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Comercio exterior

Cómo recuperar el terreno perdido

El licenciado Ricardo Rozemberg - miembro del Centro de IDeAS de la Universidad Nacional de San Martín, y director del Observatorio PyMEX del Instituto de Estrategia Internacional de la Cámara de Exportadores de la República Argentina- analiza en los las distintas variaciones que se vienen observando en la última década en el comercio mundial y su impacto sobre las ventas externas argentinas y en el desempeño de las pequeñas y medianas industrias exportadoras locales ,y plantea varias acciones para lograr una mayor y mejor inserción de nuestras empresas y productos en las redes globales.

ImagenesRicardo Rozemberg Exportaciones PyMES
Un nuevo escenario para el comercio internacional

Si durante décadas el comercio mundial crecía a una tasa que duplicaba –o triplicaba- a la del PBI global, a lo largo de los últimos años este proceso parece haber alterado su tendencia. En efecto, en el último quinquenio y por diferentes motivos, el intercambio crece a un ritmo menor o igual que el de la economía en su conjunto. De hecho, desde 2008 las exportaciones mundiales vienen perdiendo participación en el PBI global. Actualmente el comercio no parece ser un driver de relevancia del crecimiento económico, ni en países desarrollados ni en economías emergentes. En palabras de “The Economist”, la economía mundial podría encontrarse ante un límite máximo del intercambio global, luego de pasar de representar el 25% del PBI al 60% del mismo entre 1960 y 2013.

Esto ha llevado a que numerosos analistas y organismos internacionales pusieran el foco en este cambio de dinámica, alertando sobre la existencia de factores coyunturales y otros de tipo estructural, que estarían explicando este menor ritmo de crecimiento del comercio. Dentro de los factores circunstanciales, se ha enfatizado la lenta recuperación de las economías desarrolladas luego de la crisis; en particular, el bajo crecimiento relativo de la eurozona, muy abiertas al comercio internacional. Las importaciones de los países europeos desde extra –e incluso de intrazona- han sido en 2014 un 7,5% inferiores a las registradas en 2008. En igual sentido, podrían estar operando algunas trabas u obstáculos sectoriales al comercio. Luego de la crisis un número no menor de países adoptó medidas proteccionistas transitorias que restringieron de algún modo el dinamismo del comercio (barreras que no siempre terminaron desapareciendo). A este respecto, se estima que los países del G20 adoptaron 1244 medidas restrictivas desde octubre de 2008 hasta fines de 2015. Un reciente estudio presentado para la Cumbre del G 20 en Hamburgo, sostiene que el ritmo de crecimiento de estas medidas no se ha reducido en el último año, enfatizando los efectos de las impuestas por Estados Unidos en el último período (Evenett, 2017).

Dentro de los factores estructurales, se sostiene que el período de auge del comercio (mediados de los 80 a mediados de los 2000) estuvo caracterizado por fuertes procesos de apertura comercial en buena parte de los países del mundo, avances tecnológicos que redujeron los costos de logística y transporte, cambios en la organización de la producción y –fundamentalmente- la inserción de China, los países de la ex Unión Soviética y de Europa del Este en general en la economía mundial. Esto facilitó el desarrollo de cadenas globales de valor, resultando en procesos de fragmentación productiva de las manufacturas en diferentes países y el crecimiento del comercio de bienes y servicios. En esta visión, el alto dinamismo del intercambio fue un síntoma “transicional”, que ahora se está moderando por la ya plena incorporación de China y Europa del Este al comercio y la economía mundial.

Por tanto, la debilidad del comercio mundial y la menor integración de las cadenas globales de valor vienen de antes del BREXIT o la asunción del Presidente Trump. De hecho, el Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2015 ya establecía que buena parte (aproximadamente la mitad) de la caída del comercio se debía al acortamiento de las cadenas globales de valor en la medida en que países como China –e incluso también Estados Unidos- habían tendido a concentrar internamente una mayor porción de la producción de componentes y partes en los últimos años (y por tanto bajando importaciones). Un reciente estudio conjunto de la Organización Mundial de Comercio (OMC), el Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)(1), coincide en este diagnóstico señalando “que el proceso de integración profunda asociado a las cadenas globales de valor se ha detenido o incluso comenzado a revertirse a partir del 2011”. De todos modos, el documento afirma que aun así estas cadenas siguen explicando aproximadamente el 65% del comercio mundial. La suma de factores antes señalados puede explicar por qué en el mundo las importaciones crecen menos que antes cuando las economías recuperan dinamismo (“cae la elasticidad importaciones-producto”) Por ello, diferentes economistas y estudiosos en la materia afirman que, aun cuando los fenómenos coyunturales se reviertan, los estructurales seguirán primando. En ese contexto, la elasticidad puede volver a aumentar pero no regresar a los valores pre crisis. Para ello se basan en que esta elasticidad observa una tendencia decreciente aún en forma previa a la crisis (desde mediados de la primera década de los años 2000), fenómeno que sugiere la existencia de otros factores que explican el escaso dinamismo del comercio, más allá de los -claramente importantes- efectos macroeconómicos de corto plazo.

En definitiva, es posible pensar que una vez que se atenúen los efectos coyunturales derivados de la crisis financiera iniciada en 2008, el comercio mundial retome un dinamismo superior al de la economía en su conjunto. Pero muy probablemente, con menor fuerza que la observada en décadas pasadas, dados los efectos “transitorios” derivados de la reinserción de China y los países del Este de Europa a la economía mundial.

Queda por verse como el cambio de la estrategia China –más introspectiva- y el acortamiento de las cadenas de valor, terminan por delinear o no un cambio más profundo en las corrientes de producción y comercio, y su impacto sobre América Latina. Dado este escenario, claramente la asunción del Presidente Trump y su anunciada política comercial restrictiva, o la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, no parecen señales favorables para la globalización y el comercio internacional.

La evolución de las exportaciones argentinas

En línea con la tendencia internacional de estancamiento y/o leve crecimiento del comercio exterior, y un magro desempeño macro nacional y regional, a lo largo del último quinquenio las ventas al mundo de Argentina han observado una profunda retracción, donde la caída de precios internacionales, el bajo dinamismo de la demanda regional y mundial y políticas públicas nacionales con sesgo antiexportador, han contribuido a explicar –aunque sea en parte- este débil desempeño.

Así, luego de alcanzar un máximo cercano a los 83.000 millones de dólares en 2011, las exportaciones culminaron el bienio 2015/2016 con montos anuales promedio de 57.000 millones de dólares. Hay que retrotraerse al internacionalmente recesivo año 2009 para dar cuenta de valores similares. Si bien los precios son responsables de buena parte de la caída (cerca del 60%), el 40% restante lo explican las variaciones negativas de las cantidades vendidas al mundo.

Las exportaciones de servicios, por su parte, también registraron una caída desde el 2011 en adelante, pero la misma fue más gradual que en bienes, y de menor intensidad. En efecto, las ventas al mundo de servicios cayeron un 12% en el quinquenio.

Las pequeñas y medianas empresas industriales exportadoras (PyMEX) son las más sensibles a estos cambios de ciclo de la demanda regional y mundial y a las políticas internas que no favorecen el desarrollo de los mercados externos. Así, en los últimos cinco años cerca de 2000 PyMEX dejaron de exportar, registrando este segmento de empresas una reducción del orden del 35% de sus ventas al mundo. Actividades tan diferentes como las relacionadas con la metalmecánica, con el complejo madera-papel y con la producción de textiles e indumentaria, encabezan el ranking de mayores reducciones de ventas al exterior de PyMEX desde el 2011 a la fecha (2).

Claramente Brasil y el resto de los países de América Latina, y su particular momento económico, han afectado especialmente el acceso de productos argentinos de las firmas de menor tamaño relativo. Como es sabido, esta parte del continente americano es el destino natural de las manufacturas más diferenciadas de nuestro país y por lo tanto, de nuestras PyMEX. El escaso dinamismo de otros mercados desarrollados y/o emergentes, no contribuyeron a amortiguar ni siquiera parcialmente estos impactos. Por el contrario, profundizaron el desempeño restrictivo de las operaciones al exterior de las PyMEX argentinas.

Pero no sólo las pequeñas y medianas empresas industriales observan una retracción en el período. También las PyMES de servicios basadas en conocimiento, aunque con menor intensidad, ven disminuir su acceso a los mercados externos. Así, de acuerdo a los datos del Observatorio de la Economía del Conocimiento del Ministerio de Producción, las ventas al mundo de servicios tan amplios y diversos –muchos de ellos provistos por PyMES- como software y servicios informáticos, servicios profesionales, empresariales y técnicos, publicidad, entre otros, que en 2012 habían alcanzado el máximo de 7.000 millones de dólares, terminaron el 2016 con exportaciones del orden de los 6.000 millones de dólares.

Nuevos escenarios exigen políticas más inteligentes

El contexto internacional del último año va dejando de lado las hipótesis más pesimistas respecto de la posibilidad de un estancamiento secular de la economía mundial (Summers, 2014), aunque continúa siendo una recuperación todavía débil y heterogénea, y no exenta de debilidades y riesgos.

Las perspectivas del comercio internacional para el 2017/8 son de un incremento esperado del orden del 2,4% y 3,1% respectivamente (OMC, 2017). En tanto que las ventas al mundo de América Latina recuperarían parte del terreno perdido en cuanto a precios, y algo en términos de cantidades (BID 2017). Algo parecido se observa en el país, donde las exportaciones de los primeros cinco meses de 2017 se incrementaron 1,6% de la mano de la recuperación de precios, toda vez que las cantidades disminuyeron 4,1% en ese período (con excepción de las manufacturas de origen industrial que sí registraron crecimiento en volúmenes).

Más allá de los factores de demanda, operan en Argentina importantes factores de oferta. La baja inversión privada de los últimos años, en un contexto de fuertes distorsiones y trabas al comercio, afectaron los espíritus innovadores y exportadores de la sociedad empresaria argentina.

Recuperar estos espíritus requiere de políticas más inteligentes que en el pasado. Que continúen eliminando distorsiones y trabas, pero que también consideren al sector exportador como estratégico no sólo para el desarrollo de largo plazo, sino para garantizar los equilibrios macro de corto y mediano aliento.

Desde la macro, resulta necesario que este proceso esté liderado por reglas claras y consistentes, paridades cambiarias competitivas, tasas de interés e inflación compatibles con las internacionales, crédito de largo plazo, esquemas de seguros de crédito a la exportación.

Desde la micro, impulsando y promoviendo inversiones en el sector transable de la economía, apoyando la expansión –en cantidad y calidad- de la producción de bienes y servicios, alargando y ensanchando las cadenas de valor, incorporando infraestructura y logística que permitan alcanzar estándares –y costos- internacionales.

Sumando a ello la batería de acciones ligadas a reducción de trámites, devolución automática del IVA exportación, acompañamiento a los grupos exportadores e impulso al asociativismo de las PyMES. Las negociaciones de apertura de mercados (empezando por consolidar América Latina) y las acciones de promoción e inteligencia comercial consistentes con dicho objetivo, resultan elementos esenciales de cualquier estrategia exportadora. Finalmente, si 2/3 partes del comercio mundial está en mano de empresas transnacionales (en forma directa o indirecta), resulta de vital importancia el trabajo conjunto con estas firmas para lograr una mayor y mejor inserción de nuestras empresas y nuestros productos –bienes, servicios, tareas- en dichas redes globales. Para ello, el trabajo público y privado luce como indispensable.

NOTAS

(1) MEASURING AND ANALYZING THE IMPACT OF GVCs ON ECONOMIC DEVELOPMENT (2017)
(2) Ver “Las Pequeñas y Medianas Empresas Exportadoras de Manufacturas en la Argentina. 2007-2016. Entre luces y sombras “. Observatorio PyMEX. IEI (2017).


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