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Ciencia & tecnología

Ciencia y Tecnología: ¿para qué país?

Debajo de la alfombra tejida con discursos oficiales, declaraciones oficiosas, notas firmadas por reputadas plumas o reportajes a figuras de prosapia se esconde la Argentina de la historia de Grosso, el país de las simplificaciones. Pero hay otro país, ciertamente más complejo, que aunque nunca terminó de ser parido fue capaz de poner en órbita satélites que una mente brillante llamó lavarropas.

ImagenEl retroceso en las políticas de ciencia y tecnología tienen nombre y apellido
En los últimos meses - si somos honestos podemos extendernos un poco más- se ha vuelto a poner sobre la mesa los repetidos dos modelos para este mismo país. Uno se erige como “el verdadero” (mieses, vacas, corderos, metales y un poco de lo que haga falta para aumentar la productividad y competitividad de la producción primaria).

El otro pelea por un lugar entre los de mayor autonomía a la que podríamos llamar industrialización o desarrollo, que es lo mismo. Para el primero de esos modelos el sector de ciencia y tecnología puede ser reducido a expresiones casi ornamentales o, mejor aún, de relleno o complemento de las grandes líneas de investigación que se deciden en los centros de poder mundial.

El otro país, el que ha demostrado ser capaz de crear tractores, aviones, tanquetas, satélites, utilizar la energía nuclear con fines pacíficos, producir descubrimientos biomédicos, realizar operaciones quirúrgicas novedosas o contribuir en forma significativa al desarrollo de teorías que amplían el campo del conocimiento humano, no consigue consolidarse, aunque no es ésta la oportunidad de teorizar sobre los múltiples factores que podrían explicarlo.

Digamos con la simpleza que parece ser el denominador común de muchas de las declaraciones escuchadas en estos meses, que el actual gobierno - que dice con sus actos lo que esconde con palabras- optó por el despliegue del modelo agro-energo exportador con algunos retoques de puesta al día.

Poniendo en negro sobre blanco lo que pensamos - que es diametralmente opuesto a lo que queremos- creemos que si ese es el camino que pretenden hacernos recorrer, los científicos sobran. Y millones de argentinos también.

Para el período que se abrió en 2015, explica el doctor Eduardo Dvorkin en un artículo recientemente publicado, el lugar de la ciencia es coherente con el proyecto de desindustrialización que se lleva adelante. Y esa es la razón de fondo por la que desestima la exhortación a los jóvenes doctores que no fueron incorporados al CONICET -a pesar de cumplir con todos los requisitos requeridos y habiendo sorteado las pruebas de admisión- a “construir nuevas empresas” en una retórica hueca que desconoce la existencia del emprendedorismo científico desligado del rol de tractor del Estado, como lo prueban los innumerables casos de tecnologías exitosas desarrolladas en el mundo entero.

El proceso de desindustrialización, concluye el laureado hombre de ciencia, necesariamente arrastra el ajuste del sistema científico. “Las propuestas alternativas del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica de recurrir a empresas privadas o emprendedorismo de investigadores individuales, conducirá a los jóvenes investigadores a chocar con la pared: en nuestro país la industria privada (nacional o multinacional) en plena recesión y desindustrialización no desarrollará áreas de investigación para las que hasta ahora, aún en épocas de bonanza, demostró escasísima vocación; el emprendedorismo en un país en el que el estado se retira de su función como tractor del desarrollo tecnológico es una ilusión o un negocio puntual de alguna persona".

Por su parte, el Grupo Ciencia y Técnica Argentina - CyTA- dio a conocer un documento en el que describe los motivos que impulsan la crisis del sector desatada durante el primer año de gestión del presidente Macri.

“A partir de diciembre del 2015 , dice en sus primeros párrafos el documento, el país inició un nuevo ciclo de desaprendizaje tecnológico, impulsado por políticas tales como la desprotección de la industria satelital, autorizando la operación de siete satélites extranjeros en un evidente intento por tornar inviable a la empresa estatal Arsat (que paralizó la construcción del satélite Arsat 3). Se produjo el abandono del uso del poder de compra del estado como promotor del desarrollo licitando, por ejemplo, la construcción de parques de generación de energía limpia con cláusulas que en la práctica limitan al 8% la participación de tecnología nacional. También se paralizaron programas en el área de la defensa (como el desarrollo del sistema SARA y de vagones en Fabricaciones Militares) o en el sector nuclear (donde se desfinanciaron todos los proyectos en marcha salvo dos, uno de los cuales es la construcción del reactor RA10, cuyo presupuesto aumento 300% respecto del año anterior y cuyo contrato, con la empresa de un socio del Presidente Macri, fue firmado en 2016)".

El documento sigue desglosando los principales problemas por los que atraviesa el sector y sus puntos salientes son los que se mencionan a continuación. El ajuste en CyT: Es, sin dudas, brutal. El presupuesto aprobado para el presente año redujo la inversión en ciencia y tecnología, que pasó del 1.52% del total nacional en 2015 al 1.4%. En el marco de masivas protestas de la comunidad científica, el Ministro Lino Barañao destacó su confianza en que, más allá del presupuesto aprobado, recibiría apoyo oficial por vía de partidas extras. Los datos de la ejecución presupuestaria de 2016, conocidos recientemente, muestran una realidad distinta. El gasto en ciencia y tecnología aumentó (en pesos) un 29% respecto a 2015, mientras que el total nacional creció un 48%. En el caso del Mincyt, el gasto nominal aumentó un 32% y en el Conicet un 39%. Teniendo en cuenta que la inflación superó el 40%, que nuestra moneda se devaluó en un 60% y que la paritaria estatal estableció un aumento salarial del 31%, el recorte en ciencia y tecnología es, a todas luces,enorme.

Para poner estas cifras en contexto digamos que lo devengado por Deuda Pública pasó del 7.66% del presupuesto de 2015 al 14.47% en 2016. Esto representa un aumento de 197.202 millones de pesos, más de siete veces lo devengado en toda la función ciencia y tecnología.

El ajuste en el Conicet: Este ajuste creó una situación explosiva en una institución emblemática, que estaba “trabajando bien”, según expresó textualmente el candidato Mauricio Macri en el debate presidencial de 2015. El Conicet creció sostenidamente desde 2003, no como fruto de la improvisación sino de proyectos elaborados por el propio Ministerio y sintetizados en el Plan Argentina Innovadora 2020 (AI2020), que ponía como meta que nuestro país alcance 4.7 investigadores por cada mil habitantes de la población económicamente activa. En ese contexto, la Argentina debería sumar 25000 nuevos investigadores hasta 2020 y, como parte de ese esfuerzo el Conicet debía aportar una parte minoritaria creciendo, en esta etapa, a un ritmo del 10% anual.

Contrariamente a lo establecido en el mencionado plan, el Conicet redujo al 50% el número de ingresos a la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico (CIC). Esto generó masivas protestas de la comunidad científica que culminaron en diciembre último con la toma de la sede del Mincyt y que continúan hoy. La movilización de diciembre logró la convocatoria a una mesa de negociación y el otorgamiento de becas por un año a los investigadores excluidos.

La drástica reducción de ingresos a la CIC es la manifestación más dramática del ajuste en el Conicet y constituye una estafa para los jóvenes becarios del organismo. Si bien es cierto que completar la formación doctoral con una beca del Conicet no da derecho al ingreso a la CIC, la reducción de 500 puestos anuales en dicha carrera implica un cambio abrupto e irracional respecto a las políticas de crecimiento seguidas en el pasado reciente.

El Conicet anunció también una sensible disminución en el número de nuevos becarios doctorales y no contempla la incorporación de nuevos miembros en su Carrera de Personal de Apoyo (CPA). La actitud de las autoridades: La crisis en el Conicet va en camino de agravarse ya que las autoridades del área las niegan o justifican.

El Ministro Barañao y el Presidente del Conicet, Alejandro Ceccatto, han hecho afirmaciones cuestionables desde el punto de vista ético y político y en muchos casos simplemente falsas. Ambos afirmaron que un país con altos niveles de pobreza como el nuestro, no puede impulsar el crecimiento de su sistema científico con las metas fijadas por el plan AI2020 (que ambos contribuyeron a formular). Más recientemente, el Ministro nos sorprendió afirmando, falsamente, que la meta del crecimiento al ritmo del 10% anual en el Conicet no era un objetivo de dicho plan sino que era fruto, poco menos, que de un error de imprenta. También afirmó que lo único que buscan miles de doctores es conseguir un empleo “fijo” en el Conicet. Más allá de que no hay nada de malo en querer acceder a un trabajo estable, la declaración es ofensiva. Por un lado para los aspirantes, que se someten a diversas instancias de evaluación para poder ingresar a CIC, evaluaciones que continúan a lo largo de todas sus carreras, pero también para el propio Conicet que fue caracterizado por su Presidente como un organismo "inviable" que se ha transformado, según se desprende de sus opiniones, en un “aguantadero de inútiles”. El ataque a la ciencia básica: El presidente del CONICET y el Ministro nos anuncian a través de los medios que el Conicet decidió darles prioridad a los investigadores "más útiles" para el país, promoviendo ciertos temas estratégicos y tecnología. De esta manera nos proponen revivir perimidas dicotomías ,que parecían superadas,entre ciencia básica y aplicada en una evidente cortina de humo para ocultar lo central de sus propuestas: el ajuste. Perversamente, responsabilizan a los científicos por la supuesta falta de voluntad de transferir su trabajo al mundo productivo. Nos preguntamos si responsabilizarán también a los investigadores del Centro Patagónico del Conicet por el cierre de una de las plantas de la empresa Cerámicas San Lorenzo, ubicada en Puerto Madryn, con la cual el organismo tenía dos importantes proyectos de transferencia.

La destrucción de la pequeña y mediana empresa, junto al abandono del rol del estado en la generación de demanda tecnológica, son el fruto de la política económica del gobierno de Cambiemos, de la cual el ajuste en el Conicet forma parte.

La decisión de reducir la cantidad de ingresos para el año 2017 a 450 cargos, estableciendo 50% para Temas Estratégicos y Tecnología y el resto para el desarrollo de las disciplinas, supone un duro golpe a la investigación básica y a las ciencias sociales. Sin colmar la capacidad de asombro de la comunidad, pero también con la clara intención de capitalizar fracturas entre grupos de distintas disciplinas, el Ministro expresa opiniones inexpertas y ofensivas contra áreas enteras de investigación a partir del supuesto de su falta de “utilidad” o no aplicabilidad.

Lo que el ministro parece no comprender es que el sistema científico se comporta como un ecosistema, su complejidad es estructural y resulta imprevisible cuáles serán las consecuencias de eliminar una sola especie, un solo nodo de la red. .

El futuro próximo: Desde el grupo CyTA convocamos a toda la comunidad científica a dejar de lado las diferencias y manifestarnos unidos contra estas políticas de ajuste, los gremios, los colectivos políticos y las asociaciones científicas. Esperamos y solicitamos que lo hagan también quienes ocupan cargos de dirección de diversos organismos y, muy en particular, el Directorio del CONICET, que debe revisar urgentemente las decisiones adoptadas referidas a las próximas convocatorias de ingresos a la CIC.

Los ejes del reclamo unitario deben ser aquellos planteados en la declaración firmada a fines de 2016 por la casi totalidad de los científicos argentinos premiados en el ámbito nacional e internacional: el mantenimiento de los objetivos del Plan AI2020, el aumento del presupuesto de ciencia y técnica, el cumplimiento de la promesa electoral de elevar al 1.5% del PBI la inversión en el sector y el aumento del número de vacantes en el CONICET.

Esta no es la lucha de una corporación,concluyen los investigadores de diversas disciplinas que firman el manifiesto, sino un reclamo en defensa de un modelo de desarrollo para nuestro país.


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