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Economía internacional

Las cadenas de valor globales en una estrategia de crecimiento

Según un reciente informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo –UNCTAD, por sus siglas en inglés-, las cadenas de valor intraempresariales o entre las empresas regionales o globales administradas por las empresas transnacionales capturan el 80% de los 20 trillones de dólares del intercambio mundial anual de bienes y servicios. El informe preliminar que en esta nota se comenta antecede a la próxima publicación de “Las cadenas mundiales de valor: inversión y comercio al servicio del desarrollo”, en la que un grupo de reconocidos analistas propondrán una serie de recomendaciones sobre la forma en que cada país en desarrollo puede canalizar en forma eficaz las inversiones para lograr que sus economías se posicionen mejor en las cadenas de valor mundiales.

ImagenContribución del Valor Agregado por comercio al PBI. Por regiones. 2010.
Es un hecho que la inversión global y el comercio se entrelazan indisolublemente a través de las redes internacionales de producción de aquellas empresas que invierten en activos productivos en todo el mundo y estructuran cadenas de diversos grados de complejidad.

La buena noticia es que estas cadenas mundiales de valor (CMV), en su mayor parte promovidas por las empresas transnacionales (ETN), ofrecen oportunidades para que los países de menor desarrollo relativo puedan acceder a los mercados internacionales. La mala es que, a la vez, son responsables de casos importantes y crecientes de doble contabilidad en las cifras del comercio global y una incitación para que los organismos pertinentes se pongan a trabajar en el rediseño de las estadísticas que reflejan estos movimientos.

Las cada vez más complicadas redes de inversión y comercio, por las que las materias primas extraídas en un país pueden ser enviadas a un segundo país para su procesamiento, despachadas luego a una planta de fabricación en un tercer país y finalmente exportadas a un cuarto país para su consumo final, son el tema del informe de la UNCTAD.

Un equipo multidisciplinario se planteó una serie de preguntas de indudable importancia para la comprensión del complejo panorama actual del comercio internacional. Entre los principales cuestionamientos señalan la importancia de conocer cuál es el valor agregado que es capaz de generar el comercio y se preguntan, así mismo, sobre qué países incorporan más valor agregado extranjero en sus exportaciones o qué sectores tienen las cadenas de valor más segmentadas. Otros interrogantes en busca de respuestas han sido ¿cómo se integran las exportaciones de los países en desarrollo en CMV?; ¿cuál es el papel de las empresas transnacionales en el comercio mundial? o ¿cómo las redes internacionales de producción de las empresas transnacionales forman valor agregado? El organismo de las Naciones Unidas también considera que si un 28 por ciento de las exportaciones brutas consiste en agregar valor a productos o servicios que luego se exportan, de resultas de éste accionar de los diez y nueve trillones de dólares de exportaciones brutas globales registradas en 2010, cinco trillones fueron contabilizados dos veces.

Un caso paradigmático es el del sector servicios que explica una cifra cercana al 46% del valor agregado en las exportaciones y está presente en la mayor parte del comercio de manufacturas que requieren para su producción tanto de ingeniería y desarrollo de software como del ejercicio de nuevas técnicas de comercialización. De hecho, una parte importante de las redes internacionales de producción de las empresas transnacionales se orienta hacia la provisión de insumos de servicios, panorama que es similar tanto para las economías desarrolladas como para las de menor desarrollo relativo.

La intervención de los países en desarrollo en el comercio global del valor agregado creció del 20 por ciento en 1990 al 30 por ciento en 2000 y hoy logró superar el 40% de ese segmento apetecible. Si lo comparamos con su participación en las exportaciones mundiales, los países con mayor presencia de inversión extranjera directa (IED) en relación al tamaño de sus economías, son los que tienden a tener un mayor nivel de participación en las CMV y un mayor peso relativo en el comercio mundial de valor agregado.

En las economías en desarrollo el comercio del valor añadido aporta, en promedio, alrededor del 28 por ciento del PBI de esos países, en comparación con el 18 por ciento para las economías desarrolladas. Y también parece haber una correlación positiva entre la participación en las CMV y el PBI per cápita que puede llegar a unos 2 puntos por encima de la media. Los mejores resultados son exhibidos por países que, en los últimos 20 años, lograron aumentar su participación en CMV tanto como su valor agregado en las exportaciones. En éstos casos, esas economías experimentaron crecimientos per cápita de 3.4 por ciento en promedio, frente al 2.2 por ciento de países que sólo aumentaron su participación en CMV sin incrementar la adición de valor interno, es decir sin perfeccionar su política de desarrollo.

Las industrias que tienen un mayor número de segmentos vinculados a las CMV son las relacionadas con los sectores informático y automotriz, seguidas muy de cerca por la de los equipos de comunicaciones y la producción de energía, las que son escoltadas por la industria petroquímica y sus derivados y la de maquinaria eléctrica.

Por otra parte, combinar en forma virtuosa el agregado de valor a la producción local con una participación creciente en las CMV es una estrategia que, además, tiene implicancias políticas importantes. Al describir la situación, el Secretario General de la UNCTAD, Supachai Panitchpakdi señaló que las “CMV están en todas partes y demuestran que la inversión y el comercio son dos caras de una misma moneda. En consecuencia las autoridades de cada país tienen que tomar en cuenta ambos aspectos cuando piensan en desarrollo y crecimiento económico”.

El informe de UNCTAD sostiene que integrar CMV puede ser una forma eficaz para que los países en desarrollo construyan sus capacidades productivas y que, así mismo, la difusión de nuevas tecnologías y el desarrollo de las habilidades que conlleva es capaz de abrir nuevas oportunidades para la mejora productiva a largo plazo.

En general, los productos de los países en desarrollo tienen una proporción de valor agregado desde el exterior del 25%, menor a la cifra promedio mundial que es del 28%.

Y aunque estas cifras puedan ser significativas respecto a las que exhiben los países más densamente industrializados, la lectura en uno y otro caso debe afinarse para no caer en conclusiones engañosas. Es que la menor dependencia de las grandes economías a los insumos extranjeros, como ocurre con los Estados Unidos o Japón, es consecuencia directa de tener significativas cadenas de valor internas. Aunque también es cierto que otras economías que juegan en la liga de las mayores, como China, Alemania o el Reino Unido, constituyen fuertes excepciones a esa regla y se muestran ávidas de insumos llegados desde el exterior.

Por su parte, países con recursos naturales significativos como la Federación Rusa o Arabia Saudita requieren pocos insumos extranjeros. En contraste, los países con un peso significativo en las exportaciones de industrias altamente segmentadas deben importar más para poder generar exportaciones que encuentren cabida en el mercado internacional.

Entre las economías en desarrollo, los porcentajes más altos de valor agregado desde el exterior se encuentran en el este y el sudeste de Asia y en América Central y el Caribe (incluyendo México), que son las zonas que representan la parte más significativa de las industrias de transformación exportadoras. La situación inversa se encuentra en • el sur y la apropiación de insumos llegados desde el exterior es significativamente pobre en África, Asia occidental, América del Sur y en las economías en transición. En todas ellas los recursos naturales y las exportaciones de productos básicos desempeñan un papel central en el comercio exterior.

Los datos sobre los que se efectuó el informe abarcan 187 países, incluyendo casi todas las economías en desarrollo y proporcionan información sobre un mínimo de 25 y un máximo de 500 industrias, dependiendo de la densidad industrial del país del que se trate.

Los equipos técnicos de UNCTAD al examinar los mecanismos a través de los que CMV puede contribuir al desarrollo facilitando el acceso a los mercados, la generación de empleo y/o el fomento de la capacidad productiva, muestran también los riesgos sociales o ambientales que pueden enfrentar los países en desarrollo. De todos ellos, según se desprende del análisis efectuado, ningún peligro sería mayor a la posibilidad de que un país permanezca bloqueado en la producción primaria.


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