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Sectores económicos

El Siglo XXI y los vinos de la Argentina

Pionero en la promoción de los vinos argentinos en el exterior y ex presidente de la Asociación Vitivinícola Argentina, el ingeniero Alberto Suárez Anzorena nos brinda en esta nota un panorama del desarrollo del sector en los últimos años.

ImagenExportaciones argentinas de vinos embotellados
Otro milenio, un nuevo siglo y el vino, los vinos siguen evolucionando y acompañando al género humano. En la Argentina el gran empujón se dio hace unos 50 años y el impulso sigue vigente.

Veamos, desde el monopolio de hecho del Cuyo clásico la viticultura se ha extendido a prácticamente todas las provincias andinas y ya incursiona con éxito en La Pampa, Buenos Aires, San Luis y hasta se habla de Entre Ríos. No olvidamos a Córdoba que estuvo desde los comienzos y hoy refina su producción. Posiblemente el desarrollo más notable ha sido el de Neuquén donde compite con el turismo, el petróleo y los dinosaurios.

También en la oferta de varietales hubo una importante diversificación, más allá de los clásicos originales de raigambre francesa. Destacamos el boom del Malbec que se ha convertido en nuestro varietal insignia como lo es el Carmenere en Chile, el Tannat en Uruguay, el Sauvignon Blanc en Nueva Zelandia y el Shiraz en Australia.

En esta instancia, nos permitimos una digresión: hay que cuidar el Malbec porque no todos los Malbecs son siempre buenos Malbecs; distintas áreas de origen, edades del viñedo, momentos de cosecha, técnicas de vinificación y alternativas de añejamiento hacen que el producto final presente características muy distintas que, al público común, consumidor normal, a veces le provoque confusión por esperar y no encontrar una tipificación constante.

Volviendo a nuestro tema, en los últimos años han comenzado a comercializarse varietales prácticamente desconocidos fuera de las colecciones ampelográficas: Viognier, Greco Nero, Corvina, Pinot Grigio, etcétera y otros de hasta ahora escasa difusión como el Petit Verdot, Tempranillo, Syrah, Cabernet Franc. También se obtuvieron mejores resultados con varietales difíciles y delicados como el Pinot Noir, Sauvignon Blanc, Merlot y Torrontés. El apetito por nuevas ofertas hizo que se descubrieran virtudes en uvas que eran base de los famosos “vinos comunes” como la Bonarda y el Sangiovese.

La tecnología vínica aportó lo suyo y en busca de mayor calidad se extrajeron e intensificaron colores y matices, el grado alcohólico subió de 12°/12°,5 llegando hasta 14° y a veces con picos superiores. Los aromas mejor obtenidos y resguardados caracterizaron definidamente las tipicidades varietales.

El consumo global en el mercado doméstico fue decayendo en ese período desde valores per cápita de 90 litros/año hasta los escasos 30 litros/ año de hoy en día; esto se compensó relativamente por la extraordinaria escalada en calidad de los productos ofrecidos. En resumen, estamos bebiendo menos pero ¡mejor! La salud y la gastronomía de parabienes.

Aprovechando esa positiva evolución, el gran salto lo dio la exportación de vinos finos embotellados, que marcó explícitamente la presencia de un noble producto argentino, perfectamente identificado, en muchos e importantes mercados del mundo. Cuantificando este crecimiento, en 2010 las ventas externas llegaron a 650 millones de dólares valor FOB, un record para el rubro.

Otro importante logro derivado de la actividad del sector en general ha sido el desarrollo del turismo vitivinícola y de la inversión nacional y extranjera en las provincias productoras. En efecto, importantes firmas y capitales de Francia, los Estados Unidos, Austria, Portugal, Chile, Holanda, España, Italia y Suiza se radicaron y acompañan hoy a las grandes bodegas de capital argentino. Ya incursionan positivamente intereses griegos, húngaros y otros de origen europeo y asiático.

Una faceta muy progresista ha sido la elaboración de vinos espumantes de calidad ya que el sector involucrado asumió su madurez y se atrevió a dejar de lado la clásica francesa denominación de “champagne”.

En packaging se innovaron estilos y una gran creatividad se evidenció en la presentación de los vinos. El tapón de corcho dejó de ser una exclusividad y ya son habituales y aceptados los sintéticos de diversos tipos. También la tapa rosca, común en licores y aperitivos, está presente en renombrados vinos de la oferta nacional. Para los vinos más económicos, llamados base o de mesa (ex vino común), la presencia del envase multilaminado desarrollado por Tetra Pack ha sido un apoyo de gran calidad para ir compensando la fuerte baja en el consumo y la decadencia de la damajuana.

Como corolario político el Poder Ejecutivo Nacional, vía un reciente decreto, ha declarado al vino “Bebida Nacional” lo cual me parece muy bien. Ahora ¿por qué la nominación, el producto y la oportunidad?

Respecto a la nominación, es como la flor o el árbol nacional o la aerolínea de bandera o alguno de los “embajadores” deportivos, etcétera. Es destacar algo como símbolo de nuestro país y de la argentinidad.

El producto, es de la más antigua prosapia universal compartiendo ritos religiosos con la presencia en literatura, pintura y otras artes. El buen vino prestigia al productor específico, al origen y al país involucrado, los ejemplos son redundantes. Alrededor de toda la actividad vitivinícola se ha desarrollado una mística especial con misterios, secretos y exclusividades (léase: denominación de origen -DO-; denominación de origen controlada -DOC-; denominación de origen controlada y garantizada –DOCG-) que van formando un halo de gran prestigio. Por ser un tema más frívolo mencionaremos solo sus virtudes gastronómicas y de paso su contribución a la salud en general (Pasteur dixit).

La oportunidad de la nominación oficial es harina de otro costal. ¿a quién beneficia o halaga? Al consumidor, tanto al llano como al exquisito, no le agrega nada, más allá de confirmarle que su predilección es buena. Al país como tal y como exportador tampoco le cambia el fiel de la balanza.

Pero si apreciamos satisfacción en la cadena productiva agro industrial ya que, en cierta manera, la nominación reconoce el esfuerzo, la evolución y el haber logrado asomar la cabeza sobre el mar agropecuario propio de la pampa húmeda y sus adyacencias.


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