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Procesos de integración

Más cerca del libre comercio

“Se trata de un paso muy importante con vistas a la intensificación de un intercambio que ya tiene una tendencia creciente. Es importante que se haya llegado a un acuerdo con base en la industria, lo que significa un incremento de valor agregado en el circuito comercial bilateral, aunque nos hubiera gustado incorporar asimismo los productos agrícolas”. El subsecretario de Integración Americana y Mercosur, Eduardo Sigal, se muestra conforme con los resultados alcanzados en las negociaciones que permitieron ampliar y profundizar el Acuerdo de Complementación Económica entre la Argentina y México. Subraya la expectativa existente entre los negociadores argentinos sobre las posibilidades de comercio que se generarán para el país.

El convenio original –un acuerdo de preferencias fijas en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI)– fue firmado en 1986 y ampliado luego mediante sucesivos protocolos adicionales, como alternativa ante la negativa de los mexicanos de negociar un libre comercio (TLC), consecuencia de fuertes cuestionamientos internos al NAFTA y a tratados de ese tipo suscriptos con varios países. Por lo tanto, ya propuesta del gobierno argentino, en junio de 2004 se inició una nueva ronda de negociaciones entre las dos naciones que culminó con el protocolo adicional firmado recientemente en la ciudad de México. El acuerdo abarcó a 1463 líneas arancelarias, 65% de las cuales pertenecen a productos nuevos, mientras que el resto se trata de una profundización de las preferencias existentes. De acuerdo a las estimaciones de la Cancillería argentina las posiciones negociadas representan actualmente un comercio de 300 a 350 millones de dólares anuales, que se suman a las 3.000 líneas que ya contaban con preferencia arancelarias. En resumen, alrededor del 60% del intercambio bilateral que en 2005 sumó 1.900 millones de dólares ha quedado en una franja de intercambio diferenciado y en un plazo máximo de 10 años quedará libre de barreras aduaneras. Sin embargo, el 40% de los renglones negociados fueron incluidos en la Canasta A y se desgravarán apenas entre el vigor el Protocolo, mientras que otro tanto, incorporado a la Canasta B, alcanzará ese objetivo en plazos de 3,4y 5 años, de acuerdo con el nivel de preferencias previas.

Sigal explica que es muy difícil evaluar cuanto puede ganar nuestro país con el ensanchamiento de la franja de preferencias. Entiende que de ahora en más dependerá del sector privado los avances que se alcancen. Cecilia Barrios Baron, titular de Dirección de América del Norte y Asuntos Hemisféricos de la Cancillería argentina, de intervención directa en las negociaciones, considera también favorable los resultados del convenio y señala que éste no marca el final del camino. “Queremos que se incorporen más productos en una próxima negociación bilateral o en el TLC Mercosur-México”. Señala que los nuevos renglones incluidos en el Acuerdo corresponden a sectores con capacidad instalada importante como es el caso de los químicos y el caucho y destaca la incidencia que tendrán los recortes en aranceles que, como en el caso del caucho, estaban en el 35% y bajaron a cero, así como también en el de alimentos en un rango de 20%. Esas dos ramas además de aparatos mecánicos, productos del plástico, metales comunes, material y aparatos eléctricos, cosméticos, productos minerales, instrumentos de precisión y diversos bienes de la industria gráfica, integran el grueso del acuerdo. México no quiso abrir la negociación en los rubros agrícola y agroindustrial por la fuerte resistencia de los empresarios locales, pero otorgó concesiones para un reducido número de bienes: productos de la pesca (merluzas, calamares y sardinas)alfajores, sopas, preparaciones para bebidas, aceitunas envasadas, conservas de durazno, con un cupo de 10.000 toneladas, y ciruelas frescas.

Listos para hacer negocios


Entre los empresarios que participaron de la negociación la impresión es igualmente favorable. La mayor parte de las posiciones (alrededor de 950) correspondieron a la industria química. José María Fumagalli, director ejecutivo de la Cámara de la Industria Química y Petroquímica, comenta que la canasta de desgravaciones propuesta por la entidad “tuvo muy buena aceptación”. Sin embargo, el trabajo de empresarios y funcionarios en este sector resultó complejo por la gran cantidad de artículos que estaban involucrados. Sobre todo porque fue necesario negociar producto por producto, ante la negativa de los mexicanos de tomar como base la condición de origen que rige en el Mercosur.

“Estamos muy satisfechos con la negociación así con el papel que desempeñaron los negociadores de ambos gobiernos”, acota Fumagalli. La industria química tiene productos en las tres canastas con niveles arancelarios que antes del Acuerdo oscilan entre 2 y 14% por parte de la Argentina y con algunas excepciones entre cero y 12% en el caso de México. Actualmente el intercambio bilateral sectorial suma aproximadamente 300 millones de dólares y la expectativa firme de los empresarios locales es la de un aumento significativo.

Entre los empresarios del sector metalmecánico el clima es igualmente auspicioso. La directora de Relaciones Comerciales y Negociaciones Internacionales de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina, Cristina Alonso, la cámara que los grupa, indica que del total de posiciones negociadas 305 corresponden al sector, de las cuales 130 aproximadamente, pedidas por los empresarios locales, tienen potencial exportador.

En ADIMRA no tienen todavía una estimación sobre la incidencia que tendrán las nuevas reglas comerciales sobre el intercambio sectorial, ya que es difícil de estimar la relación de elasticidad entre el arancel y la variación de los negocios. Los datos actuales indican que en 2005 para las 305 posiciones negociadas, las exportaciones argentinas sumaron 30 millones de dólares, mientras que las 130 solicitadas por la entidad representaron ventas en el mercado mexicano por 4 millones e importaciones por 200.000 dólares.

La mayor parte de las líneas arancelarias metalúrgicas fueron incluidas en la Canasta A de desgravación inmediata y en la B, con niveles iniciales de preferencia de 20 a 90% y un plazo máximo de 5 años para llegar a la reducción a cero del arancel. Alonso destaca que hasta ahora la balanza sectorial se ha inclinado decididamente a favor de las empresas locales, pero de todas formas, “aunque la expectativa es favorable es prematuro decir a quién favoreció el Acuerdo”.

Los empresarios gráficos también tienen motivos para estar contentos.

Iniciaron tratativas con sus pares mexicanos dos años atrás con el respaldo de la Confederación Latinoamericana de la Industria Gráfica, y las coincidencias que arribaron sirvieron de base a los diplomáticos de ambos países para avanzar rápidamente en la negociación sectorial.

Anselmo Morvillo, vicepresidente de la Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines (FAIGA), explica que con los mexicanos se llegó a convenios de complementación mediante los cuales, por ejemplo, los industriales aztecas darán preferencia a sus colegas argentinos cuando decidan hacer parte del trabajo en el exterior, y a la recíproca.

El Protocolo adicional otorgó desgravación inmediata al 80% de los productos de la industria gráfica, incluidos en el Capítulo 49 del nomenclador. La misma preferencia obtuvieron dos posiciones del Capítulo 39 que abarca a las etiquetas autoadhesivas. En cambio en el Capítulo 48 (estuches y etiquetas planas) no se llegó a un acuerdo. El entendimiento había sido alcanzado entre los empresarios gráficos de ambos países, pero los papeleros mexicanos no lo aceptaron y por lo tanto sigue abierta la negociación. Finalmente algunos artículos quedaron en el grupo que llegará a la preferencia del 100% al cabo de 10 años.

En la Cámara de Comercio Argentino-Mexicana se ha incrementado notablemente el trabajo desde que se conoció el resultado de las tratativas. “No damos abasto”, asegura su director, Francisco Ludueña, al mencionar la cantidad de consultas recibidas por conocer empresas mexicanas e incluso tentar posibilidades de radicación en el país del norte. Con amplia experiencia en el comercio bilateral, Ludueña afirma que es un acuerdo equilibrado, negociadores de los dos países hicieron un excelente trabajo. “Ahora es turno de los empresarios”. Define como conservadora la estimación que anticipa un aumento de 20 a 30% del comercio bilateral en el segundo semestre, e indica que seguramente en próximas rondas de negociaciones serán incluidos rubros como textiles, autopartes y productos siderúrgicos.

Precisamente los textiles quedaron fuera del convenio porque no se llegó a un acuerdo sobre la condición de origen de los artículos que se desgravaban.

México sostenía que debían contener insumos de los dos países. En definitiva se trata de una discusión sobre proporciones de valor agregado. En cambio, los industriales autopartistas deberían estar incluidos en el acuerdo del sector automotriz entre el Mercosur y México. Este convenio ha posibilitado que desde mayo pasado exista libre comercio entre constructores de automóviles de ambos países, pero hasta el momento no contempla ninguna preferencia para los fabricantes de partes y piezas. Últimamente los mexicanos han cuestionado los términos del Decreto 774 estableció un incentivo a las terminales locales (devolución de impuestos) que compren autopartes de origen nacional.

El intercambio comercial entre la Argentina y México ha seguido una curva ascendente desde el 2.000. En los cinco años transcurridos desde entonces hasta el 2.005 creció más del100% pasando de 890 millones de dólares a casi 1.950 millones. En el último año las exportaciones argentinas sumaron 1.150 millones de dólares contra 793 millones de las importaciones. En los últimos seis años el saldo comercial a favor del país llegó a 1.668 millones. La perspectiva de una expansión comercial sostenida está abierta. Mientras tanto en el Palacio San Martín siguen trabajando para identificar la masa crítica de nuevos productos con vistas a ser incorporados al acuerdo. Pero al mismo tiempo los funcionarios se han visto abocados a una nueva tarea: responder a crecientes consultas de cámaras y empresas, interesadas en conocer los detalles del Acuerdo y explorar las oportunidades de negocios que se han abren en el comercio bilateral “al equiparar las condiciones de competencia en un gran mercado, frente a proveedores de otros países que suscribieron convenios comerciales con México en los últimos años”.

Osvaldo Calelo


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