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Política industrial

La industria debería crecer por encima del PBI

La recesión ha desnudado la fragilidad de algunos pilares sobre los que se apoya la economía argentina. En 2009 el PIB caerá un 3% aproximadamente y, sin embargo, la involución luce proporcionalmente mayor en variables asociadas, como la cuestión social y el empleo, la fiscal y también las condiciones de financiamiento de la inversión.

ImagenJorge Vasconcelos - Investigador Jefe del IERAL
Escribe Jorge Vasconcelos - Investigador Jefe del IERAL, Fundación Mediterránea

Para la industria, este escenario de fragilidad es un condicionante, porque de ningún modo el sector puede ser considerado una isla dentro de nuestro país. Y, además, la desaceleración de 2008 y la caída de 2009 hicieron que la industria perdiera toda la diferencia que le había sacado al “resto” de la economía desde la crisis 2001/02. Efectivamente, si se construye un índice base 100 en 2002, el sector manufacturero había llegado a 162 en 2007, con una diferencia de 9 puntos porcentuales con el guarismo de 153 alcanzado por la variación acumulada del PIB. Pero, comparado con el PIB, la industria frenó más brusco en 2008 (3,4 % vs 5 %) y cayó más profundo en 2009 (- 7 % vs -3 %), por lo que ese índice terminó convergiendo en 156 para este último año.

No es una buena noticia que en esta década el sector manufacturero y el promedio de la economía hayan registrado variaciones acumuladas similares.

Es cierto que en las economías maduras la industria tiende a ser menos dinámica que otros sectores, vinculados a servicios. Pero, por su nivel intermedio de PIB per cápita, la Argentina se ubica en el subconjunto de países para los que debería esperarse e impulsarse un aumento de la participación de la actividad manufacturera en el PIB.

Las razones por las que habría que apostar en esa dirección son varias, y entre ellas pueden destacarse: la calificación de los empleos; la capacidad de absorber y desarrollar tecnología; el volumen y la calidad de las inversiones y la integración de nuestro país a la región y al mundo.

La industria, junto con servicios como turismo, tecnología de la información, biotecnología, así como la producción de bienes basados en recursos naturales, son todas actividades que inducen una mayor vinculación a la región y al mundo de la economía local. Esto le permite mayor escala a las inversiones, amplia el abanico de potenciales proveedores de financiamiento y, además, permite saltos en los avances de productividad, en la medida en que se adaptan y perfeccionan tecnologías de punta.

La experiencia de los últimos años muestra que no basta con un instrumento (tipo de cambio) para avanzar en estos frentes. Se requiere un replanteo de la estrategia de crecimiento, que incluya un avance sostenido de la participación de la industria en el PIB. Obsérvese que, medido a precios constantes, la manufactura sólo representa menos de 17 % del PIB, un ratio que no ha experimentado grandes cambios en las últimas dos décadas.

Si en los próximos 10 años la industria creciera 2 puntos porcentuales por encima del PIB, aún así hacia el 2020 recién alcanzaría una participación del orden del 20 %.

Proponer metas de este tipo requiere pensar en un crecimiento manufacturero no a costa de otros sectores, sino encadenado al resto: implica ver a la industria como proveedora y procesadora de bienes y servicios originados dentro del sector pero también en su periferia, desde el petróleo al turismo, tanto del mercado local como del regional y del internacional.


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