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Reportajes

Corregir, invertir, distribuir

Cinco economistas definen las prioridades que a su juicio deberían ser incluidas en la próxima agenda presidencial. Son ellos: Raúl Cuello, ex secretario de Ingresos Públicos, profesor universitario y autor de varios ensayos sobre temas económicos;Orlando J. Ferreres, viceministro de Economía a fines de la década del ‘80, consultor de empresas; Alfredo T. García, jefe de la Asesoría Económica del Banco Credicoop Coop. Ltdo, profesor universitario e integrante del “Plan Fénix”; Rubén Lo Vuolo,investigador titular del Centro Interdisciplinario para el Estudio de las Políticas Públicas y director del Banco Ciudad, y Jorge Vasconcelos, investigador jefe del IERAL de la Fundación Mediterránea.

ImagenesAlfredo GarcíaRaúl CuelloOrlando J. FerreresRubén Lo VuoloJorge Vasconcelos
Lúcidos analistas, la mayoría coincidió en la necesidad de sostener la estabilidad macro y el rumbo de crecimiento económico mediante una significativa inyección de inversiones productivas que permita acrecentar las exportaciones, evitar el estrangulamiento externo y mantener saldo favorable para las cuentas nacionales. Hubo coincidencias, con sugerencias ortodoxas o no, y opiniones disidentes. Las de quienes entre otros puntos centrales se refirieron a la inflación y la crisis energética, a los próximos vencimientos de la deuda externa, al rol del Banco Central de la República la Argentina (BCRA) y el crédito para las empresas; e incluso, a una distribución más equitativa de la riqueza generada en Argentina. En tanto, no quedaron exceptuados de estos apuntes la consideración del “Pacto Social” sugerido por la presidente electa o, más allá de la coyuntura y sin confundir el árbol con el bosque, la formulación de una invitación para labrar en común una estrategia de desarrollo demás largo alcance.

Sin más preámbulos, vamos a la opinión de los entrevistados.

RAUL CUELLO

La inflación y la insuficiencia de inversiones son los problemas de mayor importancia que se deben resolver para sustentar un crecimiento no mayor del 6% -que compatibilice la estabilidad con la capacidad de producción instalada- sin “enfriar la economía”. Para ello es menester arbitrar ciertas medidas.

Inflación. Regularizar el funcionamiento del INDEC, pues laeconomía no puede conducirse sin indicadores confiables. Reconocer que la “Concertación Social” es sólo una pausa para ganar tiempo pero no sirve para contener el avance de los precios. Reducir el ritmo de expansión monetaria y no condicionarla ala intervencióndel BCRA para regular el tipo de cambio.

Incrementar las tarifas (con especial tratamiento al consumo de los sectores más pobres) al tiempo de presentar un esquema para desarmar el actual régimen de subsidios. Re/elaborar el Presupuesto reduciendo el gasto público para garantizar un superávit primario del 3,15% del PBI, indispensable para asegurar la solvencia financiera que cubra el pago de los intereses de la deuda pública. Establecer un cronograma de reducción anual paulatina de las retenciones a las exportaciones, a partir de 2009, fijando un incremento del 5% en las retenciones de trigo, soja, girasol y maíz –sólo por esta campaña- compensadas con la eliminación de las retenciones a las producciones de las economías regionales y las restricciones a la exportación de trigo. Liberar de las restricciones a las exportaciones cárnicas.

Inversiones. Lograr bases de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para solucionar el problema de la deuda con el Club de Paris y los holdouts (la Argentina debe reintegrarse a los mercados internacionales para evitar la “Venezuela-dependencia”) teniendo en cuenta que en el 2008 vencen 7 mil millones de doláres que habrá que negociar. La crisis energética es estructural (la demanda se incrementa 1MMKw/año, por lo que el déficit para 2008 es del 17% de la oferta efectiva de 2007) y sin un plan decenal basado en tarifas que reflejen los costos de producción, los estrangulamientos al sector productivo serán cada vez más intensos por falta de oferta. Reducir al 25% la tasa del impuesto a las Ganancias de las Personas Jurídicas que no sean sociedades abiertas. Mantener un sistema de tasas de intereses pasivas positivas para alentar el ahorro interno. Con el fin de no crear circuitos de especulación financiera, el tipo de cambio debe acompañar la evolución de los precios (crawling peg) en sintonía con la depreciación del dólar y los términos de intercambios favorables.

ORLANDO J.FERRERES

No será posible mantener el 8 ó 9% de crecimiento anual en los próximos años si no se invierte más que ahora. Con 21% del PBI se llega a cuatro puntos y medio. China invierte el 42% y crece al 9; Corea al 7 con 31% de su producto bruto. Acá, la capacidad instalada de algunos sectores puede adicionar algún punto pero todos están llegando al límite; por lo tanto, habrá que invertir. Y mucho en energía. Los precios son muy bajos desde 2001, cuando el petróleo costaba 20 dólares el barril. Habrá que tomar una decisión “heroica” y nada popular: usar la energía más eficientemente, ampliar la base de oferta y explorar nuevos yacimientos (hace 12 años que no hay inversiones y hoy tenemos reservas para siete años) sabiendo que para ello habráque invertir unos 4 mil millones de dólares al año. Otro tanto para desarrollar otras energías alternativas: la energía eólica, la nuclear o la hidroeléctrica. Así pues, habrá que ahorrar energía, sincerar las tarifas, invertir mucho en exploración y perforación de pozos (sobre todo en el mar) y a la vez crear otras alternativas rentables. Es un gran desafío.

Balances. En 2004 hubo acuerdo con empresarios y sindicalistas, y la inflación fue del 4%. Después hubo deslizamientos y en 2005 Lavagna se marchó.

El gobierno apeló a los acuerdos forzados de precios y más tarde dibujó la hipótesis de “cifra publicada es verdad”. Ahora, la inflación pasó del último puesto a ocupar el tercero entre las preocupaciones de la gente. Hay que actuar. El Acuerdo Social podrá servir. Pero hay distorsión de precios, y tarifas muy atrasadas. Cabría aplicar medidas que además permitan que la recaudación fiscal supere el gasto público. Con un superávit mayor habrá menor presión inflacionaria. Es una forma ortodoxa de controlarla, pero las elecciones ya pasaron. Por otra parte, el dólar todavía está alto, está bien.

Como básicamente exportamos commodities, el tipo de cambio no es problema.

Pero Brasil revaluó su moneda de 3,20 por dólar a 1.80. O sea que cuando un país genera confianza y entran los dólares, como también sucede en Chile, el tipo de cambio se va quedando respecto a la inflación. En la Argentina el ingreso de capitales es más que moderado y el dólar puede tener una variación positiva, pero mínima. No obstante, el balance comercial se está deteriorando.

Habrá que hacer algo al respecto.

Créditos. Dado que la inversión resulta crucial para sostener el crecimiento, otro tema a tratar es el de las hipotecas y los préstamos a largo plazo. Existe crédito para el consumo pero no para la inversión ni la compra de viviendas. De modo que se requiere un modelo tipo Chile, con sus Unidades de Fomento, para conseguir dinero en mejores condiciones. Es fundamental. En igual medida, aunque en otro campo, mediante un shock educativo habrá que integrar masivamente al ámbito productivo a quienes no poseen formación. Es un desafío tan grande como atraer los 200 mil millones de dólares que resguardan los argentinos en el exterior. Con ellos habría otra Argentina: la industria más que duplicaría su capacidad, la gente ganaría como en Canadá y no habría desempleo. Pero para eso hace falta un cambio rotundo: En pasado, nuestro país premió al deudor queno paga sus obligaciones, siendo quien debe pagar las consecuencias. Atraer capitales implica lo contrario. Es dar garantías de seguridad y confianza al inversor. Como ocurre en los países exitosos. Y si la Presidente eligió como modelo de su gestión a Alemania, empezó bien. Allí hay que cumplir las reglas. Acá también.

ALFREDO T. GARCIA

El principal desafío del gobierno será incidir sobre una mejora en la distribución del ingreso. A pesar del alto crecimiento de los últimos años, la mitad de la población no ha logrado incrementar su participación: del 19,4% del ingreso total familiar a fines de 2003, pasó al 20,5 en el primer trimestre de este año. Ello implica un aumento de los salarios reales, en especial de lostrabajadores de menor ingreso, tema que además impone la disminución de la porción de trabajadores no registrados, que en 2007 ascendía al 40,1% del total. El cumplimiento de esta premisa conducirá a otro desafío: evitar que los incrementos nominales de los salarios se trasladen a los precios, lo cual significa intervenir en la puja distributiva. Pues bien, ése debería ser el principal logro del Acuerdo Social al que ha hecho reiterada mención la presidente electa.

Macro. Para ello se requiere expandir la frontera productiva. Fomentado por el consumo privado, que crecerá a una tasa mayor, el PBI seguirá creciendo en forma sostenida: 6,3% en 2008. Habrá que fortalecer esa tendencia ascendente conmayor capacidad productiva. Si bien en el sector productivo coexiste una diversidad de situaciones, es posible afirmar que hasta 2005 la industria ha venido creciendo merced a una mayor utilización de su capacidad instalada. En 2006 ese coeficientese ha estabilizado. Ello indica que a partir de ese momento, los mayores incrementos en producción se han efectuado por esa vía, lo cual vincula al crecimiento con la inversión. También el tema energético será una cuestión que deberá ser resuelta en tanto afecta la capacidad de expansión del Producto.

Financiamiento. La falta de un financiamiento adecuado a largo plazo es crucial. Hoy todo el crédito a las empresas sólo asciende al 7% del PBI, escasez que se torna más aguda para las PyMES. Se requiere intensificar las políticas de tasas subsidiadas, así como disponer regulaciones bancarias que faciliten los préstamos a este tipo de empresas. Además, resulta indispensable la creación de un banco de desarrollo que debería integrar fondos públicos y privados alargo plazo, para convertirlos en préstamos de idéntica extensión, a fin de financiar excepcionalmente a las grandes empresas y tener como principal objetivo el aumento de la inversión en las firmas pequeñas y medianas. Funcionando como banco de segundo piso serían los bancos comerciales especializados en PyMES los que otorguen préstamos al productor, garantizando mayor eficiencia y transparencia en la orientación del crédito.

RUBEN LO VUOLO

El tema distributivo sigue siendo un punto central. Su abordaje ha sido limitado y ortodoxo, asociando el “derrame” a una elevada tasa de crecimiento, a la recuperación de los índices de ocupación y la negociación salarial con los representantes sindicales del mercado formal. Se desconoce así que la mayor parte de los trabajadores no integran el mercado formal de empleo, agudiza las distorsiones y omite la distribución que podrían ejercer las políticas públicas al quitar presión sobrelas empresas. Ello implica una intervención activa a favor de los trabajadores más desguarnecidos, una política de distribución no tan pendiente de la continuidad de la tasa de crecimiento y su famoso derrame, una consideración distinta de la estructura tributaria respecto al gasto público.

Estrategias. La propia estrategia macro exhibe debilidades, al hacer prevalecer una exagerada confianza en “el tríptico virtuoso” -tipo de cambio competitivo más superávit comercial y fiscal- cuya entronización asume una baja ponderación del riesgo que significa la transferencia a futuro de problemas que claramente van apareciendo. Por caso el de la deuda externa. La realidad muestra que hay componentes del canje que no fueron adecuadamente ponderados (la suma de intereses devengados y capitalizados no impactan sobre el ejercicio en curso pero sí hacia delante). El CER ajusta la deuda por el coeficiente asociado al índice de precios. La deuda vencida debe renovarse y no necesariamente en las mismas condiciones del canje, de modo que el principal problema es la fuerte dependencia del modelo de superávit fiscal, cuyas necesidades van a ser crecientes generando interrogantes respecto a qué medidas habrá que adoptar para sostenerlo. Sucede que desde la salida de la convertibilidad, los gobiernos han venido aumentando las retenciones y es posible suponer que el escenario internacional mantendrá su encuadre favorable, pero ¿quién puede predecir cuánto tiempo? Bien, si una gran proporción del superávit está fundada en ese tipo de ingresos supeditados a factores no controlados localmente, pues hará falta una reforma estructural del sistema tributario. No es una cuestión menor. Y otro tanto ocurre con las posibilidades del Banco Central en seguir sosteniendo el tipo de cambio por vía del manejo de su deuda en bonos –Lebac y demás- cuyo peso sobre las reservas (poco más del 40%) será creciente y difícil de asegurar en adelante.

En gran medida la estructura de los activos financieros –particularmente los bancos- se asienta en títulos públicos, incluyendo esos títulos del BCRA, que regulan su liquidez y en cierto modo afectan la actividad productiva pues compiten en su rentabilidad con los créditos a las empresas. De allí deriva otra cuestión aresolver: la inversión es totalmente dependiente del autofinanciamiento de las empresas, merced a una elevada tasa de ganancia, y sin que el sistema financiero las haya acompañado con créditos adecuados.

¿Cuánto más puede sostenerse un modelo de crecimiento basado en la autofinanciación de las empresas? Además, la economía argentina está hoy mucho más concentrada que durante la convertibilidad (que ya había concentrado y extranjerizado gran parte del aparatoproductivo) a la vez que depende dela fuerte transferencia de recursos públicos a determinados sectores (por vía de subsidios directos e indirectos) que en buena medida provee la renta agraria.

Sistema financiero. No es de menor importancia reparar estas debilidades, porque ya hay sectores que están trabajando en niveles muy altos de su capacidad y a ello se suman las falencias de los servicios públicos privatizados del área energética y demás. La competitividad es sistémica; a nivel de país. No se trata sólo de precios relativos sino de la conjunción de muchos otros factores -recursos humanos, tecnologías, articulaciones regionales, una estrategia comercial internacional clara, etcétera- y para todo hace falta disponer recursos. De modo que volvemos a las inversiones. Hay requisitos de base que siguen sin combinarse adecuadamente: ¿Quién financia la inversión? ¿Quién ahorra? Si la distribución del ingreso no permite elevar la tasa de ahorro y encima tenemos un sistema financiero con serios problemas para transformar ese ahorro en inversión –vía créditos- estamos frente a otro cuello de botella. No sólo interroga el volumen de las inversiones sino qué entidades intermedian entre el ahorro y la inversión. Preocupa lo poco que se ha hecho en términos de crédito bancario a las empresas, que deberían ser evaluadas con un criterio más imaginativo favoreciendo el desenvolvimiento de los proyectos en función de su viabilidad y rendimiento. Arbitrar mecanismos más creativos de asignación del crédito sería un buen punto de partida.

JORGE VASCONCELOS

Suele confundirse el árbol con el bosque. La inflación, por ejemplo, no es un objetivo en sí mismo sino un instrumento muy útil para garantizar estabilidad; otro tanto ocurre con el tipo de cambio. Así se termina discutiendo instrumentos mientras se relega lo principal: aquellos objetivos que deberían ser consensuados entre las distintas fuerzas políticas y sociales, originando los instrumentos más consistentes con los fines establecidos.

Objetivos. El tema riqueza/pobreza -para plantear un ejemplo de debate- podría auspiciar que uno de los objetivos claves fuera cerrar la brecha de ocho a uno entre las regiones más ricas y las más pobres del país: el PBI. per cápita de los porteños octuplica los ingresos de las provincias del norte argentino. Otro tema: el núcleo duro de la pobreza / indigencia que pese a 5 ó 6 años de franca recuperación, es muy significativo. Ambos son buenos ejemplos de aquellas cuestiones que entre el gobierno y la oposición deberían ser resueltas y no quedar en expresiones de deseos. Reducir esas brechas es un anhelo de todos, pero para que ello ocurra hay que fijar políticas: cómo y en cuanto tiempo se pueden lograr ambas metas. Así también, hay un marco con dos ejes que constituyen el corazón de la sustentabilidad: la cuestión fiscal (vinculada a los vencimientos de la deuda); y el tema de la inserción argentina en el mundo.

Cuestiones. Computando el costo de la refinanciamiento de deuda, etcétera, habría que plantearse un objetivo de superávit primario de 3,5 puntos del PBI durante los próximos 10 años. Es una meta importante pero de ningún modo inalcanzable. La otra cuestión –la inserción argentina en el mundo- es clave para poder lograr un crecimiento sostenido de la economía al 6% anual; también durante diez años. La Argentina necesita que sus exportaciones crezcan a un ritmo sostenido, y lograrlo es posible: se necesita que latasa de inversión vaya subiendo de los 22.5 puntos actuales a 26,5% del PBI. O sea, un mix de inversión e innovaciones que superen en 4 puntos el nivel actual, es lo que hace falta para crecer al 6%. Otro de los objetivos que la Argentina deberíaplantearse es ir reduciendo muy gradualmente el achicamiento de su superávit de balanza comercial. A un ritmo de ascenso del 8% anual del PBI, con importaciones que lo multiplican más que por tres casi al 30%, y suponiendo que en los próximos años las exportaciones sigan creciendo a un ritmo más moderado, para evitar que el superávit externo se cierre muy rápidamente las ventas al exterior deberían crecer entre 2 y 2,5% por encima del PBI. Pero pensando a diez años no es posible asegurar que los precios seguirán ayudando y habrá que buscar alternativas saliendo a vender más en los cuatro rubros principales del comercio internacional. De modo que para tales fines, la consistencia es clave. Lograr superávit primario al 3.5 anual, crecimiento del PBI al 6%, inversiones 4 puntos por encima y exportaciones al 8.8% para evitar un estrangulamiento externo, es algo que ordena la discusión de lo que debiera convertirse en una estrategia de desarrollo. Osea que si uno llega a un consensode este tipo, obviamente, el tema de los instrumentos es un tema más fácil de abordar.


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