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Pese a los avances, no cede la desigualdad

“Si bien los indicadores sociales muestran una indiscutible mejora en el período 2004-2009, todavía estamos lejanos de cumplir los mínimos normativos para una parte importante de la sociedad. El derrame social del crecimiento no fue constante sino que tendió a estancarse, incluso antes de la crisis 2008-2009” subraya un trabajo del Observatorio de la Deuda Social Argentina sobre empleo, hábitat, salud y situación social de los hogares, entre otros temas.

ImagenEl principal impacto en lo que hace al deterioro en la condición económica lo registraron los sectores económicos más bajos.
Al comparar la evolución de los Indices de Desarrollo Económico y Social en los últimos seis años, el informe de la “Deuda Social Argentina” concluye que son evidentes dos tendencias en materia de capacidades de desarrollo humano y social a nivel de la sociedad: 1) a pesar de la importante recuperación general experimentada entre 2003 y 2007 se mantienen barreras estructurales que impiden que el crecimiento económico se transforme en distribución de un mayor desarrollo humano y social para todos; y 2) la retracción de 2008-2009 mostró lo frágil que fueron algunas de las mejoras anteriores, sobre todo las asociadas a las condiciones materiales y la integración humana y social de los sectores más desfavorecidos en materia de estratificación y capacidades de movilidad social”.

El sexto relevamiento que realizó el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica (UCA) destaca que los datos recogidos reflejaron la mejora general experimentada por el país entre los años 2004 y 2007, tanto en lo que hace a la disponibilidad de ingreso para el consumo y el ahorro de los hogares como en la reducción de los recortes en diferentes rubros. “Ejemplo de este progreso fue que mientras en el primer año de la encuesta al 54,7% de los hogares no les resultaban suficientes sus ingresos mensuales para cubrir sus gastos, en 2007 este porcentaje se redujo al 34,4%. “Sin embargo, en 2008 se verificó un estancamiento en la evolución positiva de los indicadores que dan cuenta de la situación económica de los hogares y en el año siguiente se aprecia un ligero retroceso a los niveles de 2005-2006”, emparentado con la evolución del mercado laboral.

Similar tendencia se observa en relación con el recorte en consumos básicos, como la alimentación y la salud. “En todos los casos, el principal impacto en lo que hace al deterioro en la condición económica de los hogares en 2009 lo registraron los sectores socioeconómicos más bajos. En ese año, el 68% de los hogares del estrato muy bajo referían que el ingreso mensual no les era suficiente para cubrir sus gastos y mantener el mismo nivel de vida, porcentaje que descendía al 14% en el estrato medio alto”.

Como consecuencia, mientras que desde 2004 a 2007 se redujo la brecha en esos indicadores entre quienes más y menos tienen, volvió a ensancharse a lo largo de los últimos años, aunque sin llegar a los niveles del primer relevamiento. Respecto de los indicadores de hábitat, la dinámica fue favorable a lo largo de los seis años de la serie. El déficit de conexión a agua potable de red, a gas natural por red y al acceso simultaneo de los tres servicios domiciliarios básicos –agua, gas y electricidad- se redujeron durante todo el período con una gran incidencia en los sectores de más bajos recursos.

Por su parte, las modificaciones en el tipo de cobertura de salud utilizado por las familias estuvieron vinculadas a dos aspectos: la ampliación del porcentaje de usuarios del sistema en obras sociales -37,3% en 2004 al 46,9% en 2009- con la consecuente disminución de usuarios del subsistema público -42,8% al 36,9% en el mismo lapso-, y la incorporación de 1.800.000 nuevos jubilados durante los últimos dos años, que produjo un aumento de los hogares que utilizan PAMI como cobertura médica exclusiva (8,4% en 2004 al 12% en 2009).

El indicador de riesgo alimentario experimentó también una sensible mejoría. Tal es así que la medición de aquellos hogares en donde uno o más miembros experimentaron hambre durante el año anterior a la encuesta, pasó de un nivel general del 30,6% al 12,4% de los hogares entre 2004 y 2008 y en su aceptación severa del 12,3% al 4,6%. En 2009, y como consecuencia de la crisis económica, volvió a ascender: el 15,9 de los hogares urbanos presentaba algún grado de riesgo alimentario.

Una referencia final al capitulo referido a “Trabajo y Seguridad Social”. Entre los años 2004 y 2009 se incrementó el empleo pleno de derechos de un 26,0% a un 36,5%, si bien entre los años 2007 y 2009 se desaceleró la creación de empleos y la pérdida de puestos de trabajo elevó la desocupación de un 9,8% a un 11,3% de la población económicamente activa (PEA). En tanto, las relaciones laborales que no cumplían con las reglamentaciones disminuyeron relativamente en los años de expansión económica, para volver a aumentar con la llegada de la crisis. Así en 2009, un 41,5% de la PEA estaba ocupada en un empleo precario, un 10,8% realizaba changas u otras tareas precarias y un 32% había estado desocupado por los menos una vez en el último año.


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