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PYMES

Nuevas señales de advertencia

Desde la salida de la convertibilidad, con el consiguiente cambio de los precios relativos, la evolución del conjunto de la industria siguió una curva ascendente que, según la medición del Estimador Mensual Industrial del Indec, arrojó una diferencia de 76,7% entre diciembre de 2001 y diciembre de 2007. En los primeros meses de 2008 la tendencia se mantiene alcanzando una variación en el bimestre enero-marzo de 6,7% respecto a igual período del año anterior. El segmento pequeño y mediano de la manufactura fabril se desenvolvió en línea con los índices generales y, en casos como el referido a la creación de fuentes de trabajo, los superó.

ImagenesFracisco Do ReisJorge GiambiagiPablo Reale
Tras casi cuatro años de recesión, los últimos directamente de depresión, el cambio, especialmente para las pequeñas y medianas fábricas, fue notable. “En 2002 salimos del infierno. Fue la crisis más grande que yo haya conocido y le estoy hablando de los últimos 50 años. La recuperación fue asombrosa”, dice Francisco Dos Reis, presidente de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APyME). Si se le pregunta que es lo mejor de la política económica llevada adelante desde entonces, responde de inmediato que la devaluación y la recuperación del salario, “que amplió la demanda y abrió el camino hacia el crecimiento”.

Sin embargo, hacia adelante el horizonte no parece tan despejado. APyME cuenta con alrededor de 8.000 socios, en su gran mayoría pequeñas empresas.

Periódicamente Dos Reis realiza consultas con varios de los titulares de esos establecimientos, que le permiten armar un cuadro de situación. Su conclusión es que las PyMES han comenzado a entrar en un terreno de dificultades. La explicación comienza con una aclaración: “APyME siempre se ha negado a considerar el salario como la variable de ajuste”. Sin embargo, al abordar directamente el problema que le preocupa dice que en estos momentos para las pequeñas empresas “la discusión salarial se ha vuelto más que compleja. Ahora cada aumento del salario es un drama para establecimientos de 10 o 15 trabajadores, que son las gran mayoría de los socios de la entidad”. La situación de los más chicos no es en general contemplada en los convenios salariales. “Se discute como si todos fuéramos iguales, los grupos económicos y las firmas de menor dimensión. Es necesario implementar una política diferenciada en materia impositiva, de modo de resolver el problema que crea el desigual impacto de los aumentos salariales. Para una compañía de alta tecnología el costo salarial representa en promedio entre el 5% y el 6% del costo total; en cambio, para una empresa de mano de obra intensiva esa proporción sube hasta el 25% o el 30%. Es necesario tener en cuenta que las PyMES absorben el 70% de la mano de obra ocupada”.

Sin duda el aumento de los costos de producción y la caída de la rentabilidad constituyen las principales preocupaciones existentes en las pequeñas y medianas firmas fabriles. En un reciente trabajo del Observatorio Pyme se estableció que los costos unitarios de esa franja experimentaron un incremento del 47% en el tercer trimestre de 2007 respecto a igual período del año anterior. A su vez la rentabilidad bruta (ventas totales menos costo de la mercadería vendida) cayó 23% en el bimestre 2006-2007 en comparación con el promedio del bimestre anterior.

Estos datos coinciden con las referencias que se manejan en la Cámara de Industrias de Procesos de la República Argentina (Cipra), la entidad que agrupa a las pequeñas y medianas firmas de la química liviana. Su titular, Jorge Giambiagi, señala que el principal problema que están afrontando las empresas del sector es la carrera de los costos ante la estabilidad del dólar. “En los últimos tres o cuatro años se fue perdiendo la ventaja competitiva lograda tras la devaluación, y la inflación de costos más fuerte es la que deriva de la puja salarial, impulsada por aumentos de 20 o 25%. Por costo salarial las empresas desembolsan 20% más de lo que lo hacían en 2001”.

Pero además, dice que salvo la energía y los combustibles, todos los costos han aumentado en línea con los sueldos.

Giambiagi explica que las firmas combatieron esos aumentos con incrementos de la productividad, y admite que el rendimiento por obrero ocupado ha ido mejorando a medida que se fue renovando la tecnología y se formó nuevo personal. Sin embargo advierte que “esto tiene un límite cuando los convenios que se negocian están, en términos reales, por arriba del 20%”.

A su vez el crecimiento de la productividad tiene otro límite que es el volumen de la inversión. El titular de Cipra subraya la diferencia existente en la intensidad de la aplicación del recurso tecnológico con relación a los niveles europeos, y sostiene que la industria no ha seguido la evolución de la tecnificación que ha logrado el agro en las últimas décadas. “Existe una brecha entre el nivel tecnológico traducido a términos de productividad, y los salarios que se pretenden”.

Por lo demás, la estructura del convenio laboral agudiza la situación de desigualdad. La paritaria del sector agrupa tanto a las grandes corporaciones petroquímicas como a las pequeñas y medianas plantas químicas de procesos discontinuos. Pero mientras para las primeras el costo laboral representa 5% sobre el precio final, para las segundas llega al 20% y va en aumento. En Cipra están preparando una propuesta para desglosar el convenio de modo de contemplar la asimetría.

La inflación también repercute fuerte en la Pequeña y Mediana Industria Metalúrgica. “Las empresas están embretadas ya que tienen serias limitaciones para trasladar los aumentos de los costos a los precios. En muchos casos son proveedores de grandes compañías que establecen las condiciones. Pero asimismo las PyMES son productoras de bienes transables y por consiguiente sujetas a la presión de la competencia de la importación”, explica Pablo Reale, presidente de la Cámara de la Pequeña y Mediana Industria Metalúrgica Argentina (Camima).

Los empresarios metalúrgicos afrontan una difícil negociación salarial en medio de medidas de fuerza del sindicato y un dictado de conciliación obligatoria del Ministerio de Trabajo Empleo y Seguridad Social. El impacto del salario es muy dispar en esa franja fabril. En las ensambladoras metalúrgicas, por ejemplo, puede llegar hasta el 70% del costo total, mientras que en las plantas inyectoras de aluminio baja sustancialmente. En promedio oscila entre 40 y 50%. “Si bien es inmoral sostener que un operario que gana 1.200 pesos no debe recibir aumento, es grave no tener en cuenta la repercusión de ese aumento sobre el costo empresario cuando el Estado no hace ningún esfuerzo por bajar la presión fiscal que pesa sobre las empresas”, señala Reale.

Sin embargo el titular de Camima explica que la inflación alcanza a todos los factores de la producción, particularmente entre los materiales que utiliza la metalurgia como metales básicos y aluminio. El impacto es por cierto apreciable. De acuerdo con el Índice de Precios de las Materias Primas elaborado por el Banco Central, entre diciembre de 2006 y el mismo mes de 2007 el incremento superó el 50%.

Necesariamente la presión inflacionaria altera las ecuaciones de las empresas. “Mientras los precios en dólares de las exportaciones han tenido muy poca modificación, los costos en esa misma moneda han sido importantes”, destaca Giambiagi, cuya impresión es que “volvemos a estar cerca del uno a uno”. Al dirigente le vuelve a la memoria la “tablita” del ex ministro Martínez de Hoz, y dice que la actual política económica ha construido una red de subsidios y de compensaciones nada fácil de manejar. Esta pérdida de competitividad comenzaron a sentirla las empresas químicas en el mercado interno. Por ejemplo, en la rama de colorantes la competencia de China y de la India está haciendo perder ventas a las firmas locales. “Las empresas sobreviven dando servicios, no por los precios”, dicen en Cipra. En cambio consideran que se va a seguir exportando. “Hay que tener en cuenta que las colocaciones externas son una fuente de financiamiento. Los bancos compran las letras a 90 o 120 días y a las firmas les interesa mantener el negocio exportador, de modo de contar con un soporte financiero”, explica Giambiagi.

Sin embargo para el titular de Cipra éste no es el punto. “En 2002 cualquiera exportaba. Ahora no es así. Estamos perdiendo esa oportunidad. Nunca las cosas se repiten. En la franja de las pequeñas y medianas compañías químicas entre el 15% y el 20% de la producción se despacha hacia los mercados externos”.

En la cámara que agrupa a las PyMES metalúrgicas consideran que si bien la situación no es seria, en el mercado local comienzan a verse cada vez más productos importados. “Hasta hace un tiempo las compras de bienes de capital marcaban la composición de las importaciones del sector. Ahora aparecen bienes que compiten directamente con la producción local. Si se saca la inflación, tenemos un dólar de 1,50 pesos. Los mismos problemas se presentan en las exportaciones”, señala Reale.

El crédito, gran ausente

El otro factor que gravita en la pérdida de competitividad de las empresas es la ausencia de fuentes de financiación. “El problema central que tienen las PyMES es el no ser reconocidas como sujetos de crédito. Lo único que evalúan los bancos es el patrimonio. Para que un préstamo sea otorgado el patrimonio de la firma debe superar una o dos veces el monto que se solicita. El sistema bancario está programado para financiar el consumo, no la inversión. Incluso en el régimen de tasa subsidiada los criterios de evaluación de los bancos son los mismos”, afirma el titular de Camima.

En este terreno la situación de las PyMES es particularmente desfavorable. Por ejemplo, Reale comenta que mientras esas empresas deben entregar cheques diferidos al realizar sus compras, las grandes compañías que adquieren sus productos no lo hacen ni tampoco entregan facturas conformadas. Advierte que la industria, en su gran mayoría, se financia con fondos propios y con capital de giro. Sin embargo en la medida en que se reduce la rentabilidad, se va creando un cuello de botella, ya que en el caso de las pequeñas y medianas plantas se está llegando al tope de la capacidad instalada.

La crítica a los bancos es una suerte de común denominador en la pequeña y mediana industria. Dos Reis sostiene que la única banca que está abierta a las PyMES es la oficial (Nación, Provincia y Ciudad) y el Banco Credicoop. En consecuencia, las empresas se financian con la reinversión de utilidades, pero advierte que éstas no son significativas.

Giambiagi destaca también la ausencia de fuentes de inversión. “Es sencillo vender cheques o conseguir adelantos sobre exportaciones. Pero estos no son recursos para invertir”. Las empresas, a su vez, se financian reinvirtiendo beneficios. Sin embargo “estos fondos no alcanzan para producir el salto cualitativo que se necesita. En la India, por ejemplo, no hay empresa que crezca sin deber el 100% de lo que invierte al banco industrial. Aquí hace falta una fuerte inyección de fondos a mediano y largo plazo, capitales de inversión”, advierte.

En su opinión los instrumentos públicos de asistencia a las PyMES tampoco mejoran la situación. “En la práctica no conozco quien los use. Existe un del área oficial de la pequeña y mediana respecto a las empresas. En este sentido hace más Ciencia y Tecnología”, sostiene Giambiagi. A su vez Dos Reis explica que tras haber realizado una encuesta sobre los instrumentos del gobierno entre 100 socios de APyME, el resultado reveló que los empresarios tienen una idea muy vaga respecto de lo que es la Subsecretaría y PyME para que sirve. “Lo cierto es que la oferta de herramientas existente resulta insuficiente y, además, juega en contra una estructura burocrática que resulta desalentadora”. De todos modos APyME trabaja con el organismo oficial para difundir lo existente y los empresarios aseguran que la relación ha mejorado a partir de las últimas gestiones.

Pero el incremento de los costos y la falta de crédito no son los únicos obstáculos que deben afrontar las pequeñas y medianas empresas fabriles. Reale focaliza como uno los asuntos graves “el desmadre que se ha creado con los juicios laborales. Lo que la ley definía como indemnización para los accidentes laborales era un absurdo. Sin embargo la apertura de la vía civil, sin que existan parámetros a partir de los cuales los empresarios puedan hacer previsiones, y eso constituye otra fuente de incertidumbre y un factor de pérdida de competitividad”.

Dos Reis apunta en otra dirección. Explica que entre el 35% y el 40% de las PyMES operan en la marginalidad y concentran una parte significativa del trabajo en negro. En algunos casos resultan más competitivas que las firmas que están en el circuito legal, pero corren con un altísimo riesgo patrimonial. Las causas de esta situación son la deuda bancaria y una importante deuda previsional, además de los concursos no consumados. “El anterior titular de la AFIP decía que no era justo el blanqueo ya que establecía un trato discriminatorio respecto a los que habían cumplido con sus obligaciones. Es un error: con esto perdemos todos y se distorsiona el mercado”, subraya el titular de APyME.

El faltante de mano de obra calificada es otro tema habitual de la conversación con los empresarios. Dos Reis lo califica como un problema dramático: faltan fresadores, torneros, pero también albañiles, techistas, etcétera. Reale coincide en calificar como serio el problema, mientras que Giambiagi considera que el faltante de personal especializado está peor que al comienzo de la reactivación, debido a que hay más empresas, nuevos equipos y nueva tecnología. “Tras la desaparición de las escuelas de oficio conseguir un químico se ha convertido una tarea sumamente difícil”.

Hacia adelante los pronósticos empresarios encierran interrogantes. “El 2008 no lo veo mal. Se va a seguir creciendo, aunque a tasas menores”, anticipa Reale. Para el empresario la incógnita está en el mediano plazo. A su juicio “las principales preocupaciones este año son la presión fiscal, el control de la inflación y la interferencia de conductas que no ayudan, como por ejemplo el manejo de los índices oficiales o la subestimación del presupuesto fiscal. La ausencia de referencias cuantitativas ciertas sobre la marcha de la economía genera falta de confianza. Además, me preocupa que para solucionar la inflación pudiera elegirse la receta del enfriamiento de la demanda”.

Giambiagi reconoce que “indudablemente estamos mejor que hace diez años”, pero le imputa al gobierno carecer de una visión de mediano plazo. Y afirma: “Este año va a ser difícil”, dice.

Dos Reis habla en un tono más pesimista. “Se vienen momentos muy difíciles.

No se advierte el entusiasmo que existía para esta misma época en el año anterior. Tiene que seguir aumentado la demanda social. Sólo la expansión del mercado interno dará crecimiento a las PyMES”. El empresario destaca la necesidad de un plan global y recuerda que su entidad entregó al ex ministro de Economía y Producción, Miguel Peirano, un documento conteniendo los lineamientos de un Plan Quinquenal. “La Argentina tiene desde sus orígenes, cuando las fuerzas patrióticas fundían sus propios cañones, y a lo largo de su historia, un proceso industrial frustrado. Es necesario abrir una discusión sobre un modelo de inclusión social. Achicar la brecha entre los que más ganan y los que menos ganan es responsabilidad del gobierno y de los actores sociales, de lo contrario una sociedad, una nación no es viable”.√

Osvaldo Calello

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