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Sectores económicos

Con la guardia en alto

A tiempo para seguir remediando los padecimientos del pasado reciente y no ampliar la brecha comercial de soja a granel por bienes industriales que se importan desde China por casi dos mil millones de dólares anuales, cuatro dirigentes empresarios advierten sobre la necesidad de establecer medidas preventivas para evitar una nueva embestida indiscriminada de mercaderías que no sólo mellan márgenes al aparato productivo local sino que pondrían en riesgo la recuperación de varios sectores de la industria nacional.

ImagenesJosé BatistaHéctor KolodnyMiguel SolimandoAlejandro Rodríguez Tomietto
Miguel Solimando, productor de instrumentos de medición y, a su vez, titular de la Cámara Argentina de Fabricantes de Herramientas e Instrumentos de Medición (CAFHIM), responde por sus colegas más afectados: quienes fabrican hojas de sierras, martillos, destornilladores, cintas métricas u otros productos situados en las ferreterías o las góndolas del consumo masivo. “Estamos en seria desventaja –afirma- pues es prácticamente imposible competir con China. El 95% de nuestras industrias son competitivas en mercados normales, pero no se puede ser competitivo con la producción china. El ingreso de alicates creció un 58% en los últimos dos años respecto a los cinco anteriores, y lo mismo ocurre con los martillos y el 97,5% de las cintas métricas que llegan a precios irrisorios que ni siquiera cubren el costo de la materia prima con que están elaboradas”. No son centavos lo que están en juego. Son 426 millones / año que fugan trabajo argentino.

El prólogo del presidente de la Asociación Argentina de Fabricantes de Máquinas–Herramientas, Accesorios y Afines (AAFMHA), ingeniero Alejandro Rodríguez Tomietto, no da lugar a dudas. “Para producir cualquier bien debe existir un valor de referencia. Si en cualquier lugar del mundo su costo es de 8 ó 9 dólares, no puede ser que ingrese a 1,40 ó 2 dólares en ningún mercado.

Eso es dumping, a los ojos vista o encubierto; un ingreso desleal que va a terminar destrozando a los fabricantes nacionales”. Por eso reclama un control más estricto de las máquinas herramienta que ingresan casi sin cesar al país.

“Con cada container que arriba a nuestros puertos, se pierden 30 puestos de trabajo” grafica José Batista en representación del sector fabricante de bulones, tornillos y tuercas. Y vicepresidente 1º de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina. “Además de la enorme diferencia de salarios entre unos y otros, del alto costo de nuestros insumos y cargas sociales, del déficit de formación profesional y otras distorsiones estructurales –anota- el análisis es simple y sencillo: desde que el producto sale de la usina hasta el usuario, acá suma un 38 a 42 por ciento de impuestos que va pagando la cadena de valor. Afuera no tributan impuestos los que exportan: Toda importación desde países asiáticos, e incluso de Brasil, están exentos de impuestos. . Entonces lo que pido –la OMC permite aplicar el 30 ó el 35%- son salvaguardas para preservar la industria que todavía existe. Para que no nos suceda lo que les pasó a los fabricantes de tornos, que de catorce sólo queda uno. Es decir que necesitamos que el gobierno establezca cuotas y cupos a la importación de determinados productos terminados que todavía se fabrican en el país. No es descabellado. Se trata de instrumentos rápidos y efectivos que incluso aplica Estados Unidos (con los limones, caños o cualquier cosa que afecte su “made in”) con fines preventivos”.

Preocupaciones


“Está todo bien –anticipa el director ejecutivo de la Cámara Argentina de la Industria de la Indumentaria, doctor Héctor Kolodny– aunque ya se advierten ciertos signos de interrogación”. El 2006 ha sido un año con mucho crecimiento. Nuestras exportaciones han crecido un 30% respecto al año anterior y no solo por volumen sino en facturación. También ha mejorado el consumo interno y la creciente exportación indirecta por ventas al turismo extranjero que visita nuestro país es un dato relevante: la ropa argentina es requerida no porque sea barata sino por su valor agregado en términos de diseño, terminación y buen gusto. Son sus atributos diferenciales. Pero así como las exportaciones están un 62% por encima de las importaciones, este comportamiento merece una aclaración: en el sector hemos fijado “un valor / criterio” para las importaciones y permanentemente seguimos monitoreando los ingresos para que no haya ningún abuso ni imprevisto. De modo que estamos muy atentos a lo que viene, sobre todo de Oriente y China, que son los grandes “agresores” no sólo en la Argentina sino en todo el Mercosur y aún fuera de la región. Por eso tanto los Estados Unidos como Europa les han impuesto cupos y están utilizando elementos aceptados por la OMC para frenar lo que se considera una avalancha casi incontenible. Es más, el problema no radica sólo en el ingreso de mercadería a precios viles sino también la falsificación de marcas. El menú de inconductas es grande.

De 2005 a 2006 las importaciones de origen chino crecieron 175%, y si tomamos Oriente (los demás países sin China) hablamos de 220%. El caso más emblemático es la ex Birmania, que se está convirtiendo en un jugador fuerte: el envío de sus camisas de fibras sintéticas a la Argentina trepó a 3300% respecto al año anterior. Lo que ocurre es que hablamos de Oriente porque China –que fundamentalmente envía abrigos y trajes de hombre de fibras sintéticas– está en un proceso de tercerización, cediendo parte de su producción a otros países de su región. En otro plano, el del Mercosur, también Paraguay es un competidor fuerte (domina el abastecimiento de pantalones de algodón) porque además, sus productores gozan de arancel cero y costos de producción que son más acomodados que en la Argentina. Para dar un ejemplo, desde la salida de la convertibilidad (con base a diciembre de 2001) nuestros salarios se han incrementado en un 190% mientras que los precios de fábrica lo hicieron en un 87,3% y nuestros insumos, nacionales e importados, han crecido el 167,2 %. De manera que el sector experimentó una fuerte absorción de costos y más allá de la preocupación del gobierno respecto a los precios de mostrador, que sí han aumentado al 154% en el mismo período, habrá que considerar que no todo es margen para el comerciante, quien debió absorber los aumentos excepcionales del alquiler de los locales más los gastos de seguridad y transporte, todo lo que es logística, que sufrió un aumentó exponencial.

Costos


En nuestro sector –afirma Solimando- trabajan más de cinco mil personas en casi 500 empresas, pequeñas en su mayoría, y “entre ellas hay de todo: matricería, herramientas de mano, implementos para máquinas / herramienta, instrumentos de medición. Lo más sensible es lo más chico”, dice, y señala destornilladores, sierras y alicates. “Nosotros jamás vamos a lograr lo que están haciendo en China, independientemente que cambiemos la escala de fabricación –enfatiza- porque en una industria que es mano de obra intensiva una relación salarial de 5 a 1 deja fuera a cualquiera”. Eso es lo que sucede. Y no sólo es cuestión de salarios. También los insumos se fueron alineando con las fluctuaciones del mercado internacional “y la única barrera que hubo contra eso fue la devaluación, que se tradujo en el dólar alto que por un tiempo evitó lo que ahora estamos observando con mucha preocupación: una avalancha de productos chinos que, para nuestro temor, podría ser imparable”.

Sobre todo en algunos ítems –no en todos- en los cuales el precio irrisorio de productos con gran demanda da por tierra los esfuerzos de sus productores locales. “En herramientas con mayor complejidad tecnológica no hay problema. A los chinos no les conviene fabricar a medida. Pero cuando se agota el imán de un soporte magnético, un instrumento que no requiere mayor precisión, más vale comprar otro que reemplazar el imán que debiera costar el 10% de lo que aquí cuesta un soporte nuevo. En el mismo sentido, hay calibres digitales que se venden a 5,70 dólares cuando otros fabricados en Alemania, Suiza o Brasil cuestan entre 40 y 45 dólares FOB. Por supuesto que hay dumping, pero cuando una empresa local intenta demostrarlo, si lo logra hacerlo ya no le queda fuerzas para nada. Si este tipo de herramientas –las hojas de sierra, por ejemplo- entra por centavos, por un valor que ni siquiera paga el costo de los insumos básicos, lo que habría que establecer son medidas ágiles para salvaguardarnos y no que una acción antidumping demore lo que demora. En ese lapso a la PyME local ya la voltearon. De modo que lo que se precisa es arbitrar un control aduanero más estricto y otras medidas específicas a favor de las empresas pequeñas y medianas”.

Maquinarias


“Una industria como la nuestra –acota Rodríguez Tomietto– no se logra de un día al otro sino con muchos años de experiencia, de esfuerzos compartidos, de sumar conocimientos que avanzan sin tregua. Destruir esa misma cultura aparece hoy como algo posible en este espacio, y aún más acuciante en breve tiempo, pues si prospera el comercio desleal a la larga va a destrozar a los fabricantes nacionales que aún quedamos en pie”.

Siguiendo la interpretación del entrevistado, es claro que no sólo China practica ese tipo de acciones para ganar mercados. También Turquía, que codea un lugar en el Primer Mundo jugando a ser el oriente de Europa, asume valores referenciales muy bajos a nivel mundial. Considerando que 9 a 10 dólares por kilo es el parámetro normal, lo que significa algo así como el 40% del valor de una máquina nueva, “si al país están ingresando máquinas de China y Turquía a un dólar y medio el kilo, algo anda mal. Y lo peor del caso, lo que más me entristece –“como argentino”, aclara-es que ante la indiferencia de la mayoría nos quedemos sólo con los commodities agropecuarios y nada más, olvidando así la capacidad y la potencialidad de nuestra industria”.

Su discurso no es expresión de resignación, muestra hechos. “En una economía de mercado se puede vender al precio que quiera. Nosotros, desde los ’90 tenemos bienes de capital con arancel cero y nunca pedimos protección. De hecho no la tenemos. Competimos con Europa, Asia, los Estados Unidos, Brasil.

Pero entendiendo que el mercado debe tener una lógica. Si alguien quiere quemar su stock, que lo haga; pero sin dañar la estructura del país. Si el costo de la materia prima es mayor al valor de venta de una máquina, entonces no hay ninguna lógica de comparación. Eso afecta a todos. Incluso al usuario que no analiza si es buena o mala sino si es cara o más barata. Entonces algo habrá que hacer por que a la larga, lo que vamos a perder no son buenas máquinas extranjeras que no se fabrican en el país sino la posibilidad de avanzar con lo que siempre nos caracterizó: la calidad de las máquinas herramienta que fabricamos acá con trabajo argentino, ingeniería local, tecnologías de punta”.

En el sector, aún está fresca la experiencia de los '90 cuando desaparecieron empresas muy representativas. Otras dejaron de producir para sobrevivir con mecanizados para terceros, piezas y partes, elementos auxiliares e incluso reparaciones. “Al abandonar el desarrollo y fabricación de máquinas – puntualiza Rodríguez Tomietto– el productor deja de estar metido en la dinámica de un sector que, siendo una industria estratégica de base, requiere una permanente actualización tecnológica. De esa manera, el sector se atrasa y pierde eficiencia. Con un agravante adicional: una inversión en nuevos productos y tecnologías exige pensar en tres o cuatro años de maduración para que el retorno se convierta en más inversión”.

Visiones


La competencia externa dentro del rubro metalmecánico –cierra José Batista– a quien más afecta es a los sectores de bienes intermedios. A todos los productos pequeños de ferretería destinados al consumidor final: herramientas de mano, elementos de sujeción (tornillos, tuercas, bulones) y medición. Son productos que llegan de China a valores irrisorios, a mucho menor valor que la materia prima. Es algo que bien conocen los funcionarios encargados de controlar la mercadería que ingresa al país”.

“El asedio externo es enorme y no hacemos a tiempo a ser tan eficientes como ellos. En rigor, no creo que podemos lograr lo que consiguieron en China porque un obrero nuestro está ganando no menos de 500 ó 600 dólares de salario de bolsillo contra los 40 ó 50 dólares de los asiáticos. Nuestras leyes laborales tienen un alto costo y la carga fiscal que soportamos es elevada, el crédito queda alejado de las posibilidades de crecimiento para la mayoría de las PyMES y tampoco la provisión de energía es barata, las tarifas industriales ya están dolarizadas. Y así como esos hay otros puntos que, a la hora de competir de igual a igual frente a los chinos –cuyo estado muy capitalizado financia el establecimiento y promueve el desarrollo de empresas para dar cabida a 30 millones de personas que cada año ingresan a su fuerza laboral- mellan nuestra capacidad de producción y nos dificultan alcanzar mayor eficiencia y competitividad”.

Sin embargo, todos los sectores –fundamentalmente las PyMES– siguen haciendo inversiones. Quien ha soportado las palizas del 2000 / 01 – 2002, una situación gravísima, ha seguido al pie del torno, invirtiendo y creciendo, procurando la excelencia permanente. “No obstante –reitera Batista- cada container de ferretería nos roba el trabajo de 30 personas. Para evitarlo hay que establecer cupos a la importación de bienes. No es nuestra intención quitarle nada al usuario. Pero lo que sí hay que salvaguardar es lo que se produce en el país. No es sencillo pero tampoco tan difícil. Podemos detectar rápidamente aquellos ingresos distorsivos que a todos nos perjudica, ayudar a los órganos de control desde nuestras entidades, sumando nuestro conocimiento al de los funcionarios”. Por otra parte, asegura el dirigente empresario, todos sabemos qué partidas arancelarias habrá que subir –sobre todo los extra/Mercosur- para compensar los impuestos que ellos no pagan y al menos deberían tributar acá. Porque si a que pagamos diez veces más la mano de obra, le sumamos la inseguridad jurídica, ya es difícil competir, más lo es cuando en el orden local la materia prima se paga entre 700 y 1000 dólares la tonelada y en Asia 340 dólares.

Balances


En conclusión –cierra José Batista- “es importante reconocer que sin las medidas que tomó el gobierno nosotros no podríamos haber lograda la producción y el consumo que hoy tenemos. Sin embargo, hay que seguir avanzando para no desandar el camino emprendido. En esa dirección resulta imprescindible imponer cupos y colocar los máximos aranceles posibles a todo lo que es extrazona.

Establecer salvaguardas a todo lo que es Mercosur, a lo que llega de Brasil.

Como bien hacen ellos, que manejan precios ‘de referencia’ que nuestra aduana denomina ‘valores/ criterio’. Además allá, todo producto importado paga impuestos según el valor fijado por la aduana. Acá eso no existe”. ¿Por qué?... “Porque la OMC o vaya a saber uno quien la inventó, porque los Estados Unidos te multan, te paran, te frenan mientras que acá tenemos que cumplir estrictamente con ese organismo internacional” mientras se matando tu mercado interno. De ahí que la Secretaría de Industria tiene que seguir trabajando con el sector privado como lo está haciendo y adoptar todas las medidas que correspondan. Porque esta es una batalla que tenemos que hacer en conjunto. Solos no podemos.”, concluye Batista.

Le preguntamos a Kolodny si los industriales de la indumentaria advierten un gran “peligro chino”. “Yo diría que más que peligro es una seria amenaza y el hecho de que está creciendo es un tema para estar alerta. Sobre todo porque se trata de un competidor con reglas absolutamente diferentes a lo que es habitual en el comercio internacional. En China no existen los costos ni se plantean cuestiones de rentabilidad como en el mundo capitalista. Por eso las camisas de algodón chinas se cotizan a 36 dólares la docena mientras que confeccionarlas acá cuesta cinco y hasta seis veces más. De modo que no se puede hablar de competencia en términos razonables. Incluso en el Mercosur hemos tenido reuniones con colegas de Uruguay, Paraguay y Brasil, pues el panorama es idéntico en todos lados, con el consiguiente peligro de pérdida de fuentes de trabajo y de repetir una experiencia que bien conocemos. Poner en peligro el trabajo cotidiano de 12 mil talleres de confección y 32 mil bocas de venta en la Argentina no es poco, hablamos de un sector que genera unos 4,5 millones de dólares al año. Por otro lado, y que no se entienda como una apelación patriotera, cuando uno compra un producto masivo y “de afuera”, donde se sabe que hay trabajo esclavo y explotación infantil, de alguna manera está alentando esas prácticas. Lo nuestro es diferente, es diseño, calidad.

Por eso Italia vende Made in Italy y cualquier sabe que va a pagar más por sus productos porque tiene mayor valor agregado. Eso es también lo que tenemos que hacer nosotros”.

“Taiwan ha pasado a ser el primer proveedor de máquinas-herramienta en la Argentina –acota Rodríguez Tomietto- desplazando a los japoneses, españoles, alemanes e italianos. Pero en el caso de China, que alcanzaron el 10% del mercado local desde un insignificante 0,5% a mediados de los '90, lo que ingresa de ellos es máquinaria convencional, de tecnología muy difundida y muy baja calidad. Más allá que en China es probable que hagan máquinas-herramienta de mejor calidad y que han avanzado mucho, lo que traen es malo, de poca productividad y muy bajo costo. Contra eso no se puede. Pero la realidad también pasa por otro carril: Crear un sector de fabricantes muy competitivos de bienes de capital en la Argentina nos llevó unos 40 años y muchas ya no están. Cerraron porque el mercado empezó así y terminó como ya sabemos. Hoy la situación es diferente. Hay gran demanda, estamos exportando, tenemos una paridad cambiara que nos beneficia y estamos trabajando realmente muy bien.

Pero no tenemos que descuidarnos ni bajar la guardia. El ingreso desmedido de productos, en este caso los de China, puede conducir a consecuencias desastrosas. Y así como no se pueden fabricar productos de primera calidad con máquinas de tercera línea, hay que tener en cuenta que quien pierde la identidad de su industria tarde o temprano termina dependiendo de terceros países”.

Pese a todo, ¿cómo vislumbran el futuro?.“Con optimismo, respondió Miguel Solimando. Tenemos posibilidades si nos ayudan un poquito. Que no nos regalen nada, simplemente que nos ayudan a que las cosas sean normales, lo que pedimos: es sentido común. Lo demás lo podemos hacer solos”.

Luis Sznaiberg

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