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Reportajes

La historia, a veces, enseña

“Hay que salir de la convertibilidad “decía a quien quisiera oírlo a fines de 2000.”Sin un programa de desarrollo no puede sostenerse el crecimiento”, señala hoy. Hábil comunicador, apasionado por el tema que trataba, el doctor José Ignacio de Mendiguren evocaba -en un saloncito de la sede de la Unión Industrial Argentina- la brutal salida del sistema de convertibilidad. Y lo hacía con una mezcla de sorpresa e indignación por la incomprensión que aún hoy encontraba en algunos sectores que, sin embargo, se habían visto beneficiados por sus decisiones y su gestión.

ImagenJosé I. de Mendiguren
Rodeado de documentos de trabajo que atestiguaban sus advertencias en abandonar el uno a uno antes de su seguro estallido, recordaba sus críticas al blindaje y reprochaba la usura del megacanje que le valió al país el pago de 150 millones de dólares en concepto de comisiones. Una apretada síntesis de ese encuentro es la que sigue:

-“La Argentina inicia el nuevo milenio en medio de una situación caótica tanto en el plano político, como en el económico y el social. Del escenario político podemos decir que nunca en la historia de nuestro país hubo cinco presidentes en diez días ¿no?”

- No, pero en Buenos Aires hubo tres gobernadores en un día, el día en que murió Belgrano.

-(el gesto de sorpresa y la confesión“no lo sabía” lo entretuvieron sólo un segundo, luego continuó): “Desde el punto de vista económico ocurrió la implosión de un modelo que generó la quiebra del sistema financiero, el peor default de la historia de la humanidad y la ruptura de todo el sistema contractual. Nuestro país soportó una pérdida de reservas del 40% y una merma de mas del 25% de los depósitos E insisto en que la convertibilidad sufrió una implosión y se destruyó a si misma porque no sólo nadie hizo nada para derribarla sino que, por el contrario, todos los esfuerzos se encaminaron a entablillarla.

Hagamos un ejercicio de memoria y recordemos que cuando asume Cavallo (Domingo) como ministro del gobierno de la Alianza pide poderes extraordinarios, la ley de déficit cero, la de intangibilidad de los depósitos y todo lo que creía necesario para sostener un sistema del que ni siquiera pudo evitar que se fugaran 22.000 millones de dólares.

Recordemos también que sólo en la Capital había 172 asambleas populares y que las movilizaciones fueron sucedidas por un hecho mucho mas significativo, porque en las elecciones de octubre de 2001 votó el 40 por ciento del padrón y hubo gente que metió en el sobre una feta de salame o la foto de Clemente.

Como si nada de lo que ocurría aquí dentro fuera suficiente, en el orden internacional se produce un cambio de gobierno en los Estados Unidos y la nueva postura era que “los carpinteros y plomeros americanos no tenían porqué pagar las imprudencias de los prestamistas”, como decía el entonces influyente Paul O’Neill. En consonancia con este posicionamiento, el Fondo Monetario Internacional – FMI- no sólo no asistió a nuestro país sino que, durante todo el transcurso de la crisis, actuó como si no tuviera nada que ver con lo que ocurría y como si toda la responsabilidad fuera nuestra. Lo que buscaban, en realidad, era escarmentarnos.

En momentos en que para nuestro país no había sino reproches y amenazas, el FMI blinda a Brasil con 30.000 millones de dólares y a Uruguay con 3.000 millones para proteger a la región del contagio que podía producir la (para ellos) indudable explosión de la Argentina.

Todo el proceso que llevamos adelante fue complejo y lo fue no solo por las circunstancias o las condiciones de entorno, sino porque entre nosotros hay muchos que tienen la voluntad nacional doblegada, como sostuve en el discurso que pronuncié al asumir la presidencia de la Unión Industrial Argentina (UIA).

En esa oportunidad, como es obvio, cité a Arturo Frondizi y durante toda la gestión trabajé con gente valiosa como Mercedes Marcó del Pont, Miguel Peirano, Héctor Valle... y me sentí acompañado por algunos pares entre los que estaban Vincenzo Barello y “Kuky” Coll. Con todos ellos coincidíamos en que la disyuntiva se planteaba entre hacer una nación o, en el mejor de los casos, permitir que formaran una factoría próspera.

Dije entonces, y sigo convencido, que la reindustrialización debía ser el arma privilegiada del desarrollo económico y la integración social. Creíamos y seguimos creyendo que la equidad distributiva no es solo una cuestión de justicia social sino un objetivo básico dirigido a recomponer el mercado interno y fortalecer el capitalismo nacional.

En el exterior nuestro aliado fue Enrique Iglesias, entonces presidente del Banco Interamericano de Desarrollo BID, que me llevó a Washington y me propuso relatar públicamente lo que ya le había dicho en Buenos Aires. Ante representantes del FMI, el Banco Mundial, la Reserva Federal y un ex ministro como José Luis Machinea, mostré lo que la convertibilidad había hecho de nuestro país y lo hice con números y gráficas incontrastables. Cuando terminé la disertación, Iglesias preguntó si alguien tenía algo quedecir sobre lo expuesto y ante el silencio de todos les espetó: “Entonces, señores, nosotros tenemos una enorme responsabilidad por lo que ocurre en la Argentina”. Después me pidió que, cuando regresara, le armara una agenda como la que usualmente le trazaban Kiguel (Miguel) o Marx (Daniel), pero con nuestra gente.

Cuando Iglesias volvió a nuestro país, la primera reunión fue con el sindicalismo y nosotros y la segunda en mi casa. En esta oportunidad invité a Colombo (Crystian) para que no dijeran que estábamos conspirando, a Enrique Olivera y a Heller (Carlos), presidente de ABAPPRA, a Escasany (Eduardo) que ya había salido de ABA, a Moyano y a Daer, a Jorge Remes y al “gordo” Gutiérrez (Ricardo). Allí diseñamos un sistema de aranceles y reintegros que, si podíamos implementarlo, nos daría tiempo para una salida ordenada del corsé de la convertibilidad pero, en honor a la verdad, ya era tarde El día lunes 3 de diciembre Cavallo implementa el corralito. El lunes 10 los representantes del FMI nos piden una reunión a la que asisten los integrantes del Grupo Productivo, Escasany y Peruzzotti, Olivera y Heller y, entre otros, las dos CGT. Cuando escuchan nuestra propuesta nos dicen: “Muy lindo, pero ustedes tienen un problemade tipo de cambio que no arreglan con aranceles y reintegros”, lo que era cierto. Cavallieri entonces les dice: “Si lo que ustedes están proponiendo es devaluar, entonces salgan y explíquenlo ante la prensa reunida aquí afuera”. La respuesta de losvoceros del FMI fue: “La decisión es de ustedes, pero a nuestro entender los caminos son dos o la devaluación o una deflación que, para recomponer la pérdida de competitividad, les insumirá cerca de 4 años y medio, si es que tienen la espalda política y social para llevarla adelante”. ¿Qué quiere decir esto?, que la devaluación la insinúa o la aconseja, según se vea, el propio Fondo.

En ese momento cunde el desconcierto, todos salen corriendo, se rompe el acuerdo alcanzado con los distintos grupos con los que habíamos estado trabajando y empieza la corrida dolarizadora ¿te acordás?, era la época en que se decía que Cárdenas venía con 15.000 millones de dólares y asumía como ministro. Con Massuh (Héctor) y Betnaza (Luis) lo fuimos a vera Cavallo que no niega esa posibilidad, ni el plan. Como, a nuestro juicio, la dolarización era la divisoria de aguas, desde allí no había nada más que hablar.

Organizamos nuestro plan económico basado en la premisa que el sinceramiento significaba asumir la realidad y convoqué a una conferencia de prensa el 20 de diciembre para decirle a la sociedad lo que nadie quería decir y nadie quería escuchar. Por ejemplo, que el verdadero déficit era el previsional y que ascendía a 7.000 millones de dólares, la suma que embolsaban las AFJP.

Lo cierto es que ésta fue la crisis más anunciada de la historia, pero nadie sabía como salir de ella porque, en realidad, nadie quería hacerse cargo del costo político que implicaba.

Con nuestro plan lo vemos a Jorge Remes Lenicov, lo vemos a Ruckauf, a de la Sota (que delega la cuestión en Dómina), al radicalismo (en la figura de Mario Brodersohn), a la Iglesia y a la CGT.

Que no había otro plan queda en claro cuando asume Adolfo Rodríguez Saa y sale con aquello de la tercer moneda con garantía hipotecaria de los bienes del estado y el asunto aquel de sembrar un millón de pinos. Cuando llega Eduardo Duhalde, el único plan que existía y que tenía consenso hasta de la iglesia, era el nuestro..

Desde la UIA todas eran loas: “Vasco, el mejor presidente en la historia de la entidad”; “Allá vas vos pero vamos todos juntos”, decían otros; Copal pondría a Spanggemberch (Luis) como secretario de Agricultura; tendríamos un secretario de Industria de lujo... pero ¿sabés qué?, vino el segundo cacerolazo y se borraron todos.

Tuvimos muchísimos problemas y la verdad es que avanzamos en la más completa soledad, tratando de resolver las dificultades más acuciantes de los dos grandes frentes productivos, el agrícola-ganadero y el industrial.

En algún momento el FMI quiso la privatización de los bancos Nación y Provincia ¿vos te acordás?, el objetivo era quedarse con las 13 millones de hectáreas que estaban hipotecadas. Por supuesto no estaban empeñados los Blaquier ni los Menéndez Behety, los que estaban hipotecados eran los chacareros. ¡Mirá si había que hacer un cambio de rumbo! Cuando fuimos gobierno al campo le dimos todo y, sin embargo, cuando mi secretario de Agricultura – Rafael Delpech- fue al acto de la Rural, lo chiflaron desde que empezó su discurso hasta el final, no lo dejaron hablar.

Pero, bueno, esa es la misma gente que traía la barra de Chacarita para aplaudir a Menem.

A Duhalde lo presionaban desde todos lados: el presidente de su partido (Carlos Menem), el FMI, la Sociedad Rural, los bancos, los caceroleros, los gobernadores y, además las privatizadas y las petroleras. Los que lo apoyábamos éramos muy pocos, sobraban los dedos de una mano, pero entre ellos estaba Alfonsín (Raúl). Su postura fue la de una mezcla de grandeza y dignidad, no hizo nada con ánimo partidista, sólo pensó en el país, así que se ganó mi perdurable respeto.

Siempre creí que la Argentina salía rápido de la crisis. Cuandovenía a verme gente del exterior yo les decía: “aquí no hubo un terremoto ni una guerra, aquí hubo un saqueo financiero”. Es que el campo estaba en marcha, tenían tractores, genética, semillas, lo que no tenían era rentabilidad. La industria había adquirido maquinaria moderna, estaba en condiciones de sustituir importaciones y de relanzarse a exportar, pero trabajaba al 40% de su capacidad. Lo que había que hacer era muy simple, aunque vos sabés que las cosas simples son, a veces, las más complejas. Lo que debíamos hacer era asegurar reglas de juego claras y mostrar un horizonte de producción y de rentabilidad. Además, los argentinos –fuera del sistema financiero- tenían atesorados 30.000 millones de dólares, aquí, en el país. De manera que, al contrario de muchos de los que integraban el gabinete, yo no tenía dudas. Y creía que no había posibilidades de una hiper, porque veníamos de una depresión económica de 41 meses, teníamos una enorme capacidad ociosa y no había inflación.

El 15 de enero de 2002 presenté el Plan Estratégico Productivo a los empresarios, las cámaras regionales y ante todos los ministros de la Producción del país. Formamos el Gabinete de Emergencia Productiva Nacional y con los secretarios de mi área y funcionarios de Jefatura de Gabinete, Olivera del Banco Nación, “Carlitos” Tomada, que era el vice-ministro de Trabajo, Ignacio Chojo Ortiz de Economía y Alberto Abad de la AFIP viajamos a todas las provincias.

En esa misma época, con el ministro de Economía del Brasil, hacemos el primer viaje a China como representantes del Mercosur, convencidos en que si en el siglo XIX el crecimiento vino desde Inglaterra y en el XX desde los Estados Unidos, en el siglo XXI el horizonte está en Asia-Pacífico. Recuerdo que en la última reunión de gabinete en la que participé, el 1o de mayo de 2002, en la que estaba Lavagna (Roberto) y en la que se discutieron temas de enorme importancia – como la ley de subversión económica y la ley de quiebras- volví a enumerar todo lo realizado durante los cuatro meses de gestión, día por día. A pesar que era evidente que estábamos en el buen camino, cuando tuve que irme (porque era el devaluador, el pesificador, el agente que licuó los pasivos empresarios, el peor de todos) ni Vicente (Oscar) ni ningún otro quiso sentarse en mi lugar y seguir la lucha. Así llegó Lavagna que confirmó a todo mi equipo, excepto a Pablo Challú y no sé por qué.

A pesar de todo lo que se dijo, fue la primera vez, en la historia de las crisis en la Argentina, que salimos sin dar seguro de cambio y que cada empresa tuvo que arreglar su deuda por las suyas, como lo hizo el estado nacional. Y también, y por primera vez, las deudas fueron ajustadas por CER más tasa de interés, ¿se entiende? Lo cierto es que como resultante de nuestra gestión, el país deja de caer en febrero de 2002, empieza a crecer en marzo y no paró de hacerlo hasta ahora.

Nosotros, los que estuvimos en la primera línea de fuego (habla también de Remes Lenicov) debimos irnos en abril para descomprimir la situación política pero el cambio ya estaba en marcha.

De todo este arduo proceso en el que me involucré a fondo y por el que sufrí ataques de toda índole – hasta la infamia deque me llamaran Mendicurren- lo que interesa es resaltar la importancia de poner en pie a la Argentina productiva y de reconocer su ahora demostrada capacidad de regeneración.

Recuerdo haberle transmitido a Duhalde una anécdota muy ilustrativa de Carlos Pedro Blaquier sobre un viaje que realizó a Alemana inmediatamente después de la guerra. La ciudad estaba devastada, pero en la fábrica de locomotoras que visitaba reinaba el más absoluto de los órdenes. ¿Qué explicaba el contraste?, la convicción de los empresarios que para ayudar a reconstruir el país, ellos debían empeñarse en seguir fabricando las mejores locomotoras Quisiera dejar bien en claro que el arranque de la economía se hizo con nuestro modelo, con la desdolarización de la economía y la flotación del tipo de cambio. Y quiero también decirte que nunca tuve una denuncia por nada, sino que sufrí un descomunal ataque de los intereses contrarios al modelo de revalorización productiva que proponíamos.

- ¿Por qué este recordatorio?

- ¿Por qué digo todo esto?, porque ahora veo a muchos de los que nos condujeron a esa situación levantando el dedito y haciendo pronósticos sobre el futuro. ¡Por favor señores!, el modelo que ustedes impusieron terminó en el peor default de la historia del mundo y 30 muertos en las calles. Creo que todos debemos hacer un ejercicio de memoria y comprender que diciembre de 2001 no fue sino la síntesis del proceso neoliberal que arrancó en 1976, quizás un rato antes.

- ¿Todos los empresarios lo comprenden así?, ¿la sociedad argentina lo entiende así?

- No, no todos los empresarios, y a muchos les explico que han perdido el instinto de conservación. ¿Ves esa paloma?, le decía días atrás a uno de ellos, bueno, esa paloma tiene en su genoma algo que le dice que si aparece un gorrión se puede quedar “piola”, pero si el que aparece es un gato, tiene que salir volando. Creo que a algunos empresarios ese gen les está faltando.

Desde luego, tampoco nos entiende buena parte de la sociedad. Eso es lo que explica que a los empresarios nos peguen por derecha -están los que se restriegan las manos diciendo que este modelo está agotado- y por izquierda – acusándonos de que siempre estamos pidiendo aumentos-. Así que, pienso yo, algo mal debemos estar haciendo y creo que una de las mayores asignaturas pendientes es reconciliar a la industria con la sociedad.

- ¿Cómo se hace?

- Explicando... ganando la calle con nuestras ideas, mostrando que sin industria el trabajo no alcanza para todos, señalando la relación entre el quehacer industrial y los mayores niveles de educación de la población, divulgando la verdad incontrastable que los países del primer mundo, los países ricos,lo son porque son industriales.

No hace mucho, tuve una charla con ese novelista y jurista brillante que es Héctor Tizón quien me dijo: “En Europa, cuando terminó la guerra, los edificios estaban devastados pero la gente sabía que había vencido a los nazis. Aquí los edificios están intactos, pero es la gente la que está destruida, no sabe distinguir al enemigo” - Es cierto, pero remontar prejuicios va a llevar más tiempo que el que transcurrió para salir de la crisis económica. ¿Cómo sigue esta historia?

- Mirá, hasta aquí logramos crecer el 75%, desde el pico de la crisis, y lo hicimos con desendeudamiento. La macreconomía, que se maneja con 7 ú 8 personas, fue consistente y nos permitió evitar la volatilidad.

- ¿Y la micro?

- Este es el tema. Hay que pasar del crecimiento al desarrollo y para hacerlo hay que montar cadenas de valor y supervisar no solo su armado, sino su funcionamiento. Con Propymes de Techint obtuvimos la foto y la película de la evolución de varios sectores industriales. Por ejemplo, cómo con la cadena foresto-industrial- maderera puede multiplicarse el número de personas ocupadas y lograr 3.000 millones de dólares en exportaciones.

En la cadena avícola, otro ejemplo, pasar de importar pollos en el 2001 a pergeñar planes de exportación por 400 millones El desarrollo implica pasar de la macro a la micro e implementar políticas que no sólo sirvan de enlace sino que permitan la expansión sectorial y subsectorial. Paraesto hace falta capacidad de gestión que se encuentra, especialmente, en el sector privado y capacidad de supervisión, más afín al sector público.

Hoy hay 600 millones de dólares para permitir el desarrollo de proyectos agroindustriales competitivos en todo el interior del país. Tenemos que unir las capacidades del INTA, el INTI, la secretaría de Ciencia y Técnica, los ministerios de Economía provinciales y toda la infraestructura que se necesita para que el proyecto sea exitoso.

Con la secretaría de Ciencia y Técnica ya tenemos un acuerdo por el que se analizan los nudos de competitividad que aparecen en las cadenas y la posibilidad de destrabarlos con el auxilio de personal de primer nivel.

Estoy convencido en que es aquí donde hay que poner el acento, en el agregado de valor y la sustitución de importaciones por producción local que puede ser altamente competitiva si hay un programa coherente que la sostenga.

- ¿Cuáles son los mayores impedimentos?

- No hay financiamiento para la producción.

- Y hay que financiarla con ahorro interno

- Obvio. Debemos crear las condiciones para atraer los 120.000 millones de dólares que los argentinos tienen en el exterior, suma que representa el Producto Bruto de todo un año. Y otro tanto habría que hacer con los 30.000 millones de dólares que permanecen fuera del sistema financiero. Si esto se lograra, la Argentina tendría capacidad para autofinanciarse También hay que conseguir una mayor formalizaciónde la economía, solucionar los problemas estructurales de energía y hay que trabajar -y mucho- para lograr la inclusión social de la población desplazada y tener una mejor distribución de la riqueza..

Reportaje de Irene Naselli, versión completa en la edición impresa

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