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Sábado 21 de Septiembre, 2019
PYMES

Mucho depende de las empresas

La Fundación Observatorio PyME realiza también el seguimiento de la actividad exportadora de un grupo de pequeñas y medianas empresas industriales. De su evolución reciente y de la necesidad de prepararlas para poder competir con mayores posibilidades en los mercados internacionales, habló el doctor Vicente N. Donato en el seminario organizado por la Cámara de Exportadores de la República Argentina.

ImagenDr. Vicente Donato.
“Más allá de la estructura económica del país o de las barreras u oportunidades que ofrece el escenario global –ambos factores, fuera del alcance de las empresas nacionales– cabe dedicar esfuerzos destinados a lograr una mayor profesionalidad intra-firma a fin de ganar competitividad y así poder afrontar los desafíos que presenta el comercio internacional. En ese sentido, la Fundación Observatorio PyME viene realizando el seguimiento de un grupo calificado de pequeños exportadores, cuyo universo de estudio es diferente –por definición de tamaño y volumen de operaciones– al analizado por el Instituto de Estrategia Internacional de la CERA: En nuestro caso abarca a empresas que en promedio facturan 3.5 millones de dólares y venden al exterior por 800 mil dólares como máximo, constituyendo un segmento más reducido –son sólo casi 3.000 PyMEX– aunque exportan el 50% del valor manufacturado de la Argentina y ocupan el 60 % del personal ocupado por nuestra industria. Además son autónomas, porque no integran grupo económico alguno; estables, porque exportan sistemáticamente más del 5% de sus ventas todos los años; y no son micro, pues ocupan a más de 10 y menos de 200 trabajadores.

A grandes trazos, observamos que su distribución sectorial y territorial es muy disímil, reflejando los grandes desequilibrios que subsisten en la Argentina actual: Si en el Partido de Pilar (ubicado en el segundo cordón del Gran Buenos Aires) 27 de cada 100 industrias son PyMEX, en toda la provincia de Salta el porcentaje disminuye a 3%, similar a Tucumán, en tanto 4 de cada cien empresas exportan desde Chaco. Y este no es un tema menor, porque ninguna estrategia exportadora puede obviar tan enormes diferencias. Aún así, cabe agregar otro dato: Durante la única década, con ligeras variaciones, no se ha modificado el rumbo que inspira a este colectivo de exportadores. Para ellos poco cambió y siguen siendo el 20% de la industria argentina exportadora.

A los efectos de calificar el desarrollo interno de los distintos sectores en función de graduar su nivel de competitividad internacional –que si bien no excluye el factor precio tampoco lo entroniza como dominante– a partir de distintas variables relevadas por la Encuesta Estructural del Observatorio, nuestro análisis incluye dos índices compuestos –el de Desarrollo Organizativo y el de Desempeño- que miden las capacidades de las firmas que lo componen. Mientras que las empresas más competitivas son aquellas que exportan, no están amenazadas por importaciones y no pierden mercado interno, en el otro extremo se ubican las (menos competitivas) que pierden mercado, están amenazadas por las importaciones y no exportan.

Si bien resulta de interés conocer los factores que concurren a la definición de ambos índices (“Dispone un organigrama definido”, “planifica el semestre”, etcétera –en el plano del desarrollo organizativo-; o bien, “Utiliza la mayor capacidad instalada de planta” en el de Desempeño Empresarial) habremos de eludir este punto. Basta subrayar que, de acuerdo a este esquema, no resulta novedoso saber que el sector más competitivo es el de alimentos y bebidas –con sus diferencias al interior: no es lo mismo exportar yerba que vinos de alta gama- en tanto el segundo lugar lo ocupan las sustancias y productos químicos mientras el menos competitivo es textiles, cuero y calzado.

Latitudes

Recorriendo estas relaciones, que se asocian al modo como las PyMEX participan en el mercado internacional, es notable su pérdida de calificación en el mercado brasileño. Por supuesto que el intercambio bilateral es mejor que en los `90; pero aún así, las PyMEX –en general- están perdiendo mercado, negocios, en las áreas más sofisticadas de compra. Brasil importa cada vez menos y allí se remite “lo que podemos”. Los envíos a Chile, Uruguay y el resto América son menos complejos, reúnen menor valor agregado, mientras estamos perdiendo los mercados más significativos en integración tecnológica. En 2005, el 31% de los productos vendidos a Brasil eran alimentos y bebidas; ahora ese porcentaje trepó a 56 puntos. Quienes perdieron su presencia fueron los textiles, la industria del calzado; la ganaron las sustancias químicas, lo que significa que los sectores más competitivos siguen subiendo posiciones y caen los que tienen menos desarrollo organizativo y de desempeño.

Vale decir que aquellas empresas que tienen más alto desarrollo interno, más suman. Todo suma: un organigrama con definición específica de las funciones para cada área y persona, la incorporación de nuevas tecnologías, el cumplimiento de normas ISO, el monitoreo de satisfacción del cliente, etcétera. A mayor competitividad más posibilidades de competir en el mercado internacional. Pero para ello hay que preparar a las empresas. También focalizar las distintas políticas de promoción de exportaciones (por segmentos, sectores, pertenencia territorial), tanto en el ámbito público como el privado. El tipo de cambio no es la única variable para ganar competitividad internacional, se requieren políticas transversales teniendo en cuenta que todo empresario debe tener uno ojo puesto en el contexto económico del país, pero también el otro en la creciente profesionalización que demanda el mundo actual a cada empresa.


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