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Miércoles 23 de Octubre, 2019
Reportajes

“De la ilusión de la convertibilidad a la ilusión de la soja”

“Estamos mucho mejor que en 2002” dijo el ex viceministro de Economía Jorge Todesca en un momento de la rica entrevista que mantuvimos. El licenciado Todesca es, como se sabe, uno de los artífices del reordenamiento económico posterior al cataclismo que, puertas adentro, ocurrió al inicio del milenio.

ImagenJorge Todesca
No podemos evitar el tema de una crisis financiera internacional que oscurece el horizonte y que ¿tiene o no semejanzas con la del ’29?

- No se parecen si tomamos en cuenta el tipo de desajustes que desató la crisis de 1929, porque aunque entonces hubo sobrevaloración de activos, también había infraconsumo. Por eso la tesis keynesiana, la tesis dominante en ese entonces, pivoteó en el impulso que debía darse a la demanda agregada e inspiró el New Deal. Si bien en sí mismas estas medidas no solucionaron la crisis le pusieron un piso sobre el que después actuó la demanda excedente provocada por la Primer Guerra Mundial.

En la actualidad el crédito estaba y seguramente sigue estando por arriba del valor de los activos reales de la economía, hecho que se hace transparente en el caso de las hipotecas subprime que no son las que explican la crisis sino solo el disparador.

Me parece que la cifra que mejor sintetiza el tamaño del problema por el que atravesamos es que el apalancamiento financiero –la suma de los mercados de acciones, de bonos y de crédito- es el equivalente a cinco veces el producto bruto del mundo. Y ese hecho es aún peor porque no solo estamos ante una cifra desmesurada sino que su velocidad de crecimiento ha sido muy alta. Un apretado resumen de la situación actual sería decir que se ha financiado cualquier cosa y que ahora esa cosa tomó dimensión real.

La crisis se transfiere a la economía real por la vía de la restricción y hasta la desaparición del crédito a los consumidores, comportamiento que se siente en especial en los Estados Unidos donde existe una extendida cultura del crédito. Y también en Europa donde la estructura de financiamiento es más similar a la de los Estados Unidos de lo que uno podría haber supuesto tradicionalmente.

Es probable que lo que hoy se entiende por “vivir bien” genere patrones de comportamiento que todo el mundo quiere imitar

Sin dudas. Fijate que Europa también se involucró en la burbuja inmobiliaria, no tanto en la propia como en la que importaron desde los Estados Unidos por la diferencia de rentabilidad que se obtenía.

¿Tenemos hoy un marco teórico que contenga y muestre cursos de salida de esta crisis?

No y ese es un déficit enorme respecto a la crisis del ’29 En estos años la teoría económica no produjo muchas alternativas al llamado pensamiento único, una línea reflexiva de cauce bastante estrecho. Hay versiones críticas como la de Stiglitz, Krugman o Roubini que tienen elementos teóricos, pero ninguna es una teoría general como la de Keynes.

¿Y entonces?

Entonces estamos con una hoja de ruta más débil que la del ’29. Pero yo creo que la impronta decisiva a la hoja de ruta del ’29, más allá del keynesianismo, se la dio el liderazgo de Roosvelt. Habrá que ver si Obama va a plantear una renovación moral que restituya la credibilidad la que, si bien por si sola no va a resolver los problemas que enfrentamos, es necesaria para otorgar al sistema una cuota de mayor confianza, porque es probable que hoy el consumo se esté cayendo por debajo del propio impacto que produce la falta de crédito. En un mercado laboral tan flexible como el de los Estados Unidos la gente sabe que si pierde su trabajo se queda sin ingresos para hacer frente a sus créditos, porque esa es una sociedad que ahorra poco.

Bueno, esto también lo saben los banqueros y, creo, uno de los mayores temores a futuro, es que al descalabro de las hipotecas basura se sume el de las tarjetas de crédito que no pueden ser saldadas.

La gente tiene miedo y eso se refleja en los índices de confianza del consumidor en los Estados Unidos que se han desplomado. Por su parte los banqueros avanzan por etapas, lo primero que hacen es reconstituir la liquidez perdida y después aplicarán los recursos obtenidos muy selectivamente, porque hay que tener en cuenta que las principales compañías de los Estados Unidos están hoy sin financiamiento. Pero el circuito se cierra con el crédito a los consumidores, porque sin crédito al consumo la economía no se mueve. La variable mas importante que hay que considerar, me parece, es el tiempo. Y en este caso, el tiempo puede ser prolongado.

Quizás por todo esto es que Nouriel Roubini dice que lo peor de la crisis no pasó.

Respeto mucho a Roubini y comparto su opinión. Quizás se esté alcanzando un piso en el mercado de acciones porque, finalmente, si una acción cayó 70 por ciento ¿cuánto mas puede caer?, si cae un 100% la empresa vale cero, pero las empresas están allí y tienen activo. Otra es la historia de los bancos que están en una situación de alta vulnerabilidad.

El salvataje es necesario pero ¿los enormes montos comprometidos son suficientes?

Si uno los compara con la cifra de cinco veces el PBI mundial la respuesta es no. Y de hecho vemos como las autoridades van detrás de la crisis y las inyecciones de capital siguen sucediéndose.

Pero ¿qué explica tanta imprevisión?, porque, en verdad ésta crisis era esperable

Si, lo era. Mirá, los principales emisores de opiniones económicas en el mundo eran los bancos de inversión, que son los que se desplomaron. Allí estaban sus oficinas y sus mecanismos de research, ellos eran los que armaban la opinión económica del mundo y, por ser parte interesada, se cuidaron muy bien de advertir sobre la crisis.

Pero esto también puede deberse a la interdependencia que se ha profundizado entre los poderes económico y político.

Sin dudas. Pero fijate que el gobierno de Bush, en su primer período, no tuvo gente de Wall Street, tuvo gente de la industria como Paul O’Neill o John Snow… Wall Street llega con la entrada de Henry Paulson, cuando la crisis se les venía encima. El tema es que Paulson llega creyendo lo que escribía la gente de su propia compañía.

Y después se produce la caída de Lehman Brothers, una firma paradigmática y competidora de Goldman Sachs, que es la corporación de Paulson… todo muy complicado.

Si, es cierto. He mirado las minutas del Departamento del Tesoro, cuando ellos se reúnen y discuten y encontré episodios muy parecidos a los que vi en las crisis de aquí. En esas circunstancias el poder corporativo se resquebraja y hay una suerte de sálvese el que pueda, con procedimientos de muy baja racionalidad.

O con una racionalidad interna que uno desconoce.

Puede ser, porque no puede descartarse un mayor proceso de concentración con la desaparición de muchos bancos regionales que cumplen un rol muy importante en la economía de los distintos estados, zonas o poblados. Hay algunos cientos de esos bancos en crisis y unos 15 que ya cayeron en los últimos años.

Ahora, ¿cuál es el manejo de la información internacional que tiene nuestro gobierno cuando en medio de esta crisis anunciada imagina la obtención de financiamiento para un tren bala o anuncia saldar la deuda al Club de Paris o la reconsideración del pago a los holdouts?

No lo sé, pero es muy cierto lo que decís y es llamativo.

Ya antes de esta crisis me pareció advertir que aunque en el discurso hay una fuerte valoración de las decisiones del estado nacional, en los hechos nuestro país parece dispuesto a satisfacer los requerimientos del mercado internacional y aceptar las decisiones de política económica que se toman en otros lugares del mundo. Queremos soja dicen en China, entonces plantamos mucha soja. ¿Esto es así como consecuencia de la globalización o por la falta de un proyecto nacional?

Creo que intervienen varios factores. Sin dudas y desde hace mucho tiempo, carecemos de un proyecto nacional, hecho que se vincula con la crisis de los partidos politicos. Los politicos llegan al poder con la etiqueta de un partido pero sin plataformas y sin una concepción integral de cómo se va a ejercer el poder. Como no hay programas, llegan, eligen sus colaboradores y ya no importa si estamos o no en una emergencia. El año pasado votamos a candidatos presidenciales y ninguno de ellos había sido elegido por el voto interno de los afiliados a su partido. Yo diría que éste es un hecho muy fuerte.

No creo que la democracia norteamericana sea el ejemplo inmaculado a seguir, pero no es difícil advertir enormes diferencias entre la campaña que acabamos de presenciar en los Estados Unidos y la que nosotros sostuvimos pocos meses atrás.

El otro hecho es que creí que después de la convertibilidad, los argentinos nunca mas seríamos proclives a la fantasía, pero sucede que pasamos de la ilusión de la convertibilidad a la ilusión de la soja.

Pero lo mas llamativo del caso es que éste es un gobierno que nace de un partido con vocación industrial, se pronuncia a favor de la industria y tiene buena relación con la gente de la industria y no con la del campo.

Pero nada de esto alcanza para armar una política industrial ni para sostener el crecimiento de la actividad industrial. Todo es confuso porque aún en el discurso de la presidenta, cuando ella dice que el mundo requiere energía y alimentos lo que está planteando es una profundización del esquema agroenergoexportador.

Lo que decís es muy cierto, pero no se lo advierte así, ningún dirigente del campo admitiría que esto es así.

Ya en la introducción de tu libro “El mito del país rico”, decís en dos líneas lo que me pareció el resumen de una biblioteca sobre nuestro perfil productivo: “cada tonelada que exportamos vale 350 dólares y cada tonelada importada nos cuesta 950 dólares”. ¿se hizo algo para modificar esta relación?

Muy poco, porque en este dejar hacer predominó el modelo agroenergoexportador y hubo una creación de valor enorme en el sector agropecuario. Pero el gobierno se peleó con el campo, no encontró el camino y tampoco encontró el camino industrialista profundo. Admitamos que ya se consumió la posibilidad de la industria de recuperar la capacidad que había quedado desaprovechada tras los largos años de caída de la economía y que ahora, si es cierto que queremos reindustrializar el país, se necesita mucho más que un tipo de cambio competitivo.

En los discursos se pone al Estado en un rol central, pero en los hechos este propósito no está acompañado ni de políticas no de gestión.

¿De nuevo 2002, como insinúan algunos analistas o algunos medios de comunicación?

Esa es una pregunta que me hacen muchas personas y mi respuesta es definitivamente no, estamos mucho mejor que en 2002. El sistema financiero está bien, sano, en pesos, si fuera necesario el Banco Central, que tiene importantes reservas en dólares, podría salir en auxilio de algún banco como ahora lo está haciendo la Reserva Federal en los Estados Unidos. Sigue habiendo, por ahora, superávit comercial y el de 2008 será superior al de 2007. También es cierto que no hay crédito y que las tasas de interés del que se oferta son tan altas que existe una enorme reticencia a solicitarlo.

Agreguemos que el tipo de cambio ha dejado de ser competitivo para el sector productivo, cuando era su casi único sostén, y completamos un panorama mitad venturoso mitad problemático.

Ahora bien, el común de la gente no cree en la mitad venturosa, no cree en los números oficiales y piensa que si se le miente con la inflación, por extensión, también se la engaña con los otros números de la economía.

Si, es cierto, hay un enorme descreimiento. Y es sorprendente que hoy la credibilidad esté a niveles parecidos a los de septiembre de 2001, cuando no hay ningún número comparable. Yo creo que esto se debe a la acción política del gobierno, que vive con la idea de que está en crisis permanente, y al proceso de toma de decisiones. En el gobierno se cree que, todo el tiempo, hay que construir con decisiones fuertes.

No sé cómo se hace, pero es imperativo sustituir el reclamo y la culpa de todos los males puestos en el gobierno por una acción que enhebre y amalgame los muchos pedazos que componen nuestra sociedad. Como contraparte, hoy veo como nunca gente preocupada por el otro, constituyendo ONG y saliendo en ayuda de los que tienen menos.

Pero, a pesar de esto, soy conciente que hace falta un Estado que en forma decidida se ponga al frente de un proyecto integrador.

Reportaje completo en edición impresa
Reportaje de Irene Naselli

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