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Ciencia & tecnología

El conocimiento, motor del desarrollo

Entre los objetivos de la secretaría de Planeamiento y Políticas del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva sobresalen: Establecer políticas y prioridades en materia de ciencia, tecnología e innovación orientados a fomentar y consolidar la generación y aprovechamiento social de los conocimientos y diseñar planes, mecanismos, instrumentos e incentivos para fortalecer el Sistema Nacional de Innovación, coordinando el complejo científico tecnológico con las necesidades de aparato productivo argentino. De los avances logrados en el desarrollo de la CyT y su articulación con los sectores productivos, dialogamos con la doctora Ruth Ladenhein que asumió la responsabilidad de conducir la Secretaría desde su creación.

ImagenLa doctora Ruth Ladenheim, Secretaria de Planeamiento y Politicas del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovacion Productiva
“Desde 2003 en la Argentina se viene registrando un proceso de crecimiento de la inversión en Investigación y Desarrollo (IyD). En el período que va desde ese año a 2009 el aumento acumulado supera el 250%; pero sucede que la misma sigue siendo impulsada mayoritariamente por el sector público, lo que se corresponde con lo que podríamos definir como ‘estilo latinoamericano de desarrollo científico y tecnológico’”.

- ¿Cómo nos ubicamos en la región?

- En relación al aumento en ese periodo muy bien. Por ejemplo, su porcentaje es comparable con el de muchos países de la región y superior, incluso, al registrado en Brasil. Claro está que nuestro vecino sigue llevando la delantera y ya llegó al 1% del PBI en inversión en IyD y está bastante equilibrada la participación de los sectores público y privado.

Sin embargo, si miramos que sucede en los países de reciente industrialización, como Corea del Sur, Finlandia o Irlanda, comprobamos que es el sector privado quien lidera la inversión en IyD. Son las empresas las que encabezan el proceso de aumentar la competitividad de los distintos sectores a partir de lo que llamamos la sociedad del conocimiento.

La verdad es que en estos momentos el contexto internacional es muy favorable para la Argentina y para América Latina, en general. La región tiene un sistema de biodiversidad muy rico, reservas de agua, producción de alimentos, o sea que potencialmente cuenta con una capacidad muy interesante en relación a aprovechar de manera inteligente sus recursos naturales. Y nuestro país, en particular, tiene además una base de recursos humanos que lo coloca en inmejorables condiciones para aprovechar lo que es la economía basada en el conocimiento. La coexistencia entre importantes recursos naturales y además una base de recursos humanos muy interesante es un buen punto de partida para establecer este patrón de sociedad del conocimiento y ubica a la Argentina en un lugar estratégico, incluso pensando en que rol pueda ocupar en su desarrollo a nivel mundial.

Por eso hay que situar al conocimiento como motor del desarrollo. Y ese fue precisamente el motivo por el cual fue creado nuestro Ministerio: Articular y/o acoplar la producción de conocimiento para el desarrollo social y productivo de nuestro país.

- ¿El valor agregado?

> - Incrementar a partir del conocimiento el valor agregado, la intensidad tecnológica de nuestra producción y nuestras exportaciones.

Si analizamos el intercambio con Brasil, por ejemplo, comprobaremos que las exportaciones argentinas están muy rezagadas, prevaleciendo las de baja y media baja intensidad tecnológica, mientras que en las ventas externas del nuestro socio en el Mercosur creció ese indicador y avanzó sensiblemente en la materia.

Así han quedado ya esbozados dos de los desafíos que se pueden plantear en relación a la creación del Ministerio: incrementar la participación del sector privado en la inversión en IyD y aumentar la intensidad tecnológica de la producción y las exportaciones argentinas. El tercero tiene que ver con la conformación en el futuro de un verdadero Sistema Nacional de Innovación, integrado por todos los organismos, instituciones, fundaciones, universidades, ONG y sobre todo las empresas. Pero si nosotros queremos hablar de un verdadero Sistema tenemos que trabajar en su articulación, que no es sólo que todas las instituciones actúen coordinadamente -ello es parte de la actividad de nuestro ministerio-sino lograr el objetivo de vincular de la oferta de desarrollos científicos tecnológicos con la demanda del sector.

- ¿Cuáles son las principales líneas políticas para superar con éxito estos desafíos?

- En primer lugar fortalecer las capacidades que tenemos. Una tradición única en América Latina, somos el único país en la región con tres Premios Nóbel en ciencias duras y una trayectoria de excelencia, que permitió la formación de una masa de recursos humanos altamente calificada que han creado escuelas y dejado capacidades instaladas que representan un potencial muy importante. En esa dirección, hemos incrementado la cantidad de investigadores y becarios. Por ejemplo, y no es un tema menor, en el CONICET aumentó la proporción de becarios en un 120% lo que es muy importante ya que permitió revertir el envejecimiento existente en la población de ésta y otras instituciones.

Hemos aumentado significativamente con el FONCyT el financiamiento de proyectos de investigación y a través de otros instrumentos hemos modernizado el sistema -hoy nuevamente los laboratorios de investigación cuentan con equipamiento moderno para realizar sus trabajos- y esta en marcha un plan de infraestructura. También estamos organizando la actividad de los distintos centros para que puedan compartir el equipamiento -y su mantenimiento y actualización- el desarrollo de una base de datos única de todos los proyectos de investigación científica en el sistema y el acceso a la biblioteca electrónica desde todo el país.

No podemos dejar de mencionar los grandes proyectos de cooperación internacional en los que participan con nuestros científicos -el LHC en Ginebra, el satélite SACD, el Observatorio Pierre Auger- y la decisión de la Asociación Max Plank, de Alemania, de instalar una sede en la Argentina. Esto ha sido comunicado recientemente y el Instituto Max Plank se localizará en el nuevo edificio del Ministerio que se construye en el barrio de Palermo en Buenos Aires. Es decir que nuestros científicos no sólo están articulados entre sí, sino que participan en los más grandes y mejores proyectos internacionales, y esto es muy importante porque la ciencia está cada día más globalizada.

Para cerrar estos comentarios sobre el apoyo a las actividades científicas quiero terminar con un resultado: la reversión del proceso de fuga de cerebros. Hemos repatriado cerca de 800 científicos, y esto no solo fue logrado con programas activos que los ayudaron a retornar sino porque consideran que tienen aseguradas las condiciones y un sistema atractivo para investigar en el país.

- ¿Cómo se reflejan todas estas acciones e iniciativas en el trabajo con las empresas?

- Si bien es necesario trabajar, como lo señaló Bernardo Kosacoff en un reportaje publicado en “Informe Industrial”, con todo tipo de empresas -pequeñas, medianas, grandes y de todos los sectores-, nosotros apuntamos especialmente a las PyMES porque las consideramos motor del crecimiento del empleo y porque hay trayectorias evolutivas en el segmento que son ejemplares y que estuvieron muy acompañadas fundamentalmente por el FONTAR.

En términos generales, la PyME promedio de la Argentina, y la empresa en general, no apuesta a la IyD, lo vimos al referirnos a las cifras globales. Esta actitud tiene que ver con la historia de los vaivenes económicos de nuestro país para que una empresa invierta en IyD tiene que haber un horizonte de estabilidad macroeconómica. A partir del año 2003, con crecimiento sostenido, superávit fiscal comercial, desendeudamiento, hay una cantidad de cuestiones macroeconómicas que la facilitan y muestran que hay posibilidades y oportunidades y apoyo del Estado.

Por otra parte, si queremos modificar el patrón productivo del país, es necesario pasar por la creación de una masa crítica de empresas de base tecnológica, que se pueden constituir a partir de empresas existentes o también dentro del sector universitario o de instituciones científicas tecnológicas. Para fomentar su creación tenemos nuevos instrumentos que operan en el marco de las empresas y otros en las universidades.

- ¿Cómo se definen los sectores incluidos en las políticas focalizadas?

- Nosotros no podríamos hacer política científico-tecnológica si solo esperamos que se presenten proyectos y elegimos los mejores. Debemos tratar de dar una orientación en función de la estrategia de desarrollo que tiene nuestro país. Es ahí, entonces, que aparecen las políticas focalizadas que tienen como objetivos: apoyar el crecimiento del país promoviendo el aumento del valor agregado de la producción; orientar la innovación a la resolución de problemas productivos y sociales de alto impacto y promover la generación, adaptación y transferencia del conocimiento al sector productivo y la sociedad, fomentando las vinculaciones privadas y público privadas en la investigación.

Las políticas focalizadas tienen que ver fundamentalmente con elegir determinados sectores tecnológicos donde hay oportunidades de desarrollo y áreas tecnológicas, en acuerdo y/o coordinación con los ministerios sectoriales.

- Antes de seleccionar sectores ¿hay una mirada sobre el mundo para comprobar lo que está demandando, requiriendo?

- Esto que usted dice es lo ideal, es lo que hay que hacer y es una tarea en construcción. Por ejemplo, el Ministerio de Agricultura está trabajando en un Plan Estratégico Agroalimentario mirando justamente la demanda mundial, las tendencias, el consumo de los países asiáticos, etcétera.

En este momento, con los organismos de financiamiento externo nosotros comenzamos con un modelo de avanzar en la concreción de ciertos proyectos focalizados que nos permitan un efecto demostración. Es decir, mostrar que algunos ejemplos de financiamiento focalizados generan saltos de escala en materia de desarrollo científico-tecnológico y productivo, de tal magnitud, que habiliten en el futuro la constitución de fondos sectoriales. En ese sentido nos proponemos avanzar en la consolidación de tres plataformas tecnológicas -biotecnología, nanotecnología y tecnologías de la información y la comunicación- y en la resolución de cuellos de botella tecnológicos en cuatro sectores estratégicos: agroindustria, salud, energía y desarrollo social.


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