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Reportajes

Propuestas para mejorar la inserción externa de las PyMES

Con el licenciado Francisco Gatto nos proponíamos profundizar algunas de las conclusiones del estudio “Evolución reciente de las exportaciones PyMES en la Argentina. Debate para una mejor inserción externa”, que coordinó con la licenciada Eugenia Crespo Armengol). El tema principal de la conversación -en el que volcó toda la experiencia de su brillante actuación profesional- giró en torno del desempeño reciente de las PyMES exportadoras y su futuro.

ImagenFrancisco Gatto
“El tema es así las PyMES exportan algo más de 4 mil millones de dólares, un 10% de las exportaciones totales, y durante los últimos años crecieron a la misma velocidad que el resto de las exportaciones. Sin embargo, su magnitud en la macro no es muy significativa”, afirma Francisco Gatto, de espaldas a sus libros y papeles.

-¿Por qué?

– Porque 4 mil millones si bien traducen un volumen de divisas nada desdeñable, en principio no es tan significativo como para cambiarle la cara al balance de pagos o a la cuenta corriente. O sea que en términos macro no implica un fenómeno determinante. Es más, la literatura actual está como re/discutiendo el valor en sí mismo de la exportación.

-¿En qué términos?

– Preguntando si vale la pena seguir incentivando las exportaciones solo por cuestiones de orden macro, o bien vale la pena hacerlo desde otras perspectivas: como generadora de empleo, para mejorar la imagen del país en el exterior o para que acompañe a algún sector dinámico de las grandes...

-¿Entonces?

– Entonces analizamos si la política de promoción de las exportaciones PyMES no tendría que tener un propósito más sustantivo que aumentar la cantidad. Tal vez, un objetivo podría ser aumentar el número de empresas exportadoras. ¿Por qué? Porque si el caso argentino es más parecido a los países menos PyMES de Europa (Francia, más que Italia o Dinamarca), uno de los argumentos más frecuentes es que al promocionar la exportación de algunos sectores, a la larga incrementan su nivel tecnológico dado que deben competir con mercados mucho más difíciles, y eso implica cambios en la organización de la producción que muchas veces no se justifican para el mercado interno O sea que a la larga, devuelve una mejora de la productividad y la competitividad del mercado interno. De modo que la exportación no expresa un fin en sí mismo sino más bien un medio que permite a ese conjunto de empresas tener un mejor posicionamiento competitivo.

De ahí surge otro argumento de peso: hay que apoyar la actividad pro/exportadora en razón del tamaño del mercado interno, pues en países como los nuestros las PyMES encuentran una barrera que restringe sus posibilidades de expansión. Las empresas –como también sucede en Uruguay o Chile- en gran medida están limitadas por el mercado propio, que les marca un tope. Entonces la expansión está asociada a buscar otros mercados. No sólo sucede acá. Para las danesas e incluso en Alemania, o por ahí las holandesas, su mercado se acaba ahí cerca. Pero está bien, se podría decir “me interesa la exportación por la ampliación del mercado y no por el efecto macro”, en tanto habrá que consolidar un mercado no de 40 millones de argentinos sino de 160 millones de clientes. Y así como esa, hay otros razones que sustentan el propósito de expandir las exportaciones, Entre ellas, el tema del empleo no es un factor menor: Si logramos ampliar el caudal de negocios en el exterior, estaremos “vendiendo más empleo” para los argentinos.

-¿Ya hicieron una medición de ese efecto exportaciones / empleo, calculando su multiplicador?

– No, pero lo vamos a intentar. En Europa sí hay y en los Estados Unidos también, aunque las PyMES norteamericanas exportan poco. En Europa, por el contrario, la actividad PyME es interesante y buena parte de la promoción a sus exportaciones está asociada con sectores de empleo intensivo. A ellos les preocupa, y mucho, que esos sectores no caigan; sobre todo por su efecto sobre el empleo más que por el valor cuantitativo de sus pymexportaciones.

-No ocurre lo mismo en la Argentina.

– Es cierto, al menos como un pilar explícito de política pública. Entonces eso nos induce a reflexionar a favor de otros esquemas de promoción, porque hasta ahora, el esquema de políticas consiste en apoyar a la empresa que vende más .

-¿Crees que a esta altura debería imponerse “una vuelta de tuerca” al modelo exportador pro PyME?

– Yo creo que sí. Las PyMES argentinas han crecido en los últimos 2 ó 3años.

Ahora sería bueno incorporar a la discusión sobre estrategias otro tipo de elementos (el tecnológico, por ejemplo) que son trascendentes. Por ejemplo, hay una asociación clara entre especialización y tamaño de mercado. O sea que para muchas empresas argentinas, avanzar en la especialización implica trabajar en un mercado más grande.

-La cuestión es cómo llevar esta idea a la práctica.

– Bueno, el “fenómeno del vino” es un ejemplo muy claro e interesante.

Conjuga muchos de los beneficios de los que estamos hablando. Produjo un aumento significativo de cantidades pero también presenta nuevas empresas, tecnologías, mercados e incluso otra calidad de vino. Entonces, si bien es cierto que se exporta más –tantos cientos de millones más- lo que ha ganado nuestra industria vitivinícola es mucho mayor que el beneficio macro de 1.200 millones de dólares. Y me parece que ese es el punto que debemos remarcar, pues revela que como consecuencia de una política definida, la estrategia PyME integra tanto al mercado interno como al mercado externo. Es decir, echa por tierra esa división por ahí más tradicional entre lo que es un mercado y otro, amparados por una política de promoción de exportaciones a un lado, y otra política para PyMES por otro. En esta nueva discusión no existe tal distinción: Habrá que pensar en una política más sistemática destinada a integrar el comercio exterior, la tecnología, los recursos humanos... hay que aguzar la estrategia.

-¿Cómo?

– Como decir “bueno, queremos que estas cuatro ó cinco mil empresas se consoliden de un modo más estratégico que cuantitativo”. Porque no es un problema de cuatro ó cinco mil millones, sino una cuestión de otra envergadura. Si se establece un canal más estable, con base en nuestros mercados, pues estaremos exportando y haciendo comercio integrado a la vida cotidiana, productiva. Ese es el punto. Todavía son muchos quienes piensan la exportación como un subproducto y si bien forma parte del corazón de la empresa, todavía es una parte un tanto marginal. De modo que la política pública tiene que ayudar a juntar todo, a amalgamar lo disperso. Una empresa es un todo: No es la que exporta y la que no exporta. Es una sola y de hecho los empresarios lo ven así.

-Al menos, la mayoría...

– Claro, sobre todo los que exportan más de un millón de dólares al año y arriba del 15% de sus ventas: 20, 30 por ciento de su producción. Es mucho.

Por eso creo que habría que incentivarlas, apoyarlas con alguna estrategia especial. Como decir: “yo banco esto porque... tecnológicamente” vamos a mejorar, o porque genera esta cantidad de empleo, o estos efectos multiplicadores. O por que estoy avanzando para armar una pequeña trama productiva alrededor de este sector. O por que gano presencia internacional, o por distintas razones, digamos, no puramente cuantitativas. Ese es el quid de la cuestión.

-En este momento ¿no se ve así?

– Sí, claro que se ve. Pero reitero: hay que hacerlo más explícito. Que el INTI u otras instituciones de apoyo tecnológico, por ejemplo, se comprometan aún más y que además de asistir al conjunto de las empresas, su apoyo se asocie a esta ganancia de mercados como efecto del flujo de exportación. Pero sin perder de vista lo principal: porque hay un interés tecnológico detrás. Es un poco lo del INVAP, cuyos reactores valen tantos millones. Para las cuentas nacionales, si los exporta o no, en términos cuantitativos da casi lo mismo.

Sin embargo para la Argentina es mucho más importante que eso: cada paso adelante que da INVAP genera una serie de conocimientos científico/tecnológicos, de conocimientos empresariales, de presencia internacional que rinden más que el resultado de sus cuentas. Y en ese mismo sentido, me parece que muchas exportaciones PyMES en la Argentina deberían ser consideradas del mismo modo. Abren infinitas posibilidades. Tantos como rubros hay; así, medios “extraños”, o no convencionales... Por ejemplo, todo lo que gira alrededor del polo.

-¿El deporte?

– Sí, es otro ejemplo. La actividad que promueve el polo va desde los caballos hasta equipamientos, nombres, marcas... Muchos turistas llegan y compran remeras de los polistas consagrados... No es que compitan con los equipos de fútbol, pero existen un montón de PyMES dedicadas a la venta de ropa de jugadores de polo. Y además, hay que ver qué significa el polo argentino en el mundo. Es una marca original, que no es poco. Por ahí se ingresa al mercado inglés o a los Estados Unidos; se exporta hasta genética de animales... El polo es un sector que entre otros “atípicos”, genera mucho dinamismo. Y lo mismo sucede con otros sectores, tanto más convencionales como no tradicionales. En el de alimentos, por ejemplo, son muchas las PyMES que exportan sus productos procesados en algún grado. De manera que a lo mejor habría que poner mucho más énfasis en apoyar a esas empresas Sin ir más lejos, si estamos exportando muchas harinas y algunas pastas, habría que lograr una presencia más nítida de ese mini complejo productivo. O del complejo jugos u otros alimentos procesados. No sólo porque con sus ventas al exterior ingresan divisas al país sino por lo que implica el efecto de arrastre hacia adentro, que es mucho mayor. Ese es el punto.

-Los gobiernos locales ¿están comprometidos con esta visión?

– Si, cada vez más. Se produjo un vuelco muy positivo. Ahora, muchos intendentes se preocupan por el tema productivo, por la capacitación, por la exportación de las firmas de sus distritos. La cuestión productiva hace a la agenda de las intendencias, al menos en ciudades de más de 50 mil habitantes, y ni que decir de la actividad turística. Tanto en Córdoba, Santa Fe o la provincia de Buenos Aires; en Salta, Mendoza, Río Negro o Neuquén, los intendentes juegan un rol importante y los gobernadores también. Proveen las condiciones básicas de competitividad, de dinamismo, de apoyo..

El problema mayor es que algunas cuestiones exigen la participación de muchas jurisdicciones. En casi todo el país, fundamentalmente la pampa húmeda, se precisa una mayor infraestructura de transporte y comunicaciones. Eso involucra tanto al gobierno nacional como a los provinciales y municipales; además hay concesiones privadas. O sea que es más complejo al trazar los corredores productivos. Otros países tienen mejor balanceada su salida de productos al exterior...

-Son territorios más pequeños...

– Con una trama urbanística que les ha permitido lograr una revolución en la infraestructura. Por ejemplo, lo que sucedió en 20 años en el sur de España es notable. Los conectó al resto de Europa.

-Volvamos entonces a nuestras PyMES

– Todo eso es parte de la competitividad sistémica que estamos reclamando.

Quiero destacar que, a partir de este resurgimiento productivo, de la revalorización del sector PyME es necesario replantear una estrategia de mediano plazo diciendo “debemos consolidar esta inserción internacional porque nos interesa fundamentalmente el tema tecnológico, el mercado sofisticado, vender cosas de más valor y a mercados más complicados”.

-¿Hay ejemplos?

– Si y son muchos. Estos tipos (muestra una carpeta) hacen software para el manejo comercial de empresas frutícolas en Mendoza, fundamentalmente cooperativas. Es una PyME mendocina que ha logrado incorporar información valiosa, que registra desde el momento que plantaron el árbol hasta cuánto van a exportar al mundo, que tipo de reacción tiene el durazno en distintos mercados, a cuáles les gusta más amarillo o menos amarillo, más o menos dulce... Y todo el tiempo están realimentando al sistema. Entonces cada exportación está amparada por un magnífico flujo de información que les permite potenciar sus envíos, organizar los sistemas de apoyo, definir cada paso que emprenden con la seguridad de conocer más y mejor los mercados de sus duraznos: cuáles son las exigencias de los grandes supermercados, qué sería mejor, dónde está la falla. No se pueden hacer buenos trajes para afuera...

-Y malos trajes para dentro.

– Exacto. Entonces creo que la presión que imponen ciertos mercados externos a sus proveedores locales, se traduce en una mejora de las condiciones productivas internas que, por supuesto, deberían ser acompañadas con regulaciones destinadas a subir el estándar general. En definitiva, al subirlo, y con empresas capaces de superar tales exigencias tecnológicas, también estaremos resguardándonos de los “invasores” que vienen sin ningún tipo de contenido tecnológico. Y en ese sentido, yo creo que este es un momento más que apropiado para hacer una política más integral.

Porque en gran medida las empresas ya subsanaron sus problemas de la crisis.

Pueden quedar pequeños bolsones, pero el grueso está en condiciones de afrontar mayores desafíos. Han invertido, hubo una entrada significativa de nuevos empresario y me parece que hay un universo nuevo de empresas tras la crisis de los '90 con una visión diferente.

¿Qué significa tener hoy una “visión más estratégica de futuro”? Significa, por ejemplo, que para cualquier PyME exportadora la entrada a Brasil tiene que ser más simple. No se puede seguir pensando que vender a Brasil es una exportación. El Mercosur es una realidad consolidada; ya formamos parte de ese mercado ampliado.

-Pero restan todavía muchos acuerdos para derribar las asimetrías, el equilibrio macro todavía juega...

– Todo proceso de avance es largo y depende mucho de la macro. Pero este sector tiene poca incidencia en la macro. Tanto para bien como para mal. El sector es un tomador neto de la situación dada pero tiene pocas chances de poder modificarla sustancialmente. No son formadores de precios, no exportan soja o petróleo. Además, el sector de PyMEX industriales es tan amplio como heterogéneo, de modo que su incidencia está acotada a su propia acción.

-Con ventas al exterior por 4 ó 5 mil millones de dólares

– El país exporta algo más de 40 mil millones y las PyMIs el 10%. Son menos de 6 mil y se han venido consolidando. No es poco, pero pueden ir por más. Por eso, como creo que están para dar una serie de pasos más adelante en materia de inversión y proyecciones, ese aumento de su capacidad no puede estar disociado con su perspectiva de negocios a futuro. De modo que si continúan exportando el 20 ó 30% de lo que producen, buena parte de la inversión estará dedicada a poder satisfacer los requisitos de sus clientes, compitiendo con otras PyMES en Europa o en los Estados Unidos, México (que es un gran mercado al que nuestras Pymes aún no llegan, o lo hacen mínimamente) o Venezuela, que también es un mercado muy atractivo.

-¿Entonces?

– Reitero mi creencia de que es un buen momento para pensar en una política más integral –aunque a la vez mejor direccionada- como estrategia Pyme. Tal como existe en muchas partes del mundo y más allá de que cada área de gobierno cumpla con su tarea específica.

-¿Qué quiere decir “mejor direccionada”?

– Que cada uno tenga la oportunidad de hacer mejor lo mejor que sabe hacer y que las instituciones, no sólo gubernamentales, brinden apoyo a los “hacedores”. Por ejemplo, no es posible que cada banco tenga una política propia para financiar a las PyMES. Está bien, cada uno tiene libertad para hacerlo; pero deberían converger en una estrategia más general. De lo contrario, se pierde mucho esfuerzo. Por otro lado, muchas PyMES precisan nuevos socios para crecer y en general, tal como sucede en el mundo, existen fondos que suman capital a la empresa que lo necesita. Pero ello no implica la cesión del patrimonio a manos de los inversores. De modo que para no revivir experiencias nefastas de los ’90, ese régimen de ingreso de fondos requiere una revisión.

En otro plano, habría que acentuar qué quiere y conviene a cada empresa, a cada sector en particular, aunque bajo una visión de conjunto. Y también, así como hay mercados atractivos como China o India, hay que poner los pies sobre la tierra para que las PyMES no dispersen su esfuerzo y puedan aprovechar el viento favorable que brinda hoy el mundo. Sin espejismos.

-¿Podrán las PyMES continuar la senda iniciada o esto es sólo ”un veranito porteño”?

– Si las condiciones macro se mantienen, esto es viento genuino y en popa. Y si bien en este país todo el mundo es sumamente cauteloso porque ya se quemó con leche muchas veces, creo que esta vez muchas empresas valoran este ciclo como una etapa de cambio. No obstante, bajo estas condiciones, las empresas también tienen que saber a qué puerto van. Ese es otro gran problema. La política pública tiene la responsabilidad de contribuir a que las empresas sepan distinguir sus rumbos. Hay muchos rumbos posibles, para algunos será Brasil y para otros los Estados Unidos, y la política pública debe ponerse atrás del empuje de los empresarios.

-¿ Brasil y los Estados Unidos son los mercados más atractivos para las PyMES argentinas?

– No sólo ellos. No conozco mucho el mercado de Venezuela, pero a este precio del barril de petróleo ellos debe estar importando “todo”. Otro mercado interesante es México. Y tampoco hay que descuidar a la Unión Europea.

Nosotros perdimos un tiempo precioso. Hace como quince años hubo toda una movida para llegar a España como trampolín de ingreso privilegiado a Europa.

Habrá que fortalecer nuestra participación en los mercados que mejor conocemos, dando mayor vigor a la diferenciación y la complementación entre oferta y demanda, a la vez que apuntando a la diversidad como fuente de inserción comercial.

-¿Acaso la diferenciación y la diversidad se conjugan con los negocios?

– Por supuesto. En la Unión Europea, por ejemplo, la diversidad y la cohesión son temas que van de la mano del desarrollo económico. Ellos reconocen, particularmente ahora con la UE ampliada, que existe una enorme diversidad cultural, étnica, política, de objetivos, pero a su vez tienen que lograr una gran cohesión. Existen muchos programas para sortear escollos de este tipo y acercarse unos con otros. Al respecto, es interesante observar cómo tratan de captar la diversidad desde una perspectiva positiva, sin tratar de homogeneizar sus peculiaridades, sosteniendo que dos diversos dan un resultado “win – win” y no algo negativo.

Creo que nosotros vivimos asumiendo demasiada homogeneidad interna. Pensando que somos todos iguales y en realidad no somos tan iguales. No lo somos en cultura, en intereses, en formas de operar. La Nación tiene que tener una “Visión País”. Políticas amplias que le den cabida a la mayoría. Y en ese sentido, los gobiernos provinciales tienen la posibilidad de abastecer ese tipo de discriminación positiva, de usar su diversidad en forma constructiva.

Una provincia como Entre Ríos, que es tan rica en cuanto a sus recursos humanos y naturales, debería usar su diferenciación positivamente y convertirse en un lugar de alta calidad agroalimenticia (está muy cerca de los lugares más importantes del Mercosur). O San Juan, que es muy diversa al resto. O la Patagonia. De manera que la Nación debe considerar ese dato y atender los problemas que tienen especificidad territorial diversa. Hay lugares muy pobres del país que requieren alguna política específica de desarrollo productivo. El avance de la soja no necesariamente implica eso. Le puede dar mejor el cálculo del producto bruto, algunos indicadores económicos, pero en término de su gente –del millón de tipos que viven en el Chaco- no es seguro que desarrollen mayores capacidades dentro de cinco años.

Reportaje de Luis Sznaiberg


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