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Temas en debate

Gran Bretaña en el XIX, ¿China en el XXI?

Nadie duda de la importancia de mantener negociaciones con China, los interrogantes nacen cuando, al abordar el estudio del “Convenio Marco de Cooperación en Materia Económica y de Inversiones entre el Gobierno de la República Argentina y el Gobierno de la República Popular China “, aparecen involucrados, junto al maná de divisas que engrosa las arcas del Banco Central, amplios sectores de la economía real tratados con llamativa opacidad. La pregunta obligada ante estas negociaciones debería ser ¿éste convenio está alineado con la política (efectiva o aparente) de industrializar el país?

ImagenLa UIA alerta sobre los convenios con la República Popular China
La Unión Industrial Argentina (UIA), en coincidencia con el casi seguro tratamiento del Convenio Marco en las sesiones extraordinarias de la Cámara baja, dio a conocer un duro documento de trabajo en el que alerta sobre la fragilidad de las formas que asume el acuerdo y, en consecuencia, los imprecisos beneficios de su finalidad para el desarrollo industrial de nuestro país.

Si bien la oportunidad de difusión del comunicado también coincide con la presencia en China de la Presidenta de la Nación –oportunidad en que se volverá sobre los acuerdos firmados por ambos presidentes a mediados de 2014 y que ya cuentan con media sanción del Senado- desde la central fabril se afirma que el alerta roja emitido tiene como únicos destinatarios a los bloques de diputados del Congreso de la Nación.

Precedido por un Resumen Ejecutivo en el que en 8 puntos se especifican los mayores interrogantes, el documento transcurre por las condiciones del convenio; la experiencia de Brasil con China y el impacto de China en América Latina para concluir en aquello que se considera una inserción global inteligente.

Las partes salientes del comunicado de la UIA son las que siguen, a la vez que se remarca que la falta de información sobre los contenidos de los acuerdos específicos –que en Brasil se hicieron públicos- impide un análisis integral del acuerdo marco.

El Convenio con China contiene cláusulas de enorme riesgo para el desarrollo argentino.

Bajo la premisa de permitir equilibrar la balanza comercial bilateral, el Estado argentino brindaría condiciones preferenciales al Estado chino y a sus empresas (estatales y privadas), tales como la posibilidad de adjudicación directa de proyectos de infraestructura con un horizonte de 5 años, a cambio de financiamiento de origen chino (art. 5). Esta cláusula excluiría de forma manifiesta la provisión local de bienes y servicios argentinos, que no cuentan con dichas posibilidades de financiamiento.

Permite además la posibilidad de contratación de mano de obra de origen chino en las mismas condiciones de los nacionales (art. 6), desplazando por tanto al trabajo argentino. Las facilidades que se les otorgan a los ciudadanos chinos que han logrado el permiso de trabajo de realizar cualquier tipo de actividad lucrativa en igualdad (y competencia) con los argentinos, incluye potencialmente la compra de tierras y su usufructo. Ninguna de estas facilidades de adjudicación directa y en particular la sustitución de mano de obra nacional por mano de obra china han sido otorgadas por nuestro principal socio comercial (Brasil), país que firmó en 2014 acuerdos de cooperación con China similares.

La experiencia internacional indica que en acuerdos firmados por China con otros países de América Latina y anteriormente con África, no han logrado revertir balanzas comerciales nacionales deficitarias, ni tampoco generaron complementación productiva. Más aún, dichos acuerdos vienen consolidando procesos de desindustrialización, sin resolver los problemas estructurales del mercado de trabajo y la restricción de divisas. Cabe destacar que durante la última década, la estrategia de China ha perseguido dos objetivos centrales: consolidar sus empresas transnacionales en cadenas globales de valor y obtener materias primas e insumos de baja elaboración para sus crecientes necesidades productivas y de empleo.

El caso del convenio firmado por el Gobierno argentino es notoriamente distinto al brasileño, ya que expone a la Argentina a desfavorables condiciones replicando los acuerdos firmados por las naciones africanas (obtención de recursos naturales, fundamentalmente petróleo, a cambio de inversiones chinas en infraestructura para extraer el recurso).

China, además de abastecerse de recursos naturales de casi todos los países de la región, se ha convertido en uno de sus principales proveedores de Manufacturas de Alto y Medio Contenido Tecnológico (MAT y MMT), profundizando una inserción comercial de América Latina basada en sus ventajas comparativas estáticas tradicionales.

Por su parte, la relación comercial bilateral no sólo implicó para Argentina un déficit acumulado de unos 18.760 millones de dólares entre 2008 y 2013, sino también la exportación de productos intensivos en el uso de agua y energía, a cambio de MMT y MAT que podrían fabricarse aquí. Durante el decenio 2003-2013 un 85% de las exportaciones argentinas se concentraron en porotos de soja, petróleo crudo y aceite de soja.

Una experiencia de cómo se dan las relaciones con China podemos verla en el caso del Ferrocarril Belgrano Cargas en el que se está tramitando la importación de 2 millones y medio de durmientes, que costarán entre 200 y 300 millones de dólares. En Argentina existe producción local de durmientes con 6 empresas que ya venden al transporte nacional y que se encuentran invirtiendo. Tal fue la premura, que ya se están probando en el INTI los durmientes de origen chino.

El mundo está transitando cambios y reconfiguraciones permanentes en materia económica, política y comercial, resulta clave establecer Acuerdos y Tratados Internacionales que favorezcan el desarrollo económico, productivo, tecnológico y social del país.

Argentina en particular y el Mercosur en general tienen la necesidad de pensar una estrategia clara de integración al mundo. Incrementar al 40% el comercio intrarregional en América del Sur y Central que representa el 27% del total es un camino necesario toda vez que en las regiones desarrolladas el comercio intrarregional supera el 50% del total. En Europa llega al 68%, en Asia el 53% y en América del Norte un 49% El rol de la Argentina debe ser el de aprovechar las oportunidades comerciales y financieras que brinda el mundo, tanto con China como con otras regiones, para transformar riquezas naturales en productos manufacturados y con valor agregado en un mundo que avanza hacia mega acuerdos entre regiones y donde la generación de conocimiento, empleo de calidad y desarrollo tecnológico deben estar a la cabeza de los objetivos.

Tal como sucede en China, tanto el financiamiento externo como la Inversión Extranjera debe generar un proceso de desarrollo interno si quieren ingresar a un mercado de elevado potencial. Un acuerdo marco en el ámbito del Congreso debería potenciar la transferencia de tecnología y conocimiento a la vez de promover la producción local de productos de alto valor agregado.

Esto se realiza con el trabajo articulado entre los empresas extranjeras (públicas y privadas), las empresas nacionales de capital privado (grandes y Pymes) y el sector público con su red transferencia tecnológica (CONICET; MINCYT, etc.). Nada de esto está volcado en el espíritu del acuerdo.


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