Ir a la página principal
Temas en debate

La más inmoral de las deudas

Entre el segundo semestre de 2017 y el mismo período del 2018, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), la pobreza infantil creció 7,1 puntos porcentuales. Casi el 47% de los infantes residen en hogares pobres en los que los ingresos no satisfacen las necesidades básicas. El Programa del Observatorio de la Deuda Social Argentina –Universidad Católica Argentina (UCA)- añade a esta perspectiva otras variables relevantes y en su más reciente informe estimó que, en 2018, el 63,4% de los niños/as entre 0 y 17 años, sufre problemas de vivienda, saneamiento, salud, estimulación, educación, información, y/o alimentación.

Imagen7,6 millones de menores  de 18 años no tienen cubierta al menos una necesidad básica como alimentación o vivienda.
Si partimos de la base que Argentina es un país capaz de producir alimentos para 400 millones de personas, es difícil comprender la malnutrición y el hambre de una población que excede apenas los 40 millones.

Según estudios de la UCA, 18,9% de esta población experimenta privaciones graves e inaceptables en un país que adhiere a la normativa internacional y ha sabido construir una amplia jurisprudencia en el campo de los derechos de las niñas, niños y adolescentes. Una de las políticas públicas más importantes orientadas a la infancia, la Asignación Universal por Hijo (AUH), ha cumplido diez años. Se trata de una transferencia de ingresos que alcanza una extensa cobertura sobre los sectores sociales más precarizados e informales en su relación con el mercado del trabajo y procura un mínimo de equidad en relación con hijos de trabajadores formales. No obstante, en el contexto de una economía que no crece, recesiva, estancada en su capacidad de crear empleos y con una sostenida y creciente inflación, estas políticas se tornan claramente insuficiente para evitar el incremento de la pobreza infantil. En este sentido, es importante señalar que hasta el 2017 se conjeturaba que dicha transferencia tenía la capacidad de evitar el aumento de la indigencia monetaria, sin embargo, en el último período interanual dicha hipótesis dejó de ser plausible. No sólo se registra un incremento de la indigencia en la infancia de 3,3 p.p. según el último reporte oficial (INDEC, 2018 y 2019), sino que otros indicadores directos de pobreza extrema, como la inseguridad alimentaria, pasó de 9,6% a 13% en el último período interanual. Este empobrecimiento ocurrió pese a la actualización del valor de la AUH y la ampliación de la cobertura alimentaria en comedores escolares y comunitarios que entre 2016 y 2017 se elevó en 5,2 p.p. llegando al 36,1% de la infancia en 2017 y 36,6% en 2018.

En resumen, la actual situación de crisis socioeconómica está golpeando con especial crudeza a niños, niñas y adolescentes. El riesgo alimentario en la infancia se incrementó en el último período interanual, 2017-2018, en un 35%. La proporción de niños/as en hogares que, en 2018, no lograron cubrir las necesidades alimentarias de todos sus miembros por problemas económicos, alcanzo al 29,3%,” y de modo directo a través de la experiencia del hambre al 13%. Ambas cifras son las más elevadas de la década”.

En los últimos tres años, la cobertura de salud pública aumentó alrededor de un 10% a nivel de la infancia y adolescencia entre 0 y 17 años. Los niños/as del 25% de la población más pobre registran 6,4 veces más chances que el 25% superior de los sectores medios y medios altos de tener como única opción para la atención de la salud el servicio público. Estas limitaciones alcanzan al 63% de la infancia del conurbano bonaerense (55% a nivel del promedio urbano). La salud odontológica entre los 3 y los 17 años es otra importante deuda con la infancia. Se estima que 44% de los chicos/as en 2018 no realizó una consulta al odontólogo, cifra que trepa al 53,3% en el conurbano bonaerense.

Las infancias y la adolescencia constituyen una de las poblaciones más vulnerables a las privaciones en el espacio del hábitat de vida, con las consecuencias que tiene en la salud del niño/a sano, y en su desarrollo humano y social. Según las estimaciones de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA 2018), casi la mitad de la infancia en el país urbano vive en condiciones medio ambientales contaminantes.

La situación de hacinamiento, que expone a los niños/as a ser vulnerados en su derecho a la privacidad, la calidad de su sueño y/o la imposibilidad de hacer las tareas escolares en un espacio adecuado, registra profundas disparidades sociales y afecta casi el 30% de las infancias bonaerenses.

Por último, la problemática del saneamiento (no tener acceso al agua de red en el interior de la vivienda, no contar con inodoro con descarga, y/o no tener acceso a la red de cloacas), afecta al 41,9% de la infancia.

La pobreza monetaria en la infancia y adolescencia alcanzó la cifra más elevada de la década, el 63,6% de los niños, las niñas y adolescentes bonaerenses, de los cuales el 15,4% son pobres indigentes y se consideran a las infancias del conurbano bonaerense como las más pobres entre los pobres.

Por otra parte, y según estimaciones de EDSA, la mayor parte de los niños/as y adolescentes no tienen acceso a un servicio de internet en sus viviendas. Si bien, la evolución de este indicador había empezado a mostrar importantes logros, también es real que dichos avances han tendido a estancarse en los últimos años. Las desigualdades sociales se han ampliado, y las infancias bonaerenses y del interior urbano mantienen una marcada desventaja respecto de las porteñas.

La enseñanza de computación en la educación primaria no llega al 50,6% de los estudiantes y, una vez más, los retrocesos afectan a los estudiantes más vulnerables y que asisten a las escuelas estatales.

El informe de la UCA mide el trabajo infantil a través de las tareas domésticas intensivas y económicas realizadas en el mercado por niños/as y adolescentes entre los 5 y 17 años, en la Argentina urbana y estima que, en 2018, un 15,5% realizaba algún tipo de trabajo.

Entre los años de punta del período 2010- 2018 se registró una baja de alrededor del 19%, sin embargo, ese progreso parece revertirse a partir del último período interanual tanto por un incremento del trabajo doméstico como del llamado trabajo económico. Lo novedoso de este incremento reciente del trabajo infantil, es que creció en estrato sociales medios no profesionales y en el interior del país. Los más afectados siguen siendo los adolescentes, las mujeres cuando se trata de trabajo doméstico y los varones cuando se incorporan al mercado laboral.

El puntilloso estudio de EDSA-UCA es, más que un llamado, un grito de atención sobre el sufrimiento que la actual política económica produce en estratos sensibles de nuestra sociedad.

Según el INDEC, en el segundo semestre de 2018 el número de personas pobres creció al 32%, frente al 25,7% del mismo período del 2017. Es decir, hoy tenemos 14,3 millones de compatriotas – casi 3 millones más que el año anterior- cuyos ingresos no alcanzan para cubrir los servicios básicos. Mientras que la indigencia –es decir, las personas que no tienen ingresos suficientes para hacer frente a las necesidades alimenticias– trepó al 6,7%, frente al 4,8% del mismo período de 2017.

Las carencias de todo tipo y rango afectan a muchos, pero en especial a quienes conformarán la Argentina futura. Este no es el país que queremos. Sepamos decir: basta.


Ir al principio de la nota