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Procesos de integración

Nuestra relación con Brasil

Nuestro país tiene que replantear su estrategia de vinculación con el socio mayoritario del Mercosur y reconocer que, si bien existen sectores en los que hay conflictos que deben ser resueltos, este es un momento histórico para aunar capacidades y salir juntos al mundo potenciando aquellas áreas en las que ambos países tienen altos niveles de competitividad.

ImagenBernardo Kosacoff - Director de CEPAL Argentina
Escribe Bernardo Kosacoff - Director de CEPAL Argentina

En los últimos 15 o 20 años, el intercambio con Brasil sufrió variaciones significativas que pueden ser leídas como producto del desarrollo de cada uno de nuestros países. En aquella época nosotros les vendíamos alimentos y energía y teníamos un balance comercial positivo. Sin embargo, a lo largo de ese tiempo Brasil produjo notables cambios en esos sectores y hoy tiene significativas reservas energéticas que le permiten ser autosuficientes y una industria alimenticia que avanzó y creció hasta lograr adquirir la porción más significativa de la industria frigorífica local, cuyas unidades eran y son las principales abastecedoras de carne del mundo.

Por otra parte, los brasileños agregan a su estructura productiva, sostenida por una política que se mantuvo a lo largo de los años, una aceitada organización comercial, nutrida por funcionarios de carrera de Itamaraty que les facilitan el acceso a los mercados del mundo.

Brasil es un país que quiere ser un jugador importante en el nuevo escenario mundial y, no desconoce que, para lograrlo, necesita de los niveles de calidad de Argentina y del 25% del mercado adicional que representa nuestro país. Estos hechos, sumado a la apreciación del real, abren hoy una ventana de oportunidades que nuestro país debe saber aprovechar. Entre las ventajas que se crean con el nuevo marco macro, producir en la Argentina podría ser beneficioso porque los costos serían significativamente menores. Por otra parte y siempre basados en la paridad real-dólar, nuestro país volvería a constituirse en el destino turístico preferido por los brasileños que se sienten tan atraídos por Buenos Aires como por otros puntos de reconocida belleza del interior del país.

Nuestros países, unidos, producen cerca del 70% de las proteínas que hoy se consumen en el mundo pero, en la actualidad, ser proveedores de insumos ya no alcanza para tener un lugar entre los países jugadores de las grandes ligas, de manera que hay que crear y/o fortalecer las cadenas de valor para transformar los alimentos y ser capaces de llevarlos con nombre propio a las góndolas de los supermercados del mundo. La Argentina y Brasil tienen que desarrollar un poder de contratación común que les permita incursionar en el mercado internacional con productos diferenciados y de alta calidad, integrando en forma inteligente sus redes productivas y de distribución.

Estos objetivos que pueden ser logrados en la agroindustria, son factibles de ser replicados en energías alternativas, maquinaria agrícola, biotecnología, informática y muchos otros sectores de alta calificación.

Asimismo ambas naciones tienen la posibilidad de negociar mejores estrategias de especialización – hoy inexistentes- frente a las mismas firmas multinacionales que se encuentran en uno y otro país.

El hecho que Brasil esté posicionado en nuestra estructura productiva -donde ha comprado muchas empresas y seguirá haciéndolo- le permite conocer que, desde el punto de vista de la microeconomía, la Argentina tiene ventajas considerables en su dotación de recursos humanos. Y sabe –porque está recorriendo ese camino- que éste es un privilegio que lleva mucho años atesorar y que es difícil conseguir.

Agreguemos que en los próximos años se harán en Brasil los Juegos Olímpicos y el mundial de fútbol y que ambos acontecimientos, bien vistos, son otra ventana de oportunidad para que la Argentina intervenga en el ambicioso programa de obras de infraestructura que se llevará adelante en aquel país y venda una importante y extendida gama de servicios que puede incluir desde software a catering.

Para reforzar el eje definitorio del Mercosur, hace falta una estrategia que vaya más allá de las repetidas disputas comerciales y avance en una agenda positiva en la que nuestro país tiene mucho que ofrecer.

Desplegar una estrategia activa con Brasil debería ocupar un lugar central en el diseño de políticas apoyadas en una visión conjunta sobre la inserción internacional deseable, la identificación de recursos para hacerla posible y el desarrollo de una acción compartida entre los sectores público y privado.


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