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Política industrial

Propuestas para el sector de bienes de capital

El presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina, doctor Juan C. Lascurain, pondera la iniciativa del gobierno de convocar a los sectores productivos a participar en el diseño del “Plan Estratégico Industrial 2020” y comenta los aspectos más salientes de las propuestas de política industrial presentadas por la entidad, así como de los instrumentos generales y específicos necesarios para el desarrollo integral del sector de bienes de capital.

Escribe doctor Juan C. Lascurain


El Plan Estratégico Industrial 2020 constituye una iniciativa muy importante, fundamentalmente de cara al futuro de la Argentina. La consolidación de una industria integrada, diversificada, con alto valor agregado e intensidad tecnológica es condición necesaria para el desarrollo económico y social. En este proceso, la coordinación público-privada y la planificación de largo plazo son esenciales. Por eso, los industriales metalúrgicos celebramos este ámbito de encuentro, que reúne a los principales actores de las cadenas de valor. Confiamos en que será un buen punto de partida para profundizar el crecimiento de la producción y las exportaciones, así como los esfuerzos de inversión, accediendo de esta forma a una mayor competitividad, que permita seguir generando puestos de trabajo de calidad y con salarios reales crecientes. El reconocimiento estratégico a los sectores metalúrgicos incluidos en el plan -entre ellos, las industrias autopartista y de bienes de capital- constituye un avance en sí mismo, ya que los objetivos de desarrollo planteados dependen en gran medida de la consolidación y potencial de esos rubros.

También la dinámica presente de la economía y la industria local tenderá a ser más virtuosa en la medida que dicho plan resulte exitoso y se plasme en acciones concretas. La transformación que ha experimentado la Argentina a partir de 2003 y el cambio en la lógica de las decisiones de política han permitido desandar la inercia que venía transitando nuestro país a partir de mediados de los ‘70, durante los procesos de desindustrialización, liberalización económica y apertura comercial irrestricta. Los resultados alcanzados fueron muy importantes en materia de crecimiento, recomposición de las capacidades industriales, utilización de los recursos productivos, mejoras sociales, entre otras cosas. Pero en los planos más sectoriales es quizás donde existen mayores espacios para mejoras. Para consolidar los pilares de esta transformación es preciso revertir de manera contundente los efectos de la reestructuración productiva de la etapa previa. Esto es lo que facilitará sostener los equilibrios entre crecimiento, competitividad y avanzar en la distribución del ingreso. Creo que este es uno de los desafíos centrales del plan.

El sector fabricante de bienes de capital ha tenido un desempeño muy positivo en estos años. Entre 2003 y 2010 la producción se duplicó y se ubicó un 50% por encima de los registros de la década del ‘90, se crearon casi 40.000 puestos de trabajo en forma directa y la productividad laboral creció a una tasa promedio del 3% anual. A su vez, las exportaciones del sector fueron de las más dinámicas del período y se triplicaron en cinco años. Pero a futuro los desafíos son considerables, ya que el déficit comercial continúa creciendo aceleradamente, la participación de la oferta local en la inversión total ha descendido del 60% al 40% y han comenzado a emerger condicionamientos estructurales y de competitividad que limitan la posibilidad de expansión sectorial.

En este marco, desde ADIMRA hemos presentado un conjunto de propuestas de política industrial que entendemos deberían ser consideradas en el diseño del plan estratégico. A grandes rasgos, creemos que debería establecerse un esquema de inversión en la Argentina que esté sesgado a favor de la oferta local y, complementariamente, debería operarse sobre el marco competitivo de los fabricantes, mediante incentivos directos. En el primer caso, se destaca la necesidad de estudiar posibles modificaciones sobre los aranceles de importación, los regímenes especiales de importación, así como fortalecer los mecanismos de defensa frente a la competencia desleal y el cumplimiento de normas técnicas. También creemos que la desgravación de utilidades para la inversión en bienes de capital nacionales es un instrumento muy potente, al igual que los instrumentos de financiamiento, que deben ser iguales o superiores a los que ofrece la competencia importada. En el segundo caso, los fabricantes de bienes de capital vemos que una política integral de desarrollo sectorial debería incorporar incentivos directos para la integración de la cadena de valor, la sustitución de importaciones y la expansión tecnológica, combinando instrumentos tributarios, de “compre nacional”, financieros y de apoyo a la innovación tecnológica. Todo ello sin dudas requiere formar los recursos humanos suficientes y un entorno económico favorable a la producción industrial y la inversión productiva.

Es importante mencionar que, en buena medida, las propuestas de nuestra entidad sólo requieren coordinar, reorientar y/o dar determinada razonabilidad técnico-económica a esquemas de política ya existentes. Estamos convencidos que si avanzamos en estos aspectos, trabajando de manera cotidiana y conjuntamente con las diversas áreas claves de gobierno, tanto a nivel nacional como provincial y municipal, las metas generales que se propone el Plan Estratégico Industrial 2020 son totalmente realizables. En ADIMRA tenemos un compromiso pleno con esta tarea y con los desafíos que plantea su concreción.


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