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Sectores económicos

Pacto social ¿para qué?

La economía argentina estuvo, desde 1998, bajando de la cima de una colina al fondo del valle (2001/2002) y desde ahí volviendo a subir la montaña del otro lado del valle. Una “V” de 8 años. Finalmente, en 2007, hemos comenzado a crecer por encima de los niveles alcanzados hace casi una década.

ImagenCarlos Leyba
Frente a este escenario de haber llegado al punto de partida y de haberlo superado; de contar con herramientas y ambientes superiores al punto de partida y de sentir la inquietud de los precios, la desinformación estadística y la declinación de la calidad de los precios conversados, los empresarios nacionales y trabajadores proponen un Pacto Social. ¿Por qué?.

Es que del otro lado hay indicios de la presencia de Mario Blejer cerca de la probable futura presidente; gurúes de la City merodean laCasa Rosada. Se están dibujando peligrosamente las líneas de la dinámica del ajuste. Ningún indicio de la existencia en preparación de una dinámica gobernada por la inversión. El frío, tiene adeptos en la Rosada. Hay una razón: es el camino más corto a la estabilidad de los precios. Pero es el más caro a largo plazo.

Recordemos que desde Martínez de Hoz en adelante rige la medicina fría de congelar precios con productos importados. Todos sabemos lo que significa a mediano y largo plazo. Hoyel importado, mañana el desocupado, el pobre, la frustración, la inseguridad, un país no confiable.

El Pacto Social –de empresarios nacionales y trabajadores– supone otro rumbo.

No al frío. Sí al paso adelante. El Pacto Social es la herramienta de la heterodoxia madura, un compromiso para erradicar la pobreza y para generar masivas inversiones y ocupar el territorio (compensación agrícola, minera, petrolera); para instalar el carácter de servicio público del sistema financiero y reconstruirel control estatal nacional de los recursos naturales estratégicos. Programas y acciones estratégicas. Si hemos, por fin, superado los niveles de 1998 pero con otro conjunto de precios relativos ¿no es hora de avanzar en la dirección de ese Pacto de transformación? ¿Quiénes son los protagonistas? El estado no tiene empresas y los empresarios nacionales no controlan ni el capital ni los mercados estratégicos. Están en manos extranjeras. El 50 por ciento de los trabajadores está en negro. Las cúpulas sindicales y empresarias y el estado no representan lo que representaban en 1973.

¿Qué hacer? La física no garantiza al Pacto. Solo la química es posible.

Un país vacío y con hacinamiento; rico en recursos y con legiones de pobres.

Un país que desarrolló la energía nuclear, la informática; la aviación, la industria automotriz. La sociedad más moderna de América Latina en los 50-60, hasta la crisis de los 70. La hemos perdido. ¿La podremos recuperar?.

El Pacto, por cierto ni remotamente limitado al acuerdo de precios y salarios, ni siquiera motivado por ello, es para recuperar el tiempo y el ritmo perdido.

Promover un consenso, que es un sentido en común. El acuerdo, que convoca al corazón a una idea de cierta mística del desarrollo. La concertación que es poner certezas en común. El pacto que compromete a cada parte a pagar, a tributar lo de cada uno. Todo eso desde el lugar de cada uno. ¿Qué cedemos? Lo que queda de los partidos políticos; el parlamento, con la vocación que tenga de representar; los trabajadores; los empresarios nacionales. No es todo. Ni todos. No tienen representación posible, aunque debieran, los que más sufren, los trabajadores en negro, los desocupados por generaciones, los chicos de la calle, los pobladores rurales abandonados, las pequeñas comunidades aborígenes. Tampoco tiene representación el futuro. Pero lo que puede superar esas ausencias es el contenido, el para qué. No pueden estar allí las empresas extranjeras que son importantes, pujantes, respetables, pero no son nacionales. Tienen y así debe ser, la lógica del proyecto de la globalización en la que las naciones son un mercado a conquistar. El Pacto, en cambio, tiene la lógica del proyecto de Nación, la lógica de la conquista de nuestro territorio, nuestros recursos y nuestro potencial para ponerlo al servicio de nuestro futuro. No hay nada necesariamente en común entre uno y otro. Aunque puede haberlo en la medida que esas empresas sean funcionales al proyecto de la Nación y no viceversa. ¿Culpable? La ausencia de un proyecto nacional. De eso se trata todo lo que pasó, todo los que nos pasa y todo lo que nos puede pasar.

La lucha por el desarrollo nos obliga a ser un país industrial, con exportaciones industriales. Esa es la ruta de todas las experiencias recientes: Corea, Irlanda, etcétera. Si no optamos por ese camino, que requiere heterodoxia de inversión, solo nos queda tener “éxito” administrando formas de subdesarrollo, de pérdida del potencial, de renuncia al progreso colectivo. Para eso no hace falta ningún acuerdo, es lo que ocurre si no hay un Pacto.

La política, con la decadencia económica y social, ha derivado a la pequeña visión gerencial: invadida por famosos, financistas exitosos, empresarios lobistas. La política sin contenido. El teorema de la imposibilidad que hizo primero que la Alianza profundizara la convertibilidad o que el abandono de la misma ocurriera, para ser honestos, por obra de los que lo hicieron contrasu voluntad. No se trata de hacer nombres pero los que salieron de la convertibilidad creían en ella; Ninguna maduración de cambio se ha expuesto más allá de la crítica litúrgica al pasado. Muchos de los pilares sistémicos están donde los puso laconvertibilidad. El Pacto generado desde las fuerzas sociales es una consigna moral para transformar los contenidos de la política.

El riesgo inminente es que la actual y futura reestructuración de la economía mundial nos arrebate otra oportunidad. Atraparla exige un consenso, acuerdo, concertación, pacto para un programa para el desarrollo integral amojonado a 10 años. Esa es la principal tarea de la política a la que los economistas debemos contribuir. Si la depresión personal tiene que ver con la ausencia de proyecto de vida, la depresión de la política tiene que ver con esa ausencia de un proyecto nacional.

Ese proyecto ¿cómo se genera?, con un pacto que no encubra la realidad que debemos superar. Con un pacto de verdades.

Nota de Carlos Leyba

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