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Miércoles 23 de Octubre, 2019
Ciencia & tecnología

En la base del desarrollo

La comparación entre el precio promedio de las importaciones y exportaciones por tonelada de un país puede darnos una idea instantánea de su nivel general de desarrollo y por consiguiente, de su calidad social. Quién vende granos en los mercados externos recibe centenares de dólares por tonelada, pero los exportadores de automóviles lo hacen a razón de miles de dólares por el mismo volumen.

ImagenCarlos García Blaya

Escribe: Carlos Garcia Blaya


Esta, que parece una verdad de Perogrullo, sigue siendo ¿incomprendida? por algunos políticos y es ajena a las mayores preocupaciones del grueso de la opinión pública. Sin embargo, decidir qué hacer y cómo y con quienes hacerlo forma parte del basamento de la especialización productiva que la Argentina trata de resolver.

A lo largo de la última década, nuestro país ha realizado un extendido y valioso esfuerzo en materia de ciencia y tecnología y conseguido crear (y recrear) la generación de conocimiento, lo que le permite abordar la construcción de satélites de observación y comunicaciones o radares diseñados y construidos en el país.

Argentina está en condiciones de exportar equipos complejísimos como plataformas orbitales. Por ejemplo el SAC C, hoy todavía en vuelo, que pesa alrededor de 600 kilos ¿sería disparatado pensar que su precio de exportación puede llegar a los 90 millones de dólares? Imaginemos, por otra parte, el altísimo nivel de formación de quienes trabajan en estos proyectos y señalemos que mientras un millar de personas se ocupa de su diseño y construcción en forma directa, alrededor de 300 empresas pequeñas y medianas de alta tecnología los acompañan para hacer posible su producción.

Nuestro país genera energía eléctrica por medios que van desde aprovechamientos hídricos hasta usinas nucleares de gran porte. Pero en respuesta a necesidades específicas definidas por la baja densidad de población, la gran extensión del área a atender y la mala conformación de la red vial, ha diseñado y en la actualidad está en condiciones de construir un reactor de producción de baja potencia que representa una novedad en la materia.

El CAREM (así se denomina el equipamiento que antes de entrar en servicio tiene reconocimiento en todo el mundo) fue diseñado teniendo en cuenta variables como la potencia determinada por el volumen de la demanda concentrada, la limitación para el transporte de partes durante la construcción, la extrema seguridad y, entre otras, el escaso mantenimiento en caso de su edificación en un sitio remoto. La necesidad de resolver todas estas cuestiones lo forzó a ser original.

Estos no son sino algunos ejemplos de los muchos y significativos logros del sistema de investigación y desarrollo locales que, a pesar de haber obtenido resultados admirables, pocas veces aparecen en los titulares de los grandes medios y son casi desconocidos por buena parte de la población.

Para cooperar con el esfuerzo de divulgación que realiza el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, la Comisión de Desarrollo Tecnológico de Carta Abierta está realizando en el Centro Cultural de la Cooperación una primera actividad de difusión para un público más amplio en cantidad y especialización.

La comisión está conformada por alrededor de veinte profesionales y técnicos de diferentes instituciones científico-técnicas y universidades entre los que figuran Jorge Albertoni, Ana María Hernández de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), Eduardo Dvorkin, Jorge Pasqualini y Domingo Quilici de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), Ana Egan de la Facultad de Ingeniería, Susana García ex INTI, Eduardo Montebello, Fernando Uribarry y Federico Zavaleta.

En el primer encuentro, Tulio Calderón de Investigaciones Aplicadas S.E. (INVAP) reseñó la actualidad y la proyección de los negocios ligados a la construcción de satélites y radares que resultan indispensables para la continuidad del proceso económico que lleva adelante el gobierno nacional.

En posteriores reuniones, Gustavo Bianchi de YPF Tecnología y José Luis Antúnez, presidente de Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA) y responsable del proyecto y las operaciones de finalización de la Central Atucha II, entre otros, expondrán sus planes y la problemática a la que se enfrentan para llevarlos adelante.

Entendemos que la búsqueda de producciones intensivas en conocimiento es de importancia primordial no sólo por lo que significan en sí mismas sino porque generan efecto derrame y, en consecuencia, son fuente de conocimiento adicional aplicable a todo el aparato manufacturero.

La necesaria transformación que paulatinamente sufrirá la industria tornará más complejo y sofisticado el know how productivo e impactará sobre el mercado del trabajo que deberá acompañar el proceso con una mayor exigencia en la formación y capacitación de operarios y técnicos.

La Argentina ha sido exitosa en la tarea de construir un sistema de C y T eficaz, una saga que inauguró la CNEA y otros centros de investigación en la década de los ’50 y que hoy, después de sufrir años de desmantelamiento, vuelve a demostrar su enorme potencial. Con el apoyo de una política eficaz y una inversión pública importante, incluso en áreas de alto riesgo, nuestro país se acoda en el conocimiento como la forma idónea de lograr el crecimiento con equidad.


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