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Energía

Disparan contra la energía nuclear

El tremendo accidente que sufre Fukushima-Daiichi, conocida también como Central Nuclear Fukushima 1, debe ser comprendido en el siguiente contexto: un terremoto grado 9 en la escala Richter que, entre otras, provocó que la isla de Honshu se desplace dos metros y medio fue seguido por un tsunami. El impacto de ambos fenómenos sobre una de las centrales atómicas más grandes del mundo provocó daños todavía incalculables.

ImagenLos mas altos ejecutivos de TEPCO dirigiéndose al pueblo de Japón.
Un terremoto como el que se produjo el 11 de marzo en el Pacífico, grado 9 en la escala Richter, equivalente a 240 millones de TNT, es considerado por los geólogos como uno de los sismos más colosales, con consecuencias devastadoras. Así fue. La Central Nuclear de Fukushima-Daiichi, que está situada en la prefectura de Fukushima, la principal isla de Japón, a 250 Km. al norte de Tokio, fue brutalmente dañada. A ese efecto se sumó el tsunami y más de 200 réplicas del terremoto principal que también afectaron a la Central Nuclear de Fukushima Daini situada a 12 Km. al sur de la anterior.

¿A que nos referimos cuando hablamos o escribimos sobre Fukushima? La Central Nuclear de Fukushima-Daiichi, explica la AIEA – Agencia Internacional de Energía Atómica- comprende 6 reactores BWR (Boiling Water Reactor), construidos entre 1970 y 1979 por General Electric, Toshiba o Hitachi. Tiene una potencia instalada de 4.700 megavatios y es una de las 25 más grandes del mundo.

El diseño de los reactores - Mark 1 de GE- corresponde a la primera generación y de ellos fueron montados, según nota publicada en “The New York Times”, un total de 32 reactores, 23 de los cuales se encuentran en 16 lugares diferentes de los Estados Unidos. Por su parte, la Central Nuclear de Fukushima Daini está compuesta de 4 reactores BWR construidos dos por Toshiba y dos por Hitachi entre 1981 y 1986:

Un elemental esquema de la isla nuclear puede ser descrito diciendo que en el centro hay un recipiente de presión que resguarda al núcleo del reactor, que es donde se origina la reacción nuclear que desprende calor. Ese calor se transfiere al agua en ebullición contenida en el recipiente que, a su vez, genera el vapor que es conducido a las turbinas que mueven el sistema productor de la energía eléctrica. Y es muy importante saber que todas las usinas nucleares tienen no uno sino varios sistemas de seguridad que certifican la remoción de calor en todas las situaciones de emergencia previstas.

El 14 de marzo la Agencia Nuclear e Industrial de Japón (NISA) informó a la AIEA la explosión de hidrógeno registrada en la unidad 3 de la central nuclear Fukushima Daiichi. Si bien el edificio de contención del reactor había explotado, el recipiente contenedor primario no presentaba daños y la sala de control de la unidad 3 siguió operativa.

En el transcurso de esa semana -que mantuvo en ascuas a una población mundial que muchas veces, consumió información sesgada- la situación continuó complicándose. Y, en los últimos días, las autoridades japonesas informaron al organismo internacional los nuevos índices de la Escala Internacional de Accidentes Nucleares (INES, por su sigla en inglés) que tabula en una progresión creciente, del 1 al 7, los daños detectados en las centrales. Los perjuicios sufridos por el núcleo en los reactores 2 y 3 de Fukushima Daiichi alcanzan el preocupante nivel 5; el menos serio Inés 3 se adjudica al reactor 4 por la pérdida de las funciones de refrigeración y suministro de agua en la pileta de combustibles gastados y también como de grado 3 es reconocida la pérdida de refrigeración en los reactores 1, 2 y 4 de la central nuclear Fukushima Daini, aclarándose que todas las unidades de ésta última central están en condición de parada fría.

Evaluadas así las averías y con la ayuda decidida de técnicos y científicos de varias naciones del mundo, Yukiya Amano, Director General de la AIEA, declaró que “las autoridades de Japón trabajan arduamente en circunstancias extremadamente difíciles para estabilizar las centrales nucleares y garantizar la seguridad de la población”. A las 184.674 personas evacuadas de diez de las ciudades vecinas a los complejos nucleares, deben agregarse los efectos aún no bien mensurados de la radiación encontrada en alimentos producidos en la zona.

Junto a las tradicionales disculpas que los funcionarios japoneses brindan a los ciudadanos ante cualquier tipo de problemas, Takashi Fujimoto, Vicepresidente Ejecutivo de TEPCO (Tokio Electric Power Company), pidió a los habitantes de las zonas mas afectadas “comprensión, cooperación y ahorro de energía” a la par de asegurarles que en la entidad – que es la operadora de la central- todos están “trabajando duro y a toda velocidad para solucionar los enormes daños ocurridos”. “Por favor, ahorre energía y manténganse informado sobre los apagones que se producen como consecuencia de la escasa oferta eléctrica”, dice uno de los últimos comunicados brindados por la compañía.

Mientras tanto, la AIEA explica que en la hoy famosa central de Fukushima se están operando mejoras graduales, a pesar que el desenlace sigue siendo incierto.

En Argentina no se conoce ninguna opinión de la Comisión Nacional de Energía Atómica, máxima entidad en la materia que se limita a reproducir en su página WEB los cables de la AIEA. El hecho obedecería a una orden expresa de no tratar el “tema de las centrales nucleares japonesas” sin el visto bueno de la Casa Rosada.

De todos modos, es obvio que lo ocurrido en Japón (y lo que sigue sucediendo) en modo alguno deja indiferentes a gobiernos y gobernados. Es que, en la actualidad, operan en el mundo 442 centrales nucleares que producen, en conjunto, 375.001 MV. Ante ésta realidad la pregunta es ¿con qué se reemplazaría esa energía?

Según un informe de la AIEA, los 54 reactores operativos en Japón – que está construyendo otros dos- abastecieron en 2008 el 24,9% de la electricidad usada en las islas. En Francia, en cambio, el 80% de la oferta de electricidad que, en parte, se exporta a Alemania, descansa sobre la energía nuclear, Estados Unidos tiene 104 reactores, China 13, pero está construyendo 27, en Rusia hay 32 reactores y 11 en construcción, Corea del Sur se abastece de energía a través de 21 reactores, pero su crecimiento lo impulsa a emplazar 5 más. Y lo mismo ocurre en otras partes de un mundo en el que se están construyendo 65 nuevas unidades repartidas, entre otros, en países como Argentina, Brasil, Bulgaria, Finlandia, Francia, India, Irán, Pakistán, Eslovaquia, Ucrania y los Estados Unidos.

Aunque es simple (pero no gratuito) charlar sobre la necesidad de erradicar a la energía nuclear de la matriz energética de nuestros países, llevar a la práctica esa idea es hoy irrealizable. Es más. Quizás, según afirma uno de los mayores expertos locales, en el mundo debiera darse “una discusión racional de comparación de riesgos” entre la nuclear y otras energías alternativas. Entonces podría demostrarse que el lobo no es tan feroz como se lo pinta y que, quizás, tiene la misma o hasta menor fiereza que otras energías al que el imaginario disfraza de ovejas.


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