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Economía internacional

China: los 49 adelantados

Según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) existen 98 empresas latinoamericanas en China de las cuales sólo el 50% tiene plantas industriales instaladas, el resto intenta su incorporación al gran mercado por medio de alguna oficina de representación comercial. Con una formidable clase media en ascenso, que muestra el apetito de sus análogas occidentales, el gigante en Asia es un polo más que atractivo para las inversiones extranjeras. Pero ¿es fácil entrar?

ImagenAmérica Latina es la región que acapara el segundo puesto en las inversiones chinas en el exterior
Acostumbrados a negociar con los Estados Unidos o con representantes de países europeos, los empresarios regionales enfrentan el desafío de aprender comportamientos sociales extraños. Según declaraciones a la BBC del asesor jefe del BID, Mauricio Mesquita Moreira, los empresarios latinoamericanos ( y también los de extrazona) enfrentan dos tipos de dificultades, una es la cultural, en la que la lingüística no es la menor y otra es la derivada del régimen económico chino que se muestra poco proclive a recibir inversión directa. “Usted no puede entrar”, dice en exagerada afirmación el alto funcionario. ¿Cuál es el aliciente para intentar traspasar las barreras de costumbres diferentes, una lengua incomprensible y prohibiciones y trabas comerciales? Digamos que un mercado potencial de casi 1.300 millones de personas y una proyección de crecimiento del consumo interno para la presente década de alrededor del 11% (de la mano de un gigantesco programa de urbanización que engloba una clase media de 340 millones de personas cuando en América del Sur la población total asciende a 407 millones) configuran un panorama de vertiginoso atractivo para quienes aceptan el desafío.

El BID menciona las posibilidades que se abren para firmas latinoamericanas de sectores con claras ventajas competitivas, como alimentos y bebidas, pero un rápido repaso a los nombres ya instalados muestra que el abanico de posibilidades no se cierra allí.

Las 98 empresas latinoamericanas con presencia en China pertenecen a seis países: Brasil (32), Chile (30), México (21), Argentina (11), Perú (2) , Venezuela (2) y se trata, en general, de empresas manufactureras (55) con una fuerte representación de metales, maquinaria (23), bebidas y alimentos (15) y químicos y farmacéuticos (9).

Según el BID, desde 1995 el gobierno chino prescribe tres categorías de inversión extranjera: alentada, restringida y vedada. En el primer caso el inversor extranjero puede poseer el 100% de la propiedad de la empresa, en el segundo suele ser imprescindible tener un socio chino siempre y cuando no se pretenda entrar en competencia con las empresas estatales (es el caso de las telecomunicaciones o del sector petrolero) y en el tercero, tal como queda explícito en su denominación, no está permitido el ingreso de inversores extranjeros (medios y servicios postales).

Por otra parte, debe tenerse en cuenta que no es lo mismo invertir o montar una planta en Pekín, Shanghái o alguna de la veintena de zonas Económicas Especiales que fomentan la inversión extranjera con todo tipo de facilidades, que intentar hacerlo en otras zonas del país o en áreas conflictivas como la provincia del oeste chino Xinjiang.

A estas restricciones debe sumarse el mecanismo de aprobación de inversiones que permite a las provincias aprobar proyectos de hasta 300 millones de dólares si están circunscriptos al sector de “alentados”, pero que necesitan autorización del gobierno central si la cifra es superior. Aunque el BID no identifica de manera pormenorizada todas las compañías de nuestra región que operan en China, aclara que las que han penetrado el mercado con más éxito son firmas que ya dominaban los mercados regionales y tienen marcas reconocidas globalmente.

En este apartado se anota el Grupo Bimbo de México, que se ha instalado a través de la adquisición de una planta ya existente y produce para el mercado doméstico o la argentina Tenaris, productora de tubos industriales.

Tenaris abrió una oficina comercial en 1992 y luego creó la Tenaris Qindao, estratégicamente ubicada en una zona especial de desarrollo económico y tecnológico.

El caso de la brasileña Embraer, en cambio, es diferente. Para vender aviones, Embraer tuvo que producirlos en China, práctica que no está de acuerdo con las reglas de la Organización Mundial del Comercio. La empresa brasileña creó una joint venture con una empresa china, pero al poco tiempo otra empresa china empezó a fabricar el modelo de Embraer. Para mantener su ventaja competitiva Embraer intentó producir un modelo más sofisticado, pero nunca consiguió la autorización del gobierno chino.

Desde su alto cargo en el BID, Mauricio Mesquita Moreira aconseja que las empresas coordinen su accionar con sus respectivos gobiernos y que optimicen su representación ante Pekín por la vía de organizaciones latinoamericanas supranacionales.

Para China el desembarco en América Latina no es “una corazonada” sino una estrategia perfilada con seriedad cuyos antecedentes se remontan más allá del foro “Yendo a Latinoamérica” celebrado el año anterior en Guangzhou del que participaron embajadores y diplomáticos de 11 países latinoamericanos y funcionarios de los Ministerios de Relaciones Exteriores y de Comercio de China.

América Latina se ha convertido en el segundo destino de la inversión china y las autoridades de la potencia asiática han simplificado los trámites para ofrecer condiciones más ventajosas a las empresas chinas en el exterior. Entre esas facilidades pueden señalarse la simplificación de los trámites de ratificación, la publicación de la Guía sobre la Inversión y la Cooperación con Diferentes Países y la Introducción sobre la Inversión Industrial en Diferentes Países.

La reciente visita del presidente Xi Ping a la región, la tonificación del grupo BRICS, cuya última cumbre se realizó el año pasado en Brasil, y el peregrinar de varios presidentes latinoamericanos a Pekín van en idéntica dirección: “Cina e vicina”

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