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Procesos de integración

De acuerdos y negociaciones

En esta nota, la profesora Noemí B. Mellado -directora del Instituto de Integración Latinoamericana, de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad Nacional de La Plata, y de la Maestría en Integración Latinoamericana y de la Especialización en Políticas de Integración, UNLP- analiza los avances logrados en la sexta cumbre América Latina y el Caribe-Unión Europea y se refiere a los problemas que aún subsisten para la firma de un acuerdo de asociación entre la UE y el Mercosur y otros bloques subregionales.

ImagenLos presidentes de países de la UE y de America latina en la ronda de prensa al termino de la reunión.
La VI Cumbre América Latina y el Caribe-Unión Europea, celebrada recientemente en Madrid, implicó avances importantes en las relaciones de ambas regiones teniendo en cuenta la situación de estancamiento que se encontraban previamente. No obstante, no hubo pasos decisivos en la consecución de la “alianza estratégica”, que se iniciara en 1999 en la I Cumbre UE-ALC en Río de Janeiro y que se desarrollara en las cuatro reuniones subsiguientes, pese a que la Declaración de Madrid reafirma el compromiso con los principios, valores e intereses comunes de la “asociación estratégica” bi-regional.

La reunión realizada en la capital madrileña giró en torno al lema “Hacia una nueva etapa de asociación bi-regional: innovación y tecnología para el desarrollo sostenible y la inclusión social”. Si bien apuntó hacia cuestiones como la innovación, desarrollo tecnológico y desarrollo sostenible –una temática similar a la abordada en la XIX Cumbre Iberoamericana de Estoril (Portugal) en 2009- hubo acuerdo sobre la necesidad conjunta del diseño y puesta en marcha de una nueva gobernanza mundial y arquitectura financiera, como también de regulaciones globales para las operaciones financieras con la finalidad de frenar la especulación. Asimismo se expresó la necesidad de aumentar la cooperación para enfrentar problemáticas derivadas del cambio climático, la sustentabilidad del desarrollo, la energía, entre otras.

Estos avances se dan en un contexto de cambios mundiales y regionales. Así en el orden internacional, han surgido nuevos polos dinámicos de crecimiento como China, India, Rusia, que modifican la estructura de las relaciones económicas mundiales y cuestionan la vigencia de los centros hegemónicos de posguerra. También se objeta el orden financiero y comercial de posguerra por la crisis financiera internacional y los resultados insatisfactorios de la Ronda de Doha. Esta crisis, iniciada en los Estados Unidos, ha trascendido lo financiero y bancario para afectar la economía real y se expande globalmente influyendo así en los distintos sectores económicos, provocando un desplome de la producción y el comercio. América Latina y el Caribe han sufrido sus impactos, aunque en menor proporción que Europa, las exportaciones sufrieron una fuerte caída -31%- como consecuencia de una reducción de sus volúmenes y precios, pero mayor fue, según estimaciones de la CEPAL, la contracción de las exportaciones intrarregionales (33%). La disminución del comercio y el menor nivel de actividad mundial tuvieron efectos negativos en los precios de los productos básicos y en los términos de intercambio. También la UE no fue ajena a la situación y hoy enfrenta una gran recesión que la motiva a buscar mercados y las negociaciones con ALC es una buena oportunidad. Por otra parte, existe incertidumbre respecto a la política estadounidense hacia la región.

Estas transformaciones y los retos a enfrentar influyeron en ambas partes de las negociaciones, aunque el consenso político logrado ha permitido restaurar a América Latina en la agenda europea.

En la Declaración de Madrid se comprometieron con el multilateralismo, las Naciones Unidas, la democracia, los derechos humanos, la cooperación al desarrollo, la integración, el apoyo a la cohesión social, la protección del medio ambiente, y la lucha contra el terrorismo y la delincuencia organizada. Se acompañó de un Plan de Acción 2010-2012, para dar seguimiento a los acuerdos consensuados y recogidos en la declaración final de cara a la próxima Cumbre, a celebrarse en Chile en 2012.

También se logró acuerdo para la creación de la Fundación América Latina y el Caribe-UE y se lanzó el programa MIAL -o LAIF en sus siglas en inglés- consistente en un fondo de 125 millones de euros que permitirá a instituciones financieras canalizar una mayor cantidad de recursos para obras de interconexión, infraestructura energética, energías renovables, medio ambiente y cohesión social.

Paralelamente se desarrollaron negociaciones bilaterales que permitieron acuerdos multipartes con Perú y Colombia, como reuniones con México y Chile en búsqueda del reforzamiento de la relación estratégica alcanzada por ambos países con la UE. Este camino se vio facilitado por el cambio en la estrategia europea al dejar de exigir, como cuestión de principio de la negociación, instancias de integración subregionales dando paso a la bilateralidad.

El cambio de actitud puede explicarse por la existencia de una serie de obstáculos. Desde la perspectiva europea, los diferentes intereses en juego dentro de la Unión en materia de la Política Agraria Común –PAC-, la falta de convergencia en temas migratorios y posicionales respecto a Cuba. Se agrega a lo anterior la crisis financiera, de competitividad y de inserción global que esta sufriendo el viejo continente. Respecto a Latinoamérica hay países interesados en negociar con Europa -Colombia, Perú, México, Chile- como también están los que desechan esa relación birregional como Bolivia y Venezuela. Asimismo existe una funcionalidad jurídico-institucional insuficiente en los procesos de integración que obstaculiza las negociaciones, como también las expectativas inciertas que plantean las políticas económicas adoptadas por algunos países que, al re-nacionalizar empresas, afectan los intereses europeos en la región.

También se desarrollaron Cumbres subregionales tanto con Centroamérica, la Comunidad Andina de Naciones, el Foro del Caribe del Grupo de Estados de África, el Caribe y el Pacífico y el Mercosur. Sin entrar en el análisis de cada una de ellas, con relación a la primera región se logró el Acuerdo de Asociación con América Central – incluyendo a Panamá – que adquiere importancia simbólica desde el momento que es el primer Acuerdo de Asociación de la UE con procesos de integración subregionales.

En lo referente al Mercosur se acordó retomar, las negociaciones para la firma de un Acuerdo de Asociación, iniciativa que, como ya se señaló, se encontraba estancada desde 2004.

No obstante, existen dificultades en determinadas materias tales como en la agropecuaria por la parte europea; propiedad intelectual, servicios, productos industriales y tratamiento de las asimetrías, por parte del Mercosur.

Subsisten problemas para la suscripción del acuerdo derivados de la oposición de aquellos países beneficiarios de la PAC, aunque el incremento de la presencia China en el mercado del Mercosur podría afectar los intereses españoles en la región. También se encuentra presente la sombra del ALCA que plantea la alternativa de una posible oferta de acuerdos bilaterales por parte de los Estados Unidos. Además en el Mercosur se está planteando tanto en los ámbitos académicos como políticos, la posibilidad de su flexibilización, para permitir acuerdos Norte-Sur. En este sentido la oposición uruguaya se expresó recientemente en el Senado y en Brasil lo hizo el candidato José Serra que enfrentará al oficialismo en las próximas elecciones presidenciales. También existe pesimismo entre los países miembros respecto a los resultados de la Ronda de Doha, lo que lleva a valorar el incremento de las corrientes comerciales como forma de contribución a la salida de la crisis económica global.

En este escenario, el Acuerdo de Asociación UE-Centroamérica podrá significar un caso ejemplar en el camino del retorno a las negociaciones entre la UE- Mercosur, aunque es prematuro evaluar su impacto en el desarrollo de la subregión.

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