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Temas en debate

La negociación de TLC y las economías regionales

El doctor Marcelo Halperín, investigador y docente del Instituto de Integración Latinoamericana de la Universidad Nacional de la Plata destaca, en una nota exclusiva para Informe Industrial, que nuestro país enfrenta la necesidad de compatibilizar dos prioridades: establecer un comercio negociado con países desarrollados y a la vez proteger y promover las economías regionales cuyas producciones, cabe recordar, vienen perdiendo protagonismo en los mercados por una serie de medidas y normas tanto internas como externas que le han restado competitividad en forma significativa.

ImagenEn la nota se analizan las implicancias de los TLC en el comercio exterior de bienes y servicios.
“Tarde o temprano (más temprano que tarde) la Argentina deberá replantear los términos de su vinculación económica y comercial con el resto del mundo. Ello implicará negociar “Tratados de Libre Comercio” (TLC). Se trata de minuciosas y extensas codificaciones cuya difusión obedece a un objetivo no explicitado: neutralizar o al menos minimizar los efectos adversos de la economía global. Ocurre que al irrumpir de manera incesante sobre los mercados, las oleadas de innovaciones tecnológicas tienden a sustituir bienes, servicios y procesos productivos y, por lo tanto, jaquean los modos de supervivencia correspondientes a las tecnologías que van siendo desplazadas a una condición residual. He aquí uno de los principales motivos que animan a los Estados nacionales a negociar TLC y a procurar progresivas articulaciones, como lo demuestran los “mega-acuerdos” en curso de negociación(*).

Sin embargo, los TLC aparentan cumplir con el prurito multilateral bajo el cual están concebidas desde la segunda posguerra las relaciones comerciales internacionales. Es decir: tolerancia a la integración entre pares o grupos de países como una opción excepcional al principio de no discriminación y suponiendo que los Estados recurren a los formatos de integración sólo para progresar más aceleradamente hacia el libre comercio. Pero lo cierto es que bajo esta fachada hoy día los TLC tienen un objetivo distinto: acompasar y regular las corrientes comerciales entre las Partes y de manera directa o indirecta los procesos productivos y de gestión radicados en los respectivos territorios aduaneros. Sin semejantes previsiones, cabe suponer que la economía global librada a su propia sinergia podría fácilmente arrasar a las estructuras económicas y sociales asentadas sobre tecnologías en permanente mutación.

Dentro de este marco, resulta inconcebible para los países en desarrollo (PED) enfrentar los vaivenes de la economía global sin contar con una fina urdimbre de regulaciones compartidas con otros países vinculados comercial y económicamente. En tal sentido, puede ser instructivo el análisis de cualquier TLC para reconocer la puntillosa tarea de: graduar o circunscribir las concesiones arancelarias; establecer requisitos específicos de origen para las mercaderías negociadas; supeditar el acceso a los mercados al cumplimiento de estándares sanitarios y técnicos; fijar sectores de inclusión y exclusión de inversiones directas; reglamentar servicios tales como los financieros y de las telecomunicaciones; y convenir reglas para las compras gubernamentales, entre otras cuestiones. Con semejante arsenal normativo, todo pasa a depender de la capacidad de los residentes para poder aprovechar lo que se ofrece.

Aquí comienzan los problemas de un país en desarrollo como la Argentina, cuya desarticulación física interna condena a la marginalidad a diversas actividades productivas localizadas fuera de los circuitos troncales que conectan al país con el resto del mundo. Estas actividades, caracterizadas como “economías regionales” tendrían todavía mayores dificultades para beneficiarse ante una exposición internacional asumida frente a países desarrollados (PD). Más aún, en tales condiciones dichas economías regionales hasta podrían ver comprometida su competitividad en el mercado interno.

¿Qué hacer? ¿Resignarse a no negociar? El costo del aislamiento parece crecer exponencialmente por el solo transcurso del tiempo. Es evidente la necesidad de negociar pero también la de afrontar inversiones en obras y servicios de integración física. Pero entretanto ¿se puede aportar algún elemento útil desde los propios TLC concertados con PD? Ante todo habrá que reconocer la escasa utilidad de las medidas en frontera vinculadas a los programas de desgravación (postergaciones, cupos, excepciones) cuando se trata de proteger y promover a las economías regionales. En especial convendría recurrir a otras medidas enfocadas directamente sobre el fomento de la producción en los territorios deprimidos donde se asientan. Así, habría que incorporar en las agendas de negociación a determinadas cláusulas que permitiesen convalidar la protección y promoción de las economías regionales.

Al respecto, parece aconsejable trabajar en el diseño de un tipo de cláusulas por las cuales, en primer lugar, los PD deberían inhibirse de aplicar medidas compensatorias contra las importaciones de bienes y servicios argentinos producidos en territorios deprimidos y previamente individualizados en los TLC, cuando estuvieran subvencionados en nuestro país con políticas de promoción tributaria, crediticia o administrativa. En segundo lugar, en virtud de las mismas disposiciones los PD deberían inhibirse de reclamar la aplicación del “trato nacional” a favor de bienes y servicios exportados a la Argentina, cuando nuestro país decidiera llevar adelante esas mismas políticas de fomento aunque implicaran discriminar contra la comercialización interna de bienes y servicios importados que fuesen similares, sustitutivos o derivados de los producidos dentro de los citados territorios deprimidos. Estas cláusulas en los TLC podrían tomar elementos del régimen de subvenciones no recurribles (o “permitidas”) que, con respecto a los territorios deprimidos se habían previsto inicialmente dentro del Acuerdo sobre Subvenciones y Medidas Compensatorias de la Organización Mundial del Comercio, firmado en l995. Dicho régimen ha perimido en la esfera multilateral hace más de una década. Pero debido a las circunstancias por las que atraviesa hoy día el mundo en desarrollo en el escenario de las pujas globales, sería oportuna su recreación en especial para replicarlo en los TLC con PD. No parece fácil, pues se requerirá un respaldo explícito de la propia Organización Mundial del Comercio. Sin embargo, el apoyo multilateral podría obtenerse revitalizando el tema en las negociaciones de la Ronda Doha, junto a otros países en desarrollo.


(*) Aunque abunda la literatura sobre la magnitud de los intereses comprometidos en dichos “mega-acuerdos”, conviene recordar que gravitan sobre terceros países como la Argentina por dos motivos. Ante todo allí aparecen negociando concesiones distintos países susceptibles de ser abastecidos por la oferta exportable argentina como así también países competidores de la Argentina, actual o potencialmente. Pero además esta convergencia de TLC augura un efecto demostración, es decir, la propagación de disciplinas convenidas en ellos (incluyendo medidas sanitarias y fitosanitarias y reglamentos técnicos) que sobrepasarán los territorios aduaneros directamente involucrados.

Los mega-acuerdos de mayor notoriedad que están en avanzadas tratativas son: (a) el “Trans-Pacific Partnership” (TPP), zona de libre comercio hasta el momento negociada por países de América del Norte, Asia, Oceanía y tres países latinoamericanos (Chile, México y Perú) y el “Regional Comprehensive Economic Partnership” (RCEP) en cuyas rondas intervienen los diez países miembros de ASEAN. Pero además ya se ha manifestado la intención de diseñar una ulterior convergencia de ambos mega-acuerdos en el denominado “Free Trade Association of Asia-Pacific” (FTAAP). Y entretanto continúan avanzando las conversaciones entre Estados Unidos de América y la Unión Europea con vistas a la concertación del “Transatlantic Trade and Investment Partnership” (TTIP), debiendo tenerse presente en este caso que distintos países latinoamericanos (México, los países centroamericanos y Panamá, Colombia, Perú y Chile) han formalizado sus respectivos TLC con una y otra Parte.


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