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Miércoles 23 de Octubre, 2019
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América Latina: ¿A dónde vamos?

Tres destacados especialistas, José A. Ocampo, Daniel Heymann y Osvaldo Kacef fueron protagonistas del primer seminario de un ciclo que organiza el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (INTAL) para celebrar sus primeros 50 años de vida. Analizaron los desafíos que presenta el escenario global para la inserción externa de la región.

ImagenesDaniel HeymannJosé Antonio OcampoOsvaldo Kacef
Tres destacados especialistas, José A. Ocampo, Daniel Heymann y Osvaldo Kacef fueron protagonistas del primer seminario de un ciclo que organiza el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (INTAL) para celebrar sus primeros 50 años de vida. Analizaron los desafíos que presenta el escenario global para la inserción externa de la región.

Cuando el propio Fondo Monetario Internacional se pregunta ¿A dónde vamos? el sentido del interrogante difícilmente esté basado en la creencia de que “la primera gran virtud del hombre fue la duda y el primer gran defecto la fe”. Es que no es difícil deducir que para un organismo que expide recetas “urbi et orbi” el fundamento de sus recomendaciones debe ser el convencimiento de poseer la razón (y la fuerza).

La duda, en cambio, ha sido el sentimiento rector de quienes integraron la primera mesa de pensamiento y discusión con que el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe -INTAL- celebra sus primeros 50 años de vida. Así que si alguien asistió al encuentro buscando alguna fórmula o certeza, simplemente se equivocó.

Fundamentado en detalladas y extensas investigaciones, un apretado extracto de lo sucedido podría ser un enunciado del tipo “la región debe insertarse en un escenario internacional voluble sin haber decidido y mucho menos logrado un modelo productivo que supere al tradicional”.

Creado en 1965, el INTAL es una prestigiosa unidad del Banco Interamericano de Desarrollo -BID- que busca contribuir a los procesos de integración regional y global y que habiendo constatado que la irresoluta restricción externa volvió a ocupar un lugar gravitante en varios países de la región decidió festejar su media centena de vida congregando a especialistas de la talla de José Antonio Ocampo, Daniel Heymann y Osvaldo Kacef para intercambiar un mix de reflexiones y perplejidades. Es que todos ellos, desde ópticas parecidas pero distintos enfoques, coincidieron en expresar su preocupación por los factores domésticos singulares que enfrentan nuestras naciones en un mundo signado por el menor crecimiento de Asia ( en especial de China),la búsqueda de soluciones no alcanzadas por la zona euro y un dólar fuerte que puede verse acompañado por el endurecimiento de las condiciones financieras globales en cuanto la Reserva Federal deje atrás 6 años de tasas de interés históricamente bajas. Que es como decir, en cuentas resumidas, que a la poca claridad interna debemos necesariamente sumar la bruma externa.

El primero en encender el faro fue Daniel Heymann, director del Instituto Interdisciplinario de Economía Política –IIEP- de la Universidad de Buenos Aires que subrayó la vigencia de la idea centro-periferia aunque la redimensionó porque “ya no es lo que era”. Y si bien hay quienes creyeron ver la influencia de Carl Sagan cuando habló de la atracción y repulsión de países que se comportan como planetas que dibujan órbitas más o menos próximas a un sol que dejó de ser único, lo cierto es que su cuidada disertación estuvo invariablemente apoyada en múltiples estudios estadísticos, acompañados de comentarios ingeniosos del tipo: “las proyecciones siempre están por encima de las realizaciones”.

Marcó a China como el nuevo centro emergente, repasó su trayectoria y se detuvo en un presente en el que el gigante asiático apunta a un crecimiento del salario real de sus trabajadores generando una demanda potencial sostenida con consecuencias poco claras para los países de nuestra región. Según sus análisis las economías latinoamericanas son hoy más abiertas - de la Argentina subrayó que lo es mucho más que hace 15 años- pero la dependencia de todos y cada uno de nuestros países (exceptuando un poco a México) del precio de las materias primas (agropecuarias o minerales) sigue impactando con vigor en las cuentas públicas y, en consecuencia, en las decisiones de política interna. “Buenos precios de las materias primas entusiasman y preocupan por igual. Entusiasman por la afluencia de divisas y preocupan porque inducen a mantener la primarización o la reprimarización de nuestras economías”, se escuchó en un momento de la disertación.

No obstante, las oscilaciones en los precios del sector primario a lo largo de nuestras historias económicas o su bajo impacto en la creación de puestos de trabajo no parecen tener una influencia decisiva para inducir políticas a favor de una industrialización más agresiva basada en los cambios científicos-tecnológicos que barren horizontalmente a las sociedades de los países que lograron el desarrollo (y también a los que siguen intentando alcanzarlo). En todo caso y cuando los hubo, los cambios operados en los países de la región fueron tímidos y quedaron vigorosamente rezagados respecto a los impulsados por el sudeste asiático.

Heymann apuntó que, además, se produjo una variación en la estructura de las manufacturas exportadas por China porque si el 50% era textil hoy ese porcentaje se concentra en bienes y equipos, el sector en el que nuestra producción exhibe el mayor déficit tecnológico.

Osvaldo Kacef, que fue la voz de CEPAL-Buenos Aires entre los disertantes, aceptó que en los últimos años los países de la región han hecho algunos esfuerzos por cerrar la brecha tecnológica que los separa de los países desarrollados y que, como consecuencia de esa postura, se han incrementado las inversiones en I+D (investigación y desarrollo) en casi todos los presupuestos nacionales.

La educación muestra avances, dijo después, y punteó que en la Argentina la apertura de nuevas casas de estudio de nivel universitario puede ser un hecho positivo. Aunque, como más no es sinónimo de mejor, también debe admitirse que la calidad de la enseñanza no sólo no ha mejorado sino que, en algunos niveles, ha retrocedido (conclusión a la que llegan expertos que no necesariamente se encolumnan tras los resultados desmoralizadores de PISA).

En nuestra América es Brasil el país que encabeza el grupo de los que realizan las mayores apuestas por la evolución de la matriz productiva en base a ciencia y tecnología, y en ese ranking regional lo sigue la Argentina, que invierte la mitad de lo que gasta su socio del Mercosur. Si bien Chile y Perú también tratan de zurcir los agujeros del subdesarrollo, los esfuerzos realizados por todos y cada uno de nuestros gobiernos tienden a ser deprimentes cuando se los contrasta con los avances realizados por países como Australia, a quien se elige para evitar el sufrimiento que implica hablar de la creciente diferencia que nos separa del sudeste asiático.

“La brecha de productividad se siguió ampliando a pesar del crecimiento” afirmó Kacef quien eligió preguntar si la distribución del ingreso alcanza para lograr el desarrollo y, aunque evitó pronunciarse, dejó la respuesta picando en el casillero del no.

Antes había repasado temas macroeconómicos de carácter más localista y concluido en que la fuerte caída de los precios de las materias primas y de los flujos de inversión tenían como correlato un deterioro de las cuentas públicas por la vía del incremento del gasto para subsidiar el consumo.

Después, abriendo el abanico y en referencia a la región, apuntó que hoy la macro es más vulnerable y que los países están empezando a acumular deuda, esta vez teniendo como financista –para algunos providencial- también a China.

El actual cuadro de situación ¿es cíclico o perdurable? cuestionó Kacef en otro momento de su disertación y, ya en forma decidida, la duda continuó siendo metodológica.

El micrófono pasó después a manos de José Antonio Ocampo, hoy Director de la Especialización en Desarrollo Económico y Político de la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Columbia y un referente del más alto nivel para quienes estudian los caminos del desarrollo desde la vereda de la independencia intelectual.

Presentado en el inicio del encuentro por Gustavo Beliz, Director del INTAL, como el que preconizó el “tiempo de la mano visible”, en contraposición al largo período en el que América Latina soportó las políticas de apertura irrestricta, Ocampo no punteó, a lo largo de su disertación, cambios trascendentes en la matriz productiva regional.

El esquema sigue pivoteando alrededor de una inversión concentrada en las empresas productivas transnacionales radicadas en el norte, mientras el sur sigue moviéndose en un diseño en el que predominan la producción primaria, la industrialización, en algunos casos, de esa producción y los sectores ligados a los servicios.

El experto abrió su disertación refiriéndose a que mucho se ha hablado del período 2003-2013 como “la década de América Latina” (y mencionó que en la Argentina la llamaban “la década ganada”) pero enseguida acotó que, a su saber y entender, las conquistas alcanzadas debían limitarse al lustro 2003-2007 al que consideró el período más trascendente.

Sin apartarse de los contrastes entre los acontecimientos críticos en el resto del mundo (primer y segundo shock petrolero, crisis japonesa, crisis asiática, crisis del Atlántico Norte) y los esfuerzos realizados por algunos gobiernos de la región para desengancharse de ese cuadro de situación que no era mundial pero se lo pintaba como si lo fuera, Ocampo insistió en la necesidad de instituciones que orienten las estrategias y las políticas productivas. Es que si en ningún caso existen mecanismos automáticos que garanticen un crecimiento económico de carácter general, su falta es aún más notoria en una región del planeta que, aunque no es la más pobre, es la más desigual.

Estas divergencias inciden sobre la puja de intereses que debe arbitrar el Estado como líder natural pero, en forma complementaria, ninguna sociedad moderna de naturaleza compleja puede obviar la existencia de instituciones que señalen y corrijan no sólo las “fallas del mercado” sino las “fallas del gobierno”.

Una política de desarrollo para América Latina supone tener en cuenta tanto los factores sociales y políticos que son comunes a la región como aquellos que son propios de la historia de cada país. Y si es de esperar que se produzcan cambios en cada una de las administraciones nacionales y regionales, también deberían aguardarse modificaciones en las reglas con las que se manejan las instituciones internacionales en la medida en que todo el sistema está enfrentado a un mundo económico heterogéneo, desigual y asimétrico. Puertas adentro es necesario un pacto fiscal y, entre otras medidas, conseguir transparentar el gasto público. Por su parte los grandes organismos internacionales debieran promover un mayor nivel de democratización al interior de sus organizaciones y una revisión de cuáles son los mecanismos que posibilitan promover y mejorar el desarrollo de las naciones de menor gravitación a nivel mundial.

La propuesta del ex secretario ejecutivo de la CEPAL sigue siendo, básicamente, la de recuperar la idea de una visión integral del desarrollo basado en la vigencia de los derechos humanos en su doble dimensión de derechos civiles y políticos, por una parte y de derechos económicos, sociales y culturales, por la otra.

Ocampo siempre ha señalado que una nueva agenda del desarrollo debe contemplar un proceso globalizador más equilibrado, una visión más amplia de la estabilidad y del papel de las políticas anticíclicas, (apuntando que el costo de los déficit del sector público es tan alto como el de los desequilibrios del sector privado) e insistido en la necesidad de comprender que no basta con una política macro consistente para definir esa estrategia sino que es indispensable estructurar una política social de largo plazo que incremente la equidad y garantice la inclusión, así como un crecimiento económico que genere empleo de calidad y reduzca la heterogeneidad estructural de los sectores productivos. Hay que entender, repite el reconocido pensador latinoamericano, que el sistema económico debe estar subordinado a objetivos sociales más amplios.

Este primer encuentro de una zaga que podría ser llamada “el cumpleaños del INTAL” fue una muestra más de la honestidad intelectual que ha caracterizado, a lo largo de los años y los vaivenes políticos, el trabajo de la institución.

I.N.


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