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Energía

La importancia de la hidroelectricidad como recurso renovable

Un documento del Instituto Argentino de la Energía “General Mosconi” subraya la importancia de la energía hidroeléctrica como recurso renovable, al presentar numerosas ventajas frente a otras alternativas: alto nivel de confiabilidad; tecnología probada y de alta eficiencia; costos más bajos de operación y mantenimiento y gran flexibilidad operativa y capacidad de almacenamiento. El trabajo refuta las opiniones acerca de que las grandes centrales hidráulicas no representan energía renovable y critica a la legislación nacional que promueve la producción de energía renovable ya que limita la potencia para que la hidroelectricidad sea considerada como tal. La entidad entiende que es necesario modificar “el rumbo de las acciones y no persistir en los errores” y en ese sentido formula propuestas que las autoridades nacionales deben considerar.

ImagenVista aérea de Yacyreta
El trabajo del IAE- “Propuestas para el desarrollo hidroeléctrico argentino”- destaca que en nuestro país “hay más de 60 centrales hidráulicas conectadas al servicio público y muchas otras a sistemas aislados de grandes usuarios” y recuerda que su producción abasteció más del 50% del consumo total de energía eléctrica hacia 1990, “pero declinó luego hasta el 30% actual, como consecuencia de políticas improvisadas y falta de planificación sectorial”.

Luego de señalar que la energía hidráulica es el recurso renovable más usado en los sistemas eléctricos del mundo -representa el 14% de la producción global de energía eléctrica-, el documento agrega que “desde hace algunos años se ha difundido la idea errónea de que las grandes centrales hidráulicas no representan energía renovable y que tienen un impacto ambiental que las convierte en indeseables. Este grave error conceptual, que no registra antecedentes significativos en nuestro país, se ve reflejado en la legislación nacional que promueve la producción de energía renovable (leyes 26.190 y 27.191); donde una redacción confusa contribuye a excluirlas como recurso renovable muy importante y el único cuya utilización ha sido exitosa en el sistema eléctrico argentino. Estas leyes han fijado un límite de potencia de 30 y luego 50 MW para que la hidroelectricidad sea computada como energía renovable en el marco de las leyes citadas. Estos límites carecen de sustento técnico, ya que el impacto ambiental no tiene relación alguna con la potencia instalada, sino con las características y localización de cada proyecto en relación a su entorno”.

Por otra parte, sostiene el IAE, “la idea de que las grandes centrales hidroeléctricas resultan desaconsejables por razones ambientales es errónea y se difundió en los países centrales a partir del momento en que agotaron sus recursos hidroeléctricos, mientras que su uso resultaba una formidable herramienta de competitividad para países emergentes como China y Brasil, que son sus grandes competidores”. Y enfatiza que “aunque el desarrollo de la energía eólica y solar fuera exitoso, lo que resulta necesario y deseable, el aumento de la producción de energía renovable sería imposible si se prescindiera de la energía hidráulica”.

A renglón seguido considera que “resulta imperioso que el nuevo paradigma energético basado en energías renovables se sustente a una planificación sectorial integral que incluye el uso de todos los recursos renovables, sin exclusiones y potenciando las sinergias, a fin de que la matriz energética resultante refleje de la mejor manera el potencial de recursos renovables que dispone el país”.

Por último, y en dirección a “retomar la senda perdida”, y recuperar la participación de la energía hidráulica en el abastecimiento del consumo y desarrollar las fuentes renovables en general, el documento propone, entre otras acciones: avanzar en la revisión y renegociación de los contratos de las dos centrales del río Santa Cruz, de modo de asegurar antes de inicio físico la factibilidad técnica, económica y ambiental de las obras( consideran que estas obras son adecuadas para su incorporación al sistema eléctrico nacional, pero sus procesos licitatorios y contractuales deben ajustarse a decisiones técnicas fundadas con criterios de transparencia hacia la sociedad); revisar los procesos licitatorios de Chihuido (Neuquén), de Portezuelo del Viento (Mendoza) y de Los Blancos (Mendoza), lo que se torna imprescindible para asegurar la concreción segura de dichos emprendimientos, y extender los beneficios de la promoción del Estado a todas las formas de energías renovables, incluidas las formas mecánicas y de calor, así como la hidroelectricidad de cualquier potencia, no debiéndose entender que los beneficios otorgados sean necesariamente los mismos, sino aquellos que resulten convenientes para iniciar un círculo virtuoso de desarrollo de cada subsector.

La construcción de centrales hidroeléctricas, concluye el trabajo del IAE, deberá privilegiar, además la obtención de beneficios no energéticos, la minimización del impacto ambiental y el desarrollo de la industria proveedora local.


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