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Ciencia & tecnología

¿Por qué perdimos Jordania?

INVAP SE presentó una oferta calificada como “de excelencia” por quienes abrieron la licitación internacional para la construcción del primer reactor de investigación y producción de radioisótopos que se emplazará en el Reino Hachemita de Jordania. Técnicamente lo era, pero fue Corea del Sur la que se alzó con su construcción.

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Puntualmente la explicación de porqué Jordania incursionará en la tecnología nuclear de la mano de Corea del Sur es simple y razonable: Los surcoreanos les propusieron, junto a la construcción llave en mano del reactor, una oferta financiera difícil, sino imposible, de igualar. En los papeles, es decir en lo formal, les vendieron un reactor ligado a un crédito a 30 años, a una tasa de interés del 0,2% y con diez años de gracia., en la práctica, lo regalaron.

Corea del Sur comienza su aprendizaje nuclear alrededor de 30 años atrás, dice el ingeniero Juan Pablo Ordoñez, sub gerente de la División Proyectos Nucleares de Invap, “y aunque el período histórico en que hace su desarrollo es parecido al de Argentina, ellos mantuvieron una continuidad en su política que, en nuestra área, es fundamental “. Corea del Sur es hoy el quinto país con mayor dotación de reactores de potencia (tiene 20), precedido sólo por los Estados Unidos, Francia, Japón y Rusia.

En la actualidad existen 5 reactores en construcción, pero en toda su trayectoria ha demostrado el acierto de su política al integrar paulatinamente a la industria local de suministros hasta lograr un altísimo porcentaje de “made in Corea” explica el ingeniero Ordoñez. La conclusión es que en los últimos 6 reactores construidos lograron y mantuvieron su autosuficiencia.

Respecto del fallido intento de vender nuestra tecnología al Reino Hachemita de Jordania, la opinión de los especialistas consultados es que “el interés real de Corea no está en la venta de un reactor de investigación – que sería sólo el primer paso- sino en su posicionamiento en el mercado de los reactores de potencia”.

Por su parte Jordania, que cumple con las obligaciones establecidas por la Agencia Internacional de Energía Atómica de las Naciones Unidas, se ha embarcado en un programa para construir hasta 2015 dos reactores nucleares, uno para investigación y desarrollo y otro para generar electricidad. El reino, que depende del exterior para satisfacer muchas de sus necesidades energéticas, ya había suscrito un acuerdo con China para el desarrollo de la energía nuclear que, entre otras, consistía en dotar a la “Jordan University of Science and Technology” de un simulador de reactor que se asemeja al real, a la par que realizar una explotación conjunta de las reservas de uranio del país estimadas en 180.000 toneladas.

Para la Comisión Jordana de Energía Atómica, presidida por Khaled Toukan, el acuerdo rubricado con China era considerado el primero de otros que se firmarían en el futuro. Y fue así. De hecho el turno del que suscribieron con la Argentina llegó en septiembre de 2009, poco tiempo después de la reunión que mantuviera en Buenos Aires la presidenta Cristina Kirchner con el rey Abdullah II, Pero hoy, en el mundo real, para obtener o permanecer en un lugar destacado del mercado internacional no basta con la firma de convenios, fuertes lobbies empresariales o, entre muchas otras modalidades, la exhibición de importantes pergaminos desde luego que todas ellas son condiciones necesarias para los jugadores globales, pero no son suficientes.

Hace unos 15 días, en una nota que abordaba el tema de la construcción de dos nuevas centrales nucleares en los Estados Unidos decíamos que tanto en la primer potencia mundial como en cualquier otra parte del planeta, los montos en juego y los plazos de construcción de estos emprendimientos son muy altos y, entonces, es muy difícil – sino imposible- sostener estos proyectos sin el aval de los estados. Y nada ha cambiado en estos días, salvo la certeza que sin políticas que se mantengan en el tiempo asociando y potenciando capacidades locales es muy difícil seguir creciendo. En el sector nuclear –y en muchos otros- no son sólo las empresas las que compiten en el mercado internacional, compiten los estados con los objetivos que una sociedad se plantea más allá de un gobierno.


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