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Política industrial

Promoviendo un cambio en la estructura productiva

Cuando la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina –AEDA- anunció la realización de su Segundo Congreso Anual e invitó a sus adherentes a remitir trabajos que respondieran al tema “Lineamientos para un cambio estructural de la Economía Argentina”, más de un centenar de jóvenes economistas de distintas universidades del país enviaron sus estudios con el objetivo de participar de una reunión que el año anterior ya había dado muestras de amplitud de criterio y excelencia académica.

ImagenMatias Kulfas, Presidente de la Asociación de Economia para el Desarrollo de la Argentina
Un extenso programa fue desarrollado durante dos jornadas en las que se expuso y discutieron trabajos que, previamente, habían sido seleccionados por un comité evaluador. A estas actividades se sumaron paneles en los que intervinieron caracterizadas figuras de la vida económica local e internacional y conferencias de cierre de cada jornada a cargo del reconocido economista Jorge Katz, la primera, y de la presidente del Banco Central de la República Argentina, Mercedes Marcó del Pont, la de clausura Aunque no fue explicitado como objetivo del encuentro, lo cierto es que los jóvenes nucleados en AEDA con la guía de Matías Kulfas, Paula Español, Iván Heyn y, entre otros, Fernando Peirano, interactuaron con figuras de la talla de Miguel Peirano, Bernardo Kosacoff, Fernando Porta o Daniel Heymann y, además de la titular del BCRA, con el ministro de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, Carlos Tomada. Por su parte, Mansoob Murshed del Instituto de Estudios Sociales de La Haya y la Universidad de Birmingham; Gabriel Porcile de la Universidad de Paraná, Brasil; Rafael Rofman como representante del Banco Mundial; Sebastián Torres, Director de Industria de Uruguay y Mario Cimoli de la CEPAL (Chile), aportaron su experiencia y visión desde realidades diferentes y enriquecieron la comprensión de los problemas que se abordaron.

La presentación de Juan Carlos Lascurain, presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina, llevó los cenáculos académicos a las fábricas y mostró el cambio existente entre las políticas antiindustriales que hostigaron al país en el pasado y las medidas que hoy se encaran tendientes a lograr un crecimiento económico de eje productivo que permita hacer efectiva una mayor y mejor inclusión social.

El actual cuadro de situación de la industria local muestra luces que es necesario potenciar y sombras que debieran ser atenuadas. Entre las primeras no pueden dejar de señalarse el recupero de la actividad de la mayor parte de los sectores industriales, el dinamismo del mercado interno y la transformación operada al interior de algunas ramas que trajo, como consecuencia, el crecimiento del empleo (en especial el intensivo en ingeniería) y la irrupción de nuevos actores en el perfil exportador del país que, no obstante, exhibe escaso valor agregado nacional.

Entre las limitaciones y los desafíos que deberán enfrentarse tienen una importancia creciente la menor integración local y la consiguiente debilidad del eslabonamiento productivo, el creciente peso de las importaciones en la mayor parte de los sectores económicos y una baja de la competitividad del sector industrial relacionado, según algunos, con una paridad cambiaria que la erosiona y, para otros, por la todavía exigua capacidad de innovación de buena parte del aparato productivo.

En el encuentro fue reconocido que, aún con problemas de mayor o menor intensidad como los actuales índices inflacionarios o el desfase de las tarifas energéticas, el país cuenta con un marco macroeconómico de cierta solidez que le permite escalar posiciones mas sofisticadas en su patrón de especialización. Aunque, como sostuvo Kosacoff, no existe correlato entre el notable incremento de la demanda interna y una adecuada correspondencia del aparato productivo local. Este comportamiento, señaló el director académico del Centro de Empresa, Competitividad y Desarrollo (ITBA-Universidad, de San Andrés), debe tener como respuesta un conjunto de incentivos que incrementen la producción interna y disminuyan el inquietante crecimiento de las importaciones que, en muchos casos, se producen por decisión de los propios industriales aún remisos a invertir. Hubo consenso en que la transformación productiva es fruto de una decisión política que debe mantenerse en el tiempo, razón por la que el rol del Estado es fundamental. Asimismo, esas medidas tendrían que ocupar un lugar preponderante en la agenda de los que deciden no sólo para zanjar la re-primarización económica que, aseguró Jorge Katz, sufren la mayor parte de los países de la región, sino para resolver los problemas de pobreza y desigualdad social que les son comunes y que están asociados a esa estructura de producción asentada en un bajo agregado de valor.

La motivación para elegir a la industria como eje ineludible de ese cambio que pretende una mayor integración espacial y de las capacidades sociales a nivel interno y una inserción de mejor calidad en el mercado internacional, fue expuesta con claridad. Para lograr transformar a la Argentina en un país industrializado no basta con apuntalar el mercado interno sino que es imprescindible diversificar la organización productiva que, a juicio de Miguel Peirano, no debe constituirse con sectores previamente elegidos porque, en todo caso, el éxito o el fracaso final de cada proyecto será consecuencia del mejor o del no tan buen aprovechamiento que los empresarios realicen de las condiciones de entorno.

El armado de cadenas de valor cuyos eslabones puedan, inclusive, integrarse a otras producciones del Mercosur es otro de los temas explorados en la reunión, en la que también se alentó la conformación de clusters para ganar competitividad (entendida como una condición creada en forma deliberada y no heredada, por la dotación de recursos naturales).

La necesidad de buscar compensar las producciones agraria e industrial desde el reconocimiento de una estructura productiva desequilibrada (Marcelo Diamand) fue otro de los argumentos analizados; así como el papel de las transnacionales en la extranjerizada economía local, problema que ya había sido objeto de un encuentro anterior de AEDA y que, es seguro, exigirá más y mejores encuadres.El importante papel que juegan las economías regionales para integrar el territorio nacional así como el aumento de los niveles de empleo y su formalización para superar conflictos sociales son dos caras de una misma moneda que merecieron precisos comentarios tanto de funcionarios como de investigadores.

Sobrevolando muchas intervenciones y como tema específico en otras, la importancia de la calificación de la mano de obra o la decisión de fuertes inversiones en ciencia y tecnología fue señalada como parte primordial de todo planteo estratégico.

Al respecto, un grupo de jóvenes economistas coordinados por Hugo Kantis se preguntaban, en la presentación efectuada en una de las mesas de debate, si la creación y el desarrollo de empresas TIC’s podían constituirse en un motor del crecimiento endógeno, en la medida en que el sector ganó visibilidad, fue objeto de políticas activas que potenciaron su crecimiento y atrajo inversiones desde el exterior provocando, en algunos casos, cambios de significación en la conformación y distribución de los paquetes accionarios. Dada esta suma de factores positivos, los autores del trabajo argumentan que “es clave pensar de qué manera es posible apalancarse en la red de contactos con que cuentan estas empresas en el exterior para generar efectos en cadena sobre distintas empresas innovadoras”. Otros sectores que merecieron reflexiones específicas fueron los desarrollos biotecnológicos logrados en las empresas farmacéuticas y la importancia de la metalmecánica como factor estratégico para el desarrollo nacional.

Temas como los costos laborales y los conflictos distributivos, fueron abordados tanto por jóvenes profesionales como por el propio ministro de Trabajo que no sólo reseñó lo actuado en el período post-convertibilidad (en contraposición con los años que lo antecedieron) sino que reconoció los muchos ajustes que deberán efectuarse y los nuevos espacios que deberán ser abiertos para concretar uno de los objetivos mayores del programa en marcha: la inclusión social.

El presidente de AEDA, Matías Kulfas, realizó un aporte meritorio a la comprensión de la estructura y funcionamiento del sistema financiero local y subrayó el papel trascendente que cumple la banca nacional que busca expandirse para cubrir los lugares vacíos dejados por la banca privada.

En el período 2003-2008, señaló Kulfas, la tasa de inversión se recuperó con vigor, aunque en un marco de severas restricciones financieras en la medida en que la mayor parte de las inversiones fueron financiadas con recursos propios de las empresas siendo muy limitado el acceso al crédito bancario o del mercado de capitales. “Las particularidades del mercado financiero argentino se tornan complejas ante la ausencia de una banca de desarrollo que permita fondear proyectos de mayor relevancia para el desarrollo productivo”, señaló enseguida. El economista piensa (y piensa bien) que “la combinación entre un sistema financiero débil y poco profundo con una banca de desarrollo inexistente o parcial, establece dificultades para el crecimiento a mediano y largo plazo en tanto la implementación de proyectos se torna lenta y se dificulta la posibilidad de experimentar saltos de productividad significativos para la economía en su conjunto”.

Es imposible resumir 24 horas de debates repartidos en dos días de trabajo desde 20 mesas con media docena de disertantes cada una, más las intervenciones de varios cuartetos de panelistas y un par de conferencistas, pero es posible asegurar que todo lo que se dijo, desde cualquier estrado, tuvo como denominador común un pensamiento alejado del modelo neoliberal y próximo a lo que se llama la heterodoxia, es decir ideas innovadoras, contrarias al ‘statu quo’ y hasta reprobadas por un sector de la opinión pública. Pero ya Aldo Ferrer había dicho que “la eliminación de la brecha externa junto a la fiscal, por la mayor presión tributaria, permitió recuperar la capacidad de hacer política económica por parte del Estado, hecho que “genera conflictos con los sectores que gozaron con el no intervencionismo y el comando de la economía desde el FMI”. Con su Segundo Congreso Anual, la entidad convocante logró dar los pasos iniciales en la difícil tarea de pensar el país de los próximos diez años como condición necesaria para preservar la identidad nacional en medio de un mundo tormentoso y desafiante.

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