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Sectores económicos

A marcha más lenta y con muchas dudas

El conflicto agropecuario impactó sobre la marcha de la economía, y repercutió sobre la actividad industrial, que a pesar de los interrogantes abiertos en el último tiempo –aumento sostenido de costos, merma de rentabilidad, problemas de competitividad mantenía una tendencia expansiva. Informe Industrial consultó a cuatro dirigentes empresarios industriales del interior del país –Carlos Capisano, Roberto Carmona, José Luis Coll y Fernando Sibilla– y dos economistas –Marcelo R. Lascano y AbelViglione– sobre los alcances del paro agrario y sus efectos en la evolución del sector productivo.

ImagenesCarlos CapisanoJosé Luis CollFernando SibilaRoberto CarmonaMarcelo R. Lascano
En base a informes del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), un trabajo del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina, señaló que en mayo pasado el nivel de actividad fabril registró un incremento interanual de 6,9%, variación que llegó a 7,1% en los primeros cinco meses, aunque mayo resultó levemente más bajo que abril. Sin embargo este comportamiento no fue homogéneo. Frente a la constataciones de subas en la industria automotriz y en las plantas de aluminio primariode 24% y 36% en el período enero-mayo, la variación en el rubro de alimentos sólo registró un aumento de 4,3% en el acumulado de esos meses, y de 2% en mayo respecto a abril, como consecuencia del conflicto que envolvió a la economía agropecuaria.

El informe del CEU refleja el estado de ánimo que ha ganado a importantes franjas del empresariado fabril: “La evolución de los próximos meses dependerá de cómo avance el escenario político local, en función de la necesidad de insumos para la industria alimenticia, así como su efecto en la producción de agroquímicos y maquinaria agrícola, los sectores más afectados por el conflicto agropecuario. Por otro lado, habrá que ver la marcha del abastecimiento de gas para la industria, en un marco donde las crecientes necesidades de combustibles líquidos están presionando sobre los costos del sector”.

Antes y después del paro agrario

En el interior del país los cambios de situación de los últimos meses se viven con especial intensidad. Carlos Capisano, presidente de la Federación de Industrias de Santa Fe, explica que durante el conflicto los empresarios fabriles enfrentaron tres problemas: la caída de las ventas, la falta de provisión de insumos, agravada por el paro del transporte y la ruptura de la cadena de pagos. “Dependiendo de cada sector y de cada empresa, se presentaron los tres al mismo tiempo y en ciertos casos se produjo la suspensión parcial o total de la actividad”.

Finalizado el paro, el aprovisionamiento de las plantas, problema que tuvo una incidencia muy fuerte en los últimos quince días del corte de rutas, se normalizó , pero no ocurrió lo mismo con el quiebre de la cadena de pagos, afectada por la proliferación de cheques sin fondos,ni con la depresión de las ventas, ambos fenómenos gravitantes en la rama de maquinaria agrícola. En Santa Fe los empresarios del sector estiman una caída de ventas entre el 40% y el 80% según los casos, cuando las fábricas nacionales ya venían soportando una fuerte presión de las máquinas importadas. Así, mientras en el primer trimestre la comercialización de las unidades extranjeras aumentó 74% contra igual período del año anterior, las de las marcas locales cayó 9%. En cambio, en la medición interanual de los primeros trimestres de 2006 y 2007, las variaciones habían resultado positivas: 12% y 27% respectivamente.

De todas maneras, los industriales destacan que en la provincia no hubo suspensiones de personal; aunque sí se eliminaron las horas extras. Y, naturalmente el parate productivo repercutió directamente sobre el comercio.

Los problemas pendientes no le hacen perder el optimismo a Capisano: “Si el conflicto del agro se soluciona definitivamente, el país está en condiciones de dar rápida respuesta para retomar la senda de crecimiento. Antes del paro, a pesar de problemas existentes como la restricción energética y el aumento de costos, especialmente el laboral, la demanda estaba a pleno”. Eso sí, formula una advertencia: “El abandono del concepto del tipo de cambio competitivo afecta a toda la industria. Es necesario volver a los valores existentes antes del conflicto y aún mejorarlos”.

Este cuadro de situación es similar al que vivieron los industriales cordobeses. Fernando Sibilla, director ejecutivo de la Unión Industrial de la provincia mediterránea, sostiene que los cortes de ruta, al cerrar la posibilidad de recibir las materias primas y los insumos e impedir el despacho de los bienes terminados, tuvieron un fuerte incidencia sobre la marcha de la producción manufacturera.

El paro golpeó especialmente a los frigoríficos, la lechería, la industrialización del maní, y en conjunto a los agroalimentos, por ejemplo, los renglones de panificación y harina. Por supuesto, también pegó fuerte sobre los fabricantes de maquinaria agrícola radicados en la provincia.

Asimismo fueron afectados por el faltante de insumos sectores no vinculados directamente con el agro, especialmente las empresasque no trabajan con acumulación de stocks.

Frente a esta situación las empresas apelaron al adelantamiento de las vacaciones y a las suspensiones de personal –se estiman veinte mil en las últimas semanas del paro agrario, pero no hubo despidos.

Sibilla estima que harán falta unos sesenta días para poder medir las consecuencias que el conflicto tuvo sobre los niveles de actividad y de comercialización. “Existe gran preocupación entre los industriales, ya que poner nuevamente en marcha la rueda de la producción no es fácil. La situación es complicada, están afectadas las expectativas. Se han parado los proyectos.

En general no se invierte ni se compra”, reflexiona.

El directivo de la UIC señala que antes del conflicto la industria soportaba la escasez de energía, la falta de financiamiento para las pequeñas y medianas empresas, los reclamos salariales y la inflación de costos. Sin embargo el nivel de actividad era muy firme. “Se esperaba un muy buen 2008, por ejemplo en maquinaria agrícola. El conflicto modificó las expectativas”.

En Misiones, el titular de la Unión Industrial de la provincia, José Luis Coll, exhibe una declaración por la cual la Asociación Maderera, Aserraderos y Afines del Alto Paraná que nuclea a los empresarios del sector declara el estado de emergencia, y formula un llamado a la cordura a las autoridades nacionales, provinciales y municipales para que den solución al enfrentamiento con el agro, que remata con una advertencia de gravedad evidente: “...de no mediar una pronta solución a esta lamentable crisis nacional, muchas de las empresas asociadas deberán recurrir lamentablemente a drásticas medidas de reducción de personal mediante suspensiones y despidos masivos”.

La industria de la madera es la actividad más importante de la provincia, más que la producción de la yerba mate o de té. Coll explica que en esa rama primero se redujeron las horas extras, luego se acortaron las horas comunes y por fin hubo despidos y cierres temporarios de aserraderos.

Pero además de los cortes de rutas llevados adelante por productores de yerba y té, los aserraderos pequeños y medianos debieron lidiar con un nuevo obstáculo. Las dificultades por las que atraviesan las economías de Europa y de los Estados Unidos provocaron una abrupta caída de las exportaciones a esos destinos que hasta entonces habían tenido un fuerte crecimiento. De forma tal, las grandes corporaciones como Alto Paraná o el emprendimiento instalado por Pérez Companc ycomprado por Petrobras, volcaron en el mercado interno la producción que no podían colocar en las plazas externas, con el consiguiente impacto sobre las pequeñas y medianas empresas.

El titular de Unión Industrial de Misiones señala como factor adicional de la crisis, el faltante de gas oil. “El existente se vende a precios impagables.

En el interior de la provincia se compra a 2,50 o 2,60 pesos y en la capital a 2,10”. Las consecuencias de estos precios no sólo repercuten sobre los costos del transporte. En 2001, en el nivel más bajo de la depresión económica que había arrancado en 1998, quedaban en pie 60 aserraderos. En 2007 esa cifra había aumentado a 700. Mientras tanto la cantidad de energía producida por Empresa de Energía Misionera Sociedad Anónima (Emesa) siguió siguiendo la misma: 300 megavatios. Por lo tanto, la mayor demanda fue cubierta por grupos electrógenos alimentados a gas oil.

Al igual que en otras regiones, en Misiones reaparecieron los cheques sin fondo y secreó un gran inseguridad en el desempeño financiero de las empresas.

“Estas restricciones afectaron al conjunto de la actividad económica. Por ejemplo, en la rama de la minería hubo casos de caída de ventas de alrededor de 52% en toneladas en el período enero-mayo contra iguales meses de 2007. “Este cuadro de situación no es exclusivo de la provincia. A mí no me cierra el índice oficial de actividad industrial de mayo. En Misiones no da”.

Hacia adelante Coll sostiene que la incertidumbre es muy grande. “Se hace muy difícil predecir una tendencia; no veo que exista una política industrial”.

En el Departamento de Desarrollo Regional de la UIA tienen la perspectiva amplia de la fuerte repercusión que tuvo la crisis sobre las economías regionales. Su titular, Roberto Carmona, destaca que al comenzar la reactivación fueron esas economías las que hicieron punta, mientras que ahora, al cambiar las condiciones, también han sido las primeras en caer. El empresario sanjuanino cree que de todas formas la situación tiende a normalizarse. Dice que el paro agrario tuvo una fuerte repercusión sobre la cadena de suministros de insumos y de energía, sobre todo en el interior, y que la peor situación la pasó la agroindustria.

Entre los problemas que aún persisten, Carmona señala que la cadena de pagos ha quedado muy deteriorada: se estiraron los plazos y volvieron a circular los cheques sin respaldo, especialmente en el interior del país.

Pero no todo tiene que ver con el conflicto agrario. “Existen problemas que tienen que ver con la competitividad y la restricción energética. Además, se ha producido un fuerte aumento de costos y en algunos sectores los signos son preocupantes. La competitividad se está perdiendo”. El directivoprecisa más el asunto: “en la UIA existe preocupación por el cambio de ciertas condiciones macroeconómicas. Estábamos en un modelo que favorecía al sector productivo, mientras que ahora se han creado condiciones que ayudan a la especulación financiera”.

La pregunta sobre la paridad cambiaria surge de inmediato. “La discusión no es cuanto debe valer el dólar, sino como crear las condiciones que permitan restablecer la competitividad?”. Explica que en la UIA se visualiza la necesidad de una solución a largo plazo y con consenso de todos los sectores, siguiendo los ejemplos exitosos de España y de México. Esto fue lo que subrayó el pronunciamiento de la Conferencia Industrial 2006, pensando en un proyecto de desarrollo con tasa sostenida hasta el 2016. Al respecto, Carmona señala que en la entidad no se establece una línea divisoria entre el agro y la industria, sino que se trabaja partir de cadenas de valor que incorpora desde los eslabones primarios hasta el último tramo de las manufacturas. Entiende que hay expresiones públicas que no ayudan, por ejemplo, la descalificación de los pooles de siembra. “Los pooles no son una mala palabra. Cuando el país no tenía financiamiento los chacareros juntaban la plata e invertían en la producción. Se trataba de pequeños ahorristas que encontraban rentabilidad en el sector productivo”.

¿Puede la industria retomar la tendencia que existía antes del paro agrario? “Nadie se quejaría si el crecimiento oscilara en el 5% anual. Pero para eso hay que crear las condiciones sobre la base de una planificación a largo plazo”.

Opinan los economistas

Entre los economistas los cambios de situación producidos en los últimos meses también tienen registro. Abel Viglione, analista de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), explica que el mayor impacto del conflicto fue experimentado por el agro y el transporte entre marzo y mayo. “En el rubro alimentos, por ejemplo, los efectos se sintieron en carnes rojas y blancas y en molienda y oleaginosas”. El seguimiento realizado en FIEL indica que en mayo el rubro alimentos tuvo una caída interanual de 0,3%, a diferencia de subas de al menos 3%, alcanzadas en ese mismo mes durante años anteriores.

Viglione destaca que el paro agrario tuvo una repercusión directa en el transporte, aunque “no vi que hubiera faltante de insumos”. Pero más allá de sus consecuencias directas, el conflicto tuvo un segundo efecto. “Hay un cambio en el patrón de consumo en el interior del país. Los productores dejaron de comprar maquinaria e implementos agrícolas, pero seguirán comprando semillas y agroquímicos. Al mismo tiempo en las grandes urbes se produjo un cambio de comportamiento en detrimento del consumo y a favor del ahorro, en algunos casos del atesoramiento de divisas”.

En el caso de la industria, Viglione estima que se va a producir un cambio en los planes de producción de las empresas debido a la caída de la demanda. “Así, por ejemplo, los que fabrican urea o laminados tienen la posibilidad de compensar las menores ventas locales volcando parte de la producción a la exportación. Pero no ocurre lo mismo con las plantas cementeras: van a triturar menos. A su vez las terminales automotrices van a bajar los planes de producción. No es el caso de la harina de trigo, cuya demanda es inelástica: aumenta en relación con la tasa de aumento de la población”.

A su juicio el crecimiento de la economía será mucho más bajo en el segundo semestre, aunque nunca por debajo del 4% o 5%. Viglione señala que sobre la tendencia general incide el siguiente hecho. “A partir de 2003 la tasa de desempleo se redujo fuertemente. Desde entonces comenzó a sentirse la presión salarial. Con la paridad cambiaria planchada o en baja, la suba de salarios es una suba en dólares. Paralelamente la rentabilidad comenzó a declinar. Las empresas compensaban la merma aumentando el volumen de ventas. Ahora ese volumen habrá de reducirse y, en consecuencia, se resentirá la inversión”.

Sobre este punto Viglione advierte que desde 2002 a 2005 el grueso de las inversiones fueron realizadas por las pequeñas y medianas empresas, con fondos que salían del flujo de caja. Salvo los proyectos de ampliación de Siderar y de Aluar y muy poco más, no hubo grandes inversiones.

Marcelo R. Lascano, destacado economista, que recientemente se alejó del Grupo Fénix, dice que el paro agrario golpeó fuerte sobre las economías regionales.

Señalaa modo de ejemplo la situación de Las Parejas, el emporio fabril de la maquinaria agrícola. La localidad tiene 12.000 habitantes, de los cuales 9.000 tienen una relación directa o indirecta con la producción agropecuaria. Esta dependencia se ha traducido en una merma de la actividad de las empresas, en menores horas extras y en la parcialización del trabajo. Para colmo la exportación no puede compensar a corto plazo esta caída porque el ciclo de negocios en el comercio exterior tiene sus propios tiempos.

De acuerdo con el cuadro de situación que ha quedado tras el paro agropecuario, Lascano estima que la producción industrial experimentará una baja de alrededor de dos puntos en el segundo trimestre. “Hay que computar lo que se dejó de sembrar, lo que se dejó de aplicar en materia de insumos y lo que se dejó de fabricar en las plantas de maquinaria agrícola”. Las consecuencias pueden ser graves para el gobierno en lo que hace a las cuentas fiscales y el saldo comercial.

¿Estamos en presencia de efectos coyunturales o de cambios de fondo en el comportamiento de la economía? La respuesta abre nuevos interrogantes. “Quedan lastimaduras. Se volvió a controversias que creía sepultadas. Hoy se escucha nuevamente el término ‘oligarquía’, se habla de la apropiación del excedente, y también de los ‘terratenientes’.No hay datos seguros sobre la cantidad de terratenientes, pero si ese era el problema se lo podría haber abordado mediante el impuesto a las ganancias”. Su miradaes decididamente crítica: “Se condena sin saber que son a los pooles de siembra. De acuerdo con la tecnología actual es antieconómica una extensión productiva de 100 o 150 hectáreas. Los pooles resuelven el problema de los chacareros que individualmente no alcanzan el límite a partir del cual la explotación resulta rentable”.

Lascano aclara que la aplicación de retenciones no es censurable. “Lo que sí es un disparate fue haber impuesto el mismo porcentaje a la producción de la pampa húmeda que a la de Misiones” Sobre lo que viene su impresión no es de las más optimistas. “Lo peor es que todo esto desanima a la inversión. La sociedad ha quedado fragmentada y el país no tiene proyecto. Quedamos atrapados en un conflicto sin sentido en lugar de estar discutiendo un plan de desarrollo, de inserción internacional, como por ejemplo hace Brasil”.√

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