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Temas en debate

El biodiesel en la encrucijada

Las pequeñas y medianas empresas elaboradoras de biodiesel vienen reclamando hace varios meses por la mora gubernamental en la actualización de los precios en el mercado interno del producto que abastecen a las petroleras que lo mezclan con el gasoil. El último valor disponible publicado en noviembre, con un cuatrimestre de atraso, es de 5.684,31 pesos por tonelada para una planta de 50.000 toneladas, en tanto que el costo de producción rondaría los 7.200 pesos. El conflicto que pone en jaque la actividad de 30 PyMES del sector -en estos días varias se han visto obligadas a suspender personal- es analizado por el licenciado Miguel Polanski, que acredita que una destacada trayectoria como consultor de empresas industriales, energéticas y agropecuarias. En esta nota se refiere también al potencial que presenta el desarrollo de la cadena de valor sectorial.

ImagenLas PyMES productoras de biodiesel reclaman la atención del Estado.
La noticia para los medios quedo circunscripta a la sorpresiva concurrencia - en dos oportunidades y sin aviso previo- a la Secretaría de Comercio, por parte de los directivos de PyMES productoras de biodiesel. La intempestiva actitud devino de la difícil situación por la que atraviesa el sector, a la que en este caso hubo que agregarle una demora excesiva para modificar el precio oficial del producto que realiza periódicamente ese organismo.

La noticia trascendente sin embargo, debería haber sido otra. La que relate el absurdo que en pleno siglo XXI, un sector industrial de reciente constitución y que ha mostrado notable dinamismo en el mercado internacional, dependa para su normal funcionamiento de la decisión discrecional de un organismo oficial que fija cuando y como quiere el precio al cual las empresas deben vender el producto. En este caso particular, agrava la situación una inflación que supera el 30% anual mientras la falta de respuesta del organismo oficial lleva cuatro meses. Debido a la demora, las empresas del sector soportan un quebranto del orden de los 1.400 pesos por cada tonelada que venden, tornando inviable la producción y obligando a varias de ellas a cerrar sus puertas. En la actualidad el sector se encuentra conformado por una docena de grandes empresas que producen cerca de la 2/3 partes de la oferta local, mientras que las mas de 30 pequeñas y medianas empresas agrupadas en la Cámara de Empresas PyME Regionales Elaboradoras de Biocombustibles que se presentaron a reclamar en la Secretaría de Comercio elaboran el 33% restante. Es cierto que desde su génesis, el desarrollo de los biocombustibles ha tenido una accidentada vida. La ley 26.093 sancionada en 2006, que regula el funcionamiento del mercado y la producción de biodiesel, es conceptualmente anacrónica. No es necesario que regular traiga aparejado el requisito de fijar también arbitrariamente el precio del producto, que bien puede quedar relacionado con el precio del gasoil con el que se lo mezcla para su uso combustible, razón única que determina la regulación. Y aún en este caso, también habría que evaluar con mayor profundidad y rigor analítico si fijar el corte obligatorio para el gasoil obliga a establecer un precio oficial para la venta del biocombustible que se mezcla con el combustible de origen mineral.

Hoy el sector entero se encuentra en una situación delicada. Las empresas grandes que atienden en su mayoría el mercado externo, enfrentan las restricciones impuestas por la Comunidad Europea, con un precio de venta que se ve disminuido por el importe de las retenciones que gravan el producto cuando se destina a la exportación. Las empresas pequeñas y medianas, que básicamente atienden el mercado local, tienen un precio fijado por el Estado que es inferior en un 25% al costo de elaboración.

Sin embargo, lo que sorprende es la escasa atención que ha merecido el sector por parte de las autoridades en promover su expansión y desarrollo de la cadena de valor. El potencial que presenta para la industria química y gráfica, por citar solo algunas de los mas conocidas, de contar con materias primas de primera calidad y precio competitivo para desarrollar nuevos productos en reemplazo de los que hoy se elaboran a partir de derivados de petróleo, abre un escenario de inmensas posibilidades, en la medida que exista una legislación que promueva el uso de los productos de origen vegetal en lugar de los derivados del petróleo. Tintas y pinturas, emulsionantes, tensioactivos, estabilizantes, surfactantes, detergentes y jabones componen un primer grupo de una larga lista de productos que con el tiempo, por razones ecológicas pero también económicas, el mundo comenzará a sustituir por otros elaborados a partir de materias primas de carácter renovable y sustentable. Y en este renglón las ventajas comparativas y competitivas saltan a la vista. Aún en el campo limitado de su utilización como combustible, el panorama luce prometedor. Las opiniones de los expertos internacionales que estudian el cambiante y complejo panorama energético global, son coincidentes en cuanto a la importancia que tendrán los biocombustibles, en la larga transición que tendrá lugar entre la etapa actual signada por el consumo del petróleo y la etapa futura donde los combustibles de nueva generación dominaran el escenario a partir de la segunda mitad del presente siglo. En este sentido el futuro aparece por demás promisorio y el espacio que deje libre nuestro país será cubierto por nuestros vecinos si perdemos presencia en el concierto internacional.

En lo que respecta al mercado interno, existe todavía un amplio mercado potencial para el uso pleno de los biocombustibles, en todas las tareas culturales y operaciones de la actividad agrícola y parte del transporte involucrado en la misma. El hecho de que todavía el consumo en el propio sector que da origen al producto final sea tan poco significativo, habla a las claras que algo falla en el circuito productivo y comercial, que el régimen regulatorio no captura y que merece ser revisado. La atención prometida -que ya no puede demorarse más tiempo- por parte de las autoridades para resolver el tema puntual del precio de venta actual en el mercado interno, debería venir acompañada por un mecanismo de reajuste del precio de manera casi automático a medida que se producen modificaciones o aumentos en los restantes combustibles, mientras se analiza la posibilidad de generar un marco regulatorio acorde con una visión moderna del desarrollo y la competitividad industrial.

Miguel Polanski


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