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Temas en debate

El desafío para 2010

Las oportunidades son como los amaneceres; si uno espera demasiado, se los pierde - William Ward.
La realidad es que el grado de deterioro de la sociedad argentina toca el piso más bajo de los últimos 50 años. Podemos tomar esto como un resultado imperdonable, fruto de todos los acontecimientos políticos y sociales que hemos vivido. Pero desde un punto de vista positivo, podríamos considerarlo como una triste experiencia negativa que nos alerta para dejar de repetir los mismos errores.

ImagenOsvaldo Acastello - Comité de Presidencia de ADIMRA
Escribe Osvaldo Acastello - Comité de Presidencia de ADIMRA

Hay una sola manera de afrontar el desafío: olvidándonos del 2010. Quizás esto suene algo incoherente, pero a poco que analicemos, veremos que no es así. Es común que en cada fin de año nos hayamos planteado el interrogante que después, analizado al año siguiente, concluimos que no sólo nada cambió, sino que retrocedimos unos cuantos peldaños.

Necesitamos un cambio profundo en todos nuestros valores. Tratemos de consensuar un nuevo modelo de país entre los sectores políticos, laborales y empresarios. Un único proyecto con la responsabilidad y obligación de que ningún gobierno de turno podrá cambiarlo, sino que simplemente tendrá que administrarlo. Esto no es poca cosa, tampoco es un invento: las naciones que mantuvieron coherencia a través del tiempo en su política económica son ejemplos en el mundo. Y en esto podemos involucrar tanto a países desarrollados como en vías de desarrollo, grandes o chicos.

Simplemente pensaron con grandeza, no para superar la coyuntura sino para planificar un país cada día mejor posicionado en este mundo cada día más globalizado.

No resignemos la realidad de ser “socios” de Brasil para pasar a ser simplemente una “sucursal”. Si esto sucede, las próximas generaciones señalarán nuestra incapacidad con toda justicia. Hoy podemos revertirlo y está en nuestras manos concretarlo. Pero de la misma manera en que nos ponemos de acuerdo para encontrar culpables, cambiemos esta actitud por la de convertirnos en partícipes responsables de la planificación y el éxito, convencidos de que cuanto mejor esté nuestro entorno, cada día nos irá mejor a cada uno de nosotros. Si esto no se entiende, seguiremos “llorando sobre la leche derramada”.


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