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Temas en debate

¿Quién banca el desarrollo?

El título de la convocatoria tenía un cierto grado de generalidad: “Financiamiento y políticas de desarrollo”, pero la médula de este nuevo encuentro convocado por la ascendente AEDA, Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina fue la exploración y el posterior debate sobre los “Elementos para una regulación mas eficaz del sistema financiero argentino”.

ImagenEn el crecimiento y el desarrollo ¿qué papel le corresponde al BCRA?
Un dúo de lujo integrado por el británico Jan Kregel, una de las figuras más encumbradas del pensamiento post keynesiano y el florentino Mario Tonveronachi precedieron la disertación de la titular del BCRA, Mercedes Marcó del Pont.

Los académicos invitados se refirieron tangencialmente a la Argentina y centraron sus disertaciones sobre la fragilidad del un sistema financiero internacional en el que las crisis se suceden con una velocidad mayor que la capacidad de comprenderlas.

Kregel insistió en la necesidad de que el sistema financiero sea capaz de concentrarse en un objetivo simple, a la vez que sea competente en asegurar la estabilidad. Pero, no sin intención, también señaló que en la actualidad, en los Estados Unidos, se debate el rol del BC sobre opciones que no debieran ser antagónicas sino complementarias: ¿tiene que ceñirse a la regulación financiera o puede involucrarse en la regulación de la actividad económica? Estas alternativas, simples sólo cuando se las enuncia, provocan enfrentamientos académicos de todavía incierta resolución. El profesor Tonveronachi, por su parte, distinguió los sistemas financieros de los países con capacidad de decisión – no más de 10 precisó- de los que existen en los países emergentes. Y postuló que entre ambos grupos y a su interior la heterogeneidad es tan grande – a pesar de que la globalización financiera pretendió armonizar los sistemas- que la solución a cualquier problema debe acodarse en lo particular.

En otro momento de su disertación, Tonveronachi había advertido sobre el peligro que corren las economías reales cuando quedan expuestas al flujo de capitales de alta volatilidad.

Cuando Mercedes Marcó del Pont subió al estrado, el juego entre figura y fondo se invirtió y el centro fue ocupado por los problemas que enfrenta la Argentina para superar los coletazos de la crisis internacional pero, más específicamente, para erguirse sobre las herencias de su propio pasado.

En forma coloquial, M del Pont trató, quizás, alguno de los temas que hubiera querido discutir con los senadores en aquella sesión terminada en forma abrupta. Dijo que “el papel del BC en proyectos de desarrollo no se debate en la Argentina a pesar que desde su fundación en 1935 su objetivo está involucrado con el desarrollo y el crecimiento”. Aseguró que “.no pensamos en crear un banco de desarrollo, pero sí en cómo promover un proceso de desarrollo.”. Y afirmó no entender “porqué pensar en el financiamiento a mediano y largo plazo para empresas argentinas con proyectos productivos puede ser una medida inflacionaria”. Hay que propender y defender la estabilidad, aseguró con énfasis, pero aclaró que “el concepto de estabilidad tiene que estar vinculado a la industrialización y a la inclusión social”.

Volvió a lamentar, lo había hecho en otros recintos, que el crédito estuviera fuertemente concentrado no sólo en empresas, sino geográficamente. Y dio a entender que, como autoridad monetaria, buscaría los instrumentos y las acciones que le permitieran corregir el actual estado de cosas en un “sistema financiero sólido pero con una bajísima exposición”.

Explicó, al estilo Marcelo Diamand, que “el stop and go, las cíclicas crisis de la economía argentina siempre estuvieron relacionadas con la restricción externa y la incapacidad de generar dólares para financiar la producción sin crear cuellos de botella.”. Y resaltó que la acumulación de reservas es la contracara de “ una decisión estratégica de sostener un tipo de cambio competitivo que es esencial para la industrialización y la diversificación productiva”.

Alentando a que los grupos de trabajo de AEDA – conformado por numerosos jóvenes economistas liderados por Matías Kulfas- trabajen en los talleres que se conformaban al día siguiente sobre una agenda de cambios técnicamente consistente, Marcó del Pont exhortó a pensar la articulación mas eficaz entre la política monetaria, el sistema financiero y el perfil de país deseado.


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