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Reportajes

Los cambios del siglo XXI

Su vasta experiencia se nutre de los altos cargos desempeñados en la Cancillería, en áreas como Industria o Energía y en organismos internacionales. Curioso e interesado en comprender las grandes líneas de la historia, prepara un obra sobre “Braden o Perón” basado en documentos recién desclasificados que recopiló en Washington en los que se consideraba a nuestro país “el chico malo del buen vecindario”. El libro estará terminado a su vuelta de un viaje a la Antártida. Dispuesto a una charla cordial y generosa el doctor Alieto A. Guadagni dijo así:

ImagenAlieto Guadagni
– ¿Están dadas las condiciones para que las ventajas competitivas que hoy muestra Argentina se mantengan en el mediano y largo plazo?.

–En la práctica, nuestro país está saliendo de una de las crisis más profundas ocurridas en el siglo veinte, un episodio que, a escala internacional, puede figurar entre los más grandes del mundo. Y lo está haciendo montado en medidas de política interna que impactan tanto en el orden comercial como en el fiscal, logrando superávit gemelos. Simultáneamente, el país aprovecha una onda expansiva larga del comercio mundial liderada por China y la India.

Dentro de esta corriente los términos de intercambio han girado a favor de la Argentina que los está utilizando en forma inteligente y se capitaliza con rapidez.

–¿Cuáles son las actividades beneficiadas?.

– Especialmente la agroindustria, muchas industrias exportadoras y nuevos sectores como el turismo, cuyo aumento uno puede comprobar caminando por las calles. De manera que, en sus líneas mas generales, están dadas las condiciones para sostener el crecimiento.

–¿Sin sombras ni dudas?.

– No, desde luego que hay interrogantes y que es necesario definir temas.

¿Cuáles?. Si yo tuviera que señalar uno elegiría el energético, no como preocupación para 2007 o 2008 sino en perspectiva, mirando nuestro país en el mediano plazo. Aunque el debate actual pone el énfasis en el subsector eléctrico, no es aquí donde residen los mayores inconvenientes. Y si bien es cierto que existen algunas dificultades en este subsector, éstas son de resolución relativamente fácil porque las inversiones que se necesitan son de maduración corta.

El problema principal que enfrentamos es arriesgarnos a perder el autoabastecimiento petrolero y, simultáneamente, no tener en claro como vamos a seguir alimentando la ya abultada oferta de gas. Sepamos que éste es el país más gasífero del mundo y que mas de la mitad de la matriz energética es gas- dependiente, cuando en el resto de los países esa cifra no supera el 22 o el 23 por ciento.

Dentro de este marco me parece que habría que revalorizar formas de generación energética que habían quedado bastante olvidadas: la energía hidroeléctrica, la propia energía nuclear y nuevas formas de generación que comienzan a ser claramente competitivas con el petróleo a 50 ó 60 dólares.

Dentro de la energía hidroeléctrica creo que hay que observar y llevar adelante tres grandes proyectos: dos son binacionales y el otro es propio, que es la explotación del río Santa Cruz. De los binacionales, Corpus hay que hacerlo con Paraguay y Garabí con Brasil. Me parece que estos emprendimientos deben estar en la agenda inmediata de toma de decisiones. Creo que si nosotros desarrollamos la energía hidroeléctrica, es más fácil sostener el abastecimiento petrolero porque, como es obvio, desviaríamos demanda de combustibles fósiles a favor de la hidroelectricidad.

Mas allá de las salvaguardias tecnológicas que habría que tomar, queda claro que la energía nuclear ha perdido, en todo el mundo, ese manto de “cuco” con la que se la presentaba hace veinte años. Y, desde el punto de vista del cambio climático, es la energía mas limpia con la que contamos en la actualidad. Al respecto creo que el gobierno ya adoptó medidas concretas y correctas como es la terminación de Atucha II que es un importante punto de partida.

Después hay otras formas de energía, como la eólica y los biocombustibles que, creo yo, están en etapa de maduración. De manera que, en el corto plazo, siguen teniendo significativa importancia la resolución de los temas hidroeléctrico y nuclear para hacer frente a la demanda agregada de energía.

Pienso que si se soluciona con pragmatismo y sensatez el tema energético, la Argentina tiene viento de cola para una larga década.

–¿Por qué?.

– Porque el resto de los sectores no enfrentan interrogantes tan serios. Si usted despeja la incógnita energética se aclara el horizonte de toda la industria manufacturera. Por otra parte, creo que se ha encontrado una cierta ecuación entre tipo de cambio y salarios que va a permitir que éstos vayan aumentando gradualmente –una suba violenta sería un error–, de manera que en el marco de una disciplina fiscal nueva para la Argentina, las posibilidades de que hoy surjan situaciones de crisis son remotas.

– Sin embargo, entre los empresarios hay más incógnitas que certezas. Muchos de ellos dicen “nos va bien y ganamos plata, pero este no es el esquema económico en el que creemos” o se preguntan ¿y cuándo termina esto? o ¿cómo sigue?.

– Creo que los interrogantes desaparecen en cuanto se despeja el horizonte de largo plazo haciendo las inversiones en energía que me parecen imprescindibles. En cuanto a las preguntas de corte ideológico, estoy convencido en que la única verdad es la realidad. Y, por otra parte, no confundamos las realidades económicas con los estilos o las personalidades, porque esa es otra historia.

Aquí lo que importa es entender que el marco internacional es parecido al de fines del siglo XIX , hay que advertir que estamos en una onda larga de Kondratieff(*) y que la Argentina está montada y bien montada en esa onda.

La importancia de todo esta etapa debe buscarse en la entrada de China y la India al proceso de globalización, lo que se traduce en que el 40 por ciento de la población mundial, que vivía al margen del comercio y la demanda mundial, comienzan a incorporarse al mercado. Y entonces falta mineral de hierro, falta soja, falta acero, falta petróleo, falta de todo. Por eso es que los famosos términos de intercambio, que siempre jugaron en contra, ahora comienzan a jugar a favor.

– Pero se alzan voces no de alegría sino de preocupación por la irrupción, en especial de China, al mercado mundial. Es que si es cierto que China consume, también lo es que produce, ¡y cómo!.

– Pero ese no es el problema de fondo, los interrogantes mayores sobre el futuro de la Argentina no están en la industria de transformación sino en la necesidad de que se despeje la incógnita energética, ese es el gran tema. Los empresarios quieren saber cuánta energía habrá disponible y a qué precio.

– El escenario internacional ¿se mantendrá tal como se perfila en estos momentos?.

– Primero dibujemos ese escenario internacional, ¿cómo es?, todos los países son acreedores y un país es deudor, todos los países tienden a tener superávit en cuenta corriente y un país tiene déficit: estadounidense. Mire, la suma de todos los superávit del mundo corresponde al déficit de los Estados Unidos.

¿Cuánto más puede durar esto?, cualquier libro de texto le diría que es una situación insostenible. Mi impresión es que algunas cosas van a cambiar y que se va a producir un aterrizaje suave.

–¿A quien le conviene uno estrepitoso?.

– A nadie. Los Estados Unidos van a tener que corregir su déficit en cuenta corriente los que lo obligará a arreglar su déficit fiscal, seguramente para que estas políticas comiencen a tomar cuerpo deberemos esperar una nueva administración. Creo también que hay que habrá una revaluación de monedas asiáticas, la moneda china tendrá que revaluarse, aunque no mañana sino durante la próxima década. Y junto a la moneda china se revaluará el yen.. Lo cierto es que la revaluación de las monedas orientales, lideradas por la moneda china, va a abrir nuevas posibilidades para la Argentina.

–¿Por qué?.

– Porque la va a hacer más competitiva en el mercado con mayor dinamismo del mundo. La revaluación de esas monedas aumenta las ventajas comparativas de nuestras exportaciones y las abarata en términos de su propia economía. Esta es una de las luces mas fuertes que se prenden para el futuro argentino.

–¿Hay algún signo de que este panorama es tenido en cuenta?.

– Para mi gusto no con la decisión y la fuerza que debiera tener. La política comercial hacia China debería ser la respuesta al gran fracaso de las negociaciones con la Ronda Doha, la Unión Europea y el ALCA. Destruída la Ronda Doha queda en claro que los países centrales no van a modificar su política agraria proteccionista, así que no hay que perder tiempo y hay que concentrarse en las áreas que crecen en el mundo.

Mire, en los últimos 15 años las importaciones de la Unión Europea crecieron 130 por ciento y las importaciones de los Estados Unidos aumentaron 240%. Por su parte las importaciones chinas, en ese período, crecieron 1.100%. Hace 15 años China compraba un 80% menos que Japón, hoy compra 30% más. Es decir, hace menos de 20 años si Japón era 100, China era 20. Hoy China, comparado con Japón, es 130, así que actualmente es más importante que Japón. Este es el gran dato del siglo XXI.

– Nuestro país, ¿incorporó ese dato a la lectura del actual escenario mundial?.

– No, no lo hizo y tampoco el Mercosur. Aquí hay todavía grandes deudas y las mayores tienen que ver con la necesidad de implementar políticas comunes frente a terceros países. Pero, según parece, unos y otros persistimos en pelear por porciones menores de mercado. No tiene sentido que Chile, un país pequeño, esté avanzando en negociaciones con China y nosotros como país e integrante del Mercosur sigamos en estado contemplativo. Ya tendríamos que tener, en China, consulados y oficinas comerciales conjuntas –¿Estas posiciones se deben a la necesidad de resguardar el desarrollo industrial o, simplemente, al temor?.

– Temor deben sentir otros países, como México, que en este proceso es claramente perdedor. La Argentina es perdedor, en términos de comercio, en algunos rubros, pero es ganador en muchos otros.

– Pero ¿China no es una amenaza para la reindustrialización de Argentina?.

– No, porque el proceso podría ir por otros andariveles.

–¿Por ejemplo?.

– Desde ya que por algunos sectores industriales manufactureros pero, en especial, por toda la cadena de valor de la industria alimenticia. Esta es una industria extremadamente importante y los chinos son poco competitivos en todo aquellos rubros tierra intensiva. Usted no va a competir con China en trabajo intensivo, en productos de granja, pero si con cereales y varios otros tipos de frutos.

– Ante un cambio en el escenario internacional que, tal como usted lo plantea, se irá intensificando ¿por qué buena parte de nuestra dirigencia continúa empecinada en el replanteo de la Ronda Doha o en el tema ALCA si ALCA no? .

– Sinceramente, no tengo respuesta para explicar esta actitud. Me parece que es quedarse aferrado al pasado. Pero, ¡ya está!, no habrá una apertura del comercio mundial agrícola y no lo va a haber porque las grandes potencias, no quieren, no pueden o no saben. El reciente fracaso de Doha es la sumatoria de ineficiencias que tienen nombre y apellido: los europeos no quisieron hacer una oferta de apertura del mercado agrícola y los americanos no quisieron bajar un centavo los subsidios. Después hay una cantidad de países proteccionistas que no deciden pero que acompañan como Japón, Corea, Suiza, Noruega ... y bueno contra esa coalición es difícil imponer políticas. Además falta un fuerte liderazgo internacional. La Ronda Uruguay -que no fue un éxito pero tampoco un fracaso– se salvó porque el señor Clinton se junto con el señor Jacques Delors y hubo un diálogo transatlántico, que es básicamente el diálogo franco-germano vía americana. Pero aquí no hubo ningún tipo de acercamiento porque Bush y Chirac prácticamente no se hablan. Es que la agenda americana giró hacia otras cuestiones, básicamente temas geopolíticos dominados por la guerra de Irak. Así que para los intereses americanos el tema de Doha era un tema mínimo. Y los europeos asustados por el fracaso de la constitución europea, seguramente temían hacer aperturas que su propio electorado no iba a aprobar. El tema es que si no admiten a los plomeros polacos ¿por qué van a admitir la carne argentina o el azúcar brasilero?. Y no es un asunto cultural, sino estrictamente económico.

– Bueno ... las dos cosas, quizás.

– Tiene razón.

– Pero para la Argentina usted ve un futuro prometedor ¿a pesar de las dirigencias y del alejamiento entre la clase política y la gente?.

– Hay muchos problemas por resolver y el más grave es el de la exclusión social. Nosotros estábamos acostumbrados a una sociedad abierta donde el futuro de cada persona se jugaba por el origen pero también por su propio desempeño. Olvídese, hoy el destino de cada argentino se juega por el origen, si usted nació en Villa Tachito no va a salir nunca de Villa Tachito, la exclusión opera como una lápida. Hay dos sectores y si usted pertenece al más bajo puede ascender por la vía de la delincuencia o porque es un buen jugador de fútbol. En el pasado, si nacía en un hogar humilde, con su esfuerzo y su trabajo usted podía escalar la pirámide social, la gente se integraba a las fuerzas de trabajo con pocos requerimientos. Hoy no, porque las exigencias de estudio son cada vez mayores y porque para conseguir un puesto hay que tener secundario completo y para lograr un buen puesto ya no alcanza un grado universitario sino uno o varios post grado. La igualdad de resultados es imposible, pero hay que resolver el tema de la igualdad de oportunidades. Hace un tiempo me tomé el trabajo de buscar de qué dependía el rendimiento de los chicos en los colegios. ¿Sabe con qué se relaciona?.

– Con su alimentación.

– Si, en primera instancia, pero después dependía del número de libros que había en las casas. Ese tema no lo tenemos resuelto.

– Creo que lo teníamos resuelto, pero lo deshicimos.

– Puede ser. Pero, entonces, es básico que volvamos a asegurar la igualdad de oportunidades y esto se juega en la escuela primaria. También debemos poner el acento en la educación universitaria. Usted no puede tener exceso de oferta en ciencias blandas y defecto de oferta en ciencias duras. La Argentina no tiene ingenieros industriales, no tiene ingenieros en petróleo, no tiene matemáticos, no tiene geólogos.

– Bueno, es obvio, porque son hechos que responden al perfil de país que se venía dibujando en los años noventa.

– Así nos fue.

–¿Usted considera que se han dado algunos pasos para corregir esta realidad? .

– Si, el ministerio de Educación con Filmus hace esfuerzos, a mi entender, en la dirección correcta con programas de becas especiales para incentivar el estudio de carreras como ingeniería, pero habría que hacer más. En los países de primera línea están muy preocupados por el tema. En los Estados Unidos si usted está graduado en ingeniería o en matemáticas consigue la visa de residente permanente enseguida, en cambio si tiene un título en Sociología o en Historia, olvídese. Ahora están dando becas de medio millón de dólares para graduados que hagan post grados en ciencias aplicadas. Eso es muy importante.

– Si, para ellos, pero a nosotros nos resta lo poco que tenemos.

– Es cierto, nos chupan a los que formamos . Mire, sigue habiendo un importante flujo de graduados –y no solo de la Argentina– hacia los laboratorios de los países del primer mundo. Ese es un tema al que hay que prestarle atención.

Hay también otro temita, quizás no central sino colateral, y es que las universidades privadas – por una razón de costos- ponen el énfasis en las carreras humanísticas. Yo soy partidario de la libertad de enseñanza, pero aquí hay una trampa, las universidades privadas buscan la línea del menor esfuerzo, las carreras baratas, las que se enseñan con un pizarrón y una tiza.

Es muy difícil que una universidad privada le ofrezca un curso de matemáticas, física o biología, porque mantener laboratorios es caro . Este es otro problema.

– Aquí deberá intervenir el Estado.

– Si, debería intervenir porque el mismo problema lo tiene el Estado... mire la composición del alumnado en la Universidad de Buenos Aires. Hay mucho por hacer, empezando por disminuir los índices de pobreza extrema, gente que hurga la basura o que recorre las calles tirando de un carrito y que configuran un escenario, hasta no hace muchos atrás, desconocido para la Argentina.

Pienso que en su pretendido viaje al primer mundo, el país nunca perteneció tanto al tercero, con algunos islotes en los que hay argentinos que viven como en el primer mundo. La brecha entre las dos argentinas es un problema tan temible como la exclusión.

Es dolorosamente cierto. En toda América Latina la deuda social es muy alta y, decididamente, hay que comenzar a saldarla si es cierto que queremos que el subcontinente no solo crezca sino que se desarrolle.

Reportaje de Irene Naselli


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