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Temas en debate

Ser o no ser BRICS

Para la Argentina, la pertenencia a el especialísimo club del ladrillo que integran Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica ¿es una cuestión?, es decir ¿es o no un tema que hace a su inclusión en la escena internacional que parece estar gestándose?

ImagenesCarlos LeybaIgnacio Chojo OrtizDiego Coatz
Cuando el economista ingles Jim O´Neill, director del área global del imperial grupo financiero Goldman Sachs, escribió su paper “Building Better” y creó el término BRIC estuvo lejos de imaginar, según reconoció más tarde, la trascendencia que tendría su chispa. Pero, en honor a los cuidados estudios realizados en 2001 y revalidados dos años después en otro paper “Soñando con los BRICS, rumbo a 2050” lo que O´Neill pretendía era poner sobre el tapete a un grupo de economías aún poco evolucionadas pero con un potencial que, según sus proyecciones, las convertirían en un nuevo polo de desarrollo en un mundo que percibía multipolar. El economista que, medularmente es un financista, estaba diciéndole a los inversionistas: miren allá.

A Brasil, Rusia, India y China (integrantes de un grupo que se auto-reconoce como tal recién en 2008) se le une Sudáfrica (diez años después de la ocurrencia de Goldman Sachs, pero a sólo tres años del tardío reconocimiento de la membresía de los países fundadores) aparecen, entonces, los BRICS y hoy la OCDE lo imagina con una Indonesia duplicando íes, pero sin obtener el reconocimiento de ninguna de las otras letras integrantes del acrónimo. En 2009 arrancan las seis Cumbres que rotan por varias ciudades: Ekaterimburgo en Rusia; luego fue Brasilia; Sanya en China; Nueva Delhi en India; la sudafricana Durban y Fortaleza, Brasil, ya son historia. Pero, año tras año, las negociaciones promovieron acuerdos que culminaron en la creación de dos nuevas instituciones financieras que, al decir de Joseph Stiglitz, “reflejan un cambio fundamental en el poder económico y político mundial”.

La decisión de fundar el llamado banco de los BRICS se aprobó durante la Cumbre 2013 como una alternativa a los organismos financieros internacionales tradicionales (que controlan la política y la economía mundial) y que siempre se han mostrado más preocupados, como se sabe, en el crecimiento económico que en el desarrollo. Pero fue recién el 15 de julio de 2014 en la reunión celebrada en Fortaleza realizada bajo el lema “Crecimiento inclusivo, soluciones sostenibles” que los presidentes Dilma Rousseff ( Brasil); Vladimir Putin (Rusia); Narendra Modi, (India); Xi Jinping (China) y Jacob Zuma (Sudáfrica) animaron la creación de un Banco de Desarrollo (el New Development Bank, NDB) y un Fondo de Reservas (el Contingency Reserve Arrangement, CRA) calificado por Alicia Bárcena, titular de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe- CEPAL- como “ el acuerdo financiero multilateral más importante desde la creación de las instituciones de Bretton Woods”.

El NDB, que estrenará funciones en 2016, tendrá su sede en Shanghái, la primer presidencia le corresponderá a India, el Director General procederá de Brasil y el Gobernador lo aportará Rusia, pero todos los nombramientos se renovarán cada cinco años y serán rotativos, como lo han sido los lugares de reunión de cada cumbre. Su capital autorizado inicial es de 100.000 millones de dólares y su capital inicial suscrito de 50.000 millones de dólares fue aportado en forma equitativa por los estados fundadores.

En lo inmediato el Banco invertirá en compañías dedicadas a la construcción de obras de infraestructura que beneficiarán exclusivamente a los países miembro y la idea es que, más allá de la capitalización inicial, será posible atraer de cuatro a cinco dólares de financiación externa por cada dólar de capital social invertido.

“Estamos en un mundo diferente pero las viejas instituciones no se han adaptado a él”, dijo Stiglitz en clara referencia a la cerrazón que existe en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) respecto de los países que constituyen, así lo entienden, la periferia del mundo altamente desarrollado.

Los reclamos efectuados por los representantes de las potencias emergentes para designar - mediante un sistema de selección transparente, basado en méritos personales - un representante propio en los más altos cargos del FMI o el BM siempre fueron desoídos. Mientras tanto no ha dejado de cumplirse la vieja regla del reparto del poder: el Banco para un estadounidense y el Fondo para un europeo, aunque el mundo que representan haya comenzado a despintarse.

Según aquel informe casi liminar de O´Neill, para el año 2050 solo dos economías - la de los Estados Unidos y Japón- superarían al grupo BRICS, países que, según el BM, suman más de la mitad de la población mundial, el 27 % del PBI del mundo y más del 40% de la superficie del planeta. Pero ¿qué ocurre con el número de pobres, la tasa de alfabetización o la esperanza de vida de sus poblaciones? La deuda social de los países que integran el grupo es, sin dudas, alarmante, aunque no mayor a la del resto del mundo llamado en desarrollo.

¿Quién puede dudar que hay urgencias?, pero las prioridades fueron elegidas en atención a enfrentar lo que se consideran núcleos duros del panorama económico-financiero internacional.

Desde la Conferencia para el Comercio y el Desarrollo de las Naciones Unidas (UNCTAD) señalan que los países en desarrollo necesitan entre 3.300 millones y 4.500 millones de dólares anuales de inversión en infraestructura básica (carreteras, ferrocarriles y puertos; centrales eléctricas; agua y saneamiento), seguridad alimentaria (agricultura y desarrollo rural), mitigación del cambio climático y adaptación al mismo, salud y educación. Y, agregan que “teniendo en cuenta el presente nivel de inversión pública y privada, el déficit de financiación deja un saldo anual de unos 2.500 millones de dólares”. Si bien desde el organismo de Naciones Unidas se considera que es necesario duplicar la tasa de crecimiento de la inversión privada, también se reconoce que hacerlo implica asumir riesgos derivados de una mayor participación de inversionistas en sectores sensibles, cuando es necesario mantener servicios de calidad que, además, sean asequibles y estén disponibles para todos.

Por otra parte y en las últimas dos décadas, advierten desde CEPAL, el sector financiero y sus instrumentos se han expandido de manera exponencial y muy por encima del crecimiento del PBI. “Entre 1990 y 2010 el valor de los activos financieros en el mundo pasó de 221 a 600.000 millones de dólares mientras que el PBI global se expandió de 22 a 64.000 millones de dólares. Para 2020 se estima que los activos financieros globales se sitúen en 900.000 millones mientras el producto bruto rondará solo los 100.000 millones. Esta expansión financiera responde al aumento de la importancia del mercado de capitales en la intermediación financiera y de activos líquidos como los derivados, más que a un proceso de asignación del ahorro hacia objetivos de financiamiento para el desarrollo.” Respecto de la creación del Fondo de Inversión de los BRICS, la CEPAL argumenta que “el creciente número de crisis que se han registrado a nivel mundial a partir de la década de los ochenta en los países desarrollados y en desarrollo (4 en la década de los setentas, 38 en los ochentas y 74 en los noventa) demuestran que la volatilidad e inestabilidad son males endémicos que han sido potenciados por la creciente globalización financiera y que los países desarrollados son tan vulnerables a los vaivenes de los mercados financieros y a sus efectos de contagio como los países en desarrollo”.

De manera que, como Dilma Rousseff lo expresara con sencillez,” la creación del Banco de Desarrollo y del Fondo de Reserva de los BRICS no se hace en contra del Banco Mundial o del FMI, sino que se hace a favor de nosotros mismos”.

I.N.


OPINIONES

Cuando algunos analistas y funcionarios (estimulados por las declaraciones del presidente de China y de funcionarios rusos) deshojaron margaritas sobre los posibles beneficios de la incorporación de la Argentina a los BRICS hicimos dos preguntas a tres economistas elegidos por la agudeza y la claridad con que exponen sus opiniones. Aunque el punto de partida es el mismo, los caminos elegidos para el análisis no lo son y tampoco las conclusiones. Este hecho suma interés a la pequeña compulsa que animan tres intelectuales del más alto nivel. Carlos Leyba, subsecretario de Programación y Coordinación Económica en el período 1973/1974, consultor de organismos internacionales y profesor universitario; Ignacio Chojo Ortiz, subsecretario de Coordinación Económica(1990) , director de publicaciones del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la CABA y consultor, y Diego Coatz, economista jefe del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina, docente de la Universidad de Buenos Aires y consultor (invirtiendo el orden alfabético) respondieron así al breve cuestionario:

* ¿Qué condiciones debería reunir la Argentina para ingresar al grupo de los BRICS?

Carlos Leyba: Primero ¿qué es lo común distintivo de los BRICS? Sus sistemas capitalistas –modo de acumulación y de distribución – no tienen un núcleo duro común. El marketing de Goldman Sachs creó la marca en función de la potencialidad de sus mercados (territorio, población, necesidades). Lo común era el futuro. Allí está todo o mucho por hacer. China, Rusia e India tienen masas de excluidos de las condiciones de progreso nacionales. Un ejemplo son las pruebas PISA de educación: están circunscriptas a Shanghái. Cada miembro representa un continente. La primera condición es la de oportunidades que, en el caso BRICS - con la excepción de Sudáfrica – están vinculadas al concepto de economía de potencia cuyos pilares son la dimensión del territorio y la cantidad de población.

Una segunda condición es que sus integrantes, con la excepción de Brasil, están atravesando una transición sistémica en su organización productiva, la incorporación de tecnologías y el desarrollo de capacidades en la fuerza laboral y de las dirigencias para aprovechar las oportunidades.

La intensidad de esas condiciones, en cada miembro, es muy diferente.

Los resultados, comparados con el tiempo previo a la transición, han sido dispares. Entre 1969 y 2013 China creció 49 veces; pero India 10; Brasil 6; Sudáfrica 3 y Rusia 2. Post transición, las tasas de expansión se aproximaron. China entre 2000 y 2013 creció 3,5 veces; India 2,5; Rusia 1,8; Brasil y Sudáfrica 1,5 veces.

Todos los BRICS tienen un nivel de PBI per cápita inferior al mundial (7.800 dólares de 2005). Rusia encabeza con 7.043 dólares por habitante; Sudáfrica: 6.429; Brasil: 5.433; China: 3.581 e India: 1.215. Un abismo.

Las proyecciones a 2030 estiman el PBI per cápita mundial de 11.600 dólares (de 2005). Para entonces Rusia (13.440) y Sudáfrica (13.132) superarán la media. Pero China con 10.564 dólares; Brasil 9.443 e India 3.342 seguirán abajo. La membresía, además de la voluntad de pertenecer y cierta convergencia política, pasa por las condiciones de la economía: potencia, mercados de oportunidades, transición sistémica y desarrollo de capacidades; pero a pesar del entusiasmo inversor que generan, no se proyecta ni la misma ni una extraordinaria trayectoria a futuro en lo que hace a la productividad sistémica. Ninguno de estos países emula en su crecimiento y resultados sociales, por ejemplo, a los tigres asiáticos.

La Argentina no es una economía potencia (Sudáfrica tampoco); somos un mercado de oportunidades pero acotado por la debilidad demográfica; y no hemos experimentado una transición sistémica de acumulación ni de distribución (Brasil tampoco) lo que señala debilidad en el desarrollo de capacidades.

Por otra parte los BRICS se han ido aproximando a nuestro nivel de productividad y de distribución; pero aún hoy – declinando – estamos por encima de ellos.

¿Qué es ser BRICS más allá de la voluntad de asociación? ¿Es necesario y conveniente incorporarse?

Ignacio Chojo Ortiz: En primer lugar, cabe señalar que la conformación del grupo BRICS parte de un diagnóstico y reconoce varios objetivos.

El diagnóstico considera que se está gestando un mundo más diversificado, más multipolar, en el cual las economías emergentes tienen una presencia creciente en el plano económico, que el orden internacional establecido en Bretton Woods no se los reconoce. Dentro de las economías emergentes, además, existe un país como China que por su envergadura aspira a convertirse en una potencia mundial.

En consecuencia, el grupo de los BRICS expresa un liderazgo pero, a su vez, los restantes cuatro países tienen un predominio en el entorno de las distintas regiones a las que pertenecen (caso de Brasil en América del Sur). En tal entendimiento, la Argentina no tendría, en principio, las características requeridas para convertirse en el referente principal de los BRICS en la región, al menos en la dimensión actual de solo cinco miembros.

Sin embargo, por otro lado, nuestro país es uno de los principales productores y exportadores mundiales de materias primas alimenticias y potencialmente de productos energéticos y mineros. Y en tal sentido un aliado estratégico para el grupo, particularmente para China.

En consecuencia, la Argentina reúne condiciones que lo convierten en un país altamente atractivo frente a una posible ampliación del grupo de los BRICS. Por cierto, ello requiere que nuestro país garantice la continuidad de sus políticas económicas – atributo que no lo ha destacado hasta aquí -, incrementando la producción y elevando permanentemente los niveles de competitividad.

Diego Coatz: Desde hace varios años, el bloque de los BRICS viene incrementando su peso dentro de la economía internacional. La importancia histórica de este fenómeno radica en que es la primera vinculación formal relevante entre países emergentes (en términos de superficie, población, comercio exterior, etcétera). Históricamente los roles hegemónicos rotaron en varias oportunidades -aunque siempre dentro del hemisferio norte, entre los denominados países “avanzados”-, hoy ese pasaje en la escena internacional comienza a moverse –lentamente- con alianzas dentro de las esfera Sur-Sur.

El rol y peso de los BRICS se expandió fuertemente tras la crisis financiera de 2009. En un contexto generalizado de desconcierto y de recesión económica en algunos países centrales -en particular la eurozona.

Dentro del marco de los BRICS, El surgimiento de China no es tan lineal como muchos querrían pensar y el mundo, lejos de estar yendo hacia un cómodo esquema bipolar, está entrando en un nuevo período “westfaliano” mundial, en el que la multipolaridad con alianzas cruzadas y cambiantes serán la norma por varias décadas y donde las lecturas binarias a las que nos tuvo acostumbrado casi todo el Siglo XX (guerras mundiales y Guerra Fría con sus “buenos” y “malos”, fines de la historia y ambiciones imperiales solitarias) estarán matizadas con colores vivos más que grises. Estados Unidos, Europa, Rusia y su vínculo con Alemania, China, India, Brasil; son los nombres de la nueva Westfalia planetaria del siglo actual.

La multipolaridad implica un cambio en la construcción de la política exterior, cuyo foco resida en la definición clara de los intereses propios y la consideración no inocente de los intereses del resto de los actores. En el mundo que empezamos a vivir no hay buenos ni malos per se, sino actores con mayor o menor nivel de funcionalidad en las relaciones. La economía y política mundiales disputan primordialmente dos cuestiones elementales: los recursos naturales y la agregación de valor. La inercia del juego global invita a la Argentina a concentrarse en capturar al primero y dejar escapar al segundo. Pero el desafío de nuestro país –y de casi toda la región– es lograr capturar a ambos y no caer en el peligro mayor de nuestra era: la primarización de nuestras economías.

* Integrar ese grupo de países ¿es importante? ¿Por qué?

Leyba:Los miembros del BRICS tienen posiciones comunes respecto de Naciones Unidas, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Compartimos la necesidad de modificar el equilibrio de poder dentro de esas organizaciones y a favor de los países en vías de desarrollo.

Pero la organización más importante, desde el punto de vista de la distribución del trabajo en el mundo que determina el potencial de productividad sistémica, es la Organización Mundial del Comercio. Brasil es miembro del G4, el grupo negociador que agrupa a los Estados Unidos, la Unión Europea (UE) e India y lleva adelante una posición a favor de la Ronda Doha, la baja de aranceles y el libre comercio. India y China no se oponen a la desprotección de la industria manufacturera.

¿Tendrán los BRICS una posición unificada? ¿Qué peso tendría la posición de la Argentina fuera o dentro del grupo? ¿Los BRICS adoptarían la posibilidad de ejecutar políticas industrializadoras en los países que no tienen ni quieren dumping social ni ambiental como es nuestro caso? Difícil. China tiene un programa y un modelo de desarrollo industrial que tiene 30 años por delante.

¿Cómo podríamos compatibilizar una política de industrialización con China o Brasil, estando dentro o fuera del grupo? Antes de pensar en integrarnos deberíamos analizar la compatibilidad de nuestro interés en la industrialización con el de ellos.

Los BRICS tienen divisas excedentes gracias al proceso de valorización de las materias primas o abundancia de mano de obra. Ese patrimonio les sirve para el desarrollo de sus industrias y servicios de exportación, como en su momento hizo Alemania en la UE. También les sirven para contribuir estabilizar las balanzas de pagos. Pero esos créditos han sido creados e institucionalizados, hasta ahora, para los países miembros.

Nuestros recientes acuerdos con China acaban de demostrar que para recibir créditos no hace falta ser miembro del Club; aunque hay que aceptar la justicia del país usurpador de las Islas Malvinas.

Es importante que los países en vías de desarrollo compitan influencia mundial con su Banco y su Fondo BRICS. Pero más importante para nosotros es como poner en práctica un programa de aprovechamiento de nuestras oportunidades para pasar definitivamente de un modelo de acumulación para la explotación de los recursos naturales, al modelo de explotación de los recursos naturales para la acumulación industrial y para el reequilibrio demográfico y territorial del país.

Todo lo que sirva para eso es bueno; y todo lo que lo mutile es malo. Nos preocupa que hoy hay serruchos mutiladores a favor de: nuestra primarización, la concentración urbana de la pobreza y la nueva oligarquía de concesionarios amamantados, tal vez por omisión, por el Estado.

En síntesis, ser BRICS o no, no es para nosotros lo importante.

Chojo Ortiz: Primero, por las razones señaladas en la respuesta anterior; segundo, porque los BRICS representan una cuarta parte del PBI mundial y en expansión, y tercero, porque incluye a nuestros dos principales socios comerciales, es indudable que sería importante integrar ese grupo de países.

Corresponde considerar, además, que los procesos de integración actuales – y el caso de los BRICS lo confirma- no se limitan a profundizar las relaciones comerciales entre los países miembros, sino que extienden los acuerdos a facilitar inversiones entre los mismos y a desarrollar las respectivas fuentes de financiamiento. Aquí también se observa la intención de crear mecanismos de financiamiento distintos a las instituciones tradicionales (Banco Mundial, FMI), en las cuales las economías emergentes tienen escaso o nulo poder de decisión. La reciente creación del Banco de Desarrollo y de un Fondo de Emergencia de los BRICS es un claro ejemplo al respecto.

En tal sentido, es evidente que nuestro país necesita elevar significativamente los niveles de inversión productiva y ampliar y diversificar las fuentes de financiamiento, lo cual constituye una razón más para privilegiar la relación con el grupo de los BRICS.

De todos modos, también es cierto que la Argentina debe preservar el mayor margen de autonomía posible en sus relaciones económicas internacionales, de manera tal que pueda maximizar las condiciones para un desarrollo sostenido, de largo plazo y con capacidad de inclusión social. Para ello es imprescindible que, por razones de urgencia financiera, nuestro país no establezca relaciones de subordinación que condicionen sus decisiones estratégicas de incorporación al nuevo ordenamiento mundial.

Coatz: No ser ingenuos. Ni idealistas.

El mundo propone, pero Argentina dispone (su propio destino). Correr mejor en el mundo actual no es, como nos decían que era, arreglar bien el living de casa para recibir préstamos o inversiones extranjeras cuasi benéficas. Lo anterior como la obtención de financiamiento externo para cuestiones coyunturales – como el swap con China- son cuestiones relevantes. Pero debe darse en un marco de negociación inteligente y en base a intereses concretos y tangibles en cuanto foro exista, desde la OMC a los esquemas regionales de integración.

Nuestro futuro depende de construir un modelo de integración al mundo con DNI propio y pegar un salto que supere al precipicio de la primarización, pero no hay que desconocer la herencia de la desintegración de la matriz productiva argentina. La carrera por el desarrollo industrial arrastra un grillete pesado, que se traduce hoy en un déficit de manufacturas de origen industrial (MOI) crónico, que alcanzó los 35 mil millones de dólares en 2013. En esa carrera, Argentina no corre contra cualquiera. El déficit industrial del país lo explican principalmente China, Brasil, Estados Unidos y la Unión Europea. La mitad de ese déficit proviene de un intercambio desbalanceado con los BRICS.

Lejos de la dicotomía que oponía apertura económica a sustitución de importaciones, hoy el país puede apuntar a sus dos correcaminos paralelos: sustitución eficiente de importaciones para fomentar su industrialización y sustitución de exportaciones para potenciar el valor agregado en sus recursos naturales. La clave radica en cómo consolidar y generalizar algunos avances que podrían llegar a conformar un núcleo dinámico de sectores y empresas para transformar la realidad productiva. Esto es el caso, por ejemplo, de algunos segmentos de la biotecnología y la genética, ciertos sectores de la electrónica, agroquímicos y productos farmacéuticos, maquinaria agrícola de precisión, equipamiento médico, ramas vinculadas a la energía nuclear, satélites, aeronáutica y la industria del software, entre otros.

La integración internacional –y regional- es sólo uno de los instrumentos para esto, hay muchos otros temas dentro de una política industrial integral. Es en este marco que hay que trabajar para ser parte de los BRICS que representan la oportunidad de acceder a un mercado donde se encuentran 3 de los 5 países más poblados y 4 de los 10 con mayor PBI (PPA). La posibilidad no es, sin duda, algo menor. También es importante, de conformarse un nuevo Banco Regional, la posibilidad de que se generen fuentes alternativas de financiamiento. Pero, en cualquier caso, la regla de oro es que la integración no puede realizarse en forma pasiva. La clave es contar con una estrategia integral para no repetir los errores del pasado.


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