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Reportajes

Luces amarillas y verdes

El ingeniero Jorge Schvarzer no necesita ser presentado. Prestigioso economista y uno de los padres del Plan Fénix - compendio del pensamiento de los catedráticos de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires- sigue abogando por la construcción de una Argentina desarrollada. “Tengo varios miedos, dijo, pero el mayor es que las discusiones de coyuntura impidan la concreción de un programa de largo plazo que consolide el desarrollo”. La charla se inicio con una respuesta a la preocupación advertida en el Uruguay respecto de la situación político-económica de la Argentina.

ImagenJorge Schvarzer
“El sector productivo argentino, destacó Jorge Schvarzer, está marchando muy bien. En los últimos años hemos estado creciendo entre el 8 y el 9% y en 2008 se espera que ese índice ronde el 8% constituyéndose en el sexto año consecutivo de crecimiento económico. El sector industrial sigue en alza, como lo confirman los últimos datos disponibles, otro tanto ocurre con la construcción y también lo hacen las exportaciones. Este desempeño se sigue dando con superávit comercial, que se mantiene en más de 10 mil millones de dólares y también con superávit fiscal que permiten, entre otros, que el Estado pueda comprar los dólares necesarios para hacer frente al pago de la deuda. Es bien sabido que la Argentina se ha visto beneficiada por el alza internacional del precio de las materias primas que este año implica un incremento del ingreso neto respecto al bruto por mejora en los términos del intercambio. De manera que, en el sector real de la economía, todo está funcionando”.

– ¿Y donde no funciona?

– Tenemos algunos problemas entre los que la inflación no es el menor. ¿Qué explica esa inflación?, el alza de los precios internacionales de los alimentos que producimos y que también, como es obvio, consumimos. Esto tuvo un impacto muy fuerte en el costo de vida y aunque estos aumentos trataron de ser controladas internamente no se pudo evitar un fuerte impacto.En forma concomitante existe un fenómeno que yo llamaría de inflación retrasada. Cuando en 2002 se produce la devaluación suben los precios pero no los salarios, pero cuando la economía se recupera se crean 3.000.000 de nuevos empleos y los trabajadores comienzan a reclamar aumentos de salarios en forma coincidente con el alza internacional del precio de los alimentos, hecho que provoca que un efecto se sume al otro. Pero debemos advertir que ésta no es una inflación generada por déficit presupuestario o por emisión monetaria, razón por la que no puede ser manejada con criterios puramente ortodoxos. Creo que para reducir la inflación hay que coordinar acciones que bajen las expectativas inflacionarias que hay en la gente.

– ¿Cómo se hace?

– Bueno, es innegable que la inflación produce un enorme malestar en la sociedad y que a este hecho se sumó el conflicto con el campo que generó corte de rutas, desabastecimiento y suba de precios. Es decir, sobre la inflación que ya existía hubo un adicional inducido por este conflicto que provocó un enérgico sacudón en algunos precios durante los meses de marzo y abril. Ahora parece que estos precios se están amesetando y, por otra parte, también los precios internacionales están bajando, de manera que estaríamos en el momento ideal para llevar adelante una política de ajuste inflacionario.

– Amén. Ahora bien y mientras eso ocurre ¿qué justifica la persistencia de una inflación alta, por lo menos para los estándares internacionales?

– Un fenómeno de reciclado. Aumentan los precios de las carnes, suben las adiciones de los restaurantes, los que van a los restaurantes incrementan sus alquileres o sus precios para compensar aquellas alzas y así sigue la cadena.

La inflación debería mantenerse en los niveles actuales o incluso descender porque no hay motivos que la aceleren, excepto los que se derivan de las expectativas inflacionarias, que ya nombramos. Y en este tema la historia nos juega en contra, porque la inflación es un problema de muy larga data en la Argentina y tenemos antecedentes del que carecen la mayor parte de los países del mundo. Entre 1945 a 1975 la Argentina tuvo una inflación promedio de 25% anual y, sin embargo, crecía la industria, crecía la economía y mejoraban los salarios. Entre 1975 y 1991, durante 19 años, hubo un promedio de 300% anual de inflación. De todo esto hay memoria que, en parte, justifica muchas de las reacciones que hoy aparecen.

– ¿Qué explica un conflicto agrario inusualmente largo y mechado de actitudes irresponsables de ambas partes?

– El conflicto agrario es muy curioso. La suba de precios internacionales generó un beneficio enorme para el sector agropecuario que el gobierno trató de controlar elevando el nivel de las retenciones. Este hecho fue vivido por el campo como una confiscación, a pesar que se estaba en presencia de ganancias superlativas. Un método parecido se aplica con el petróleo, porque hay una lógica en captar parte de esas rentas a través del Estado, para distribuirlas socialmente. Lo que creo que hay que reconocer es que el conflicto con el campo, por múltiples razones, se manejó mal.

– ¿En qué niveles se mueve hoy la inflación interna?

– Es un gran misterio... lo que existe son mediciones de mucho especialistas e instituciones. Nosotros creemos que está entre el 20 y el 24%. El diario “La Nación” publicó, hace algunas semanas, una encuesta a varios economistas en la que casi todos coincidimos en ese rango. La única verdad es que estamos sin datos, no tenemos datos seguros. Pero, en un régimen de convenios libres como el que existe, las demandas salariales y los posteriores acuerdos firmados entre empresarios y trabajadores se ubicaron entre el 20 y el 25%, porcentajes que podrían ser un indicador más o menos aproximado de la inflación real. Todo esto es una gran paradoja porque mientras un sector del Estado afirma que la inflación no llega a un dígito mensual, otro sector del Estado avala convenios de ajustes salariales de alrededor del 20%. Difícil de entender y mas difícil de explicar.

– ¿Cómo impacta esa inflación en el tipo de cambio real y en la competitividad de las exportaciones?

– Todavía no puede hablarse de un daño y creo que las cosas funcionan porque el dólar se ha devaluado respecto del euro. Para la Argentina, el tipo de cambio multilateral se mantiene constante. Nuestro principal socio comercial, que es Brasil, revaluó mucho y otro tanto sucede con Chile, de manera que las exportaciones industriales – que son las que acusan con mas fuerza el impacto de una paridad desfavorable- se mantienen creciendo a un ritmo del 20% respecto al año pasado. Pero habrá que monitorear cuidadosamente la evolución de las exportaciones y, en caso de ser necesario, hacer los ajustes correspondientes. Porque, también es cierto, siempre hay un efecto inercial y hoy se están cumplimentando operaciones pactadas un tiempo atrás.

– ¿Cuál es la calidad de las cifras que difunde el INDEC?

– Ese es un problema grave de política económica. Creo que todos o casi todos pensamos que las cifras del INDEC están mal y que han sido retocadas, de manera que existe una fuerte demanda social para que ese hecho sea rectificado .Reconocer y corregir el índice de precios tiene un costo político muy alto, pero no corregirlo también. Hay que ver por cual de los dos costos se inclina el gobierno.

– ¿El gobierno va a sostener el superávit primario, aún cuando caigan los precios de la producción agropecuaria?

– En 50 años nunca hubo superávit primario y 2008 es el quinto año consecutivo que se logra, lo que constituye un hecho económico nuevo en nuestro país y, me parece, una buena demostración del interés del gobierno en mantener ésta línea. Es cierto que, por ejemplo, la soja evidenció una caída de 600 a 440 dólares, pero en 2003-2004 estaba a 300 dólares y había superávit primario.

Además, muchos hablan de los 600 dólares alcanzados por la soja, pero silencian que ese fue un precio pico de un solo mes. Creo que si el precio baja a 400 seguiremos estando muy bien y también a 350. Ahora, si cae a 300 habrá que generar algún otro recurso impositivo.

– ¿La corrección de la política de subsidios está en línea con la necesidad de mantener o aumentar los ingresos?

– Si. Pero hay mucha desinformación respecto a los subsidios. Muchos subsidios son para inversión. Por ejemplo, los subsidios eléctricos son para la construcción de nuevas plantas generadoras de energía eléctrica. En los próximos 5 años la inversión en energía eléctrica va a crecer 60% y esto se ha hecho, básicamente, con dineros públicos.

– Se dice que el gasto primario está aumentando en forma considerable ¿es así?

– A ver: el 40% del gasto público corresponde al pago de jubilaciones. En la Argentina hemos pasado, en dos años, de una cobertura del 70% de los mayores de 65 años a una protección del 95% de ese grupo etáreo. Y buena parte del 60% restante del gasto público es inversión. Es probable que haya que contener el gasto, lo que no creo es que tenga que disminuir porque, por ejemplo, el Estado no cuenta con personal de jerarquía con sueldos acordes a su capacitación, lo que redunda en un Estado muy ineficiente. Y hay maestros y profesores que debieran percibir salarios, llamémoslos, razonables. Así que, por este lado, no veo cómo se puede hacer para reducir el gasto. Pero sí se deben evitar gastos superfluos y sí se debe hacer un esfuerzo por contenerlo y mantenerlo dentro de límites razonables.

– Hay quienes sostienen que el mercado interno creció mucho más que las inversiones realizadas.

– La inversión productiva, según las estadísticas, es la más alta de la historia y se hace en condiciones de mercado, sin que nadie tenga privilegios.

En los mejores años de la década del noventa la inversión total era del 18 o 19% del producto y hoy estamos en el 24%. Pero como además el producto sigue creciendo, la inversión en términos reales está un 60% por arriba de la que existía en “los tiempos dorados” de los ’90 en los que, además, el 50% de la inversión se realizaba en sectores monopólicos. Aunque no tenemos todavía las cifras de este año y un análisis detallado de hacia donde se orienta la inversión, sabemos que en 2008 las importaciones de bienes de capital crecieron un 50% y que esas compras en el exterior complementan, en muchos casos, la fabricación nacional de estos bienes. En el sector industrial, por ejemplo, la capacidad instalada está creciendo al 6 - 7 % por año. Y es muy llamativa la inversión que se hace en el sector de telecomunicaciones.

– El dólar parece moverse como si tuviera un techo y un piso ¿se sabe cuál es el rango compatible con el mejor desempeño económico?

– No, el gobierno no quiere dar garantías de tipo de cambio para evitar la especulación financiera. Todos pensamos que en un plazo razonable el dólar volverá a 3,20. La industria ha crecido en dimensión y mejorado en productividad y creo que esa mejora le permite operar, durante un tiempo, con un tipo de cambio más atrasado. Considero que hay margen para tolerar una paridad un poco mas baja que la de 2004.

– Este trimestre hay obligaciones por 4.8 mil millones de dólares, el próximo por 4.9 mil millones y unos 19.000 millones el próximo año, ¿pueden enfrentarse?

– Es equivalente dólares, el 60% está en pesos y se pueden colocar créditos en el mercado interno para compensar. Pero el gobierno está manteniendo un superávit superior al 3%, es decir 9.000 millones de dólares con los que se pagan los intereses y una parte del capital. Así que nos vamos desendeudando en forma progresiva, aunque muy lenta. Pero yo insisto, en el 2000 la Argentina pagaba 11.000 millones de dólares anuales de intereses, ahora no llega a 4.000. En ese año tenía déficit comercial y fiscal, en cambio hoy tiene superávit gemelos y, sin embargo, ahora nos hablan de un default...parece una posición exagerada.

– El arreglo con el Club de Paris le daría al país la posibilidad de acceder a los mercados internacionales, ¿es una negociación conveniente?

Si, porque hay un montón de restricciones por la falta de acceso al mercado internacional, no sólo de acceso al crédito sino a la posibilidad de comprar maquinaria con créditos que no son garantizados por las compañías de seguro europeas. Pero la negociación que la Argentina propone con el Club de Paris es sin la intervención del Fondo Monetario Internacional.

– ¿Por qué el gobierno decide vender bonos a Venezuela a una tasa del 15%?

– No lo sé, creo que fue un error, una maniobra ridícula que debe haber respondido a un mal asesoramiento. Nuestro país utilizó 3.000 millones para bajar el dólar, tiene 47.000 millones de dólares de reserva, acaba de gastar 500 millones en recomprar bonos ¿necesitábamos 1.000? , no hablo de 10.000 millones sino de 1.000. Allí pasó algo que no entiendo.

- ¿Cuáles son sus temores mayores, la inflación, la caída de la paridad cambiaria, que se desboque el gasto..?

– Tengo varios miedos, pero el mayor es que las discusiones de coyuntura impidan la concreción de un programa de largo plazo que consolide el desarrollo. Necesitamos un programa para la producción agropecuaria porque podemos crecer mucho en el sector, ¡pero estamos discutiendo las retenciones!.

Yo quiero triplicar la producción de aves, duplicar la de leche, aumentar en un 40% la producción de cereales, pero están lidiando por los precios.

Por su parte, el crecimiento industrial se cumplió en base a la vocación y la voluntad de los empresarios de reinvertir utilidades, porque el acceso al crédito es prácticamente inexistente. Y pienso que si es cierto que queremos consolidar y acrecentar la excelente performance de la industria durante estos años, entonces hay que ponerse a trabajar en firme para establecer una política financiera que le sirva de sostén y un programa de apoyo tecnológico a largo plazo. No digo que no haya que atender los problemas que surgen en la actualidad, pero el debate no puede agotarse en ¿qué pasa con el tipo de cambio?, ¿qué pasa con la tasa de interés? Necesitamos una política industrial con reglas de juego claras y con objetivos que se mantengan en el tiempo, una política industrial del Estado y no de un gobierno, porque no es con vaivenes como se construye un país. Si hay algo que deseo es salir de esta encerrona y discutir una estrategia. Porque estoy convencido que si podemos levantar la cabeza y mirar el largo plazo, también vamos a resolver los problemas de coyuntura. Creo que hay poca reflexión sobre la economía productiva y demasiada dedicada a las finanzas.

– La Argentina parece un potente avión que carretea, pero que no consigue levantar vuelo

Jorge Sábato hablaba de un trompo, decía que nuestro país siempre gira sobre el mismo eje. En éstos años en la economía argentina se produjo un cambio estructural enorme, pero no hay ninguna reflexión sobre cómo se lo sostiene y cómo sigue.

– ¿Es posible el despegue?

– Seguro que es posible, lo que no sé es si lo lograremos.√

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