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Temas en debate

Inflación: mucho más que precios en alza

Desde la Cátedra Abierta Plan Fénix se hizo pública una preocupación compartida, desde varios años atrás, por un extendido grupo de economistas que aun resistiendo las etiquetas de la ortodoxia señalan que la Argentina sufre un proceso inflacionario persistente cuyas causas pueden ser debatidas. Lo que debiera estar fuera de toda discusión es su existencia.

ImagenPlan Fénix
Después de un cuidadoso recorrido sobre las luces y sombras del proyecto iniciado en 2003 (políticas públicas nuevas y eficaces vs demandas sociales pendientes), el documento dado a conocer por los miembros del Plan Fénix cierra con una frase provocativa para todo aquel que piense que lo hecho hecho está: “la inflación no es el único gran problema a vencer, pero resulta indispensable encarar un programa de mediano plazo adecuado para neutralizarla”. Ya el subtítulo del trabajo “La cuestión inflacionaria en la Argentina” era concreto al afirmar que se trataba de “un problema que debe encararse en el marco de la política de desarrollo”, lejos de cualquier mecanismo de ajuste.

Desde las cátedras de la Universidad de Buenos Aires se señala que aunque está en marcha un régimen de política económica que apunta al crecimiento y a la inclusión social, el nuevo patrón todavía se encuentra en vías de consolidación y necesitado de una definición a futuro sobre el perfil productivo.

El documento del Plan Fénix señala que si bien los datos estadísticos disponibles anotan cambios positivos en la distribución del ingreso, a la par de un crecimiento significativo en la actividad productiva, este nuevo patrón en proceso de definición presenta dificultades entre las que un proceso inflacionario que se ha iniciado un quinquenio atrás y que hoy alcanza índices superiores a los deseables no es el menor.

Además de los conocidos impactos que todo proceso de este tipo tiene sobre los trabajadores asalariados, dice más adelante, la inflación estrecha el horizonte de decisión de las personas y empresas y desestimula la toma de riesgos a largo plazo. Y subraya que existen preocupaciones concretas por el retraso que la inflación tiende a generar en el tipo de cambio real y en los niveles reales de las tarifas de servicios públicos.

Del 20 al 23% de inflación anual

No es fácil determinar cuál ha sido el ritmo real de incremento de precios que ha tenido lugar en la Argentina durante los últimos años, dicen desde la UBA, porque las cifras que ofrece el INDEC han perdido credibilidad, las provinciales no cubren un territorio de suficiente significación y las que publican las consultoras privadas en general exageran las tasas de inflación reales, además de que aplican, en algunos casos, metodologías inaceptables.

No obstante y de acuerdo a la evolución del índice de precios implícitos del PBI, la inflación actual se ubicaría en el entorno del 20% anual, en tanto que el promedio del incremento de precios, según siete institutos provinciales de estadísticas, resulta aproximadamente del 23%. ¿Cuáles son sus causas? Los expertos del Plan Fénix muestran que las presiones inflacionarias se deben a problemas de la estructura del sistema económico argentino entre los que destaca: “a) el incremento de los precios relativos de alimentos, energía y otros insumos en el mercado mundial, que tiene impacto sobre el nivel de precios internos y se traslada fuertemente al consumo de los sectores más carenciados; b) las deficiencias en la tasa de formación de capital, así como en su asignación; y c) las serias inequidades persistentes en el sistema tributario La puja distributiva tampoco está ausente entre las causas de la inflación, sobre todo cuando los formadores de precios reajustan sus márgenes de ganancia en los sectores en los que predominan los comportamientos oligopólicos. Al respecto los economistas aconsejan recordar el elevado nivel de concentración que hoy presenta la economía argentina, donde las ventas de las primeras 1000 empresas representan más del 70% del producto bruto interno.

Los economistas de la UBA consideran conveniente una estrategia gradual de combate a la inflación que deberá tener en cuenta la multiplicidad de causas que la provocan: factores inerciales, expectativas, puja distributiva, oscilaciones del tipo de cambio, y, entre otros, sectores monopólicos u oligopólicos formadores de precios. Si la política es eficiente cumplirá con dos criterios básicos, dicen después: actuar conjuntamente sobre las causas de la inflación y sus mecanismos de propagación e incidir sobre la inflación sin crear o agravar otros desequilibrios y, especialmente, sin producir desempleo. “Existe una confluencia virtuosa entre el combate a la inflación estructural y la expansión económica”, dicen los que saben mientras apuntan que las restricciones de la estructura productiva no se combaten comprimiendo la actividad, sino expandiéndola. Además y dada las condiciones actuales, la política antiinflacionaria debe tomar en cuenta que los mercados de productos han dejado de ser mercados nacionales para tender a convertirse en mercados mundiales de productos y factores. “Por ello, es necesario administrar con prudencia y realismo la incidencia local de los precios internacionales, tratando de regular sus impactos de acuerdo a las necesidades del desarrollo interno y de la equidad distributiva. Dadas las nuevas condiciones en que tienden a desenvolverse los mercados, se corre el riesgo de la “primarización” de las exportaciones y la consiguiente orientación privilegiada de las inversiones hacia los sectores productores de materias primas. Este escenario puede dar lugar a una versión actualizada de la “enfermedad holandesa”; vale decir, la circunstancia en la que un boom de precios de las materias primas lleva a una situación de fortalecimiento del poder adquisitivo de la moneda nacional que termina impactando severamente sobre la capacidad de producir y exportar manufacturas y, de ese modo, “desindustrializando” al país. Por lo tanto, dado el riesgo de esta peligrosa situación, las políticas de tipo de cambio diferenciado se encuentran ampliamente justificadas y no deben ser abandonadas”, recomiendan desde el Fénix.

Por otra parte, explican después, resulta fundamental re direccionar el gasto, sin reducir su nivel y buscando mantener el nivel de ocupación, mejorar la distribución del ingreso y adoptar medidas de política fiscal que tiendan a sostener el nivel de los recursos estatales. También debería modificarse gradualmente, pero sin vacilaciones, la política de subsidios del gobierno nacional .que como implica impactos sobre los precios, exige una aplicación gradual y discriminada entre los distintos tramos de ingresos.

El incremento de la provisión de bienes públicos materiales e inmateriales (la educación, la salud, la justicia, la seguridad, la protección social y el derecho a la información y a la pluralidad de opiniones) resulta otra vía importante para combatir la inflación, Desde el Fénix – que suma notables antecedentes para hacerlo- se pide que “la política antiinflacionaria sea definida cualitativamente como una acción continua y sistemática dirigida a corregir y, en lo posible, a prevenir los desequilibrios coyunturales y estructurales que la generan”. Y se aconseja que sea” instrumentada con tiempo, después de un cuidadoso análisis que contemple tanto las consecuencias inmediatas como los efectos de largo plazo que pueda producir”. ¿Por qué no empezar ya?

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