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Temas en debate

El desafío del cambio estructural

El Segundo Congreso Anual de la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina –AEDA- reunió nombres importantes del pensamiento económico heterodoxo de América Latina junto a varios centenares de jóvenes especializados en temas intrínsecos y conexos a aquel para el que fueron convocados a debatir, el planteo de los”Lineamientos para un cambio estructural de la Economía Argentina”.

ImagenPanel integrado por el ministro Carlos Tomada, la dra. Paula Español (AEDA) y los economistas Mario Cimoli (CEPAL,Chile) , Rafael Rofman (Banco Mundial) y Santiago Rodriguez (AEDA).
Fue un encuentro que marcó un salto cualitativo respecto a la ya exitosa reunión llevada a cabo en 2009 y que no sólo congregó a figuras locales de la talla de Aldo Ferrer, Jorge Katz (que es nuestro a pesar de su residencia en Chile), Bernardo Kosacoff, Fernando Porta, Miguel Peirano o Daniel Heymann sino que abrió el arco para dar lugar a una nutrida camada de jóvenes que AEDA cultiva con la guía de Matías Kulfas, Paula Español, Iván Heyn y, entre otros, Fernando Peirano. Interactuaron con ellos el ministro de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, Carlos Tomada y la presidente del Banco Central Mercedes Marcó del Pont. El aporte desde extramuros lo realizaron Mansoob Murshed del Instituto de Estudios Sociales de La Haya y la Universidad de Birmingham; Gabriel Porcile de la Universidad de Paraná, Brasil; Rafael Rofman como representante del Banco Mundial; Sebastián Torres, Director de Industria de Uruguay y Mario Cimoli de la CEPAL en Chile. Por su parte Juan Carlos Lascurain, presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de nuestro país – ADIMRA- asumió el compromiso de representar la voz de los empresarios que sobrevivieron las políticas antiindustriales que azotaron al sector en el pasado y se esperanzan con un crecimiento económico sostenido que permita una más efectiva inclusión social.

Es imposible resumir 24 horas de debates repartidos en los dos días de trabajo que se dieron en 20 mesas con media docena de disertantes cada una, más las intervenciones de varios cuartetos de panelistas y un par de conferencias con las que Jorge Katz y Marcó del Pont cerraron, respectivamente, la primera y segunda jornada del congreso. Pero es posible asegurar que todo lo que se dijo, desde cualquier estrado, tuvo el común denominador de nombrar a la industria como eje ineludible de una transformación productiva que pretende una mayor integración espacial y de las capacidades sociales a nivel interno y una inserción de mejor calidad en el mercado internacional. En ambos procesos de mediano y largo plazo, el rol del Estado fue subrayado como fundamental.

Asimismo fue reconocido que, aún con problemas de mayor o menor intensidad como la inflación o las tarifas energéticas, el país cuenta con un marco macroeconómico sólido que le permite escalar posiciones mas sofisticadas en su patrón de especialización. El tema debiera tener un lugar preponderante en la agenda de los que deciden para zanjar la reprimarización económica que, aseguró Katz, sufren los países de la región y que, entre otros, les impide resolver los problemas de pobreza y desigualdad social que son comunes.

En la actualidad, sostuvo Kosacoff, existe un incremento notable de la demanda interna sin una adecuada correspondencia del aparato productivo local. Este comportamiento, señala el director académico del Centro de Empresa, Competitividad y Desarrollo (ITBA-Universidad de San Andrés), debe tener como respuesta un conjunto de incentivos que incrementen la producción interna y disminuya el importante crecimiento de las importaciones.

El apuntalamiento del mercado interno; la diversificación de la organización productiva – que para Miguel Peirano no debe tener sectores elegidos-; el armado de cadenas de valor cuyos eslabones puedan, inclusive, integrarse a otras producciones del Mercosur; la necesidad de buscar compensar las producciones agraria e industrial desde el reconocimiento de una estructura productiva desequilibrada; el papel de las transnacionales en la extranjerizada economía local; el rol de las economías regionales para integrar el territorio nacional; el aumento de los niveles de empleo y su formalización para superar conflictos sociales; la calificación de la mano de obra o la decisión de fuertes inversiones en ciencia y tecnología cuando se hacen planteos de tipo estratégico, son apenas el enunciado de alguno de los temas que fueron expuestos y discutidos por un nutrido grupo de jóvenes profesionales que renovarán el contacto para profundizar el debate.

Mención aparte merece la sugerencia de Kulfas de operar sobre el impuesto a las ganancias, que fue leído como el de un portavoz de minutas que se preparan en cocinas menos discursivas y que motivó el respingo de buena parte de una dirigencia empresarial siempre aglutinada en la defensa de intereses concretos. (Dicho esto como muestra de que en ningún momento se soslayó alguno de los temas más picantes de la actualidad).

En apretado resúmen digamos que AEDA, una vez más, brindó el espacio físico y de amplitud académica necesarios, según ellos mismos lo afirmaron en su convocatoria, para pensar el país de los próximos diez años como un desafío básico del bicentenario.


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