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Reportajes

Con diferentes problemas, preocupaciones comunes (I)

Cuatro caracterizados dirigentes empresarios, Juan Carlos Sacco, Claudio Drescher, Marcos Montefiore y Diego Cifarelli, presidentes de la Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines(FAIGA),la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), la Cámara Argentina de Fabricantes de Máquinas y Equipos para la Industria (CAFMEI) y la Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM) respectivamente, respondieron a la consulta de Informe Industrial sobre el desempeño de sus sectores en el primer semestre de 2017, la evolución del comercio exterior, las variables económicas que más afectan la actividad productiva ,sus problemas específicos-así como sus propuestas para solucionarlos- y las perspectivas futuras. En esta primer parte, se reproducen las respuestas de Sacco y de Drescher.

ImagenesJuan Carlos SaccoClaudio Drescher
JUAN CARLOS SACCO

El presidente de la Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines (FAIGA) afirma que “los empleos de la industria destruidos son muy difíciles de recuperar y al mismo tiempo son la contracara de capacidades industriales existentes que quedan ociosas aun siendo de última tecnología”.

- Finalizando el primer semestre del año ¿Cómo evalúa la evolución del sector en el período? ¿Cómo incidieron en la actividad las principales variables económicas (tipo de cambio, inflación, salarios, etcétera)?

- La caída del PBI gráfico en el primer trimestre fue del -5.01%, datos confirmados. Nuestros trabajos anticipan una caída para el semestre de igual magnitud. Esta caída es mayor a la que registra toda la industria en promedio ya que fue del -2.1% para el primer trimestre, en tanto que estimamos que para el primer semestre el sector industrial, en promedio, cerrara con un crecimiento del 2.5% respecto del año 2016.

Lo importante para tener en cuenta, para el caso de la industria gráfica, es que este sector viene de una caída de su PBI del 6.6% en 2016 por lo tanto, mientras que la industria lentamente revierte la caída, en gráfica estamos en camino a repetir un año con signo negativo.

Con referencia a las variables que afectan la performance económica de nuestro sector tomemos en primer lugar el tipo de cambio. La salida del cepo y la consiguiente devaluación generó un importante incremento de los insumos empleados por nuestra industria, verificándose por lo tanto un traslado obligado a costos en momentos que se producía una importante disminución en el consumo. Si bien el tipo de cambio se estabilizó el consumo no se recuperó, por varios motivos entre otros los ajustes tarifarios que a su vez afectaron nuevamente la estructura de costos de la industria. Este proceso inflacionario provocó que el tipo de cambio se retrasara y consecuentemente nuestras exportaciones caen en el primer semestre de este año el 14% al tiempo que las importaciones aumentaron el 13%.

Las negociaciones salariales fueron complejas tanto en 2016 como en 2017 .Si bien estuvieron en línea con los convenios de las diferentes ramas industriales, debemos considerar que es muy complejo para las empresas otorgar aumentos salariares en momentos en que la actividad cae al 5%.

Otra situación a la que debemos observar es la estrategia monetaria del Banco Central con tasas de interés fuertemente positivas que encarece el financiamiento de aquellas empresas que después de un año y medio de recesión deben financiar capital de trabajo.

- En su momento, el sector alertó sobre el ingreso de formas gráficas desde el exterior que desplazaban del mercado interno a la producción local. Ante una mayor apertura a las importaciones ¿se profundizó esa tendencia? ¿En qué ramas del sector? ¿Qué dificultades se presentan para competir con la oferta externa?

- El caso de nuestra industria es un poco atípico. Es el único caso en donde el diseño de la política de protección se enfoca a proteger al industrial extranjero. Esto se da en el caso de los gráficos que producen libro. Esta situación está generada por una asimetría fiscal de la Argentina. El bien final libros está exento de IVA y los insumos empleados en su fabricación están gravados. Por cuanto el impuesto contenido en el proceso de fabricación se traslada al precio como un costo más. La importación, al tratarse del bien final, está exenta de IVA y no existen aranceles a la importación para el bien que ingresa. Suponiendo igualdad competitiva, el libro importado ingresa a un precio 16% menor a idéntico producto argentino.

Las causas del déficit comercial histórico del sector gráfico se explica siempre por el nivel de importaciones de libros. Si observamos los datos del 2016 vemos que el déficit comercial externo fue de 66.2 millones de dólares y que se importaron libros por 76.9 millones de dólares. En el primer semestre de 2017 el déficit comercial fue de 65 millones de dólares, con importaciones de libros por 48.6 millones de dólares. En seis meses tenemos el mismo nivel de déficit que en todo 2016 por dos motivos, la importación de libros se incrementó en un 42% primer semestre de 2017 contra 2016 al tiempo que nuestras exportaciones caen, como exprese anteriormente, el 14%.

- Con la sanción de la ley 22.750 se garantizó en el país la libertad de los consumidores y usuarios de elegir cómo ser informado sobre los productos y servicios que elige. FAIGA tuvo un papel protagónico en su concreción. ¿Se cumple con la legislación? ¿Se logró evitar la previsible desaparición de talleres gráficos? ¿Cómo impactó sobre la actividad la generalización de la factura electrónica?

- La ley 22.750 lo que restituyo exactamente fue la posibilidad de que el consumidor elija. La ley no impone nada, solo obliga a las empresas de servicios y al propio Estado a escuchar la preferencia del consumidor o usuario. Considerábamos que era lo más justo en términos sociales y al mismo tiempo lo más eficiente en términos económicos .No obstante, desde el punto de vista sectorial, el no acatamiento de lo dispuesto en la ley generó una caída de la actividad de las empresas graficas afectadas del orden del 42% en este año y el año pasado ya habían caído otro tanto en 2016. Esto significa que una empresa que imprimía sobres, o resúmenes de tarjetas de créditos etcétera, hoy está a un tercio del uso de su capacidad instalada respecto de 2015. Obviamente con una caída en el empleo similar.

Si a este efecto le sumamos la generalización del empleo de facturas electrónicas que afecta de manera particular a las gráficas del interior del país, los datos en el nivel de empleo y uso de la capacidad instalada debería, por lo menos, llamar a la reflexión.

En términos de empleo esta transformación en la manera de comunicarse con los consumidores o usuarios, unida al impacto de la asimetría fiscal que promueve el reemplazo de la impresión local por la externa, implica una pérdida de 10.200 puestos de trabajo en los últimos años, de los cuales el 26% se produce en los últimos 18 meses. Debemos recordar que en la actualidad nuestras fábricas utilizan el 54% de su capacidad productiva en promedio. De no corregir las causas estimamos que el efecto final afectará a 20.000 trabajadores formales.

- ¿Qué factores tienen mayor gravitación en la competitividad de las empresas del sector? En este aspecto, ¿qué temas contempla la agenda de FAIGA?

- En términos generales los mismos que a la industria en su totalidad. La presión fiscal a nivel nacional, provincial y municipal. Los efectos distorsivos de impuestos cascada como ingresos brutos y cheque. Infraestructura vetusta y en malas condiciones que encarece los costos de transporte. Inflación persistente combinado con atraso cambiario y altos costos financieros.

En términos sectoriales, en particular, debemos mencionar la asimetría fiscal en el caso de libros que es una protección inversa ya que alienta la importación aun a iguales condiciones competitivas. La segunda es la falta de coordinación en el diseño de instrumentos que afectan la subsistencia de empresas. Para ser más preciso en esto, tomemos el caso de la ley 22.750. Cuando se pensó estaba destinada a darle tiempo al consumidor para adaptarse o bien expresar su rechazo a las comunicaciones electrónicas y al mismo tiempo las empresas que se verían afectadas por la medida podían tener un plazo de tiempo para reconvertirse, adaptar su capacidad productiva, fusionarse con otra empresa, etcétera.

En cualquier sociedad organizada cuando se toman medidas se planifican las compensaciones necesarias para que la nueva realidad no provoque pérdidas de empleo o al menos las minimice. Los empleos industriales destruidos son muy difíciles de recuperar y al mismo tiempo son la contra cara de capacidades industriales existentes que quedan ociosas aun siendo de última tecnología.

CLAUDIO DRESCHER

Para el titular de la Cámara Argentina de la Industria de Indumentaria (CIAI), “todas las propuestas de cara a potenciar el crecimiento y la mejora del sector son posibles en tanto y en cuanto se logre dinamizar el mercado interno, para lo cual la clave estará, en buena medida, en un contexto macroeconómico beneficioso”.

- Después de un 2016 difícil de sobrellevar, el sector ¿ya percibe “brotes verdes” en términos de producción y de demanda interna?

- Los datos de evolución del sector de la indumentaria muestran que el consumo no está repuntando. Este bajo nivel de ventas constituye el núcleo de las dificultades que está atravesando el sector de la indumentaria.

Si bien programas como Ahora 3 y Ahora 6 permitieron sostener parte del volumen de ventas, hasta el momento no se ha logrado incrementarlas. En rigor, en el primer semestre de 2017 las ventas minoristas continuaron cayendo incluso comparando con el año 2016, que resultó particularmente bajo. En efecto, datos de CAME indicaron que los volúmenes de ventas de prendas disminuyeron un 3,4% en los primeros seis meses del año (promedio mensual).

De esa forma, se evidencia que es el achicamiento del mercado interno el que pone el freno a la producción, la cual cayó un 9,3% interanual en el primer trimestre de acuerdo con datos del INDEC.

Con todo, no solo no se evidencian brotes verdes sino que tampoco existe la seguridad acerca de si se ha tocado el piso de caída del consumo interno o si, por el contrario, esta caída continuará profundizándose.

Cabe resaltar que al cierre de este primer semestre no se han observado signos de reversión de esta tendencia. Sin un incremento de la demanda de consumo resulta imposible incrementar la producción dificultando así el sostenimiento de las empresas.

- ¿Cómo evolucionaron las importaciones de indumentaria en el primer semestre? ¿Y las exportaciones?

- En este primer semestre, las importaciones crecieron un 25% en dólares y un 55% en volumen en relación al mismo período del año anterior. Cabe remarcar que estos incrementos se produjeron sobre la base de un año 2016 en el cual las compras al exterior ya habían sido altas (+29%).

Asimismo, un estudio de la CIAI estimó que el peso de las importaciones sobre las ventas en el mercado formal de indumentaria -constituido por las marcas y los diseñadores, entre otros- alcanzó un récord de 24,6%. Este porcentaje resulta alrededor del doble del peso de las importaciones en el año 2015.

Ahora bien, este impacto del 24,6% no incluye las compras por internet a través del régimen del “Puerta a puerta” ni las compras en viajes al exterior que, dada su relevancia, incrementarían ese porcentaje considerablemente.

Con respecto a las exportaciones, estas han caído 21% y 29% interanual en dólares y en volumen, respectivamente, durante el primer semestre de 2017. A pesar de que el sector de indumentaria ha centrado -históricamente- sus ventas en el mercado interno, estas cifras muestran un panorama que reviste cierta relevancia. Esto es debido a que el sector continúa perdiendo parte del mercado internacional exportando a un nivel que resulta el más bajo desde el año 2002.

- El gobierno se propone impulsar la competitividad del sector textil-indumentaria a través de una serie de medidas que estimulen el empleo formal, así como la reducción de la carga impositiva ¿Qué avances pueden señalarse de las reuniones que mantuvieron con los funcionarios? ¿Qué propone el sector privado?

- Desde el sector privado creemos en las economías abiertas combinadas con estrategias de apertura e inserción inteligente que se encuentran vinculadas a un mercado heterogéneo cuya oferta cuente con un 80% de producción local y un 20% de producción importado.

A su vez, consideramos que el ingreso al mercado por parte de las firmas internacionales debe llevarse adelante incorporando a estas firmas a la producción local y potenciando que al menos el 50% de su oferta sea confeccionada en el país generando empleo y valor agregado.

Otra de las propuestas del sector está asociada a la mejora de la calidad de la producción local a través de la introducción de procesos de lean manufacturing y la incorporación de tecnología en los procesos productivos. Estas mejoras en la calidad de productos y procesos podrán permitir la generación de ganancias de competitividad para el sector.

Otro punto importante que impulsamos desde la Cámara es la mejora en la llegada de las firmas al consumidor, es decir, de la capacidad de satisfacerlo en términos de información acerca de la composición de las prendas y de los talles requeridos, entre otras cuestiones.

Ahora bien, todas las propuestas de cara a potenciar el crecimiento y la mejora del sector son posibles en tanto y en cuanto se logre dinamizar el mercado interno para lo cual la clave estará, en buena medida, en un contexto macroeconómico beneficioso.

En abril de este año el gobierno nacional llamó a todas las entidades integrantes de la cadena textil indumentaria (sindicatos y cámaras empresariales representativas) a firmar un compromiso para mejorar la competitividad sectorial y en especial y el trabajo registrado en las empresas de confección de indumentaria. En dicho acuerdo se establecieron cuatro puntos básicos, que responden a algunas de las necesidades puntuales de la coyuntura por la que atraviesa la indumentaria, que apuntaban a: Un crecimiento del mercado interno, a través del programa Ahora 3 y 6 cuotas con financiamiento subsidiado por el gobierno nacional; un alivio de los costos de producción de las empresas textiles y de confección, a través de la aparición de un mecanismo especial para el otorgamiento de Programas de Reconversión Productiva, que se denominó REPROEXPRESS; un recupero de los niveles de ventas externas, a través de un nuevo nivel de reintegros a la exportación que pasaron del 6% al 6,5% y en algunos casos al 8,5%, y un proyecto de ley que modifique los costos laborales del sector de confección por un plazo prolongado. Este último punto es el que permitiría llevar adelante cambios estructurales en el proceso productivo, pero aún no se ha logrado una redacción definitiva que permita que el Poder Ejecutivo lo eleve al Congreso Nacional.

Si bien algunas de estas medidas ejecutadas en el marco del acuerdo han constituido paliativos transitorios a la crisis de la cadena textil-indumentaria, no se han modificado ninguna de las cuestiones estructurales que impactan sobre la operatoria de las empresas, que son caída del poder adquisitivo de los consumidores, fuertes volúmenes de importaciones de prendas terminadas, carga impositiva, alto costo de ocupación de locales, promociones de compras con tarjeta, carencia de financiamiento a tasas razonables para capital de trabajo.

- A su juicio ¿qué límites debe tener la reconversión productiva de la cadena de valor textil-indumentaria que impulsa el gobierno?

- Consideramos que cualquier política de reconversión productiva de un sector encuentra su límite cuando se pone en peligro el nivel de empleo. Dicho en otras palabras, una reconversión es posible si y solo si se mantienen los puestos de trabajo.

El sector de indumentaria en particular resulta sumamente relevante en este sentido ya que cuenta en la actualidad con la capacidad para generar más de 180.000 puestos de trabajo directos.

A su vez, cuenta con una amplia participación de empleo femenino a la par que la mayor parte de los puestos generados requieren, en buena medida, baja calificación resultando una salida laboral de rápida incorporación para la población. Asimismo, el sector de la indumentaria tracciona buena parte de la demanda de otros sectores productivos que lo proveen de insumos, tales como el textil y el algodonero. Esto implica que si el sector de la confección no produce, también se ponen en riesgo los empleos de sectores aguas arriba de la cadena productiva.

A modo de cierre, considero que para impulsar el crecimiento de la industria nacional resulta clave una fuerte intervención del Estado que cree las condiciones macroeconómicas y estructurales que posibiliten dicho crecimiento.

Los desajustes macro tienden a erosionan el poder de compra de los consumidores afectando el mercado interno a la par que distorsionan ciertos precios relativos. En ese sentido, un estudio que llevó adelante la CIAI mostró cómo solo el 45% del precio de una prenda terminada corresponde a costos vinculados a la cadena productiva. El 55% restante corresponde a costos incurridos por fuera de la cadena tales como impuestos, costos financieros y bancarios, alquileres y shoppings (renta), entre otros.

De esa forma, los costos de producción resultan altos, en mayor medida, a causa de factores ajenos a la industria en sí, por lo que consideramos que esto constituye otro de los ejes para encarar la problemática del sector conjuntamente con el achicamiento del mercado interno.


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