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Miércoles 23 de Octubre, 2019
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Hay que pensar una estrategia post crisis

Si bien la gran mayoría de los análisis económicos recientes afirman que lo peor de la crisis ha quedado atrás debe advertirse que la finalización del derrumbe no implica que el mundo se esté embarcando en un nuevo ciclo de crecimiento sostenido. El marco internacional post crisis estará envuelto en un tímido crecimiento y será más fuerte la competencia a medida que aumente la velocidad del progreso técnico.

ImagenHéctor Méndez - Presidente de la UIA
Escribe Héctor Méndez - Presidente UIA

Nuestro país finaliza el 2009 con diversos indicadores que permiten esperar un mejor desempeño económico para el año 2010. En los últimos meses, como respuesta a la disipación del riesgo de default de la deuda soberana y cierta mejora en los indicadores de liquidez en los mercados internacionales, se redujo fuertemente la fuga de capitales. La salida que tuvo sus máximos entre fines de 2008 y comienzos de 2009 se revirtió en el último trimestre del año que finaliza.

Este nuevo escenario, está permitiendo tanto el incremento de las reservas internacionales como también una mejora en la capacidad de acción del BCRA, en donde la mayor liquidez en la economía junto con la reducción de las tasas de interés han mejorado las perspectivas en el mercado financiero local, aunque el crédito a la producción, particularmente a pequeñas y medianas industria, continúa siendo la deuda pendiente del sistema financiero doméstico.

Adicionalmente, las expectativas en cuanto a una mejor cosecha y la recuperación de las exportaciones industriales, permiten suponer que el saldo superavitario de la balanza comercial continúe fortaleciéndose, mostrando una recuperación tanto de las exportaciones como de las importaciones. Las ventas al exterior de productos primarios y manufacturas de origen agropecuario mostrarán un mejor comportamiento dado el crecimiento de Asia. Dicha recuperación, generará mayor demanda de alimentos y, junto a una mejor perspectiva para el agro, justificarían el crecimiento en las exportaciones, en particular las de la industria aceitera.

Por su parte, las exportaciones de manufacturas de origen industrial, estarían impulsadas por el crecimiento previsto para Brasil del orden del 4-5% y cierta mejora de la economía mundial. Este contexto, ayudará a la recuperación de las exportaciones argentinas de metales básicos, automotriz, industria química, metalmecánica y, entre otras, plástica.

Sin embargo, y a pesar de las mejoras en los indicadores de confianza y expectativas, es menester recordar que la actividad industrial lleva 12 meses consecutivos de caída interanual luego de casi 80 meses de crecimiento interrumpido entre los años 2002 y 2008.

En octubre, y según estimaciones de nuestro Centro de Estudios, la actividad industrial presentó una caída de 5,8% respecto a igual mes del año anterior. De esta forma, en los primeros 10 meses de 2009, la actividad acumuló una retracción de 8,5%, aunque mejorando su desempeño relativo al primer semestre del año.

Resumiendo, nuestro país finaliza el año 2009 con una variación del PBI anual negativa y una caída de la actividad industrial que cerrará alrededor del 8%.

Para 2010, las proyecciones afirman que el PBI podría expandirse en torno al 3%, la actividad industrial alrededor del 5% y el empleo mostraría cierta recuperación. No obstante, existen al menos tres grandes encrucijadas que podrían condicionar los resultados económicos del próximo año.

La primera de ellas radica en cómo canalizar el resultado superavitario de la cuenta comercial hacia las necesidades productivas y sociales de la economía, es decir, brindar los incentivos para financiar el desarrollo, desestimular la fuga de capitales y con ellos sentar las bases de un mercado de crédito potente que apalanque el crecimiento de la actividad y el empleo.

La segunda, y en un marco de recuperación de la actividad y dado un nivel de inflación que se ha ubicado en los dos dígitos, la clave de la política económica consistirá en cómo buscar la convergencia entre costos (particularmente salarios), precios y tipo de cambio.

Finalmente, el tercer gran interrogante refiere a la situación fiscal. Si bien las necesidades de financiamiento de la deuda nacional y provincial estarían cubiertas,la importancia radica en la calidad del gasto público (políticas de inclusión social, inversión en infraestructura y ciencia y tecnología, etc.) como así también en la composición de la recaudación tributaria.

Por ello, y si bien la Argentina logró en gran medida conservar cierta estabilidad en el marco de una crisis global, será fundamental repensar una estrategia post crisis, que comprenda el uso inteligente de los recursos naturales dado que el crecimiento de India y China, entre otros, acarreará una gran demanda de productos primarios, materias primas y energía. A partir de esto debe determinarse una estrategia global de industrialización con arreglo a un programa de desarrollo que contemple la integración tanto social, como productiva y regional de nuestro país.

Recapitulando, enfrentamos tiempos que demandan políticas de fondo, de largo alcance, que encaren la grave situación social que atravesamos y, a la vez, proyecten un desarrollo sostenido de todas las actividades productivas de la Nación y den solución integral a los problemas de crecimiento y expansión de las manufacturas industriales. En este sentido, el conflicto del campo es una asignatura pendiente que pesa sobre la actividad de vastos sectores de la industria.

En otras palabras, encarar los desafíos de la hora demanda diálogo, espíritus apaciguados, alejados de confrontaciones y coincidentes en una vocación constructiva capaz de obtener acuerdos básicos para recrear un proyecto común de Nación que beneficie a todos los argentinos.

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