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Economía internacional

IED: sumas y restas

Cuando se trata inversiones no siempre uno más uno es dos. Y, por otra parte, no toda inversión extranjera es una IED (Inversión Extranjera Directa) ya que, para ser etiquetada de ese modo, es fundamental aprobar las condiciones que se especifican en el “Manual de balanza de pagos y posición de inversión internacional” del Fondo Monetario Internacional que es la entidad que regula – con la colaboración de otros grandes centros de estudio y decisión- las mediciones globales. Hacerlo es esencial, dicen desde el FMI, para buscar y obtener denominadores comunes que superen las eventuales diferencias de métodos y reglas que puedan existir (y existen) entre países.

ImagenIED: Total mundial y por grupos de economías.
L as estadísticas de inversión en el mundo se estrenaron en la quinta edición de la publicación de balanza de pagos y posición de inversión internacional”, aunque su ajuste y puesta al día se concretó recién en la siguiente, correspondiente a 1998. Según Dominique Strauss-Kahn, que revistaba entonces como Director Gerente del Fondo Monetario Internacional, en esa entrega se tuvo en cuenta” la evolución de la globalización, se estudiaron las uniones monetarias, los procesos transfronterizos de producción, las complejas estructuras de las compañías internacionales, aspectos de la movilidad laboral internacional, como las remesas y las variadas facetas de los mercados financieros”. La argumentación más insípida reza que la existencia de IED responde al intento de participar en nuevos mercados, aumentar la eficiencia productiva a través de la reducción de costos o intentar la explotación de ciertos activos estratégicos. Pero, en realidad, si estos objetivos no son saborizados por factores institucionales y, en especial, claras políticas gubernamentales de incentivos, la posibilidad de atraer capitales desde el exterior se desvanece o desaparece.

¿Siempre son positivas o efectivas?, no siempre. Porque éste tipo de inversiones, al tener gran importancia sobre las economías receptoras, inciden de manera significativa en la consolidación o en la diversificación del perfil productivo de los países. De allí la importancia que le asignan organismos de la talla de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE); la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) o, entre otras la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) que elaboran periódicos y fatigantes (para los investigadores involucrados) informes sobre los movimientos de enormes masas de dinero –las IED- que se reparten sobre algunos países mucho más que en otros.

Las cuentas de la OCDE

Las estadísticas sobre Inversión Internacional Directa que la OCDE realiza sobre el flujo de inversiones que parten o tienen como destino alguno de los 34 países que la integran continúan mostrando cifras que permanecen un 30% por debajo de los niveles alcanzados antes de la crisis iniciada en 2008.

Variables de corte económico poco atrayentes como la incertidumbre que crea el decaimiento de la zona euro, el menor crecimiento relativo de China y el temor que provoca la situación financiera del conjunto de los mercados emergentes se suman a otras de corte político como las tensiones en Ucrania, en la península coreana y en Medio Oriente e inciden en la fuerte baja de las operaciones de Fusiones y Adquisiciones Internacionales del primer trimestre de 2014.

En el año anterior las inversiones se tonificaron pobremente y apenas lograron superar en un 4,5% a las del 2012 en el que la baja había sido de un brusco 24%. Pero pocas cosas cambiaron ya que cerca del 50% del flujo de capitales invertido tuvo como destino a los tradicionales y escasos países que mantienen su seducción: los Estados Unidos, China Brasil, Canadá y Rusia, país que logró anotar un flujo de capitales especialmente importante por el estímulo que significó la transacción TNK-BP (la mayor petrolera integrada de Rusia) comprada, en parte, por la rusa Rosneft, operación en la que estuvieron involucradas – British Petroleum (BP) no es neutral- las Islas Vírgenes británicas.

Los Estados Unidos, a pesar de haber sufrido una baja durante dos años consecutivos, sigue manteniendo el primer puesto entre las economías inversoras -con casi 360.000 millones de dólares- seguida por Japón (que subió de un 7% en 2012 al 11% en 2013), China y Rusia. La entrada de inversiones a la OCDE en 2013 fue de 641.000 millones de dólares, mientras que las inversiones al exterior de los países que la integran se mantuvieron estables en 933.000 millones de igual moneda, cifra que representa el 73% de las inversiones extranjeras directas.

La OCDE estima que a fines de 2013 se contabilizaba un flujo inversor 10 veces superior al logrado en 1990 pero señala, así mismo, que buena parte del aumento de las inversiones que se efectuaron en los países que la integran debe ser atribuido a créditos inter-empresarios, excepción hecha de Italia, México y los Estados Unidos en donde los resultados positivos se deben, en especial, a operaciones de participación.

El sector de la economía más atractivo para las inversiones extranjeras del bloque sigue siendo el de los servicios que conquistaron el 60% de las inversiones entrantes y representaron el 65% de las salientes. El sector manufacturero, por su parte, ocupa un relegado segundo puesto con el 23% de las inversiones entrantes y el 21% de las que se realizaron en el exterior.

El informe de la OCDE también apunta que otro efecto agregado a la crisis económica que aún trata de ser superada, es el aumento de las operaciones internacionales de desinversión que, afectaron, en especial, a países como Polonia (-6.000 millones), Suiza (-5.000 millones de dólares), Bélgica (-2.000 millones) y Finlandia (-1.000 millones).

Habla la UNCTAD

De acuerdo a un estudio de tendencias basado en el incremento del 9% que las IED obtuvieron en 2013 a nivel mundial, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo considera que los flujos de inversión seguirán aumentando durante los próximos tres años y espera que se los encauce hacia el logro de objetivos de desarrollo sostenibles como la reducción de la pobreza, la inclusión social y la adopción de medidas prudentes frente al cambio climático.

Según el World Investment Report 2014 (Informe sobre las Inversiones en el Mundo 2014), la IED en 2013 alcanzó la cifra de 1.450 millones de dólares, verificándose que las entradas aumentaron tanto en las economías desarrolladas como en aquellas que se consideran en desarrollo o en transición. Las proyecciones que realiza el organismo de Naciones Unidas apuntan a un aumento de los flujos mundiales de IED que alcanzarían los 1.600 millones de dólares en 2014; 1.750 millones en 2015 y 1.850 millones en 2016 impulsados, en especial, por las inversiones en las economías desarrolladas. Si ésta tendencia se efectiviza, la distribución de las entradas de IED podría regresar a la “pauta tradicional” en que los países desarrollados reciben una proporción mayor de las entradas mundiales que podrían llegar al 52% en 2016, tras el desplome registrado en los últimos años cuando descendieron a menos del 40%.

En 2013, los flujos de IED a las economías en desarrollo alcanzaron un nuevo máximo de 778.000 millones de dólares, que representa el 54% de las entradas mundiales.

El Asia en desarrollo sigue siendo la región con mayores entradas de IED que también se incrementaron en América Latina y el Caribe (+6%) y en África (+4%). La IED de las empresas transnacionales de países en desarrollo- que compran, en especial, filiales extranjeras de las transnacionales de los países desarrollados afincadas en el sur global- lograron la cifra récord de 454.000 millones de dólares y representaron el 39% de las salidas mundiales de IED, cuando a comienzos de los años 2000 eran sólo el 12%. Considerando las agrupaciones regionales, del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) aumentó las entradas al 54% y, aunque en menor proporción, las entradas de IED en la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental (ASEAN), en el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y en los BRICS (Brasil, Federación Rusa, India, China y Sudáfrica) también duplicaron las cifras anteriores a la crisis.

Por su parte, las tres iniciativas mega-regionales de integración que se están negociando—la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (ATCI), el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP) y la Asociación Económica Integral Regional (RCEP) no muestran comportamientos similares. Los Estados Unidos y la UE, que están negociando la creación de la ATCI, pasaron del 56% antes de la crisis de 2008 al 30% en 2013. En el TPP, el descenso de la parte correspondiente a los Estados Unidos se compensó con la expansión de las economías emergentes del grupo, hecho que le permitió remontar del 24% antes de 2008 al 32% en 2013 y la RCEP representó más del 20% de los flujos mundiales de IED en los últimos años, lo que equivale casi al doble de la cifra anterior a la crisis.

Otra de las tendencias notables en 2013, dicen desde la UNCTAD, es que en muchos países que mostraron fuerte dependencia de la IED para el desarrollo de industrias extractivas, se volcaron al sector manufacturero y a los servicios, que representan alrededor del 90% del valor total de los proyectos, comportamiento que parece darse especialmente en África.

En 2013 los capitales privados representaron el 21% del total bruto de fusiones y adquisiciones transfronterizas, lo que equivale a un 10% menos que su nivel máximo alcanzado en 2007. La mayor parte de las adquisiciones de capitales privados sigue estando concentrada en Europa y los Estados Unidos, pero Asia comienza a ser crecientemente atractiva y aparecen empresas de capital privado con sede en países en desarrollo que participan en la negociación de contratos no solo en esos países sino también en mercados más maduros. De todos modos, los pesos pesados, a la hora de invertir, siguen siendo las empresas transnacionales de propiedad estatal.

Mientras la producción internacional continuó expandiéndose, las empresas transnacionales de las economías en desarrollo y las economías en transición incrementaron sus operaciones en el exterior con más rapidez que sus pares de los países desarrollados.

Los efectivos disponibles de las 5.000 principales empresas transnacionales se mantuvieron a un alto nivel, representando más del 11% de sus activos totales. Los pertenecientes a las empresas transnacionales de los países desarrollados se estimaron en 3.500 millones de dólares, mientras que los de las empresas transnacionales de las economías en desarrollo y las economías en transición totalizaban 1.000 millones de dólares. La ratio entre liquidez y activos de las empresas transnacionales de los países en desarrollo ha permanecido relativamente constante en los cinco últimos años en aproximadamente un 12%. En cambio en las empresas transnacionales de los países desarrollados esta ratio aumentó pasando de una media del 9% antes de la crisis financiera a más del 11% en 2013. “Este elevado nivel de liquidez disponible encierra un gran potencial como fuente de financiación del desarrollo”, y entusiasma a los directivos del organismo de la ONU.

Según afirma el Informe de la UNCTAD, en 2013 las entradas de inversión extranjera directa en las economías en transición aumentaron un 28% y alcanzaron los 108.000 millones de dólares, mostrando un crecimiento significativo los países de Europa Sudoriental (43%) y la Comunidad de Estados Independientes (CEI) en los que la suba fue del 28 por ciento empujada, en especial, por las inversiones en energía realizadas en la Federación Rusa (ya comentadas por la OCDE).

No obstante, y a consecuencia de la incertidumbre política en Ucrania, las corrientes de inversión se redujeron a la mitad (3.800 millones de dólares) y las entradas de IED en Kazajstán se contrajeron un 29%, quedando en 10.000 millones de dólares después que varios bancos extranjeros liquidaran sus activos.

La mayor parte de las entradas de IED, en Europa Sudoriental, estuvo impulsada por las privatizaciones en el sector de los servicios: en Albania alcanzaron los 1.200 millones de dólares, mientras en Serbia y en Bosnia y Herzegovina fueron aún más altas.

Si bien los principales inversores en las economías en transición fueron países desarrollados, la IED procedente de economías en desarrollo también está en aumento. Los inversores chinos, por ejemplo, han ampliado su presencia en la CEI adquiriendo activos sin que importara que fueran nacionales o extranjeros.

En los últimos diez años, las economías en transición han sido los países del mundo en que más ha crecido la IED y en esa suba desempeñaron un papel de importancia los países de la Unión Europea a los que le corresponde la mayor proporción de las entradas acumuladas, equivalente a más de dos tercios del total, movidos por el deseo de acceder a los recursos naturales y los mercados locales de consumo en crecimiento.

Los datos relativos a las fusiones y adquisiciones transfronterizas indican que las inversiones de la UE en las economías en transición se concentraron en finanzas, electricidad, gas y agua, información y comunicación y el sector de minas y canteras, mientras que las inversiones pioneras buscaron los sectores de transporte, almacenamiento y comunicaciones, automotores y otros equipos de transporte, productos del carbón y el petróleo, electricidad, gas y agua.

En Europa Sudoriental, la mayor parte de las inversiones de la Unión Europea fueron impulsadas por la privatización de empresas de propiedad estatal y el inicio de grandes proyectos que se beneficiaban del bajo nivel de los costos de producción de la región y la perspectiva de asociación o adhesión al bloque comunitario.

La mayor parte de las salidas de IED de las economías en transición, principalmente la Federación de Rusa, estuvo destinada a los países de la UE y se produjo de la mano de inversores que buscaban adquirir activos estratégicos incursionando, por ejemplo, en actividades de segundo nivel en energía y en actividades productivas con alto valor agregado, como la industria metalúrgica. La finalidad, en cualquiera de los sectores involucrados, fue la de crear cadenas de valor mundiales y regionales integrándolas verticalmente.

Asia es el continente que más atrae la inversión extranjera directa (cerca del 30% del total mundial) y China se volvió a situar en el segundo lugar mundial acercándose a los Estados Unidos el país que, como ya se ha dicho, es el que más ingresos de IED recibe en el mundo.

Las salidas de inversiones de China crecieron a mayor ritmo que las entradas (aumentaron un 15%) cifrándose, según estimaciones, en 101.000 millones de dólares. Las empresas chinas pactaron una serie de mega contratos, como el acuerdo CNOOC-Nexen en el Canadá por 15.000 millones de dólares y el contrato Shuanghui-Smithfield en los Estados Unidos, por 5.000 millones de dólares, que son los mayores contratos firmados en el extranjero en los sectores petróleo y gas y alimentario, respectivamente.

En la República de Corea las entradas de IED alcanzaron los 12.000 millones de dólares y en la provincia china de Taiwán aumentaron hasta 4.000 millones de dólares mientras que en Hong Kong, Región Administrativa Especial de China, —la otra economía con altos ingresos de la región y la segunda receptora de IED de Asia Oriental— crecieron apenas un 2%. Pero en marzo de 2014 el gobierno de China decidió trasladar la sede del Grupo CITIC a Hong Kong y el hecho, es probable, contribuirá a reforzar sus ventajas competitivas para atraer inversiones de las principales empresas transnacionales incluidas las de la China continental.

En los países de la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN) las entradas se incrementaron en un 7%, hasta alcanzar 125.000 millones de dólares. En Singapur se concertaron varios mega contratos lo cual elevó las entradas de IED al nivel récord de 64.000 millones de dólares; en Indonesia se mantuvieron estables; en Malasia, aumentaron un 22%; en Tailandia se incrementaron hasta alcanzar los 13.000 millones de dólares pero la ejecución de muchos proyectos se aplazaron por la inestabilidad política En la India las entradas de IED aumentaron un 17% alcanzando los 28.000 millones de dólares, pero la incertidumbre a nivel macroeconómico sigue siendo un importante motivo de preocupación para los inversores y la apertura del sector de distribución minorista en 2012 no surtió los resultados esperados.

Es de prever que el aumento de la inversión intrarregional en el sector de infraestructura, impulsado por las iniciativas de integración regional y una mayor conectividad resultante del establecimiento de corredores entre subregiones, permita un mayor desarrollo económico. Los diez estados miembros de la ASEAN y sus seis asociados en acuerdos de libre comercio han iniciado negociaciones para el establecimiento de la Asociación Económica Regional Integral. En 2013, el total de entradas de IED recibidas por los 16 países que participan en la negociación rondó los 343.000 millones de dólares, equivalentes al 24% de la corriente mundial.

Además, el posible establecimiento del corredor económico Bangladesh-China-India-Myanmar y del corredor económico China-Pakistán podría atraer inversiones extranjeras hacia esos países. El mantenimiento del crecimiento económico y el aporte de las nuevas medidas de liberalización adoptadas, como la creación de la Zona Piloto de Libre Comercio en Shanghai, abren posibilidad de que las inversiones se incrementen, pero mucho dependerá de la preocupación que generan las crecientes tensiones geopolíticas.

Por su parte en países del Asia Occidental como Arabia Saudita o Qatar, las entradas de IED continúan decreciendo, aunque en Turquía o los Emiratos Árabes Unidos hubo alguna recuperación lenta, inestable y en niveles que siguen muy por debajo de los alcanzados antes de la crisis. Únicamente en Irak en 2013 y en Kuwait en 2012 aumentaron las inversiones y se registraron cifras que, hasta ahora, son máximos históricos.

De todos modos y, en general, es probable que las salidas de IED de la región sigan siendo más importantes que los ingresos dado el enorme poder de disuasión que la incertidumbre política tiene sobre el capital.

Desde CEPAL

Una nueva marca histórica superó América Latina y el Caribe (ALC) en 2013 al recibir 184.920 millones de dólares de inversión extranjera directa (IED), 5 % más que en 2012 en valores nominales.

Desde 2003, apunta la CEPAL en su tradicional informe anual, la IED hacia ALC continuamente, salvo en 2006 y 2009, aunque respecto al tamaño de las economías se ha mantenido prácticamente estable desde 2011. “Este crecimiento se ha sustentado en el aumento de la demanda interna y los altos precios de los productos primarios de exportación”.

En los dos últimos años, la expansión económica se ha ralentizado y los precios de los metales han caído, por lo que la CEPAL proyecta que en 2014 las entradas de IED caerán levemente. Pese a lo anterior, el organismo observa que las empresas transnacionales muestran todavía gran interés por el crecimiento a largo plazo del consumo en la región y por la explotación de los recursos naturales.

Según el estudio, 82 % de las corrientes de IED se dirigen hacia las seis principales economías de la región, aunque en términos relativos son más relevantes en las pequeñas, especialmente las del Caribe. Brasil recibe 35 % de la IED que llega a América Latina y el Caribe: en 2013 atrajo 64.046 millones de dólares, levemente por debajo de 2012. México es el segundo receptor, con 38.286 millones de dólares en el año anterior, el doble de lo recibido en 2012 (gravitó en ello la adquisición de la cervecera Modelo por parte de Anheuser-Busch Inbev en 13.249 millones de dólares).

Recibieron menos flujos en 2013 Chile (-29%), Argentina (-25%) y Perú (-17%), mientras que en Panamá (61%) y Bolivia (35%) aumentaron significativamente. América Central captó 21 % más IED que en 2012 y el Caribe registró una caída de 19 % (debido a una operación específica en República Dominicana).

Por otra parte, la rentabilidad media de las empresas transnacionales en la región descendió por debajo del 6 %, su nivel más bajo en una década, principalmente por la caída del precio de algunas materias primas de exportación. A pesar de esto, las utilidades totales de estas empresas aumentaron hasta los 111.662 millones de dólares en 2013. Estas utilidades, subraya el informe, representan un flujo negativo que repercute en el déficit en cuenta corriente de la región.

Respecto a los sectores de destino, el estudio de la CEPAL no advierte cambios significativos. En el período analizado, el sector servicios recibió 38 % del total, manufacturas 36 % y recursos naturales 26 %.

Europa, como región, encabezó en 2013 la lista de los principales inversores: tanto en Brasil como en México fue responsable de cerca de la mitad de los flujos de IED. Estados Unidos, por su parte, continúa siendo el mayor inversor individual.

La IED proveniente de Asia se mantuvo estable, con Japón como principal aportante, mientras que los flujos de origen chino son difíciles de rastrear en las estadísticas oficiales, dice con razón la CEPAL, pero las estimaciones indican que desde 2010 llegan desde China unos 10.000 millones de dólares al año en toda la región.

Por otra parte, como ha quedado resaltado en el comentario del informe de la UNCTAD, es significativo el aumento de la presencia internacional de países en desarrollo, con flujos de IED que no han dejado de crecer en los últimos años. Al concentrarse en el desempeño de las empresas transnacionales de ALC (conocidas como translatinas), la CEPAL destaca que las mismas han mostrado un creciente dinamismo para invertir en el exterior, llegando a un máximo histórico de cerca de 50 mil millones de dólares en 2002. En general, las inversiones directas en el exterior registradas por cada país presentan una gran volatilidad de un año a otro -por ejemplo en 2013 cayeron 33% respecto del año anterior-, ya que el número de grandes empresas translatinas que producen estos flujos es todavía limitado y las cifras agregadas son muy sensibles a acontecimientos específicos, como una adquisición o la puesta en marcha de un proyecto de grandes dimensiones.

Las empresas más activas en la expansión internacional provienen de la Argentina, el Brasil, Chile y México y, más recientemente, de Colombia y las grandes empresas de estos países se han internacionalizado fundamentalmente en industrias básicas —hidrocarburos, minería, cemento, celulosa y papel, y siderurgia—, manufacturas de consumo masivo, como alimentos y bebidas, y en algunos servicios como energía eléctrica, telecomunicaciones, transporte aéreo y comercio minorista.

El destino geográfico de las inversiones de empresas latinoamericanas se ha concentrado fuertemente en la propia región. En las economías de tamaño medio, como Chile, Colombia y el Perú, las inversiones nuevas y la adquisición de activos existentes se han focalizado en los países vecinos, aunque progresivamente se han extendido a otros destinos más distantes, siempre dentro del mapa regional.

Las mayores economías regionales, el Brasil y México, tienen un perfil de internacionalización más diversificado, donde América del Norte tiene una participación muy importante, principalmente como resultado de la compra de empresas en los Estados Unidos y el Canadá. Además, Brasil es el país latinoamericano que mayores inversiones ha realizado en la Unión Europea y África y México ha hecho lo propio en Oceanía, principalmente en Australia.

En la actualidad, en el ranking de las 50 mayores empresas translatinas destacan las procedentes de México (16), el Brasil (14) y Chile (11), seguidas a cierta distancia por Colombia (6), la Argentina (2, Techint y Arcor) y la República Bolivariana de Venezuela (1). Las dedicadas a la extracción y transformación de materias primas (desde petroleras hasta siderúrgicas) concentran más del 60% de las ventas de las mayores empresas translatinas, mientras que las prestadoras de servicios (desde telecomunicaciones hasta comercio minorista) cerca del 20%.

El informe de la CEPAL apunta que existe una gran heterogeneidad en el grado de internacionalización de las distintas empresas. Por un lado, las empresas petroleras más grandes continúan fuertemente ancladas en la explotación de las reservas que tienen en su país de origen, pese a que la expansión internacional es un componente central de su modelo de negocio. En una situación intermedia están las empresas mineras, junto a algunas compañías de servicios, como las de ingeniería y construcción, comercio minorista y energía eléctrica. Las más activas en la expansión internacional han sido, en estos años, algunas compañías dedicadas a la transformación de materias primas, como las siderúrgicas y cementeras, las vinculadas a alimentos y bebidas, y el sector de telecomunicaciones.

Por último, la CEPAL sostiene que las políticas hacia la IED sean parte de los esfuerzos de diversificación productiva que muchos países de la región están realizando, y que las estrategias de las empresas transnacionales sean compatibles con los objetivos de desarrollo de los países receptores de inversión extranjera directa. “En este sentido, agrega el organismo con sede en Santiago de Chile, urge desarrollar una institucionalidad y políticas para atraer IED hacia los sectores que los países consideran prioritarios en sus planes de transformación productiva. De esta manera, las empresas transnacionales se podrían vincular de mejor manera con el tejido productivo local”.


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