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Reportajes

“La punta del iceberg”

Si INVAP SE es una de las naves insignia de la acotada industria nacional local, nutrida en su amplia mayoría por filiales de empresas extranjeras, el licenciado Héctor Otheguy, su Gerente General y CEO, es uno de los empresarios que exhibe un fuerte compromiso no sólo con el crecimiento de su compañía sino con el desarrollo del país. Conocido por su ánimo inquieto, su sencillez y su inteligencia, éste trabajador incansable pertenece al grupo que en 1976 fundó INVAP, empresa que reconoce como antecedente el Programa de Investigación Aplicada comandado por su creador, el doctor Conrado Varotto, en el Centro Atómico Bariloche del que la mayor parte de ellos son egresados. Respetuoso de la investigación básica pero acérrimo defensor de la aplicada; Otheguy ocupa un bien ganado lugar entre los hombres de ciencia que lleva ron las bibliotecas al corazón de las fábricas. Como diría Jorge A. Sábato “ese piensa pero, más importante aún, ese hace”.

Imagen“En nuestro país se ha comprendido por fin… que la ciencia y la tecnología son imprescindibles para lograr el desarrollo”.
-La pregunta la divido en dos partes: en 2006/2007 ustedes inauguran el reactor Opal en Australia, en 2014 se lanza el ArSat 1 y en 2015 el ArSat 2. ¿Cómo hicieron la transición desde lo nuclear a lo aeroespacial? Y que ahora se dediquen a la construcción de satélites ¿supone el abandono de lo nuclear?

- Cada uno de esos acontecimientos, en efecto, fueron de la mayor importancia para INVAP y nunca me voy a olvidar de la inauguración de OPAL - el 20 de abril de 2007- porque fue mi regalo de cumpleaños. Nosotros empezamos por lo nuclear en primer lugar para resolver problemas que existían en nuestro país y después para poder exportar que es, en general, el camino que recorremos en todos los sectores en los que encaramos procedimientos de diversa complejidad tecnológica. La metodología que hemos utilizado en el sector nuclear no difiere en forma sustantiva de la que usamos en otros proyectos y ya en los ’90, cuando todavía estaba Conrado Varotto, habíamos incursionado no en la construcción de satélites, desde luego, pero sí en algún pequeño contrato afín a lo aeroespacial. Nosotros hacemos investigación y desarrollo pero también nos relacionamos con la gente que, en cada caso, está trabajando en el tema y sabe usar la tecnología adecuada.

En aquella ocasión lo hicimos con la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales que dependía de la Fuerza Aérea y que precedió a la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, la CONAE. El apoyo de la NASA (National Aeronautics and Space Administration) permitió, ya en aquella ocasión, que obtuviéramos resultados rápidos y efectivos.

En la actualidad, los gerentes del Área de Proyectos Aeroespaciales y Gobierno de INVAP son ingenieros nucleares del Instituto Balseiro, como lo era Tulio Calderón que ahora es el Gerente General de FAdeA (Fabrica Argentina de Aviones Brigadier San Martin). Lo que quiero transmitirte es que lo nuclear siempre siguió, aunque en paralelo hayamos trabajado en otras áreas como la planta de tratamientos industriales que, en sociedad con una empresa danesa, hicimos en aquellos años en Zarate. A mediados de los ’80 firmamos contrato con Argelia para la construcción del “Nur” un reactor de investigación de 1 MW de potencia que inauguramos a fines de esa década y que es similar al RA6 que ya funcionaba en nuestro país. En los ’90, años en los que hubo poco trabajo en Argentina, ganamos una licitación internacional de la Autoridad de Energía Atómica de Egipto para la construcción del reactor ETRR-2 por 100 millones de dólares, que hoy serían muchos más. En esos años en que la actividad nuclear en la Argentina se paralizó y aunque se abandonó el proyecto Cóndor, la relación con la NASA permitió darle un fuerte impulso al sector aeroespacial.

A fines de los noventa, la CONAE -es decir nuevamente Varotto- quería que además de cámaras ópticas miráramos la tierra por medio de un radar muy sofisticado, llamado de apertura sintética (SAR), que es el que se monta en los satélites SAOCOM 1A y 1B el primero de los cuales se pondrá en órbita a fines del año 2016 y que fueron diseñados para prevenir y evaluar catástrofes naturales.

Con esa base ingresamos en el tema del desarrollo de radares y atendimos las necesidades que nos proponían para el control del tráfico aéreo, por una parte y, la inspección del espacio aéreo en las fronteras a través de los radares 3D, por la otra.

En paralelo hicimos el tercer satélite, el SAC-C, que fue lanzado en 2000 con un tiempo de vida estimado en no más de 5 años y que, no obstante, se mantuvo en funcionamiento durante casi trece años. Este excelente resultado posibilitó y potenció una misión conjunta con la NASA – el SAC-D Aquarius- que completó en perfectas condiciones una vida útil prevista en 4 años. En este satélite, diseñado y construido en Argentina, la NASA montó un instrumento que ellos diseñaron, construyeron y trasladaron a Bariloche de un valor estimado entre 180 y 200 millones de dólares. Como también y por contrato se habían hecho cargo de los costos del lanzamiento, en definitiva y en números redondos nos confiaron unos 300 millones de dólares, además de una cierta seguridad en el éxito de la misión. Porque pensá que de producirse cualquier tipo de falla hubiera que haber invertido no menos de 4 años en volver a realizar éste tipo de desarrollos, así que a la pérdida de un montón de dinero habría que haber sumado un tiempo tanto o más valioso.

- ¿El Aquarius era el único instrumento que llevaba el satélite?

- No, el Satélite de Aplicaciones Científicas -D también llevaba otros instrumentos, en total eran siete, construidos o por INVAP o por gente de la Universidad de La Plata. Era un satélite de observación climática que llevaba el nombre de Aquarius porque éste era el instrumento más importante, el que permitía medir la salinidad de los océanos. A partir de ese momento, estoy hablando de 2011, pensamos que si la agencia número uno en el mundo nos reconocía de esa forma era porque estábamos haciendo las cosas bien y que ese aval era una carta de presentación inmejorable no solo frente al conjunto de la sociedad sino, en particular, ante nuestros políticos.

Así es que nosotros consideramos al Aquarius como un hito en el tema de desarrollo aeroespacial así como Opal, el reactor construido en Australia, lo es en el tema nuclear. En este caso nos habíamos presentado en una licitación internacional y la habíamos ganado compitiendo con las empresas más prestigiosas del sector.

-Creo que fue la exportación llave en mano más importante de la Argentina.

- Si y fue una planta vendida sin ningún tipo de financiamiento cuando en todos los proyectos importantes de bienes de capital, entre los que están las centrales nucleares, el proveedor gana la licitación no sólo en base a una buena tecnología sino al paquete de financiamiento que ofrece. Esa es una de las razones por las que la Argentina está comprando centrales nucleares a China, porque la tecnología es buena y viene acompañada de excelente financiamiento.

- ¿Cómo competimos en ese campo?

- Se nos complica y mucho competir con el financiamiento blando ofrecido por los países que tienen bolsillos más profundos. Nosotros hoy estamos encarando otra serie de proyectos como la construcción de aviones no tripulados, radares meteorológicos y los satélites de comunicación que deben durar 15 años y no 3 o 4, y que constituyen un desafío al diseño y a la utilización de componentes a la par que establecen el paso siguiente dentro de la línea satelital. Esta serie de proyectos justifica tener un Centro de Pruebas en nuestras instalaciones en Bariloche de manera que el satélite, sin salir del lugar en el que ha sido fabricado ni sufrir ninguno de los avatares que supone su traslado, puede ser sometido a todo tipo de pruebas. Superadas éstas y en un avión especial entonces es trasladado a Kourou en la Guyana francesa desde donde se realiza el lanzamiento.

- ¿Qué participación pueden tener en la construcción de las nuevas centrales nucleares?

- Las tratativas las llevó adelante Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA) con apoyo de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y aunque nosotros podemos ser proveedores de algún componente, el diseño viene de afuera. Desde nuestro país se trata de maximizar la participación local en la provisión de componentes en la medida en que hay un grupo de empresas que tienen un historial exitoso en la provisión de partes o piezas en la construcción de Atucha II, en la extensión de la vida útil de Embalse o eventualmente en la de Atucha I. Y es importante que se dé continuidad al trabajo en estas empresas para que no vuelva a ocurrir el parate y las pérdidas que sufrimos en los noventa. Recuperar a esas empresas fue el gran trabajo de NA-SA y, en particular, de José Luis Antúnez.

- Parece que China vende a Inglaterra la primera central nuclear que construiría en occidente.

- Si, lo leí. China ofrece financiamiento a largo plazo e intereses comparativamente bajos que son la base de sustentación de una política internacional muy agresiva y lo mismo ocurre con Corea que está construyendo 4 reactores nucleares de 1.400 MW cada uno en los Emiratos Árabes. Y es posible que el próximo año pongan en funcionamiento a la primera de esas máquinas cuya potencia supera a Atucha y Embalse sumadas. Corea, al igual que China, arrancó en el sector nuclear con tecnología de afuera, copiando, desarmando y armando, pero hoy ya la adaptaron, en algunos aspectos la superaron y la hicieron suya. Ahora están exportando con éxito notable.

- ¿Y ustedes qué planes tienen, seguirán explorando posibilidades en el exterior?

- En el exterior el principal cliente nuestro vuelve a ser Argelia en donde ya tenemos gente trabajando en un proyecto que aún requiere de dos o tres años para su cierre. En estos momentos nos concentramos en la obra civil y en estudiar la participación de empresas argelinas ya que todos los países exigen, lo mismo que nosotros, la máxima participación posible de las empresas locales.

Construir una planta de radioisótopos y aumentar la potencia del reactor “Nur” son hoy los principales objetivos de un país que nos vuelve a elegir 30 años después, teniendo muchas otras opciones.

Otro país en el que se abren múltiples posibilidades es Arabia Saudita que aunque hoy es uno de los países petroleros más típicos, planifica el mediano y largo plazo previendo el declive de esa producción. Son grandes consumidores de energía y como carecen de la posibilidad de desarrollar energía hidráulica, aunque seguramente van a desarrollar la energía solar y quizás la eólica, han diseñado uno de los planes nucleares más ambiciosos del mundo. Aunque la relación más importante es a futuro, ya estamos trabajando con ellos desde hace más de 5 años y hubo gente de allá en el Instituto Balseiro y en las instalaciones de INVAP en Bariloche.

- ¿El objetivo es formar recursos humanos?

- Digamos que en la estrategia que desplegamos esta finalidad es como un plus, pero convengamos que Arabia Saudita invierte muchos millones en capacitar gente en las mejores universidades del mundo.

También tenemos en carpeta a Holanda en donde en 2010-2011 hubo un concurso internacional en el que participaron, entre otros, los franceses y los coreanos y en el que la nuestra fue declarada “propuesta preferida”.

Ocurrió entonces que “discontinuaron” la licitación porque no habían logrado armar el paquete financiero que era mixto, en parte estatal y en parte privado. A mediados de este año retomaron el proyecto pero con la idea de ejecutarlo en dos partes. En una primera etapa se debe presentar toda la ingeniería y toda la documentación que requiere la autoridad regulatoria holandesa para que, una vez evaluada, pueda otorgar la licencia de construcción. Esta etapa, en la que se comprometieron cerca de 100 millones de euros, les permitirá con bases más sólidas obtener los fondos que completen el financiamiento requerido.

Al grupo oferente ahora se sumó Rusia que también despliega, como China y Corea, un juego fuerte.

- Aquí mismo, en nuestro país, la quinta central sería rusa ¿no?

- Aparentemente la cuarta central sería china y la quinta es muy probable que sea rusa, porque también ofrecen una financiación atractiva.

En el plano internacional también estamos siguiendo de cerca la evolución de un país como Azerbaijan que es un país pequeño que, aunque tiene petróleo y gas, también está pensando en la declinación futura de ese tipo de energía. Ellos no tienen antecedentes en el área nuclear, como tampoco lo tiene Arabia Saudita donde estamos construyendo un reactor para instrucción, entrenamiento y también algún tipo de investigación, semejante al RA6 del Centro Atómico Bariloche.

- ¿Holanda tiene operativo un reactor nuclear?

- Si, ellos tienen un reactor de más de 50 años y junto a los canadienses, que también tienen un reactor de muchos años, son los productores más importantes del mundo de tecnecio 99, un radioisótopo muy utilizado en medicina nuclear y también en la industria A esa producción ahora se agregaron los australianos y también un poco los sudafricanos, pero cualquier paro en los viejos reactores de Holanda y/o Canadá provocan serios desabastecimientos.

En los Estados Unidos un grupo privado nos pidió lo mismo que en Holanda, la ingeniería de un reactor para presentarla ante la autoridad regulatoria nuclear - la NRC- y obtener la licencia y completar el financiamiento necesario para fabricar radioisótopos.

Es que aunque los Estados Unidos absorben entre el 40 y el 50% de la elaboración de tecnecio 99, no tienen producción propia.

También hay posibilidades de trabajo en Turquía que, como muchos otros países que están pensando en el desarrollo nuclear, no tiene una empresa nuclear propia.

Aunque el resultado para cada uno de esos proyectos está abierto, el panorama es interesante y, como ves, no se ciñe a países en desarrollo sino que ya incursionamos en alguno de los países más industrializados del mundo.

Debo reconocer que, además, ahora recibimos un tratamiento diferente.

Antes de ganar en Australia y frente a una licitación internacional nosotros debíamos desplegar todo un trabajo de promoción, ahora no, ahora nos invitan.

- ¿Y en nuestro país?

- Como bien sabés durante los noventa todo estuvo muy parado, pero cuando se relanza el Plan Nuclear se retoma en 2007 el proyecto del Carem (Central Argentina de Elementos Modulares), un prototipo de reactor de potencia baja o media íntegramente diseñado y construido en el país, que originalmente había sido desarrollado por INVAP. Hoy su centro de gravedad está en la Comisión Nacional de Energía Atómica que encara su construcción e INVAP, entre otras empresas, puede ser contratada como proveedora de partes o sistemas.

La central será emplazada en Atucha y creo que ya se comenzó con el movimiento de tierras. Es una máquina chica, de 25MW eléctricos que no es económica per se, pero capaz de constituirse en la base de un segundo reactor de 250 o 300MW de los que hay una demanda importante para redes que no son muy grandes o para aquellos que quieren iniciarse en el sector nuclear sin afrontar altos costos.

Por nuestra parte y teniendo como modelo el reactor montado en Australia, estamos construyendo en Argentina y en Brasil dos reactores gemelos. El brasileño ya tiene la ingeniería básica y el nuestro, un poco más avanzado, ya cuenta con la ingeniería de detalle. Hemos acordado con CNEA el contrato para la construcción que, según esperamos, se firmará en los próximos días.

También estamos desarrollando los Centros de Medicina Nuclear para diagnóstico y tratamiento de tumores, que forman parte de un programa muy ambicioso en plena ejecución en Rio Gallegos, Entre Ríos, La Pampa, Comodoro Rivadavia, Córdoba, Bariloche. Sobre este tipo de emprendimientos hay mucho interés en Bolivia con quienes se firmó un acuerdo (todavía no es un contrato) para avanzar en el desarrollo de una política similar a la que está desarrollando en la Argentina. Y algo parecido se hizo en Venezuela donde están funcionando 19 centros, muchos de los que ya están exigiendo su ampliación.

Fijate que en los últimos años el sector nuclear de INVAP se duplicó, de 150 personas pasamos a más de 300 que están trabajando en el área.

- Siempre con Gil Gerbino ¿verdad?

- Sí, él es el Director Tecnológico -CTO- dentro de un plan que nos abarca a todos y que tiende a una transición generacional ordenada hacia la apertura de espacios a las nuevas camadas, operativo en el que nos acompañan tanto la CNEA como la provincia de Rio Negro. Muchos de los que estamos en INVAP llevamos 40 años en la empresa y fuimos los que, desde el inicio, seguimos a Varotto Entre los 7 miembros del actual directorio hay tres históricos: Horacio Osuna, que es el Presidente; Hugo Albani, que ha tenido un rol importante en todo lo concerniente a Defensa y Pablo Tognetti que encabezó la movida espacial de INVAP, después migró a ARSAT y ahora está nuevamente en la empresa.

Gil Gerbino, que vos nombrabas, es la cabeza visible de INVAP en Arabia, es quien lleva adelante las tratativas y el hombre que ellos conocen y en quien confían, de manera que cambiarlo es difícil así que, en ese caso, la transición será más lenta. Pero esto sucede también con otras personas en otros sectores.

Por otra parte, en la empresa existen varias áreas nuevas como la de radares o defensa a la que llamamos de Gobierno, con un peso significativo dentro de la estructura. Hemos encarado la modernización de radares que tienen 30 o 40 años cambiando la tecnología, digitalizándolos y modificando todo lo necesario y lo hemos hecho (y seguimos haciéndolo) con la gente del Ministerio de Defensa y la Fuerza Aérea y sin la intervención de los fabricantes originales.

- Prolongarles la vida útil cuando ya están amortizados ¿es un proceso económico?

- Sin dudas. Un radar de esos en el mercado mundial vale 15 o 20 millones de dólares, de manera que invertir un milloncito en extender su funcionalidad no menos de 10 años es una decisión ampliamente justificada. Y también estamos trabajando con la Marina tanto en unidades de superficie como en submarinos en los que hay que cambiar y/o modernizar sistemas electrónicos de control, de comunicaciones o simuladores.

Pero el tema de radares no se circunscribe sólo a la defensa – los 3D, los semifijos y otros más chicos de corto alcance- porque también están los radares de la Agencia Nacional de Aviación Civil –ANAC- de control de tráfico aéreo colaborativo. También se hizo un radar especial para el rompehielos Almirante Irizar y sobre el prototipo que está funcionando en Bariloche se está haciendo una serie de 10 radares meteorológicos, el primero de ellos ya está funcionando en Córdoba. También se armó en Palermo un Centro de Control dependiente del Servicio Meteorológico que recibe y procesa la información que recogen estos radares y otros 5 que ya estaban instalados.

- ¿Hay más áreas nuevas?

- Otra área es la de Tics, Tecnologías de la Información y las Comunicaciones a la que llamamos de Servicios Tecnológicos. Ese sector opera desde un edificio que levantamos en un predio que alquilamos en la base aérea de Quilmes, en la provincia de Buenos Aires, para realizar las tareas de mantenimiento de los 22 radares que hay en distintos lugares del país más los tres radares de frontera que ya han sido emplazados, además del apoyo que desde allí brindamos a la TV digital. También está allí todo lo relacionado con medicina nuclear, es más, éste es el cuartel general desde donde ofrecemos, a precios razonables, servicios de mantenimiento a terceros basados en nuestra experiencia. Tenemos una cartera de clientes de empresas públicas y privadas con las que firmamos contratos para la realización de tareas de mantenimiento que son de tal importancia que, en la actualidad, cuando se contrata la realización de un centro médico – de 2 o 3 millones de dólares- se añade una cláusula que asegura que una parte de ese monto se destina a reponer, durante 3 o 5 años, por lo menos las piezas básicas.

Y tanto en el tema radares como en el de los centros médicos, la tarea que se despliega es sistémica lo que equivale a decir que si bien importa la maquinaria y la tecnología que se ofrece, también se debe garantizar el personal idóneo que se responsabiliza de su buen funcionamiento.

- Crecieron en forma sostenida y han abierto nuevas secciones o departamentos. ¿Han pensado en una expansión a través de algún grupo de empresas llamémosla satelitales?

- Arsat 1 y 2 o el Sac D han sido proyectos de 800.000 o 1.000.000 de horas hombre y han tenido como subcontratistas a cerca de 100pequeñas y/o medianas empresas argentinas de las que entre 20 y 25 son las que llamamos estratégicas, es decir aquellas a las que auxiliamos en su desarrollo por motivos diversos. En algunos casos porque conocemos a sus dueños (ex INVAP o ex CNEA) y en otros por la necesidad de ayudarlos a perfeccionar procesos para obtener el nivel de calidad que exigimos. En determinadas ocasiones también subcontratamos a gente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Plata en la que hay un Grupo de Ensayos Mecánicos Aplicados -GEMA- que es excelente y trabaja en el lanzador que está haciendo la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales –CONAE–. Después habrá unas 20 o 25 empresas del exterior, mayormente especializadas en el área electrónica, de las que importamos componentes específicos.

Cuando se habla de alta tecnología en nuestro país es usual que surja el nombre de nuestra empresa, pero siempre digo que aunque INVAP tiene una alta visibilidad, en realidad es sólo la punta del iceberg. Somos los que buscamos los negocios y los que decimos vamos a hacer esto en tanto tiempo y por tanta plata.

A veces lo hacemos todo, pero muchos de nuestros proyectos se ejecutan en tiempo y forma porque, en Bariloche mismo, tenemos una cartera confiable de proveedores entre los que hay talleres de primera línea con centros de mecanizado que se han desarrollado impulsados por INVAP.

Por otra parte, la idea no es que esos proveedores sean exclusivos y, de hecho, muchos han crecido hasta lograr exportar su producción.

Fijate que uno de los puntos esenciales de nuestro estatuto – que “aggiornamos” hace unos 3 años pero que ya había sido explicitado por Varotto en los inicios -especifica que el Objeto Social (el por qué y el para qué de la empresa) es la creación de puestos de trabajo genuinos. Hace 40 años nos limitábamos al trabajo que podíamos crear en la provincia de Rio Negro, pero hoy hablamos de todo el país porque eso es lo que hacemos a través de una cartera de más de 1.200 proveedores.

Para una empresa de tecnología como la nuestra, la subcontratación es un mecanismo necesario incluso para disminuir los muy altos costos fijos que se explican por la índole misma del trabajo que realizamos en los que especialistas altamente calificados están ocupados durante un tiempo que lo determina la índole del encargo.

Pero como necesariamente forman parte de la estructura de la empresa, a esos especialistas tenés que mantenerlos tengas o no contratos, que es otra de las razones por las que siempre estemos buscando nuevos pedidos. Hay trabajos críticos que, en particular, nos interesa realizarlos en casa, pero si contamos con contratistas capacitados y a precios razonables, sabemos que es conveniente hacerlo con ellos para disminuir costos fijos y aumentar nuestra competitividad.

Tenemos además un Programa de Responsabilidad Social Corporativa llamado “VALOR” que llevamos adelante con la Asociación Mutual Israelita Argentina –AMIA- que tiene como objetivo mejorar la competitividad e incrementar las oportunidades de negocio de las PyMES que forman parte de las cadenas de valor de empresas más grandes, como la nuestra.

- Hay indudables méritos propios que justifican el crecimiento y el prestigio de INVAP pero ¿hubo una política que reconoció la necesidad de ese desarrollo y construyó un contexto permisible?

- Sin dudas, sin ninguna duda. En nuestro país se ha comprendido por fin, y esperemos que éste sea sólo el inicio de un largo ciclo, que la ciencia y la tecnología son imprescindibles para lograr el desarrollo y que hay que lograr articular el saber con el hacer. Porque podemos saber mucho, tener una montaña de conocimientos pero ¿para qué sirven? Argentina sabe de centrales nucleares, de centros médicos de altísima complejidad, sabe hacer radares, puede hacer satélites y estamos trabajando en muchísimas otras cosas, también en aviones no tripulados. Hacerlo aquí, en el país, muchas veces con diseño y tecnología propia significa no sólo ahorrar los millones de dólares que deberíamos invertir para comprar afuera sino absorber los otros muchos millones que quedan aquí porque somos capaces también de fabricar repuestos.

Y no solo ahorramos dólares, también los generamos con exportaciones de alto valor agregado por el trabajo de argentinos altamente capacitados.

Creo que uno de los rasgos distintivos de INVAP es que siempre miró el mediano y largo plazo y que esa permanente visión de futuro explica buena parte de nuestro crecimiento en la última década en la que pasamos de 340 a 1.400 personas y un nivel de facturación que desde 30-35 millones llegó a alrededor de 200 millones por tercer año consecutivo.

Nosotros siempre vivimos de nuestro trabajo y desde hace 40 años, excepción hecha de los momentos en los que no hubo ganancias, reinvertimos todas las utilidades porque, además, ni la provincia de Rio Negro ni la CNEA, nuestros socios, retiraron nunca un solo peso.

En los últimos años y en forma incuestionable hubo una mirada poco frecuente desde los gobernantes hacia la ciencia y la tecnología y su valor para el desarrollo de un país que busca posicionarse en un mundo cada vez más competitivo. Esa mirada fue política y también lo fueron las decisiones que se tomaron desde la Casa de Gobierno hacia abajo.

Sin ese compromiso y esa decisión nuestro presente no sería el mismo y tampoco el de nuestra gente, nuestros científicos y nuestros técnicos, que son a quienes la empresa le debe su importancia.

Reportaje de Irene Naselli


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