobreza cero de campaña. El fin manifiesto es el de obtener cuentas perfectas en un país que de tan real es imperfecto, como también lo es el largo y ancho mundo al que pertenece y en el que está inserto.

Algo anda mal en la Argentina. Cuando los políticos olvidan a la gente, olvidan la Política. Pero también corren el riesgo –y sería peligrosísimo- de ser señalados como superfluos por esas mismas personas a las que dicen representar.

Algo anda mal en la Argentina cuando los medios de comunicación masiva enfatizan las divisiones. Porque es verdad que muestra sociedad está dividida, pero lo está entre quienes piensan a la Argentina como una comunidad y los que no. Muchas veces, más leyendo que escuchando, recuerdo a Umberto Eco escribiendo que “los diarios no están hechos para difundir sino para encubrir noticias” o subrayando que los “medios de comunicación no nos informan, hoy nos dicen qué pensar”.

También es cierto que hay muchos otros olvidos y que, es seguro, ninguno debe ser tan grave como la de algunos jueces y el Derecho. Porque ¿cuál es la matriz en la que se estructura un estado-nación? ¿qué ha sucedido a lo largo de la historia de la humanidad cuando se resquebraja o rompe el andamiaje que primero construye y después mantiene el contrato social?.

Dada la inocultable solvencia económica de la mayor parte del elenco del actual gobierno, mirando alrededor y tratando de entender el declive económico, social y político que agobia a nuestro país – para muchos incomprensible- podríamos ensayar una parodia de aquella pregunta con la que abrimos este pensar en voz alta y preguntarnos: ¿Qué tienen los ricos en la cabeza? Porque, como todos sienten y algunos saben, este no es un juego de suma cero sino una obra que implica la destrucción de numerosos sectores que eslabonan la producción y el trabajo en la que muy pocos obtienen ganancias extraordinarias mientras el país pierde relevancia.

Aquí y ahora es necesario enfrentar el desafío de establecer un programa que nos permita superar la crisis, terminar de invaginarnos y volver a crecer.

Porque señores, aprendámoslo alguna vez: un país no es una planilla en la que se suman o restan números sino la construcción de una esperanza colectiva.

Irene Naselli

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