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Temas en debate

IDISA: Campo, Industria y Desarrollo

La presentación del último trabajo del doctor Aldo Ferrer fue realizada por los titulares de ASIMRA, la UOM, ADIMRA y el IDISA en una reunión en la que se destacaron los logros obtenidos en materia económica y los desafíos que deberán enfrentarse como consecuencia de la necesidad de proyectar un modelo de desarrollo en medio de las turbulencias del escenario internacional.

ImagenAldo Ferrer
Luís A. García Ortiz, Antonio Caló, Juan Carlos Lascurain y Miguel G.Peirano antecedieron a Aldo Ferrer que dictó una clase magistral sobre la relación entre las producciones agrarias e industrial, su importancia en la definición del perfil productivo y el desarrollo nacional. El tema fue desplegado en el tercer documento de trabajo impulsado y dado a conocer por el Instituto para el Desarrollo Industrial y Social Argentino sostenido por el trípode que constituyen las instituciones representativas de los industriales, los supervisores y los trabajadores metalúrgicos.

Después de reseñar las tendencias actuales del orden mundial y analizar los desequilibrios en la macroeconomía global, el ajuste en las grandes economías industrializadas y, entre otros, los problemas de la Unión Europea, el estudio enfatiza el “efecto China” al que reconoce como el impulsor de la valorización de la producción primaria al mismo tiempo que amenaza el desarrollo de los países de la región y su transformación industrial.

Con lucidez el trabajo señala que los países de América Latina tienen una importancia marginal en la resolución de los problemas globales pero que aunque “contamos con muy baja capacidad para cambiar el mundo, como contraparte tenemos una capacidad decisiva para resolver cómo estamos en ese mundo.” En el capítulo siguiente la publicación reseña los problemas básicos de la historia económica local en los que el eje ha sido, una y otra vez, las restricciones externa, fiscal e institucional que comienzan a superarse después de la debacle de principios del milenio. El período 1976-2001/2002 es señalado como el peor de la historia económica argentina. En ese lapso de 25 años “el PBI per cápita disminuyó un 10%, indicador que se reflejó en la multiplicación de la pobreza, el aumento de la desigualdad y la fractura del mercado de trabajo”.

Se avanza luego sobre la interdependencia campo-industria a la que se trata como una cuestión fundamental para el desarrollo de la economía nacional. Esa relación virtuosa incluye a la política cambiaria e impositiva, la expansión del mercado interno, la apertura de los externos y los incentivos para vincular el sistema nacional de ciencia y tecnología asociado con las cadenas de valor que los integran. En éste capítulo se enfatiza la necesidad de “contar con espacios de rentabilidad en ambos sectores que eviten la fuga de capitales y retengan el ahorro interno en inversiones en un territorio inmenso dotado de una excepcional riqueza”.

Las transformaciones producidas en el campo y en la industria plantean problemas y desafíos semejantes, dice el estudio, ya que ambos requieren ampliar la acumulación en sentido amplio, desde el aumento de la inversión en maquinarias y equipos hasta la incorporación de tecnología. Este planteo equivale a reconocer que “las cadenas de valor de la producción primaria e industrial deben incorporar valor y conocimiento y retener la mayor parte posible del ingreso generado en el proceso de producción, financiamiento y comercialización.”, Esta línea de acción es aconsejable para una economía en la que de las 500 mayores empresas mas de 300 corresponden a filiales de empresas extranjeras que, en conjunto, detentan el 84% del valor agregado. Y más aún, dentro de esas mayores firmas, sólo 50 generan cerca del 60% del valor agregado y el 70% de las utilidades. “Esto implica un extraordinario grado de extranjerización del sistema productivo argentino, probablemente sin comparación entre países importantes dentro del orden mundial contemporáneo”.

El enjundioso trabajo concluye con una agenda del desarrollo que comprende la comprensión del tipo de cambio necesario para desplegar una estructura productiva con mayores equilibrios, tipo de cambio que el autor llama TCED – tipo de cambio de equilibrio desarrollista- ya que considera imprescindible resolver quien determina la estructura productiva argentina ¿el mercado mundial o nosotros mismos?.

Incorporar a instituciones como el INTI, INTA, CNEA o INVAP al entramado de las cadenas de valor le permitirá al país superar un rasgo negativo de su comercio exterior, el escaso valor de sus exportaciones por kilogramo -0,38 dólares- respecto de las importaciones – 1,33 dólares-.

Dada una relación de capital-producto de 4 a 1, “sería necesaria una tasa de inversión del orden del 25% para alcanzar un crecimiento del producto del 6% anual. Considerando además un incremento esperable de la productividad del 3% anual, ese aumento del PBI es imprescindible para incorporar los aumentos vegetativos de la fuerza del trabajo y reducir la tasa de desempleo a niveles friccionales del orden del 5% de la PEA en el próximo quinquenio”.

El estudio cierra con una apuesta convincente: Argentina cuenta con los medios propios necesarios para alcanzar una tasa de crecimiento que, basada en la interdependencia campo-industria, le permita su integración territorial, mayor inclusión social y su desarrollo como Nación.

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