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Miércoles 23 de Octubre, 2019
Energía

La insostenibilidad en todos los frentes

El gas natural es nuestro principal insumo energético y representa el 50 % de los consumos totales. Esta claro que nuestro país no puede abastecer su demanda de gas natural con los recursos domésticos; las reservas han disminuido hasta tal punto en esta década que ya no se puede sostener el ritmo productivo. El sistema es además insostenible desde lo económico financiero.

ImagenJorge Lapeña - ex Secretario de Energía, Presidente IAE
Escribe Jorge Lapeña - ex Secretario de Energía, Presidente IAE

La cadena energética presenta disfunciones graves: los productos energéticos no fluyen normalmente desde la producción al consumidor; pero tampoco lo hacen los recursos económicos desde los consumidores a los productores y otro tanto sucede con los créditos desde la banca hacia las empresas energéticas para costear inversiones. Nadie en este mundo financia proyectos que a priori no recuperan su inversión. Los subsidios no tienen fin.

Para peor, los costos energéticos empezaron a ser crecientes por el encarecimiento de la energía importada a la que hubo que recurrir como nunca antes en los últimos 20 años por el agotamiento del gas natural y también por la caída de los rendimientos de la producción doméstica de petróleo - gas en decadencia productiva crónica.

Planteada la insostenibilidad técnica y económica del actual esquema, es necesario esbozar una maniobra de adecuación de nuestra estructura energética a los nuevos tiempos; lo que implica diseñar una estrategia energética con plena conciencia de nuestros problemas actuales. Es decir, terminar con el mito del país gasífero; se acabó la ilusión de la energía abundante y barata.

En el corto plazo se deberá incrementar la oferta de gas natural para satisfacer la demanda actual y la pronosticada en forma segura e iniciar un proceso de substitución gradual de la demanda incremental que permita, en el largo plazo, bajar la participación del actual 50% a un 35% de nuestras necesidades totales. Se trata de una estrategia que implica desandar lo realizado en los últimos 25 años cuando el imperativo fue “consumamos todo el gas que podamos consumir”.

Para ello será necesario llevar adelante dos cursos de acción:

1) generar en el corto y medio plazo una oferta creciente de gas natural que, por las razones apuntadas, no puede provenir de los yacimientos argentinos; o sea un gas de procedencia importada. La solución es proyectar una terminal metanera en Bahía Blanca y el refuerzo de la red de gasoductos en el tramo que une esa ciudad con Buenos Aires. Esto permitiría cubrir la demanda en el corto y mediano plazo y tendría el inmediato beneficio de reemplazar unas 2 millones de TN por año de fuel oil y no menos de 1 millón de metros cúbicos de gas oil importados.

2) Paralelamente, tenemos que construir nuevas centrales que sean capaces de generar energía eléctrica con recursos alternativos al gas natural (centrales eólicas, nucleares; hidroeléctricas; etcétera). Esta será la forma de reducir en el tiempo la demanda de gas natural según el objetivo planteado mas arriba.

En el plazo mas largo es necesario implementar una nueva política petrolera que priorice la exploración con el objeto de revertir la tendencia declinante de la producción gasífera doméstica.

En este contexto aparece otro de los temas, el problema del repago de las inversiones por parte de los consumidores de esa energía necesariamente más cara. Esto nos plantea el problema de las tarifas y los precios de la energía.

Los argentinos estamos acostumbrados desde la salida de la convertibilidad a no pagar en nuestras facturas los precios reales. Se trata de un tema político que habrá que resolver en términos políticos: el gobierno no puede ni podrá, en lo que le queda de mandato, resolver este tema porque tiene poco tiempo y es esclavo de su propio discurso populista y equivocado.


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