Ir a la página principal
Política industrial

La hora difícil (pero posible) de los consensos

La presencia del presidente electo Alberto Fernandez y, en especial, su subrayada declaración “no vamos a premiar a los que especulen, vamos a ayudar a los que producen” opacó la mayor parte de las intervenciones que, especialistas propios y foráneos, realizaran durante la 25 Conferencia Industrial. Esta nueva versión de la tradicional reunión a la que convoca la Unión Industrial Argentina se desplegó bajo una consigna “prêt à porter”: “Construir consensos: desafíos para el desarrollo productivo”.

ImagenPara quienes saben y quieren oir: un discurso rico en definiciones.
“En virtud de nuestra historia y de nuestra experiencia reciente, queremos convocar a todos a discutir y acordar un futuro para nuestro país. Ese futuro, entendemos, se construye con una visión y un norte, que tengan en cuenta de manera pragmática el mundo en el que vivimos, en qué lugar estamos nosotros hoy y hacia dónde nos queremos dirigir” y que “cada acción que llevemos a cabo y cada decisión que tomemos sea pensando en cuánto valor agrega al conjunto del país”, manifestó el Presidente de la Unión Industrial Argentina Miguel Acevedo, en el cierre del poblado encuentro.

El propósito es impecable, pero habría que definir esa visión de futuro para pulsar cuánto y quienes la comparten y puntualizar qué sectores agregan valor al conjunto del país en el corto plazo y a futuro para, de una vez por todas, desensillar el caballo de la calesita que siempre gira sobre el mismo eje.

Al respecto es interesante refrescar una posición señalada por numerosos economistas del arco heterodoxo que Fernando Porta, en alguna ocasión, resumió con su proverbial solvencia: partimos de “una estructura productiva que, salvo algunas excepciones, no alcanzan a constituir una masa crítica suficiente y permanece especializada en las gamas relativamente inferiores o en las etapas relativamente menos complejas de las cadenas productivas”. Si el pantano económico en el que sumió a la Argentina el gobierno de Mauricio Macri no es el árbol que impide la visión del bosque y si efectivamente hay en el empresariado una visión de mediano y largo plazo que garantice no solo el crecimiento sino el desarrollo, entonces podemos festejar un nuevo punto de partida para el accidentado viaje del país hacia una industrialización prolijamente quebrantada a lo largo de su centenaria historia.

Aceptando que estos son tiempos de diálogo y reconstrucción, los asistentes a la reunión de Parque Norte escucharon con indisimulada complacencia que “la industria tendrá un lugar central en el próximo gobierno” que se reactivará la producción, habrá crédito con medidas diferenciales para el interior del país, la construcción de regímenes impositivos distintos y se limitarán las importaciones porque aunque “no vamos a vivir a puertas cerradas, no me van a encontrar importando camisetas chinas o zapatos brasileños” porque no queremos ser una economía cerrada sino inteligente, afirmó con convicción el futuro presidente de Argentina.

“El foco dejará de estar puesto en el sistema financiero y pasará al productivo” afirmó Alberto Fernandez, que conoce los números en rojo que el sector industrial arrastra por 17 meses consecutivos, dos años de baja pronunciada en el consumo (incluso en esenciales como pan y leche) y niveles de producción semejantes a los de 2006. “En el mundo de los especuladores ganan pocos y pierden los mejores”, afirmó AF que volvió a insistir en que “al país lo vamos a salvar todos los que trabajan y dan trabajo y no los que cambian pesos por dólar”, La forma en que se renegociará la deuda impagable en las actuales condiciones: "no quiero hacerle quitas a nadie, no quiero dejar de pagar lo que debemos, pero (…) vamos a pagar el día que hayamos crecido y haya aumentado la producción” no fue una definición menor, como tampoco lo fue que adelantara que buscará profundizar las relaciones en el Mercosur porque "ninguna disputa personal me va a hacer poner a la Argentina en el lugar equivocado" afirmó el aplaudido presidente electo convencido que “el Mercosur va a superar a los Bolsonaro y a Alberto Fernández".

Respecto a la importancia de la conformación y el funcionamiento del Consejo Económico y Social, el presidente desde el 10 de diciembre aceptó renunciar a su capacidad de resolver en soledad y propuso que la decisión se tome en forma colectiva. “Todos piensan que el debate es cuánto tiempo congelamos precios y salarios, dijo, pero hay que ver qué hacemos para que Argentina vuelva a producir teniendo en cuenta que todos deberán dar y resignar algo, porque las cuentas fiscales están en un estado deplorable y hay reservas para seis meses” agregó, estableciendo el modo en que surgirán los primeros intercambios y contratos entre el Estado, los grupos empresarios y las fuerzas del trabajo.

“Hay que extender los beneficios de la tecnología, dijo también AF, “porque la solución no es dar planes sociales, sino fomentar posibilidades para que quienes no acceden a las lógicas industriales, encuentren otro lugar donde desarrollarse". El "20 por ciento de los argentinos, por imperio de los cambios económicos, difícilmente encuentren un lugar en la economía que nosotros conocimos, así que habrá que encontrar un lugar para esa gente. Y ese lugar no es darle un plan social, sino un sentido a su vida, darle un trabajo".

Que el futuro presidente estuviera acompañado de colaboradores como Matías Kulfas, Paula Español, Ignacio De Mendiguren y Juan Pablo Biondini profundiza la creencia en un drástico cambio de rumbo económico y un abordaje inteligente en la solución de los numerosos frentes destruídos que deja la administración saliente.

Dijimos que la importancia de Alberto Fernandez relegó a un segundo plano otras figuras y definiciones interesantes como la de Martin Rappalini presidente de la UIA de la provincia de Buenos Aires que puntualizó que mientras “CABA tiene un PBI per cápita como Bélgica, cruzando la General Paz uno se re-encuentra con Sudamérica y si va a cualquier provincia del Noroeste el PBI es el de algunos países africanos”; la de Diego Coatz –director ejecutivo y economista jefe de UIA– que desarrolló los ejes de una agenda económica que retome el crecimiento y fomente el valor agregado sin perder de vista el diálogo entre corto y largo plazo que es la base del Plan Productivo 20/23 presentado durante este año por la organización de cúpula; la de Juana Torresin de UIA joven o la de Sergio Kaufman que se explayó sobre la incuestionable importancia de la Industria 4.0.

Se escucharon también las voces de Felipe González hablando de cómo se puede lograr un Acuerdo permanente afirmando que “Argentina tiene capital humano y recursos, pero necesita ponerse de acuerdo en consensos que se sostengan a través del tiempo” y de Andrés Malamud de la Universidad de Lisboa que dibujó un mundo en un proceso de cambio intempestivo, tumultuoso y, en consecuencia, amenazante.

Entre los numerosos asistentes al encuentro dijeron presente dignatarios de la iglesia católica, Antonio Calo de la UOM, Gerardo Martínez de la UOCRA, Héctor Daer de Sanidad y mayoría de empresarios de la importancia de Luis Betnaza, José Urtubey, Alejandro Bulgheroni, Daniel Funes de Rioja, Adrián Kaufmann, Alberto Álvarez Saavedra, o Cristiano Rattazzi. Viejas figuras, la mayor parte de ellas, que se aprestan a jugar sus roles dentro de un escenario en el que soplan vientos nuevos.

En pocos días más la mesa estará tendida y algunas cartas ya han sido ofrecidas. Esperando el 10 la sociedad argentina confía en que, esta vez, el viejo juego del poder produzca un resultado que garantice su desarrollo sin recaídas.


Ir al principio de la nota