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Ciencia & tecnología

La investigación científica no es magia

De acuerdo a estimaciones del Banco Mundial, Corea, Israel, Japón y Dinamarca están entre los países que más invierten en I+D (más de 4 puntos del PBI), Finlandia, Dinamarca y Japón están muy cerca del grupo de elite (con porcentajes superiores a los 3 puntos) y luego (en el Club del upper 2) se alistan Alemania, Austria, los Estados Unidos, Bélgica, Eslovenia y, entre otros, Singapur. En todos estos países las inversiones se mantienen o, incluso, se acrecientan, pero en otros como en España, en Brasil o en Argentina, los reclamos por las políticas de ajuste erizan la piel de la comunidad científica y golpea a sociedades que sufren desindustrialización y desempleo.

ImagenesLa defensa de la actividad científica en el mundoLa ciencia es la llave para el desarrollo
Cada uno de los tres países señalados como en declive tiene su particular problemática, pero todos ellos ven cómo se desarman líneas de investigación, se pierden posiciones en la carrera mundial por el conocimiento y se fugan cerebros hacia aquellas naciones que eligieron de qué lado estar en un mundo crecientemente liderado por los que apuestan a I+D.

La desfinanciación del complejo científico tecnológico en España la aleja cada vez más de la media europea, cuando en los primeros años del siglo XXI empresas y gobierno habían logrado acortar la histórica distancia en unos 20 puntos porcentuales. Mientras en Europa el gasto en I+D aumentó un promedio del 25% desde 2008, desde ese mismo año España contrajo sus inversiones en un 10%. Aunque los números más recientes parecen mostrar una reversión de ese proceso, los científicos alzan su voz para señalar que la inversión no crece de 5.793 a 6.029 millones de euros como señala el presupuesto, sino que el aumento se concentra en las partidas destinadas a créditos (que no se ejecutan porque los centros no tienen capacidad de endeudamiento) mientras baja un 2,6% en las subvenciones directas. Corolario: la brecha se mantiene.

En Brasil los recortes en el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Comunicaciones retrotraen el presupuesto actual (3.275 mil millones de reales) al ejecutado en 2005 (3.249 mil millones de igual moneda). Hasta 2016 las erogaciones anuales sumaron 6.467 mil millones de reales, pero hoy se blanden tijeras y se produce un brutal recorte, de casi el 50%, que jaquea toda la actividad del sistema y lima la posición de Brasil( el número 13)en el ranking mundial de producción científica.

En Argentina y muy lejos del ajuste fiscal que el gobierno tratará de implementar después de las elecciones de octubre, los recortes a lo largo de todo el sistema educativo pero en especial en el sector de CyT, puede ejemplificarse en la fuerte baja en la cantidad de nuevos investigadores que ingresan al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas -CONICET-.

Según la Carta 23 de Carta Abierta “el número oficializado de ingresos en el 2017 es de 450 nuevas vacantes, a las que aseguraron que se sumarán las que se produzcan durante el año por jubilaciones, fallecimientos, renuncias y bajas. Este número, a priori incierto, fue estimado en 200 vacantes adicionales, con lo que se llegaría a un número de entre 600 y 650 ingresos. Nada se dijo de nuevas designaciones en la Carrera del Personal de Apoyo. Claramente el objetivo del Plan Argentina Innovadora 2020, que aún está teóricamente vigente, de llegar a 4.6 investigadores por cada 1000 miembros de la población económicamente activa ya fue abandonado.”.

“La función Ciencia y Técnica del Presupuesto, que determina el financiamiento de todos los órganos descentralizados del sector, explica la Carta más adelante, reduce su participación en el presupuesto en un 13% (pasando del 1.5% al 1.3% del total). En valores reales, descontando la inflación, el ajuste es muy importante”.

Según los cálculos publicados por el grupo “Ciencia y Técnica Argentina” -CyTA-, “el INTA, organismo clave en la búsqueda de soberanía en tecnologías vinculadas al agro, reduce su presupuesto en un 25% mientras que el INTI, su análogo para la industria, sufre un ajuste del 27%. En el ámbito de la defensa, organismos como CITEDEF y Fabricaciones Militares se reducen entre el 7% y el 15% mientras que otras instituciones como el Instituto Nacional del Agua y la Comisión de Energía Atómica ven disminuido su presupuesto real en un 17% y un 12% respectivamente. En lo que respecta a las Universidades Nacionales, según los datos hechos públicos por la CONADU, el presupuesto 2017 no contempla la creación de nuevos cargos y congela la planta docente, a riesgo de desmantelar las carreras de reciente creación y el crecimiento docente e investigativo de las ya establecidas; proyecta una disminución del 70% en gastos para infraestructura y equipamiento; disminuye todo tipo de becas para estudiantes de bajos recursos de 19.334 a 14.350, las becas para carreras prioritarias de 31.394 a 20.935 y se suprimen los incentivos para la finalización de la carrera de ingeniería de 2000 a 0. El deterioro de los ingresos populares ya se manifiesta en una incipiente reducción de las matrículas universitarias “.

Finalizando abril se realizó, en el Día de la Tierra, una Marcha por la Ciencia como una alerta mundial para manifestar la creciente preocupación que existe por la progresiva desatención a los problemas que provoca el avance del cambio climático. Científicos y técnicos se movilizaron en 500 ciudades de 40 países reivindicando el valor de sus investigaciones en este y en otros campos del conocimiento igualmente sensibles. “Mientras se cuestiona el calentamiento global los hielos se derriten”, decía uno de los carteles que portaban los manifestantes. “No pasa nada”, podría estamparse en una banderola local, mientras una pampa más húmeda que nunca esteriliza su riqueza. ¿Alguno de estos u otros fenómenos es sorprendente? Ninguno. Todos y cada uno de ellos es la consecuencia de las muchas advertencias -pasadas por alto o ridiculizadas- lanzadas a tiempo por los estudiosos.

En un mundo sumido en profundas contradicciones y embarcado en cambios con objetivos difusos, las únicas certezas surgen del trabajo constante y sistemático de aquellos que buscan saber. Y no es éste un tema de gustos o creencias.

En el siglo XXI plantear la antinomia “investigación o clarividencia” es un absurdo. Sin inversiones constantes en ciencia y tecnología no hay futuro para las sociedades modernas.


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