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Sectores económicos

Perspectivas favorables

La producción y comercialización de maquinaria agrícola fue uno de los negocios que más creció desde que en el segundo trimestre del 2002 se inició una fuerte reactivación de la economía. Impulsada por la sostenida demanda originada en la suba del precio internacional de los granos, entre ese año y 2005 la venta de equipos aumentó 280%. Este último año la facturación total del sector se acercó a los 2.600 millones de pesos.

ImagenesEugenio ValencianoManuel DorregoRosana Negrini
De acuerdo con las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la comercialización de máquinas de origen nacional se incrementó 80% en 2003, 22% en 2004 y 9% en 2005, un acumulado de casi 140%. En el pico de la ola de demanda las fábricas pusieron a trabajar toda su potencia productiva y así y todo, no dieron abasto. Las entregas se hacían a seis o siete meses y la importación, que había tocado su punto más bajo en el 2000, acentuó decididamente su curva ascendente. De ocupar el 37% del mercado en 2002, los equipos importados, fundamentalmente tractores y cosechadoras, pasaron a satisfacer el 64% de la demanda en 2004. Sin embargo en el año siguiente esa proporción bajó al 60% y en el primer semestre del 2006 se ubicó en el 54%, marcando un repunte de la producción nacional.

Cubierta la demanda inicial, el comercio de maquinaria agrícola se ha estabilizado. Incluso en 2005 las ventas resultaron levemente más bajas que las concretadas en el año anterior. En la Asociación de Fábricas Argentinas de Tractores (AFAT), representación corporativa de las filiales de firmas internacionales y de algunas locales como Pauny, su director ejecutivo, Eugenio Valenciano, pronostica que “2006 será igual que 2005, mientras que para el año próximo no se esperan mayores cambios”. En la actualidad, se comercializan menos unidades, pero como se trata de equipos de mayor capacidad de trabajo, en términos de valor no puede hablarse de un caída en las ventas.

Una impresión semejante tiene Manuel Dorrego, director ejecutivo de la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (CAFMA), entidad en que se agrupan empresas pequeñas y medianas, dedicadas principalmente a la fabricación de sembradoras e implementos: “Durante la recesión las plantas trabajaban a menos del 50% de su capacidad de producción, pero con el fin de la convertibilidad y el alza del precio de los granos, el escenario cambió por completo y las empresas se encontraron con una demanda sin precedentes. Ahora la situación se ha estabilizado”. El directivo indica que como consecuencia de la ampliación del mercado, las compañías aprovecharon para capitalizarse incorporando infraestructura, máquinas-herramienta, equipos auxiliares y personal.

Un mercado diferenciado


De acuerdo a las cifras del año anterior, el 81% de las cosechadoras y el 87% de los tractores tienen origen importado. En estos dos tipos de máquinas se concentra el 90% de las compras externas. En cambio, prácticamente la totalidad de las sembradoras son fabricadas en el país, mientras que en el rubro de implementos, las firmas locales abastecen a casi el 70% de la demanda. El contraste con la década del 90’ es notorio. De acuerdo con un estudio del Instituto Nacional de Tecnología Industrial(1) en esos años la penetración de las cosechadoras y tractores importados alcanzó en promedio 51% y 18%, respectivamente. Pero por entonces se produjo una profunda reestructuración y racionalización a nivel mundial de la industria de maquinaria agrícola, reconversión que derivó en una especialización de las corporaciones multinacionales en determinadas familias de componentes o productos, de acuerdo a países y regiones También en CAFMA tienen novedades. El convenio de intercambio con la República Bolivariana de Venezuela ha abierto nuevas oportunidades de negocios. A cambio de combustible, la Argentina suministrará equipos y asesoramiento en la práctica de siembra directa, de especial interés para los venezolanos. El acuerdo es por cinco años, en cuyo transcurso los fabricantes locales colocarán en ese mercado equipamiento por 500 millones de dólares. Este volumen de negocios elevará el coeficiente exportador al 20% de la producción anual, el doble del porcentaje actual.

¿Sustitucion de importaciones?


Los nuevos emprendimientos están altamente condicionados por las exigencias que imponen las economías de escala, con una suerte de división del trabajo entre la Argentina y Brasil. Pero esa racionalización tiene consecuencias en el hecho de que hay marcas nacionales que se arman con motores, incluso partes y piezas traídas de Brasil. El directivo de AFAT explica que en general el fabricante local no produce tecnología sino que la importa. Sólo a partir de determinado volumen de producción se justifican inversiones de ese tipo. Más bien, la política de la entidad consiste en tratar de desarrollar proveedores locales para las grandes firmas radicadas en la región.

Además de este desplazamiento de capitales, que modificó la estructura productiva local, el impacto de cuatro años de recesión sobre el proceso de renovación tecnológica produjo un envejecimiento del parque existente. Un estudio realizado por el Centro de Estudios de la Situación y Perspectivas de la Argentina (CESPA)(2) para la Asociación de Industriales Metalúrgicos del país (ADIMRA) determinó que “a pesar de la gran cantidad de la maquinaria que el agro ha incorporado en los últimos tres años y la imagen pública de un sector pujante y moderno, la situación real es muy diferente. Si se analizan los datos, más allá de las explotaciones de grandes extensiones, se descubre que las condiciones del parque mecánico de la República Argentina en su conjunto, en realidad, han empeorado”. El trabajo destaca la necesidad de poner en funcionamiento todos los años más equipos que los que se dan de baja, “porque en caso contrario se pierde capacidad de trabajo global para las labores”.

En CAFMA convalidan esta apreciación. Hace unos años atrás el INTI estimaba en 15 años (promedio) la antigüedad del parque .

La curva de la productividad


Sin embargo el déficit de renovación del stock productivo no es la única novedad que registra el cuadro del sector en los últimos años. La producción de cereales y oleaginosas pasó de 40 millones de toneladas en la campaña 1992/1993 a más de 80 millones en la actualidad. Mientras tanto las ventas de maquinaria agrícola han seguido una curva declinante: en 2004, a precios constantes, la comercialización de equipos e implementos resultó 30% por debajo del registro de 1996, año pico de ventas en esa década. A simple vista estos datos hablan de un marcado salto en la productividad. Incidieron en este comportamiento dos factores principales. En primer termino el incremento del rendimiento de los principales cultivos. El otro factor a tener en cuenta es la irrupción del contratista, figura que se hizo familiar en el campo argentino en la última década. Sus servicios son requeridos principalmente por los pequeños y medianos productores cuyas superficies a trabajar no justifican invertir en máquinas costosas como tractores y cosechadoras. De acuerdo a la Encuesta Nacional Agropecuaria 2002, el 80% de los establecimientos agropecuarios no superan las 200 hectáreas y ocupan el 20% de la superficie. En CAFMA señalan que la unidad económica está en el orden de las 500 hectáreas. Por debajo de esa extensión se recurre al contratista. Los contratistas utilizan máquinas de mayor capacidad de trabajo y mejor calidad. En cambio, los productores compran equipos de menor potencia para asegurarse autonomía La reducción resultó mucho más marcada en el caso de los tractores: entre 1996 y 2004 el consumo aparente de esas unidades, a precios fijos, disminuyó 64%.

En la explicación de esta marcada caída tiene importancia la práctica de siembra directa. La otra nota llamativa del negocio de la maquinaria agrícola en los últimos años, es la venta de cosechadoras en el mercado interno. Contra la corriente general, la comercialización de cosechadoras aumentó de modo marcado: 84% a precios constantes entre 1996 y 2004. Por cada 100 pesos que se invertía en comprar un tractor diez años atrás, se desembolsaba 30 para adquirir una cosechadora. En cambio, en 2004 la proporción se había invertido: por cada 100 pesos en tractores se gastó 160 en cosechadoras. Asimismo, a diferencia de lo que ocurre a nivel mundial, en la Argentina la importación de cosechadoras supera a la de tractores.

Los problemas pendientes


Los industriales señalan que los precios continúan siendo “razonablemente buenos” y el productor “sigue contando con buenos ingresos”. Es cierto que no hay mucho crédito. Las operaciones son en general al “contado más usado”. Pero si bien el viento de cola que despuntó allá por el 2002 mantiene en alto el desenvolvimiento de los negocios, no todo son buenas noticias. Los fabricantes locales tienen pendientes, sin respuesta, reclamos de importancia para la marcha de las empresas. Por lo menos dos revisten especial interés. La industria paga por los insumos, partes, piezas y materias primas 21% de IVA, mientras que los bienes finales se comercializan con un recargo de 10,5%. La diferencia entre las dos tasas, por tratarse de un saldo técnico, sólo puede descargarse contra el IVA. El resultado, debido a la complejidad de la operatoria, es una acumulación de crédito fiscal que en algunos casos llega a dos o tres meses de facturación. Los fabricantes han propuesto subir al 21% el IVA sobre los bienes finales, y bonificar en un 50% el impuesto abonado por los compradores, con el fin de no modificar la relación entre la carga fiscal de las unidades locales y de las importadas. En relación al crédito fiscal acumulado, las empresas han pedido que esas sumas puedan ser aplicadas a la cancelación del IVA a proyectos de ampliación de las instalaciones existentes o a la construcción de nuevas plantas.

El otro asunto que les preocupa a las empresas es la demora en el reintegro del 14% sobre el precio de lista, mediante un sistema de bonos. Esta compensación fue establecida a raíz de la reducción a cero de los aranceles de importación de los bienes de capital. A condición de que los fabricantes reduzcan los precios en un porcentaje similar, reciben un bono de valor equivalente, aplicable al pago de impuestos. Sin embargo la entrega de estos instrumentos tarda entre cuatro y cinco meses, y los industriales dicen que tanto la acumulación de saldo técnico como esta demora “influye en la ecuación económica de las empresas, al punto que pueden llegar a producir una asfixia financiera”.

El resurgimiento industrial


En la Argentina, la reconversión mundal tuvo fuerte impacto: las subsidiarias de firmas trasnacionales trasladaron la fabricación de tractores y cosechadoras a Brasil, para desde allí abastecer al mercado regional, y las firmas de capital nacional en los años 90’ cerraron sus plantas o redujeron sus líneas de trabajo. Fue el caso de empresas de fuerte arraigo en el mercado local como Zanello en la producción de tractores o Vassalli, Bernardín, Senor y Arauz, constructoras de cosechadoras.

Sin embargo el quiebre que significó el estallido de la convertibilidad, el cambio de precios relativos tras la devaluación y la consiguiente reactivación reabrieron el horizonte de la industria nacional. En 2002 una cooperativa conformada por los trabajadores y el personal jerárquico de Zanello, la red de concesionarios y la municipalidad de Las Varillas (Córdoba) fundaron la empresa Pauny. Para esa misma época, en Córdoba abrió sus puertas Industrias Villa María, fundada por los ex propietarios de Zanello y se pusieron a ensamblar tractores de gran potencia con partes producidas en esa provincia y carrocerías fabricadas en San Luis. Tres años más tarde establecieron una nueva firma –ZC Trac S.A.– para la construcción de tractores de 100 a 300 CV.

También en 2002 Agrinar compró las instalaciones de Massey Ferguson en Granadero Baigorria (Santa Fe) y comenzó a construir tractores para el mercado interno y exportar.. Un año más tarde inició la fabricación de cosechadoras bajo la marca Marani-Agrinar. En 2004 la firma Abati de Pergamino presentó el primer prototipo de tractor de 180 CV. Desde 1987 la empresa fabricaba repuestos para maquinaria agrícola y en 1999 abrió una línea de producción de cosechadoras. La producción en serie de este tipo de máquinas la emprendió Metalflor, en la antigua planta cordobesa de la empresa Arauz, adquirida por Deutz y cerrada más tarde por la multinacional AGCO, al pasar a sus manos la división de tractores y equipos para el agro de aquella firma.

Estas firmas y las que lograron subsistir o resurgir como la histórica Vassalli, así como los fabricantes de sembradoras –Agrometal, Apache, Bertini y otros– constituyen soportes principales de la recuperación registrada por la industria nacional a mediados del 2002.

La contadora Rosana Negrini, presidente de la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola, destaca que “en los próximos años la producción de las firmas de capital nacional seguirá ganando posiciones en el mercado interno”.

Y onsidera que “los planes producción de las plantas anticipan para el año próximo una actividad similar al actual”, En el segundo semestre la producción nacional cubrió el 46% del consumo, seis puntos porcentuales sobre el registro de 2005, y diez en relación al de 2004.

Sin embargo, la dirigente empresaria precisa que “esas cifras corresponden a la producción contabilizada en pesos donde cosechadoras y tractores, equipos en los que se concentra la importación, juegan un papel importante. Analizado el mercado desde el punto del producto y las unidades, se puede afirmar que 80% está abastecido por la maquinaria nacional”.

Osvaldo Calello (nota completa en la edición impresa)

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